Música
El último aquelarre de La Gossa Sorda: 20 años de rabia, poesía y música en valenciano
Se retiraron justo cuando estaban petándolo muy fuerte. Sus canciones criticaban de frente el neoliberalismo, la especulación inmobiliaria y la corrupción de la entonces mayoría aplastante del PP de Rita Barberá y José María Aznar. Alababan con poesía al trabajador y a la campesina. Siempre en valenciano. Combinaban ska, reggae, punk y rock y hasta algo de salsa para defender la independencia de los Países Catalanes. Guitarras eléctricas, vientos potentes y la dolçaina —esa especie de oboe de origen árabe, tradicional del Mediterráneo— eran su sonido característico. Se llaman La Gossa Sorda y tocaron casi 20 años, sacaron 5 discos de estudio y otro más en directo. Pero de pronto, tuvieron que parar.
Sus integrantes, todos currantes de Pego, un pueblo rural valenciano de 10.000 habitantes, nunca habían podido dedicarse a la música completamente. Uno era albañil, otro tenía un bar, alguno daba clases, otros estudiaban y uno tenía una ferretería. Su banda no era para nada su principal sustento económico. Sin embargo, la música les convirtió en leyenda y les llevó por todo el País Valencià, Catalunya y las Baleares. Así como puntos exóticos y recónditos —para ellos— del Estado español como Madrid, Andalucía y Euskadi. O incluso Japón. Cuando su música estaba calando hondo a nivel social y hasta mediático, aunque siempre fueron ignorados por la mayoría de la prensa mainstream, colgaron los guantes.
Han pasado diez años desde entonces. Es sábado 25 de abril de 2026 y se celebra el segundo de sus conciertos, seis meses después de anunciar su inesperado pero muy deseado regreso. Unas 15.000 personas han comprado entradas para esa fecha y otras 15.000 el día anterior. Es un gran recinto al aire libre en esta ciudad obrera de la Horta Sud, la periferia de València. A simple vista hay al menos tres generaciones de valencianos cantando a todo pulmón “Quina calitja”, que resume genialmente los efectos notorios del cambio climático en la tierra y la mar valencianas.
“S'han acabat tardors i primaveres
I els tarongers floreixen per febrer
I puja la mar, que trenca les barreres
I el temps que ens queda s'acaba, s'acaba, s'acaba”
Su música es alegre y directa, la producción y el sonido inmejorables, pero el fervor del público va más allá de todo esto. Son canciones en catalán valenciano, la lengua que se habla en casa, que les enseñó su madre y su abuela y que para muchos de su generación se convirtió al fin en asignatura obligatoria en la escuela pública, pues antes, en dictadura, estuvo tan perseguida como el catalán en Catalunya y en Baleares o el euskera.
“A nosotros nos pegaban si hablábamos en valenciano en la escuela”, cuenta a El Salto Ferrán, “el Piraña”, divulgador musical, fan de la banda y vecino de Pego que estudió en el colegio de los franciscanos.
Cuando la banda estaba en su máximo esplendor, hace doce o catorce años, la prensa local aún les preguntaba por qué cantaban en valenciano, recuerda Ferrán. Algo que sacaba de quicio a sus integrantes, pues basta pasearse un rato por los pueblos del interior húmedo y montañoso del País Valencià para escuchar a la mayoría de la gente hablarlo más que el castellano. En las comarcas como la Marina Alta o la Safor, dos de las ocho conocidas aquí como Comarcas Centrales, sigue siendo la principal lengua que usan los residentes, frente al castellano, el alemán, el francés y el inglés que abundan mucho más en las zonas turísticas de la costa.
Y no es solo el idioma y la buena música. Son las causas que defienden con sus letras y con sus cuerpos y a las que ponen banda sonora. En el recinto de Picassent, al igual que en todos los demás conciertos que han organizado en esta gira ante unas 200.000 personas, se vende el refresco Palestine Drinks. Antes de cada show representantes de la escuela pública valenciana, familiares de víctimas de la Dana o activistas en favor del uso de la lengua valenciana suben al escenario y comparten protagonismo con la banda.
Esa noche, en Picassent, hubo tantas lágrimas de emoción como amables pogos, risas y porros. También hubo besos y abrazos cuando sonó la romántica y reivindicativa “Camals Mullats”:
Carrer de la pau, parterre, glorieta, semàfor de jutjats, frenada en sec i els dos a terra somrius i et bese a la dreta govern militar hi ha un tio amb metralleta que ens mira molt mal, ja saps que passa
Testime, testimo, testim
Testime, testimo, testim
Testime, testimo, testim
Hay camisetas que se venden como churros en cada concierto con este lema que significa te quiero en las tres variantes lingüísticas principales del catalán: el del País Valencia, el de Catalunya y el de Baleares.
El día anterior, el show fue conducido por Manuela Alandes, periodista de À Punt y exconductora del espacio cultural y musical Territori Sonor. Intervinieron representantes del campo, como el agricultor Nando Durà y del movimiento por la vivienda, Sindicat de Llogateres i el Sindicat d’Habitatge de València, y de las tres asociaciones de víctimas de la dana de 2024.
