La ultraderecha alemana prepara su laboratorio sajón

El estado federado de Sajonia-Anhalt celebra unas elecciones en las que Alternativa para Alemania (AfD) lidera desde hace meses las encuestas de intención de voto.
Ulrich Siegmund
Ulrich Siegmund, político alemán miembro del Parlamento Regional de Sajonia-Anhalt desde 2016. Colíder del grupo estatal del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) desde 2022.

Cuenta atrás en Alemania para evitar un terremoto político. El próximo 6 de septiembre el estado federado de Sajonia-Anhalt celebra unas elecciones que han centrado toda la atención de los medios de comunicación alemanes, pero también europeos.

Alternativa para Alemania (AfD) lidera desde hace meses las encuestas de intención de voto, con un porcentaje de entre el 41 y el 42%. La Unión Demócrata Cristiana (CDU) del canciller Friedrich Merz está a casi veinte puntos de diferencia, con un 22%, seguida por La Izquierda, con entre un 12% y un 13%, y el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), con un 7%. El resto de formaciones dependen de uno o dos puntos porcentuales para poder superar el umbral del 5% y entrar en la cámara regional. Ése es el caso de Los Verdes, los liberales del FDP y la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW).

Con una ventaja sólida desde hace meses en los sondeos, AfD se ve ya como ganadora. La ultraderecha también lidera las encuestas a nivel federal

Con una ventaja sólida desde hace meses en los sondeos, AfD se ve ya como ganadora. La ultraderecha también lidera las encuestas a nivel federal con entre un 27% y un 28% —entre siete y ocho puntos por delante de la CDU—, por lo que Sajonia-Anhalt podría presentarse como la primera victoria del partido en un Land y, al mismo tiempo, y si nada impide su llegada al gobierno, el laboratorio político de lo que podría ser una Alemania gobernada, o cogobernada, por ellos.

A mediados de julio el candidato local de la formación ultra, Ulrich Siegmund, presentó su “programa de 100 días”, un plan de diez puntos con algunas de las medidas que asegura que pondrá en obra si llega al gobierno. Entre sus promesas figura eliminar las subvenciones a la radiotelevisión pública y a las organizaciones no gubernamentales dedicadas a lo que denominan despectivamente “la industria de la integración y el asilo” y “la industria de la salvación climática”, así como el apoyo a los programas públicos de lucha contra el racismo o la LGTBIfobia en el sistema educativo y las partidas públicas destinadas a las fundaciones de los partidos políticos.

La inmigración ocupa como es esperable un lugar destacado, y AfD ha prometido expulsar a los inmigrantes irregulares e incluir a los solicitantes de asilo en programas de trabajo. En el capítulo educativo, prevé crear aulas especiales para los hijos de los exiliados —“para reforzar el mensaje de que su estancia en Alemania es solamente temporal”— y la presencia de agentes de servicios de seguridad privada en las escuelas con problemas. De acuerdo con la formación, “el experimento inclusivo ha fracasado”, y apuesta también por suprimir las clases de religión islámica y ampliar las clases de idioma ruso, un legado del pasado comunista de la región.

Un punto entero de su programa lo dedica AfD a las “guerras culturales”: propone prohibir las banderas arcoiris de las escuelas, que significan, para ellos, “la desvalorización de la familia y de la normalidad social tradicional”, y su sustitución por la bandera alemana

Un punto entero de su programa lo dedica AfD a las “guerras culturales”: propone prohibir las banderas arcoiris de las escuelas, que significan, para ellos, “la desvalorización de la familia y de la normalidad social tradicional”, y su sustitución por la bandera alemana “para educar a los niños en el espíritu del amor a su pueblo y a su patria”. AfD también propone cambiar el lema del gobierno actual —una coalición entre CDU, SPD y FDP— de #moderndenken por #deutschdenken.

