Opinión
Políticas imprudentes e irresponsables

La implantación sin orden ni concierto de macroinstalaciones de renovables no genera ningún beneficio en aquellos territorios que los grandes fondos de inversión que se han subido al carro de la nueva burbuja especulativa pretenden ocupar.
placas solares beneixama fotovoltaica
Placas solares de la planta fotovoltaica de Beneixama Miguel Ángel Valero

Coordinadora valenciana per la ubicació racional de les energies renovables.

7 feb 2023 11:10

En esa eterna batalla desigual que se libra en el universo de lo mediático, se baten dos tipos de militancias; por un lado están las que abogan por un periodismo riguroso, que pone el foco en los derechos humanos y de la Tierra, en la cuestión social y en la de  ofrecer un auténtico servicio público que da voz a quienes no la tienen/tenemos; la militancia de Medios como el que estás leyendo. En el otro lado, están otro tipo de militancias; medios que militan en la propaganda empresarial y electoral, en la “libertad” de Mercado y que para subsistir necesitan renunciar a todo código deontológico en el ejercicio de esa denostada pero maravillosa profesión que es el periodismo, para limitarse a ser voceros del pensamiento hegemónico que nos está llevando al colapso civilizatorio. 

En uno de estos últimos tabloides, ya centenarios, el pasado domingo 22 de enero aparecía publicado un artículo a toda página de Rebeca Torró, Consellera de Política Territorial y Obras Públicas del Govern de la Generalitat Valenciana. Un texto al que, desde el mundo rural organizado y nacido al calor de la enorme y preocupante problemática generada por la burbuja de macroproyectos de energías renovables, nos vemos obligados a hacer una enmienda a la totalidad. No solo porque el texto está lleno de datos erróneos, propaganda electoral, desinformación y enormes imprecisiones, sino porque es nuestra obligación como sociedad civil tratar de confrontar con datos el relato político oficial, que casi siempre suele coincidir con el que marcan los intereses del sistema económico que nos estrangula cada día.

En el artículo, la Consellera empieza hablando de “oportunidades”, de “aprovechar los recursos a nuestra disposición” de “desarrollo”  y de ser “referentes en gestionar recursos naturales y capital humano” de “ofrecemos estabilidad”, y de “gestión eficiente”. A poco que uno sepa leer entre líneas podrá observar en todos estos conceptos una clarísima jerga empresarial —más propia de una agente comercial que pretende captar clientes (inversores)— que poco o nada tiene que ver con las verdaderas y acuciantes necesidades en materia de ordenación del territorio, de gestión adecuada y sostenible de unos recursos menguantes, o con la obligada y urgente transición a otro tipo de sociedad, alejada del crecimiento infinito, en un planeta que ya da signos de agotamiento mostrándonos sus límites biofísicos. Pero claro, decir esto ni atrae inversores ni da votos.

Despoblación, destrucción de empleo neto y dramática pérdida de la biodiversidad son las “oportunidades” que ofrecen unas macroinstalaciones que, dentro de 25-30 años, no valdrán ni para chatarra tras haber dañado irreversiblemente los terrenos que se usurparon para beneficio de unos pocos

El texto continúa con su argumentario de telemárketing electoral con el único objetivo de mostrar a la Comunitat como tierra de oportunidades. Y cabría preguntarse para quién o quiénes, porque desde luego la implantación sin orden ni concierto de macroinstalaciones de renovables no genera ningún beneficio en aquellos territorios que los grandes fondos de inversión que se han subido al carro de la nueva burbuja especulativa pretenden ocupar. Despoblación, destrucción de empleo neto y dramática pérdida de la biodiversidad son las “oportunidades” que ofrecen unas macroinstalaciones que, dentro de 25-30 años, no valdrán ni para chatarra después, claro, de haber dañado irreversiblemente los terrenos, agrícolas o forestales, que se usurparon para beneficio de unos pocos.

