Hüseyin Dogru: “Alemania está mentalmente en guerra y los Estados siempre libran la guerra hacia dentro”

El periodista alemán Hüseyin Dogru está siendo castigado por el Estado alemán en su cruzada contra la libertad de expresión referida a lo que ha ocurrido en Gaza.
Hüseyin Dogru
Hüseyin Dogru, perseguido por el Estado alemán por su cobertura del genocidio en Gaza. Fotos: Ignacio Rosaslanda, Junge Welt
27 may 2026 05:09

Roger Waters, Mónica Oltra, Jeremy Corbyn, Olga Rodríguez, Pablo Iglesias, Juan Diego Botto, Juan Branco... decenas de intelectuales han roto el silencio en torno a la práctica medieval que ha introducido la Unión Europea sancionando a sus propios ciudadanos por algo tan abstracto como la “desinformación” sin pasar por un juzgado ni tener que presentar pruebas. Fue a dedo, por decisión política de un gobierno, el alemán, que, según informaba en pregunta parlamentaria la semana pasada, entre el 1 de noviembre y el 31 de diciembre de 2025, autorizó exportaciones de material militar a Israel por un valor de 103,8 millones de euros. Entre el 1 de enero y el 31 de marzo de 2026, autorizó nuevas exportaciones por valor de 63,6 millones de euros. Y ello, en medio de la devastación de Gaza, de un proceso en el que se determinará si la masacre criminal en Gaza es un genocidio y que ha recomendado no exportar material bélico al país.

La petición se encuentra en la Web Free-dogru.com desde el miércoles en ocho idiomas y puede ser firmada por todo el que coincida en que la censura no puede pasar a formar parte de la política de seguridad en la Unión Europea. En la declaración se afirma que sancionar a Hüseyin Doğru por una supuesta “manipulación sistemática de la información” solo puede entenderse como un intento de intimidar a los periodistas independientes y como un ataque a la libertad de opinión.

En una serie de entrevistas sobre la libertad de prensa publicadas en el diario junge Welt por la autora de este texto, varias voces relevantes del mundo del periodismo claman contra las injustas sanciones impuestas a Hüseyin Doğru. Entre ellas se encuentra la antigua corresponsal de la televisión pública ARD, Gabriele Krone-Schmalz, periodista y publicista especializada en la antigua Unión Soviética y en Rusia tras su desintegración.

Krone-Schmalz calificó el caso de Doğru como “una evolución catastrófica” que nunca habría creído posible en Alemania. Subrayó que el problema no radica en compartir o no el contenido de sus publicaciones, sino en el hecho de que un periodista pueda ser castigado sin un procedimiento judicial ni garantías propias de un Estado de derecho. Recordó además que Doğru ni siquiera fue escuchado antes de la imposición de las sanciones y denunció que la existencia de una familia con tres hijos pequeños haya quedado amenazada por una decisión tomada por un órgano extrajudicial sin legitimación democrática directa.

Otra de las voces críticas es la de Norbert Häring, periodista económico que trabajó para Handelsblatt y Financial Times Deutschland, quien afirmó que el caso de Hüseyin Doğru representa “un retroceso hacia formas absolutistas de gobierno propias de la Edad Media”. Según el periodista, quienes gobiernan “destierran arbitrariamente a los críticos o los declaran fuera de la ley”, sin que exista un procedimiento jurídico, acusación formal, derecho a defensa ni presentación de pruebas. También subrayó que ni siquiera se establece la duración de las sanciones. Para Häring, estas medidas evidencian que en Europa “ya rige un derecho de guerra propagandístico no declarado”, un contexto en el que afirma desaparecen tanto las garantías del Estado de derecho como la libertad de expresión.

El periodista especializado en Oriente Medio Fabian Goldmann considera que el caso de Hüseyin Doğru demuestra hasta qué punto la Unión Europea y el Estado alemán están dispuestos a llegar para actuar contra voces críticas. Según Goldmann, los derechos fundamentales de un ciudadano y periodista alemán fueron restringidos de forma masiva sin sentencia judicial ni posibilidades reales de recurso dentro de Alemania.

Las sanciones afectan a la persona directamente, pero también funcionan como un escenario de amenaza o un mecanismo de miedo para los demás

El periodista subraya además que la justificación de las sanciones resulta “muy cuestionable”, ya que en la argumentación de la UE no aparecían pruebas concretas sobre supuestos vínculos de Doğru con Rusia, mientras que sí había numerosas referencias a su cobertura sobre Palestina. A su juicio, existe la sospecha de que las sanciones “antirrusas” fueron utilizadas por la UE y el Gobierno alemán para silenciar una voz crítica dentro del debate sobre Oriente Medio.

Goldmann advierte también de que el caso podría convertirse en un precedente peligroso y considera especialmente alarmante la escasa solidaridad y cobertura mediática que ha recibido Doğru dentro del propio mundo periodístico. En su opinión, el miedo a convertirse también en objetivo de represalias parece prevalecer entre muchos profesionales de los medios.