De acuerdo con la formación, el ejecutivo de Sven Schulze ha intentado convertir en su referente cultural la Bauhaus —en Dessau se construyó en 1925 su célebre escuela, hoy Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, con diseño de Walter Gropius, oriundo de la ciudad—, a la que acusa de haber intentando borrar “todo símbolo de raigambre nacional” (un ataque que guarda similitudes con los realizados en su día por el nacionalsocialismo).

El “programa de 100 días” de AfD también propone reducir la cifra de ministerios del gobierno del estado federado y la creación de una comisión para la investigación de la gestión del coronavirus, con el fin de dilucidar las supuestas irregularidades y medidas contrarias a la constitución durante la pandemia. Siegmund presentó su programa flanqueado de carteles con lemas hiperbólicos —pero ya habituales de este espacio político en toda Europa— como “ciudades seguras”, “todo es posible” o “recompensar a quienes se esfuerzan”.

Sajonia-Anhalt es uno de los antiguos estados de la República Democrática Alemana (RDA) que peores resultados económicos ha tenido desde la Reunificación

Como señalaron oportunamente algunos medios, ninguna de estas propuestas concreta cómo van a resolverse los problemas que aquejan a este estado federado, especialmente si, como planea AfD, se aprueba una rebaja de impuestos. Sajonia-Anhalt es uno de los antiguos estados de la República Democrática Alemana (RDA) que peores resultados económicos ha tenido desde la Reunificación: ha pasado de tener una población de 2.873.957 habitantes en 1990 a 2.120.252 en 2025, con una tasa de desempleo del 8%.

La paradoja de Sajonia-Anhalt es que, debido a su situación económica actual, y a sus perspectivas, que no son mucho mejores, es uno de los estados federados con menores inveles de inmigración, uno de los temas estrella de AfD. Por lo demás, en arreglo a su cosmovisión racista, la inmigración de Sajonia-Anhalt es mayoritariamente “blanca”, liderada por ucranianos (18,6%), seguidos por sirios (15,9%), polacos (7,8%), rumanos (6%) y afganos (4,9%) (datos de 2022). Al mismo tiempo, es la economía lo que impulsa a la formación ultra en los sondeos ante la parálisis y el agotamiento del resto de partidos políticos a ojos de los votantes, una situación demasiado familiar en el resto de Alemania y Europa. Cuando el semanario Der Spiegel publicó una portada con la fotografía de Siegmund y el titular “El hombre más peligroso de Europa”, lejos de lamentarlo, AfD lo celebró como una muestra de su lucha contra los medios de comunicación establecidos y el sistema político que los sostienen.

El dilema de La Izquierda

La Izquierda, en tercer lugar, podría demostrarse clave para impedir la formación de un gobierno de AfD en Sajonia-Anhalt. No hay ningún otro partido mejor posicionado para evitarlo llegado el caso, ya que pese a su liderazgo en los sondeos AfD no cuenta con una mayoría absoluta. Un correo interno enviado por La Izquierda a sus afiliados en el mes de agosto recordaba que uno de cada siete votantes sigue sin haberse decidido por una opción electoral —unas 200.000 personas que podrían decantar decisivamente la balanza— y ha llamado a sus militantes a sumarse a una campaña informativa puerta a puerta como la que les dio tan buenos resultados en las pasadas elecciones federales.

El propio partido ofrecía un ejemplo de este tipo de campaña: “’No tienen nada que hacer aquí’, nos dicen en una puerta. A pesar de ello, nuestros equipos insisten. Rendirse no es una opción. Un piso más arriba un hombre abre la puerta y afirma que esto no va con él. Al final terminamos hablando sobre los alquileres, la educación y las pensiones, y asegura que durante la conversación se ha acercado a nuestras posiciones”.

