El fondo New Amsterdam Developers desahucia a una familia en Barcelona para convertir su piso en un coliving

Olalla y sus tres hijos fueron desalojados este miércoles en un amplio operativo policial, pese a que un juez había condonado la deuda que la familia sostenía con la inmobiliaria. El Sindicat de Llogateres critica la pasividad de la Administración y denuncia el modelo de negocio de la empresa, que actualmente controla once fincas en la ciudad.
Una activista del Sindicat de Llogateres conversa con la policía durante el desahucio.
Una activista del Sindicat de Llogateres conversa con la policía durante el desahucio. Felipe Rioseco
20 may 2026 17:05

Sólo ocho días pasaron entre el primer y el segundo intento de desalojo de Olalla y su familia del piso en el que vivían en calle Buenos Aires número 60, en el barrio del Eixample, en Barcelona. El primero, convocado para el pasado martes 12 de mayo, se logró detener gracias a la presencia de unas 60 personas, entre representantes del Sindicat de Llogateres (sindicatos de inquilinos) y vecinos del barrio, que bloquearon la puerta de entrada de la finca. También ayudó la falta de personal policial, al coincidir con la huelga de profesores de Cataluña.

En esta segunda convocatoria, sin embargo, el escenario fue diferente. Antes de las 8h de este miércoles una decena de furgones de la Brigada Móvil de los Mossos se instaló en los alrededores de la finca, ubicada en la triple esquina de las calles Buenos Aires, Casanova y Diagonal. Rápidamente cercaron el perímetro y dejaron aisladas a las casi cincuenta personas que a esa hora ya estaban instaladas frente al edificio.

“A nivel físico estoy destrozada, a nivel mental estoy destrozada. Ahora me oyes así, pero llevo un año de mierda, con ataques de ansiedad, pesadillas, no duermo”, cuenta Olalla a El Salto

Hubo cantos de protesta, cierto nerviosismo y una tentativa de negociación por parte de la policía, que en un momento comunicó al Sindicat que el desahucio se realizaría sí o sí y pidió despejar la entrada. Sobre las 08.40h, comenzó el movimiento y los mossos fueron sacando una a una a las personas concentradas, a quienes luego dos agentes se encargaron de identificar. Pese a la resistencia y a la presencia tanto del Sindicat de Llogateres como del Sindicat d’Habitatge Socialista de Catalunya, el desahucio terminó de ejecutarse pasadas las 9h. 

Olalla, madre divorciada de tres hijos, todos menores, estuvo todo el tiempo dentro del piso, acompañada por un trabajador del SIPHO, el servicio de intervención de la Generalitat para situaciones de pérdida de vivienda. Tras el desalojo sufrió un ataque de ansiedad y tuvo que ser asistida por personal médico. Una vez estabilizada, fue trasladada en ambulancia a un centro asistencial. 

Olalla abandonando su piso acompañada de personal médico y un trabajador de SIPHO.
Olalla abandonando su piso acompañada de personal médico y un trabajador de SIPHO. Felipe Rioseco

New Amsterdam Developers y la fiebre del coliving

Olalla y su familia llegaron a la finca de calle Buenos Aires hace nueve años. En 2017 firmó, junto a su pareja, un contrato de alquiler de diez años directamente con la propietaria de la finca, una mujer mayor. Con el paso del tiempo se divorció y quedó ella sola con sus tres hijos en el piso. Entre medio, además, la propietaria vendió el edificio al fondo de inversión holandés New Amsterdam Developers (NAD), una firma dedicada a la gestión inmobiliaria y que desde hace un tiempo ha sido noticia por adquirir edificios completos en la ciudad para convertirlos en coliving.

 De las 21 familias que vivían en Buenos Aires 60, hasta este miércoles sólo quedaban tres. Todas las demás fueron abandonando el edificio, al no ser renovados sus contratos de alquiler. Además de Olalla y sus tres hijos, todavía queda otra familia y una pareja de adultos mayores de 97 años, con renta antigua sin fecha de caducidad. El resto de los pisos ya han sido reformados y se alquilan por habitación a precios superiores a los 950 euros mensuales.

“Es absurdo, estamos hablando de un dispositivo digno de una operación contra el narcotráfico para intentar evitar un desahucio de una madre con tres hijos. Es un delirio”, dice Carme Arcarazo (Sindicat de Llogateres)

“Conmigo nunca se han comunicado, jamás. A mí nunca me han ofrecido nada. No me han dejado hablar con ellos. Jamás. No tienen ningún tipo de corazón esta gente”, decía Olalla a El Salto un día antes del desahucio. El argumento legal que utilizó la empresa para solicitar el desahucio fue una deuda que Olalla mantenía con la inmobiliaria Canadell, encargada de administrar el edificio, por un impago durante la pandemia del covid. Hace dos semanas, sin embargo, un juzgado de Barcelona declaró condonada la deuda y permitió a Olalla acogerse a la Ley de Segundas Oportunidades. Como el proceso de desahucio ya estaba en marcha, la resolución no alcanzó a detenerlo.  

