Opinión
Adorni, Bregman y el fin de la fantasía libertariana

Las denuncias de corrupción rodean al jefe de ministros y vocero presidencial, Manuel Adorni, mientras Myriam Bregman, dirigente del Frente de Izquierda, irrumpe como la figura con mayor imagen positiva, según la última encuesta publicada de Atlas Intel.
Myriam Bregman - 1
Myriam Bregman participa en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) desde 1990. David F. Sabadell
8 may 2026 06:00 | Actualizado: 8 may 2026 10:21

Una vez más, el presidente argentino, Javier Milei, vuelve al país luego de un viaje a Estados Unidos, pero esta vez le espera un panorama difícil de contener: Manuel Adorni, su número dos, volvió a ocupar las portadas de todos los periódicos tras nuevas filtraciones sobre gastos millonarios y propiedades. 

Milei, cada vez más cercado por los escándalos de corrupción que atraviesan a su gobierno, mantuvo una conversación telefónica cargada de tensión con los periodistas Esteban Trebucq y Luis Majul (sus periodistas de confianza) en la que aseguró que Adorni “ni en pedo se va”, fiel a la verborragia agresiva que lo caracteriza. Aunque esta vez hay un matiz: parece que ni sus propios aplaudidores le festejan la comedia. 

El caso, en etapa de análisis judicial y parlamentario, tuvo una acalorada sesión en el Congreso de los Diputados en la que Manuel Adorni tuvo que sentarse durante seis horas frente a la oposición para dar explicaciones sobre los desorbitantes gastos en efectivo que habría realizado desde que asumió su cargo. Estos incluyen viajes personales al exterior en aviones privados (se cita por ejemplo un viaje a Aruba que costó quince mil dólares), la adquisición y refacción de inmuebles, servicios de custodia permanente para su esposa y consumos asociados a un estilo de vida de lujo.

La documentación, recopilada por los diferentes bloques opositores y expuestos en la comparecencia, ponen en evidencia el desarmamiento del relato fundacional de La Libertad Avanza: la casta política, al final de todo, eran ellos mismos. Como la paradoja de la proyección freudiana, el dedo acusatorio con el que el partido violeta hizo campaña parece que no era más que una proyección de sus propios deseos.

Cabe recordar que, esta investigación se suma a otros hechos que componen la lista de la corrupción libertaria. El más importante de ellos, el Caso Libra, cuya judicialización sigue su curso en Estados Unidos, debido a la magnitud de la estafa. 

De la épica digital al mundo real

La utopía libertaria es el fin del Estado. En ese escenario los líderes políticos funcionan como guardianes del sistema y se aseguran (por el bien de la mayoría) que las leyes del mercado capitalista fluyan sin obstáculos. Un modelo de nación sin intervencionismo de los organismos públicos es una ficción que ni siquiera ocurre en los Estados Unidos, el país con el que Milei sueña. Por ende, está claro que para hacer realidad el cuento hace falta un loco. Alguien lo suficientemente atrevido e incomprendido para lograr ese imposible. 

En 2023, la mitad de los electores hicieron una apuesta: si hay un político desaliñado que se pasea con una motosierra, puede que sea capaz de combatir el establishment para cambiar radicalmente el destino argentino. 

Esta construcción del héroe mesiánico fue posible, en gran parte, gracias a un núcleo de seguidores que se convirtieron en su círculo más cercano y que supieron amplificar el mensaje libertario con enorme eficacia, sobre todo en redes sociales. Entre ellos estaba Manuel Adorni, que pasó de la militancia digital a ocupar un lugar central en el gobierno.

Con una estética punk y lenguaje transgresor, el principal recurso discursivo del partido fue el uso del antagonismo como elemento polarizante. Si bien el fenómeno de “la grieta” tiene larga data en Argentina, la exacerbación del relato del otro como enemigo tomó otra dimensión durante la campaña violeta, en la que el propio Javier Milei llegó a reproducir mensajes con incitación a la violencia hacia grupos políticos específicos, los “zurdos” como le gusta repetir.