Pero incluso si La Izquierda transforma a todos esos indecisos en votos para su partido, ello implicaría entrar en una coalición de gobierno inédita con los conservadores y los socialdemócratas, o con los dos anteriores y otro partido si logra superar el umbral del 5%, o, al menos, apoyar a un gobierno en minoría de la CDU desde el parlamento. El copresidente del partido, Luigi Pantisano, aseguró en una entrevista para la televisión ZDF que ésta era la consecuencia lógica del antifascismo. “Se trata de evitar que un partido de extrema derecha llegue al poder”, declaró señalando los casos de Turingia y Sajonia, donde La Izquierda apoya desde el parlamento a gobiernos en minoría para bloquear las iniciativas legislativas de AfD. Desde Berlín, no obstante, la cuestión se trata con visible discreción, ya que el apoyo a la CDU —cuyo programa se encuentra, huelga decirlo, en las antípodas del de La Izquierda— podría llegar a empañar sus perspectivas electorales en otros estados federados, en particular en Berlín, donde cuenta con posibilidades de llegar al gobierno.

La duda de la Alianza Sahra Wagenknecht

Aunque la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) se quedó fuera el Bundestag en las pasadas elecciones, mantiene una fuerza relativa en los antiguos estados federados de Alemania oriental y, aunque desde enero ya no forma parte del gobierno de Brandeburgo, sí que se mantiene en el de Turingia, con fuertes disputas con la dirección central del partido, que presiona a la dirección local para que lo abandone.

Esta escisión de La Izquierda en torno a una de sus figuras más controvertidas se ha pronunciado, como en elecciones anteriores, con ambigüedad sobre lo que haría de entrar en la cámara regional. Wagenknecht adelantó a los medios de comunicación que, de formar parte de ella, su grupo parlamentario se abstendría en una tercera votación para la elección del presidente antes que forzar una nueva convocatoria electoral, lo que, en efecto, posibilitaría la llegada de AfD al gobierno de Sajonia-Anhalt.

Wagenknecht adelantó que su grupo se abstendría en una tercera votación para la elección del presidente antes que forzar una nueva convocatoria electoral, lo que, en efecto, posibilitaría la llegada de AfD al gobierno de Sajonia-Anhalt

Asimismo, BSW tampoco votaría por el candidato conservador, Schulze, por su oposición al programa económico y social de la CDU. Ante los rumores que circularon semanas atrás, la copresidenta de BSW, Amira Mohamed Ali, ha excluido la posibilidad de entrar en una coalición de gobierno con AfD. “Programáticamente, AfD está muy lejos de nosotros”, explicó Ali en una entrevista con Deutschlandfunk, “AfD apoya el rearme, AfD apoya los recortes sociales, y, además, AfD tiene, en parte, miembros que son de extrema derecha, que son fascistas: con un partido así no podemos formar coalición”. En una entrevista anterior con el diario Die Welt, Ali propuso la elección de un candidato de consenso independiente cuyo programa de gobierno esté sometido a las negociaciones y votaciones entre los partidos representados en el parlamento.

Una medida así, no obstante, no sólo cuenta con la oposición del resto de partidos, sino de sectores de la propia BSW. En paralelo a la campaña en Sajonia-Anhalt, durante este verano se han registrado tensiones entre la dirección en Berlín y el partido en Turingia, que forma una coalición de gobierno con socialdemócratas y conservadores. El partido en Turingia se niega a abandonarla más o menos por los mismos motivos que defiende La Izquierda en Sajonia-Anhalt: para no permitir la llegada de AfD al poder. El presidente de AfD en ese Land, Björn Höcke, no sólo hizo este verano suya la propuesta de Ali de elegir a un candidato independiente, sino que incluso ofreció el puesto de ministra-presidente a la propia Wagenknecht, que ha rechazado la oferta y retado a Höcke a un debate televisado al que este último ha hecho oídos sordos.

La opción nuclear: prohibir AfD

Frente al ascenso de AfD en las encuestas de intención de voto, este verano ha resurgido en Alemania una tercera opción para impedir su llegada al gobierno: prohibir directamente el partido. A comienzos de agosto, el vicecanciller y copresidente del SPD, Lars Klingbeil, publicó en Die Zeit un artículo en el que calificaba de “deber democrático” estudiar un dictamen en este sentido publicado por un grupo de “académicos independientes” que “han demostrado que AfD trabaja sistemáticamente para destruir nuestra democracia y nuestro estado de derecho”. “Si la ideología de extrema derecha llega al poder, nadie estará a salvo”, advertía Klingbeil, para quien “debería examinarse cuidadosamente si se dan las condiciones para una prohibición por parte del Tribunal Constitucional de Alemania”.