“Hay canciones que se han convertido en himnos. Imagina que hay personas que tenían diez años cuando ellos pararon y se han criado escuchando sus canciones sin poder verles en directo. Entonces, ese crecimiento paralelo de gente que escucha sus canciones, que los descubre, es una sorpresa para ellos, un poco impensable. Ellos vienen del mundo pre redes sociales”, matiza a El Salto Manuela.
Una pareja asombrosa se mueve entre el público como peces en el agua, pero cámaras en mano. Son la argentocatalana Mila Luengo y el pegolino Sergi Miralles, profesionales del audiovisual valenciano, cineastas especialmente conocidos por la película L’àvia i el foraster (2024).
“Yo entendía el valenciano pero nunca lo había hablado. Y gracias a las canciones de Obrint Pas y de La Gossa me empecé a soltar. Y, como yo, mucha gente migrante empezó a atreverse a hablarlo”, cuenta Mila
Ahora son los encargados de hacer el documental que quedará para la posteridad sobre el fugaz y exitoso regreso de La Gossa Sorda. A ellos, como a muchos otros catalanoparlantes, esta banda les tocó el corazón. Sergi, como vecino, los sigue y graba desde los inicios y a Mila le ayudaron a lanzarse a cantar y hablar en catalán.
“Yo entendía el valenciano pero nunca lo había hablado. Y gracias a las canciones de Obrint Pas y de La Gossa me empecé a soltar. Y, como yo, mucha gente migrante empezó a atreverse a hablarlo”, cuenta Mila a El Salto.
“Se me ponen los pelos de punta cuando escucho La Gossa Sorda. En mi casa no se escuchaba música en valenciano hasta que los conocimos”, cuenta Andrea Casanova
No es la única a la que la banda ayudó a afianzar su amor por la lengua. “Se me ponen los pelos de punta cuando escucho La Gossa Sorda. En mi casa no se escuchaba música en valenciano hasta que los conocimos”, cuenta a El Salto Andrea Casanova, una joven cantante de metal y doctora en derecho que se crió en Orihuela, de familia valencianoparlante, pero en una ciudad donde casi todos hablan en castellano.
Para Pau Gómez, profesor de secundaria en un instituto de Silla, esta banda, como Obrint Pas y otras, supusieron un antes y un después. Él se recuerda, de jovencito, pillando la moto junto a sus amigos para seguir a la banda por toda la provincia de Valencia: “Música en valenciano ya teníamos como Obrint Pas, pero seguían siendo gente de Valencia, de ciudad. El nivel más rural, más de pueblo, más cercano, nos llegó con La Gossa”, explica a El Salto.
“Ahora en el instituto está sonando Obrint Pas y La Gossa, es el ciclo de estas cosas. Antes era algo fuera del mainstream y ahora veo que se ha normalizado, pero no se ha edulcorado. Han generado deseos de aprender más el valenciano. Y se ha convertido en algo intergeneracional gracias al boca a boca”, detalla Pau.
Los discos, como los libros, hablan al futuro
Pero también es gracias a Internet que se les escucha en el resto del estado e incluso en Latinoamérica. Durante su ausencia, sus canciones subidas a distintas plataformas acumularon millones de reproducciones. Su disco recopilatorio de éxitos publicado en 2021 ayudó también a seguir en el candelero.
Diego Bravo es un profesor de primaria de Madrid y, aunque no habla catalán, es también fan de La Gossa Sorda. Le salió en sugerencias de Youtube allá por 2010 y le encantaron sus letras reivindicativas, le sirvió para saber más cosas de los valencianos y sobre su identidad territorial. “Me moló esa variedad de letras sociales y ese género variadito”, cuenta Diego a El Salto.
“Creo que en Madrid existe esa catalanofobia, esa reticencia, ese ‘es que no lo entiendo’, pero yo digo: pues, tío, pon un poco de atención y ya verás que lo entiendes, como entiendes inglés y otros idiomas, que al final es música y lo que importa es disfrutarlo”, aclara.
Durante la II República (1931-1939), València y Alacant fueron espacios fundamentales de la vida política, cultural y social de la España democrática. València llegó a convertirse en capital de la República entre noviembre de 1936 y octubre de 1937, cuando el Gobierno se trasladó allí ante el avance en Madrid de las tropas franquistas sublevadas.
Alacant fue uno de los últimos territorios republicanos en caer y quedó asociada al final de la guerra, especialmente por el puerto de Alacant, desde donde miles de republicanos intentaron escapar en marzo de 1939 y fueron sádicamente bombardeados por las tropas golpistas. Tras la victoria franquista, ambas provincias sufrieron una intensa represión política, social y cultural: ejecuciones, encarcelamientos, depuraciones, exilio y persecución de organizaciones republicanas y de izquierdas, además de la marginación de expresiones de la identidad y la cultura valencianas.