Sin embargo, la irrupción acelerada de La Libertad Avanza, que en un lapso de 4 años pasó de la inexistencia a controlar el Poder ejecutivo y a ocupar 40 bancas en el Congreso, expuso también las tensiones internas de un espacio que debió transitar, en muy poco tiempo, del activismo digital a la gestión del Estado, y que demostró que no gobernaba a pesar de los obstáculos del Estado enemigo, sino que se enriquecía gracias a él. 

Desde el momento de la asunción, twitteros como Iñaki Gutiérrez fueron premiados con cargos directivos del más alto nivel en la Rosada, aunque fue Adorni quien se llevó el premio mayor como jefe de ministros y vocero presidencial. 

Como ocurre con la liquidez algorítmica, la fiesta mermó rápidamente y la euforia de la tribu libertaria comenzó a mostrar signos de desgaste. Los lujos de Adorni en este sentido han contribuido a engrosar un relato B de La Libertad Avanza: el de un gobierno que se ha enviciado de poder y que se encuentra desconectado de la realidad asfixiante que atraviesa el pueblo argentino, permanentemente golpeado por ajustes, recortes y desempleo.

En esa misma línea, los múltiples viajes personales del presidente Javier Milei al exterior, realizados con avión oficial y custodia presidencial (se estima que realizó cerca de nueve visitas a Estados Unidos durante su primer año de mandato), refuerzan la idea de que la distancia entre “nosotros” y “ellos” también era una ficción y que el discurso libertario no era más que eso: una fantasía. 

De todas formas, lo que parece ser bastante real es el crecimiento de desaprobación del líder y su partido en este escenario. Según la consultora Zuban Córdoba, la imagen de Javier Milei ha mostrado en los últimos meses un deterioro sostenido. Se destaca puntualmente un fuerte aumento de su imagen negativa (58%) luego del escándalo de Libra.

En su último informe, publicado en los últimos días, se refuerza la tendencia: la imagen negativa del mandatario ya está por encima del 60% y 7 de cada 10 argentinos cree que hace falta un cambio de gobierno.  

Giro a la izquierda

Mientras Adorni era interrogado en el Congreso, otra encuesta, de la consultora brasileña Atlas Intel, reveló durante esos mismos días que la figura política con mayor imagen positiva es Myriam Bregman, dirigente del Frente de Izquierda Unidad, un espacio que se ha mantenido históricamente a la izquierda del peronismo y que, a pesar de haber tenido durante gran parte de su trayectoria una representación electoral minoritaria, ha logrado incrementar de forma sostenida su presencia parlamentaria.

Bregman, abogada de derechos humanos que comenzó su carrera política como querellante en juicios por delitos de lesa humanidad tras la última dictadura, ha sostenido su liderazgo dentro del espacio con una línea de coherencia a lo largo de los años, manteniéndose fiel a sus principios trotskistas y negándose sistemáticamente a coalicionarse con su fuerza política más cercana: el peronismo.

Sin embargo, más allá de ser la única figura con saldo positivo en la medición, en segundo lugar del ranking, a tan solo un punto de distancia, aparece Axel Kicillof, uno de los principales referentes del peronismo y posible figura de liderazgo dentro del espacio justicialista. Tanto Bregman como Kicillof se ubican 10 puntos por encima de Javier Milei y de Patricia Bullrich, que también quedan por debajo de Cristina Fernández, ubicada en tercer lugar. Se trata de un resultado revelador que podría indicar que Argentina ha comenzado a pendular hacia la izquierda nuevamente.

Quedará por definir si Bregman será capaz de ceder en su rigor político para consolidar un nuevo espacio común junto al peronismo o si su dogmatismo por separarse de él será el principal activo que convertirá su imagen positiva en intención de voto. Una estrategia más arriesgada pero que, sin dudas, le permitirá continuar huyendo del histórico bipartidismo argentino para construir, en este escenario de retirada libertaria, un lugar legítimo como tercera fuerza. 

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