Prosigue la Consellera presumiendo de “preparación, conciencia y responsabilidad”, mientras su gobierno ha posibilitado y permitido a través de dos decretos, el 14/2020 y el más reciente 1/2022, que fondos de inversión y multinacionales energéticas puedan solicitar instalar sus macroproyectos donde les plazca, sin un proceso auténtico de participación pública, y limitando a cero la autonomía de los ayuntamientos de las poblaciones afectadas. Responsabilidad y conciencia, sí, pero no con la población, sino con los fondos de inversión y transnacionales que se están forrando con este nuevo pelotazo.

La referencia a los 500 km que separan Vinaròs de Pilar de la Horadada y a “los alarmistas”, es una hipérbole tan absurda que no vale la pena comentarla. En realidad no hace falta llenar de espejos todo el territorio valenciano, ¿verdad? Solo el de esos cuatro gatos que viven en las comarcas del interior, que ni sienten ni padecen, y que cuando en las ciudades empiecen a pasar hambre de verdad porque ya no lleguen los contenedores por el puerto de Valencia con comida traída de la Cochinchina, todos, urbanos y rurales, dispondremos de toneladas de paneles fotovoltaicos inservibles para comer, que dicen que están muy ricos y maridan muy bien con la dieta mediterránea. Y si hay que arrancar centenares de miles de árboles, pues tampoco pasa nada porque las megaturbinas eólicas de 200 metros de altura y 120 de aspas, emiten un oxígeno de perfecta calidad para respirar.

El “ojo crítico y riguroso” al que hace referencia la Consellera no se pretende aplicar en la evaluación de estos macroproyectos, y sí sobre algunos y algunas funcionarios y cargos de la Dirección General de Territorio y Paisaje que habían estado hasta hace bien poco aplicando algo de sentido común a la hora de evaluar la ingente cantidad de macroproyectos que se presentaban. A ellos y ellas se les ha señalado y desautorizado, utilizando a la abogacía de la Generalitat para retorcer la legislación según los intereses de aquellos que sí, Sra. Consellera, se quieren lucrar a costa de la destrucción del territorio rural acabando con nuestro modo de vida, nuestra cultura y nuestro sustento económico. Será que ustedes han echado mano de la aritmética electoral, y ya no cuentan con el voto rural. 

Sabemos que es necesario descarbonizar la economía y que además hay que hacerlo a través de energías renovables. La grandes diferencias son “cómo”, “quién” y “para quién” se hace, y por encima de todo, establecer las prioridades para ver “dónde” 

Cuando en su artículo habla de “la intolerancia nace del miedo a lo desconocido”, de “estigmatizar el desarrollo de las energías renovables”,  o de “generar adnimadversión” y “desinformación”, uno no sabe si reír o llorar. Aunque el nombre que define a nuestra Coordinadora ya lo explica claramente, ella se suma al carro de aquellos lobbystas que hasta hace poco ostentaban Direcciones Generales de alguna Conselleria, que nos tachan de “acientíficos” y “reaccionarios”. Se lo diremos una vez más, Consellera: aquí lo que está en disputa no es el qué. Sabemos que es necesario descarbonizar la economía y que además hay que hacerlo a través de energías renovables. La grandes diferencias son los cómo, el quién lo hace, el para quién se hace y por encima de todo, establecer las prioridades para ver dónde se hace. Y ahí, tanto su gobierno autonómico, como el del país están dando pasos extremadamente imprudentes hacia un ecocidio irreversible.

Coincido con usted, Consellera, en que la realidad es dolorosa y que en unos años la tierra que apreciamos podría quedar arrasada. Desde luego, ustedes se han puesto muy en serio para lograrlo. Porque cuando habla de “desafío climático”, no se si se le ha pasado por la cabeza que, después de los océanos ya exhaustos —y extremadamente calientes— de tanto absorber CO2, la flora arborística, el paisaje mosaico y arbustivo que nos queda, es el mayor sumidero de gases de efecto invernadero. Y si lo que le preocupa es el calor abrasador que ya estamos sufriendo, le invito a leer el último informe de la revista científica Nature, donde alerta del efecto “isla de calor” que provocan las grandes instalaciones fotovoltaicas. Que además, para extrraer los materiales para construir paneles fotovoltaicos o megaturbinas eólicas, refinarlos, transportarlos, remover tierras e instalar esas macroinstalaciones que usted “cree necesarias”, son necesarios combustibles fósiles con las consiguientes emisiones de CO2.

