Opinión
Los jóvenes de hoy día no son unos fachas: la juventud es antifascista

No digo que no los haya, porque los hay, pero son menos, muchos menos, y ponerles en el foco, darles voz e, incluso, simplemente hacer mención a su existencia lo único que está haciendo es legitimar a la extrema derecha.
Contra el fascismo, ni un paso atrás: las juventudes socialistas de Euskal Herria convocan marchas en Iruñea y Bilbao - 6
La multitud coreó en Iruñea lemas antifascistas y antiimperialistas. Zoe Martikorena
16 may 2026 06:00

El problema de las mentiras es que en ocasiones de tanto repetirlas hay quien termina por creérselas. 

Siento que eso es lo que ha pasado con la más que repetida consigna de “los jóvenes de hoy día son todos unos fachas”. Porque todavía hay personas que creen que eso es así, que no saben o que no quieren saber que en realidad la juventud de hoy día es la vanguardia del antifascismo.

Llevamos años viendo en medios y en redes sociales cómo se hacen reportajes o se crea contenido sobre el auge de la extrema derecha entre los jóvenes, generando una enorme falacia del todo por la parte (totum pro parte), es decir, dando a entender que la juventud en su conjunto es fascista.

No digo que no los haya, porque los hay, pero son menos, muchos menos, y ponerles en el foco, darles voz e, incluso, simplemente hacer mención a su existencia lo único que está haciendo es legitimarlos, permitir que puedan mostrarse sin vergüenza alguna, que se normalice el discurso fascista y que se crea que es una posición válida en un estado democrático.

Qué sentido tiene “infiltrarse” en la micromanifestación de la Falange en lugar de estar cubriendo la concentración antifascista que impidió que los fascistas entrasen al barrio de Lavapiés

No caigamos en la hipocresía de pensar que esto es solo culpa de los medios tradicionales que financiados por las élites quieren normalizar ese tipo de discursos (que sí, obvio), porque los medios y creadores de contenido de izquierdas también tienen parte de responsabilidad. 

Por ejemplo: qué sentido tiene “infiltrarse” en la micromanifestación de la Falange en lugar de estar cubriendo la concentración antifascista que impidió que los fascistas entrasen al barrio de Lavapiés, o qué sentido tiene hacer un reportaje sobre diez franquistas en el barrio de Tetuán en el 1 de mayo en lugar de estar hablando de la manifestación de más de 3.000 personas que recorrió Vallecas por el día de la clase obrera, organizada por la Coordinadora Juvenil Socialista.

Estos dos casos muy recientes son un claro reflejo de que hay una gran masa de la juventud que está comprometida, y que se posiciona claramente en contra del fascismo y de la deriva reaccionaria e imperialista de los Estados.

Mientras las redes sociales se llenan de entrevistas a personajes nostálgicos de un régimen que no vivieron, la juventud organizada convocó una concentración en el barrio madrileño de Lavapiés para evitar que los fascistas entrasen a dicho barrio con consignas racistas, xenófobas y repletas de odio. Y lograron pararlos.

Mientras que en medios no dejan de publicarse artículos sobre la remigración y la prioridad nacional, el pasado 1 de Mayo se conseguía reunir a cerca de 3.000 jóvenes en el barrio de Vallecas para manifestarse contra el imperialismo y el fascismo en todas sus formas, defendiendo posiciones políticas como que sean los capitalistas quienes paguen los costes de la guerra, o la derrota total del eje genocida de EEUU-Israel y sus apoyos en la OTAN.

Estos dos momentos, aunque recientes, no son los únicos que muestran el compromiso de la juventud con los valores del antifascismo. Una juventud que trabaja a diario, desde los barrios, las organizaciones, los colectivos y en multitud de espacios políticos para conseguir una sociedad alejada de unas ideas que buscan destruir al diferente.

Los jóvenes que son fascistas no lo son porque sí, son el resultado del auge reaccionario de la sociedad, de la normalización de los discursos de extrema derecha y de la agenda fascista

No olvidemos que los jóvenes que son fascistas no lo son porque sí, son el resultado del auge reaccionario de la sociedad, de la normalización de los discursos de extrema derecha y de la agenda fascista.

En varias partes del mundo se está debatiendo sobre si el movimiento antifascista es una organización terrorista o no, con el único objetivo de deslegitimar sus luchas y criminalizar a la población comprometida. Es fundamental, ahora más que nunca, que se deje de poner el foco en esa parte de la sociedad que defiende unos valores e ideas nocivos, y se empiece a mostrar la verdadera cara de los jóvenes:

Una juventud organizada, militante y claramente antifascista.

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