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¿Qué consecuencias concretas han tenido las sanciones impuestas contra usted y su familia en su vida cotidiana y en su situación económica en Alemania?
Las sanciones no significan solo que se congelen fondos o que entre en vigor una prohibición de viajar. Como ciudadano de la Unión Europea que vive en Alemania, ni siquiera puedo salir de Alemania ni viajar dentro de la Unión Europea, aunque ese sea mi derecho como ciudadano europeo. No puedo trabajar. No puedo pagar mis facturas. No puedo tener ingresos. En teoría, ni siquiera podrías comprarme un vaso de agua. Y lo que es aún más drástico es que estas sanciones impuestas contra mí afectan directamente también a mi familia. Nuestra situación económica ha provocado que mi familia se vea afectada, que exista, por así decirlo, una lucha por la supervivencia financiera, y nuestros hijos también se ven afectados. Porque cuando llegaron las sanciones, también llegaron a bloquear y congelar las cuentas y los fondos de mi esposa, aunque ella no tenía nada que ver con esto. En la vida cotidiana, simplemente dejas de existir, porque, como he dicho, no hay ingresos ni trabajo. Tardé seis o siete meses en recibir el subsidio de desempleo. De eso solo puedo usar 506 euros al mes. No puedo usar más. Y aparentemente eso debería ser suficiente para sobrevivir en Berlín, una de las ciudades más caras de Europa.

¿Y a sus relaciones sociales, su vida profesional?
Las sanciones tienen efectos sociales negativos. Se intenta aislar socialmente a la persona sancionada. La gente se distancia de uno porque tiene miedo, algo que se nota muchísimo aquí en Alemania. Antes de las sanciones, cuando aún existía Red Media, políticos del partido Die Linke, de otros partidos y otros periodistas estaban en contacto conmigo a diario. Hoy, de repente, ese contacto ha desaparecido. Y tienen miedo. Las sanciones afectan a la persona directamente, pero también funcionan como un escenario de amenaza o un mecanismo de miedo para los demás. Y el tercer nivel es que las sanciones me quitan todos mis derechos fundamentales aquí en Alemania. Todos los derechos fundamentales que me garantiza la Ley Fundamental y la Constitución alemana, así como los derechos que me corresponden como ciudadano de la UE, me han sido completamente retirados.

Menciono hechos históricos, como que antiguos miembros de las SS y las SA ocuparon cargos en la OTAN y dicen que eso es desinformación, aunque sea un hecho histórico

¿Qué implica legalmente esta sanción?
Lo problemático es que la sanción en sí no es una orden judicial. Es simplemente una decisión de los ministros de Asuntos Exteriores de los Estados europeos. Eso significa que no hubo acusación, no hubo proceso, no hubo sentencia judicial, no hubo posibilidad de que yo pudiera defenderme. Lo que ha ocurrido es que he sido castigado de manera extrajudicial, como se dice en inglés. Y algo ha cambiado en Europa: antes, en las democracias burguesas y liberales, uno es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Lógicamente, desde fuera, o bien hiciste un reportaje falso —entonces te llevan a juicio y demuestran que mentiste—, o bien presentan pruebas de que eres un agente, y entonces no estás libre, porque cuando hay pruebas de que alguien es un agente, esa persona está en prisión, no caminando libremente. Pero no ocurrió ni lo uno ni lo otro.

Entonces, ¿cómo lo justifican?
Las sanciones de la Unión Europea contra mí se basan en que fui incluido en el 17.º paquete de sanciones “antirrusas” de la UE. La justificación es que realicé coberturas periodísticas pro-palestinas. Estuve en la ocupación de la Universidad Humboldt por activistas pro-palestinos y reporté desde allí, no como el único periodista, aunque eso es lo que afirman. En segundo lugar, hice entrevistas con partidos políticos palestinos y también con grupos armados palestinos que forman parte de este conflicto. Como periodista, es mi deber hablar con todas las partes. Además, informé sobre protestas políticas en Europa y en Alemania. Ahora dicen que la cobertura de la ocupación universitaria en Berlín y las entrevistas con grupos palestinos representan un peligro para Europa. Ese peligro sería que yo hago propaganda terrorista y divido a la sociedad. Y que informar sobre protestas en Europa —no solo palestinas, sino también contra la pobreza, contra los recortes sociales y otros temas— tiene, según la UE, un efecto desestabilizador para la Unión y sus Estados miembros.

¿Qué más argumentan?
Dicen que divido a la sociedad al llamar la atención sobre estos problemas. Esa es la justificación. Pero cuando vimos el expediente probatorio, era algo completamente distinto. En el expediente solo hay mis tuits personales y periodísticos, en los que critico la política, digo que Alemania no debería gastar 500.000 millones en armas, que la UE no debería gastar dinero en militarización sino en proyectos sociales, o que menciono hechos históricos, como que antiguos miembros de las SS y las SA ocuparon cargos en la OTAN. Y dicen que eso es desinformación, aunque sea un hecho histórico. Así que: sanción con etiqueta “Rusia”, justificación “Palestina”, pero las pruebas son periodismo. Son tres cosas distintas.