Las macrorrenovables NO son verdes, aunque usted y sus asesores les den una capa de pintura. En cuanto a lo de “alcanzar la autonomía y la soberanía energética”, poco más hay que decir que no digan los datos: tenemos instalada más capacidad de producción de energía eléctrica que la que consumimos. ¿Para qué, o para quién entonces necesitamos aumentar exponencialmente la producción de una energía eléctrica que no vamos a necesitar? ¿Y sacrificando qué?

Más allá de la propaganda empresarial y los fotomontajes,  en ninguno de los que ya hay instalados vemos cultivos ni pastos ni nada que sea compatible con la agricultura ni la ganadería. Solo suelo yermo y contaminado por los pesticidas para que la vegetación “no moleste” a las instalaciones

No quiero dejar de comentar su referencia a la nueva milonga que sus asesores/lobbistas le han vendido con ese oxímoron que llaman “Agrovoltaica”. Los macroparques que ya existen y los que sus señorías quieren permitir, una vez que las multinacionales se hagan con los terrenos, pasan a ser propiedad privada con su perímetro total vallado. Más allá de la propaganda empresarial y los fotomontajes,  en ninguno de los que ya hay instalados, vemos cultivos ni pastos ni nada que sea compatible con la agricultura ni la ganadería. Solo suelo yermo y contaminado por los pesticidas para que la vegetación “no moleste” a las instalaciones. A una empresa que se dedica a producir y vender energía no le interesa otra actividad.

Y como con la leyenda del caballo de Atila, allá donde pisan los paneles y las turbinas, jamás vuelve a crecer la hierba. Y por más que lo intento, Sra Consellera, no soy capaz de imaginar a los grandes inversores a los que usted se dirige —como el yerno de Florentino Pérez— pastoreando borregas debajo de cientos de hectáreas llenas de paneles o a los directivos de Ikea, Forestalia, Renovalia o J.P Morgan, haciendo cuadrilla para varear olivos cuando llegue la cosecha.

Debo decir, sin embargo, que lleva razón en una cosa; la Comunitat, y por extensión el país entero, se encuentra en una encrucijada, aunque no es por la necesidad de ser referentes e innovadores y demás diatribas mentales, sino porque hemos llegado a un momento histórico, el de la gran prueba: hay una batalla ahí afuera por el modelo energético que sentará las bases del futuro más próximo. Por un lado el que abanderan “prohombres” como Ignacio Sánchez Galán llamando tontos a los españoles por pagar demasiado en sus facturas de la luz mientras vacía pantanos en medio de una enorme sequía para que multinacionales como la que preside se forren a costa del fraude vendiendo además parte de su negocio de macrorrenovables a fondos especulativos extranjeros que usurparán las tierras y montes del mundo rural; por otro lado, el de la democracia energética basada en el autoconsumo, en las comunidades energéticas locales y las cooperativas energéticas en el que se produce y se gestiona la energía allá donde se consume asumiendo, claro está, que el descenso energético es inevitable y que hay que aprender a vivir bien con menos. Usted y su partido ya han tomado partido por el primer modelo. El resto seguiremos trabajando para conquistar el segundo.

Sra Consellera, las energías renovables no son referentes ni responsables, son las decisiones que se toman al respecto lo que podría llegar a definirse como tal. Y desde luego, ustedes no son ni una cosa ni la otra. Somos aquellas que llama usted “alarmistas” quienes, con mucho esfuerzo, estamos tratando de proteger lo que está en peligro: las bases de la vida. Y ustedes, las servidoras y servidores públicos, lo ponen cada vez más difícil.

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