Los problemas de una medida de este calibre no son, como cabe imaginar, pocos. Para empezar, existen problemas legales, porque las declaraciones de miembros individuales del partido no equivalen a propuestas políticas, y AfD, como todos los partidos de este espacio político, ha aprendido a caminar por la cuerda floja. Además, cuando hubo un intento parecido por prohibir el Partido Nacional-Democrático de Alemania (NPD) en 2017, el Tribunal Constitucional alegó que, aunque los motivos legales eran sólidos, el partido era demasiado pequeño y poco representativo como para amenazar el orden constitucional. Adicionalmente, fuentes de los cuerpos y fuerzas de seguridad pidieron que no se prohibiese el NPD, pues, en su opinión, eso sólo llevaría a sus militantes a la clandestinidad y a una radicalización aún más violenta (desde la izquierda se señaló que esas mismas fuentes temían que se revelase, además de los agentes de policía infiltrados en el NPD, las vínculos personales entre miembros individuales de ambas).

Pero también hay problemas políticos, porque ¿puede prohibirse un partido que, de acuerdo con las encuestas de intención de voto, cuenta actualmente el apoyo de más de una cuarta de la población a nivel federal? El presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, ha defendido que la exclusión de los “enemigos de la constitución” no es “inherentemente antidemocrática”, sino “la expresión de una democracia defensiva”. Argucias retóricas aparte, ¿no podría esa misma argumentación aplicarse algún día, con otra constelación política en el gobierno, a La Izquierda?

Mientras se debate, a diferentes intensidades, la prohibición de AfD, la formación ultra trata de sacar partido a la situación, presentándose como la opción más opuesta al establishment

La pregunta no es baladí cuando este año se ha conmemorado el 70º aniversario de la prohibición del Partido Comunista de Alemania (KPD) en Alemania occidental, una decisión que acarreó graves consecuencias profesionales y personales para los afectados. El propio recurso a vías legales aparece también a ojos de muchos como una medida desesperada, que no tuvo mucho efecto por lo demás en la última campaña electoral de Donald Trump en Estados Unidos y no parece tenerlo tampoco en los sondeos para la candidata de Agrupación Nacional (AN) en Francia, Marine Le Pen. Como han señalado varios analistas, una medida de este tipo también podría ser contestada por la Casa Blanca, donde la formación ultra cuenta con simpatizantes como el vicepresidente JD Vance: cabe recordar que en su viaje a Múnich de 2025 rehusó reunirse con el entonces canciller, Olaf Scholz, y lo hizo con la co-presidenta de AfD, Alice Weidel. Así, Washington podría adoptar medidas de represalia, como sanciones personales a sus responsables y aranceles económicos al país.

Mientras se debate, a diferentes intensidades, la prohibición de AfD, la formación ultra —como ha ocurrido con el caso de la portada de Der Spiegel arriba mencionada— trata de sacar partido a la situación, presentándose como la opción más opuesta al establishment. Incluso si el resto de partidos logran impedir la llegada de AfD al gobierno de Sajonia-Anhalt, el problema está lejos de acabarse en ese estado federado: en el último sondeo publicado, el de Insa del pasado 29 de agosto, AfD llegaba al 29%, y un 22%, o uno de cada cinco encuestados, aseguraba que abandonaría al país si la ultraderecha llegaba al poder. 

Alemania
Mario Candeias
“En cierta medida, las políticas del miedo del Gobierno de Merz están surtiendo efecto”
La crisis del sistema de partidos alemán ha puesto a la extrema derecha de Alternativa por Alemania (AfD) en cabeza de las encuestas. En esta entrevista, Candeias analiza las razones y las formas de contrarrestar ese auge.
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