La represión contra el movimiento palestino ha alcanzado un nivel aún más grave que la represión contra los kurdos

¿Crees que el racismo también juega un papel, porque tú te llamas Hussein y no Peter?
Creo que las sanciones en sí sí incluyen racismo. Las sanciones antirrusas están pensadas para personas fuera de Europa. Yo soy ciudadano alemán, solo alemán, vivo en Alemania, es decir, en la UE. No podían castigarme aquí, ningún tribunal alemán habría aprobado esto. Así que, sospecho, usaron un truco: en lugar de “ciudadano alemán Husseyn Dogru”, dijeron “ciudadano turco Husseyn Dogru”. Mucha gente cree que es un error, pero hasta hoy sigue figurando así, aunque soy ciudadano alemán. Y ahí está el elemento racista, porque a un ciudadano de la UE no se le puede sancionar sin proceso: tiene derecho a defensa y a acceso al expediente. Un no ciudadano de la UE no tiene esos derechos. Para evitarlo, simplemente dijeron que yo era ciudadano turco. ¿Lo han corregido? No, hasta hoy no. Eso demuestra que como ciudadano de la UE deberías tener derechos, pero como no ciudadano no eres igual. Y el racismo también se manifiesta en otro sentido: en Alemania, salvo uno o dos periodistas y dos periódicos, nadie ha informado sobre mi caso. No he sido defendido. Me llamo Hüseyin Dogru, no Max Mustermann. Una periodista alemana de la ARD recibió un premio por informar críticamente sobre la política israelí desde Palestina. Hubo ataques contra ella, pero todos los periodistas la defendieron. A mí me atacaron las mismas personas, y nadie me defendió. No soy lo suficientemente alemán para ellos. También dicen en las sanciones que Red Media tiene estructuras similares a los medios rusos.

¿Considera su caso un precedente peligroso para la libertad de expresión?
Esto puede afectarnos a todos los que seamos críticos. Me acusan de tener vínculos con Rusia, lo cual no es cierto. En el expediente probatorio no aparece ni una sola referencia a Rusia. Solo hay mis tuits y redes sociales. No hay informes de inteligencia ni pruebas. El objetivo no es Rusia. El objetivo es sancionar, censurar y castigar voces críticas que no informan en el sentido de la UE. Con mi caso se ha abierto la puerta a sancionar a ciudadanos propios. La democracia liberal se ha convertido en un obstáculo para quienes gobiernan en Europa y debe ser desmantelada poco a poco.

¿Cómo?
Alemania está mentalmente en guerra. Europa se prepara para la guerra. Alemania participa activamente en la guerra en Palestina suministrando armas. Un Estado nunca libra una guerra solo hacia fuera, también la libra hacia dentro. Y dentro, los objetivos son las voces críticas, que deben ser silenciadas mediante el miedo. Alemania apoya un genocidio y al mismo tiempo quiere convertirse en una potencia militar. La justificación oficial es la “culpa histórica”, pero eso es falso. Si Alemania sintiera culpa por el Holocausto, no apoyaría lo mismo en Palestina. Allí hay un genocidio. Decir esto es ilegal aquí, pero es un hecho.

¿Quién se beneficia de todo esto?
Los beneficiarios son la industria armamentística y los sectores conservadores y de extrema derecha, que refuerzan su retórica islamófoba. La retórica que deshumaniza a los palestinos es similar a la que se usa contra los musulmanes en Alemania. La industria armamentística alemana ha ganado miles de millones con Ucrania y Gaza. Y mientras tanto, me acusan de desinformación, cuando negar el genocidio es la verdadera desinformación. La represión contra el movimiento palestino ha alcanzado un nivel aún más grave que la represión contra los kurdos. Se prohibió el árabe en manifestaciones, se ilegalizaron organizaciones palestinas, se allanaron viviendas, se criminalizaron consignas, se golpeó brutalmente a personas. No es solo represión estatal, es también represión social, y eso es muy peligroso. Esa criminalización es institucional y ejercida por todos: partidos, sindicatos, periodistas. Esto es persecución política, como la que conozco de Turquía. Europa critica a otros países, pero hace lo mismo aquí, solo que con leyes. Las sanciones no castigan actos ilegales, sino comportamientos que no gustan a la UE.

¿Estás pensando en pedir asilo en otro sitio?
¿Huir? ¿Por qué debería huir si no he hecho nada? Voy a luchar contra esta injusticia por la vía legal. Eso es lo que quieren evitar: intimidar y silenciar. La violencia contra activistas y las sanciones a periodistas son un mensaje a la sociedad: “Calla, o serás el siguiente”. Y si todos nos vamos, ¿quién se queda a luchar? Tengo hijos, familia, amigos. Es mi deber como periodista y como persona luchar contra esta injusticia. Antes existían alternativas sistémicas. Hoy solo hay guerra contra guerra. Durante décadas se destruyó toda alternativa socialista real. Hoy queda una izquierda dócil, integrada en el sistema. Y ahora, tras eliminar todos los obstáculos, avanzan sin freno.

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