Carro de combate
Contaminación por fármacos: un desafío emergente
Se ha detectado la presencia de fármacos en masas de agua subterráneas, en aguas costeras… De hecho, la mayoría de los ríos analizados en todo el mundo presenta este tipo de contaminante y, en ocasiones, en concentraciones que ponen en jaque el equilibrio de los sistemas acuáticos, tal y como demuestran los resultados del primer estudio internacional al respecto, el Global Monitoring of Pharmaceuticals Project. El impacto sobre la salud humana, si bien aún se desconoce en gran medida, está relacionado, por ejemplo, con la resistencia a los antibióticos, una de las mayores amenazas para la salud global. Y es que, las últimas investigaciones han identificado cerca de mil compuestos activos —aproximadamente un tercio de los productos farmacéuticos disponibles en el mercado, según datos de la plataforma alemana PHARMS-UBA— en aguas, suelos y organismos acuáticos y terrestres de prácticamente todo el mundo.
Este problema no solo está relacionado con la contaminación causada por las fábricas de medicamentos en países como India y China, una situación denunciada por organizaciones como Changing Markets Foundation y Ecologistas en Acción, sino que tiende a agravarse en la medida en que la ciudadanía consume más fármacos o se incrementa su uso veterinario. Porque, incluso en aquellos países donde existe un sistema eficaz de recogida y tratamiento de medicamentos, como ocurre en España a través del punto SIGRE, estos acaban en vertederos o diluidos en el sistema de tratamiento de aguas residuales. Es decir: aunque cada vez en menor medida, hay quienes siguen tirando los fármacos desechados a la basura o por el fregadero, con el riesgo medioambiental que este tipo de prácticas conlleva.
La presencia de fármacos se suma a la de otros microcontaminantes emergentes en el medioambiente, lo cual no hace sino agravar el problema, pues dicho cóctel facilita la transformación de los primeros en nuevos compuestos de consecuencias aún desconocidas
Resulta preocupante, además, la incapacidad de eliminar los fármacos excretados en las áreas urbanas mediante las actuales Estaciones de Depuración de Aguas Residuales (EDAR). Sin mencionar que un 48 % de dichas aguas en todo el mundo se descargan al medioambiente sin someterse a ningún tipo de tratamiento, tal y como recuerda el equipo del Basque Sustainable Pharmacy & Biotherapy de la EHU, responsable del reciente artículo “Promoting sustainable pharmacy for tackling environmental pharmaceutical pollution” (Drug Discovery Today, 2026), donde señala que el cambio climático y la escasez de agua podrían empeorar aún más la situación. Según este grupo de investigación, con sede en Vitoria-Gasteiz, entre el 30% y el 90 % de un medicamento pasa al agua inalterado después de su excreción.
Preservar la calidad del agua
Para tratar de minimizar el impacto medioambiental del consumo de fármacos, desde la Unión Europea se ha aprobado una nueva Directiva de Tratamiento de Aguas Residuales Urbanas (TARU) que, entre otras cosas, obliga a los Estados miembros a adaptar, de aquí a 2045, las actuales depuradoras mediante la incorporación de mecanismos de control de microcontaminantes denominados cuaternarios. “Las concentraciones que estamos viendo no son muy elevadas, pero el problema está en que representan un cóctel tóxico: una mezcla de muchísimos fármacos y sustancias que incluso a nosotros mismos nos sorprende y que pueden generar unos impactos sinérgicos, aditivos, amplificados, desconocidos”, señala Gema Parra Anguita, catedrática de Ecología en la Universidad de Jaén y responsable de una nueva línea de investigación de ecotoxicología acuática.
De hecho, el equipo que dirige Parra Anguita participa actualmente en un proyecto internacional, NBS4Aquamissión, que desarrolla Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN) como sistemas cuaternarios en apoyo a las EDAR. Por el momento, sus conclusiones son halagüeñas: han visto cómo los humedales flotantes implementados son capaces de retirar un altísimo porcentaje de los productos farmacéuticos, que pueden llegar procedentes de domicilios, centros sanitarios o explotaciones ganaderas. “Existen otras tecnologías avanzadas que hacen esto mismo, pero esas tecnologías requieren un aparataje muy complejo, personal cualificado y, por supuesto, energía”, señala Parra ante la necesidad de seguir desarrollando tratamientos sostenibles y económicos para eliminar estas sustancias que, en su mayoría, no cuentan con alternativa terapéutica, es decir, no pueden dejar de utilizarse por el momento.
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