Desde que recibió el burofax en que NAD le solicitaba dejar el piso, ha pasado casi un año. En ese tiempo, dice Olalla, su salud física y mental se fueron deteriorando progresivamente: “A nivel físico estoy destrozada, a nivel mental estoy destrozada. Ahora me oyes así, pero llevo un año de mierda, con ataques de ansiedad, pesadillas, no duermo. Es un puto desastre. Entonces yo me tengo que mantener porque tengo a mis nenes. Pero claro, si me dejan en la calle con tres niños... y no ofrecen ninguna alternativa”. 

La policía saca de la concentración e identifica a manifestantes.
La policía saca de la concentración e identifica a manifestantes en la calle Buenos Aires, en Barcelona. Felipe Rioseco

En busca de ayuda, se encontró con el Sindicat de Llogateres de Barcelona, quienes la han asesorado y acompañado durante los últimos meses. Para el Sindicat, el desahucio de Olalla no es un caso aislado, sino más bien el ejemplo de una tendencia que desde hace algunos años se ve en Barcelona. Y de la que responsabilizan directamente al PSC, hoy al mando del Ajuntament de Barcelona y de la Generalitat. “El Gobierno, en vez de defender a las familias, a la gente trabajadora, a la gente que quiere los pisos para vivir, defiende a los que quieren los pisos para especular, trocearlos y expulsar a la gente. Esto no es un Gobierno para la gente, es un Gobierno a medida de los especuladores”, decía a El Salto Carme Arcarazo, portavoz del Sindicat, minutos después de ejecutado el desalojo. 

“Esto es una expresión directa de lo que ocurre cuando se hace negocio con la vivienda: para hacer coliving, lo que tienes que hacer es desahuciar bloques enteros de vecinas”, dice Valentina Ribas, Sindicat d’Habitatge Socialista de Catalunya

La activista, además, cuestionó la pasividad de la Administración al momento de fiscalizar este tipo de negocios. “No entendemos cómo esta empresa no tiene miles de multas. Se salta la ley de forma sistemática, como la ley del 30%, que obliga, cuando se hacen reformas, a reservar ese porcentaje a viviendas protegidas, y no hemos visto ninguna multa”, añadió.

Desde el Sindicat d’Habitatge Socialista de Catalunya se sumaron a las críticas hacia el Gobierno del alcalde Jaume Collboni. “El caso del coliving es otra expresión más de cómo extraer la máxima rentabilidad posible de una vivienda ya existente. Pero consideramos importante destacar el hecho de que hoy estén desahuciando a Olalla no es solo culpa de NAD —que evidentemente la tiene—, sino también de la complicidad y responsabilidad directa del PSC, cuyas políticas, ni desde el Ayuntamiento ni desde la Generalitat, han hecho nada para frenar esta situación”, dijo Andrea Rivas, una de las portavoces de la agrupación. 

Olalla abandonando su piso acompañada de personal médico y un trabajador de SIPHO.
Olalla abandonando su piso acompañada de personal médico y un trabajador de SIPHO. Felipe Rioseco

Los otros casos emblemáticos 

Según un reportaje de La Directa, actualmente NAD tiene el control de once fincas en Barcelona, con un total de 102 pisos. De ellos, una buena parte ya han sido reformados y se alquilan en formato de coliving. Se trata de un fondo administrado por Jeffrey Todd Kaye y Paul Christiaan Petermeijer que importó el modelo de negocio desde Nueva York, donde ya lo ha ejecutado con éxito. El desahucio de Olalla, de hecho, no es el primero promovido por esta empresa. En marzo intentó sin éxito desalojar a Txema Escorsa (31), profesor de secundaria y vecino de la calle Sant Agustí, en el distrito de Gràcia. Su caso alcanzó una alta cobertura mediática y generó una ola de movilizaciones que lograron, finalmente, detener temporalmente el desalojo. 

Cerca de Plaça Espanya, en la calle Llançà 20, se ubica el edificio modernista Casa Fajol, conocido como Casa Papallona. Como en el caso de Sant Agustí, este bloque también fue adquirido por NAD en 2023 y desde entonces no se han renovado los contratos de alquiler. De los 14 pisos, tres ya están vacíos. Y de quienes aún viven ahí, varios ya están fuera de contrato, por lo que no se descartan nuevos intentos de desahucio en los próximos meses. 

Además de estas dos fincas y el edificio de calle Buenos Aires, NAD tiene otras cinco propiedades en el distrito del Eixample y tres en Ciutat Vella. En todas ellas tiene como objetivo la instalación de coliving

El Sindicat de Llogateres ya ha solicitado la intervención del Ajuntament y exige la renovación total de los contratos y el fin de las obras de renovación. Además de estas dos fincas y el edificio de calle Buenos Aires, NAD tiene otras cinco propiedades en el distrito del Eixample y tres en Ciutat Vella. En todas ellas tiene como objetivo la instalación de coliving.

Sobre las 10h, el portal del edificio comienza a despejarse. Olalla, arriba de una ambulancia, va camino a un centro médico y los furgones de los Mossos ya se alejan por Avinguda Diagonal. Dos cerrajeros entran a la finca y suben hasta el piso, ahora deshabitado, para cambiar la cerradura. Las pocas personas del Sindicat que todavía quedan guardan los carteles y enrollan las banderas. El operativo ha terminado. “Es absurdo”, dice Carme Arcarazo, “estamos hablando de un dispositivo digno de una operación contra el narcotráfico para desahuciar a una familia monomarental, una madre con tres hijos. Es un delirio”.

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