Hay un libro de Montserrat Roig, Els catalans als camps nazis que recoge la historia de cómo unos 1.800 catalanes murieron en los campos de concentración alemanes tras la II Guerra Mundial. Entre ellos, al menos cinco eran de Pego. Ese libro y la historia personal de Josep Nadal, cantante de La Gossa fue la inspiración para crear una de sus canciones que se convirtieron en himno antifascista para varias generaciones:
Si sobrevius passa't per Pego
I digues que no tornarem
Que a les fosses de Mauthausen
Tres de Pego han fet la pell
I ves i digues al Pasiego
I a tots els senyorets
Que dormiran tranquils
Però temps al temps
Perquè la vida és dura
Però sura sobre el temps
La canción se llama Tres de Pego, porque cuando Josep la escribió aún no sabía que eran cinco.
Son las 11 de la mañana de un día caluroso de julio, entre concierto y concierto, Josep Nadal se toma el tiempo para recibir a El Salto y compartir un esmorzaret en pleno centro de Pego. Unos bocatas de sepia y calamares, agua con gas y café nos ponen a tono para conversar sobre esta dura historia.
“Mi abuelo había estado en los campos de concentración franceses después de cruzar los Pirineos”, recuerda Josep. Al final, su abuelo pudo regresar y cumplir prisión en su tierra, pero si no hubiera terminando en Mauthausen-Gusen también.
“Se fueron allí, a Mauthausen y allí sonó la canción. Hicieron un acto en Pego, donde vinieron los familiares. Y muchos no sabían que sus familiares habían estado allí, que habían muerto así, es algo que ocurrió en casi todos los pueblos de la zona”, relata Josep Nadal
La canción, el libro y artículos de prensa dieron a conocer esta historia. Lo que llevó a estudiantes de secundaria y sus profesores a investigar el tema. “Se fueron allí, a Mauthausen y allí sonó la canción. Hicieron un acto en el pueblo, en Pego, donde vinieron los familiares. Y muchos no sabían que sus familiares habían estado allí, que habían muerto así. Fue algo bastante emotivo. Es algo que ocurrió en casi todos los pueblos de la zona”, relata Josep.
Aunque el neoliberalismo, el turbocapitalismo o los señoros tecnofeudales insistan en hacernos creer que la investigación histórica, la literatura, la poesía o la música no sirven para nada, el conocimiento y la cultura sí sirven y se mueven en cadena. De alguna manera la información se vuelve poesía y canción y esto llevó a más gente a conocer la verdadera historia.
Justo en frente del bar, en el Paseo Cervantes, está la fachada de la biblioteca pública de Pego. Se llama Carmen Alemany Bay en homenaje a la profesora de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Alicante y madrina de la banda en su concierto de Alicante de junio. Las principales líneas de investigación de la también pegolina son la narrativa escrita por mujeres, las relaciones entre la literatura hispanoamericana y la española del siglo XX y Miguel Hernández.
“Josep estudió filología catalana y se nota que leyó mucha poesía. Sus letras son ya patrimonio de la lengua”, explica Carmen Alemany. Según la profesora, las letras de La Gossa mezclan desde la literatura clásica del escritor medieval Ausiàs March hasta Vicent Andrés Estellés y también incluye las diferentes variantes del catalán, rescatando palabras en desuso. Por ejemplo, el título de la gira de regreso de La Gossa es “A Tornallom”.
“Tornallom es una palabra muy bonita que se utilizaba antes, hace tiempo, en el campo. Cuando una familia necesita ayuda para hacer la siembra de su tierra o la cosecha llaman a los vecinos para trabajar en comunidad. Ahora me ayudas tú, después te ayudo yo”, detalla Carmen. También destaca el origen pegolino de la banda. “Aquí como en casi todos los pueblos hay mucha, mucha cultura musical. Es otra cosa muy comunitaria, desde pequeñitos ya están aprendiendo a tocar en la banda local y eso también se nota”, añade.
Josep fue uno de los integrantes de La Gossa que tuvo que parar de tocar en 2014, no el único. En su caso para integrar la cámara de Les Corts como diputado de Compromís en el periodo quizá más izquierdista de Valencia, cuando a partir del 11 de junio de 2015 entre PSPV-PSOE, Compromís y Podem firmaron el Pacte del Botànic para facilitar un gobierno alternativo al PP.
Esta alianza de izquierdas que gobernó la Generalitat entre 2015 y 2023, logró reforzar los servicios públicos, aumentar las políticas sociales, mejorar la transparencia y reclamar una financiación autonómica diferente. Algo que Vox y el PP se esfuerzan desde entonces en desmantelar. La gestión mortal del president Carlos Mazón durante la dana de 2024 ha quedado como paradigma de la diferencia que supone una gestión de un gobierno al servicio de los poderes económicos y no del pueblo.
El último concierto de La Gossa Sorda será el 11 de octubre de 2026 en Pego. Se llama «L’Últim Aquelarre» y será el cierre definitivo de la gira A Tornallom. Se han puesto a la venta 17.000 entradas. Además, el Ayuntamiento reservó 3.000 entradas específicamente para vecinos de Pego. “Es volver al lugar donde empezó todo”, dice Josep. Por eso, el concierto de octubre funciona como una especie de cierre del círculo. No se lo pierdan.
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