Colombia
La ‘patria milagro’ de Abelardo de la Espriella
En la primera vuelta de las elecciones presidenciales colombianas del 31 de mayo, según los controvertidos resultados provisionales difundidos el mismo día de las elecciones, el abogado ultraderechista Abelardo de la Espriella obtuvo el mayor número de votos (más del 43%), superando al candidato que lideraba las encuestas y había generado una mayor expectación en la campaña, Iván Cepeda (más del 40%). Ambos se disputarán la presidencia en la segunda vuelta del 21 de junio, pero estos resultados suponen un cambio de percepción importante en la sociedad colombiana sobre las posibilidades de gobernar de cada uno de estos proyectos antagónicos de país.
El fulminante ascenso del neófito ultraderechista en las encuestas que precedieron a la elección, espoleado por los medios de la derecha como la revista Semana, junto con la desbarrancada de Paloma Valencia, la candidata del Centro Democrático (CD), catapultaron su figura como líder de una “nueva” derecha —embebida de uribismo ideológico— y a su candidato como otra fulgurante estrella mediática del fundamentalismo neofascista que ya gobierna en otros países de América, desde Washington a Buenos Aires, pasando por Quito y Santiago de Chile.
De la Espriella es un declarado admirador de Javier Milei y de Donald Trump, si bien en materia económica desea emular a Milei y, como este, propende a la subordinación incondicional a los intereses de Estados Unidos. Y a semejanza de Milei, que estrechó sus lazos religiosos con el judaísmo a medida que se adentró en la política, De la Espriella, que se había declarado ateo, también se acercó a las iglesias evangélicas en paralelo a su nueva vocación política. Con esas iglesias firmó un Pacto por la Familia que implica la invisibilización de los homosexuales en los espacios públicos, en la escuela, etc. Eso a cambio del apoyo en las elecciones de varias iglesias coordinadas desde su “gerencia de la fe” que dirige un pastor cristiano desde Bogotá, con epicentro en la iglesia Tabernáculo de la Fe y con el apoyo de figuras controvertidas como el pastor Miguel Arrázola de la iglesia Ríos de Vida en Cartagena.
Tras haber sido ateo la mayor parte de su vida, irrumpe en la política converso y arropado por las iglesias evangélicas con las que comparte valores, tales como la misoginia, la homofobia y el machismo. Además, su carácter populista queda resaltado por una faceta peculiar de su personalidad que atrae y a veces cautiva a los votantes cuya elección depende más de la influencia emocional que de los argumentos. De la Espriella se ha dado a conocer como cantante interpretando clásicos de la ópera y de la canción popular italiana y francesa. En esta faceta de showman nunca despliega la agresividad que caracteriza a Milei con sus espectaculares salidas de tono, sino que, por el contrario, se exhibe como un divo de la música romántica que actúa como contrapunto farandulesco de la violencia verbal y gestual que caracteriza a sus intervenciones políticas.
Siguiendo la estela de su admirado Javier Milei, De la Espriella forjará la “patria milagro” recortando el presupuesto estatal en un 40%, despidiendo a 700.000 funcionarios
El énfasis de su programa político lo pone en imaginar una “patria milagro” que permita “derrotar la pobreza, el hambre, y darle casa a la gente”. ¿Y cuál es el milagro que promete? Siguiendo la estela de su admirado Javier Milei, experto en “crecimiento económico con y sin dinero”, De la Espriella forjará la “patria milagro” recortando el presupuesto estatal en un 40%, despidiendo a 700.000 funcionarios públicos, la mitad del total —incluyendo policía y ejército— y pasando la motosierra sobre la mayor parte del gasto social. Y asegura que lo hará sin causar penurias ni malestar a los más pobres, ya que los elegidos de Dios, según su fe evangélica, se salvarán por la vía del esfuerzo individual.
De la Espriella es ferviente admirador del modelo recesivo y hambreador instaurado por Milei en Argentina: “Milei es un grande, ya tiró la línea de lo que debe ser la economía en un país (...) de lo que hay que hacer en materia económica para sanear las finanzas públicas”, declara. A falta de un programa económico propio, proclama su adhesión a esa fórmula ultraliberal basada en el endeudamiento y la especulación financiera, la entrada incondicional del capital extranjero y el retorno a una matriz productiva antiecológica, dependiente de la explotación minera y de los combustibles fósiles.
Una fortuna vinculada a la defensa de mafiosos
Abelardo de la Espriella amasó una enorme fortuna gracias a la defensa jurídica de criminales, mafiosos y narcotraficantes. La revista Casa Macondo ha documentado cómo se enriqueció durante “un periodo de vertiginoso ascenso patrimonial que coincide con sus causas más rentables”.
Entre 2006 y 2013, De la Espriella acumuló lujosas propiedades siendo abogado de estafadores y parapolíticos, entre otros de Jorge Visbal, expresidente de la Federación de Ganaderos (Fedegan) condenado a nueve años de cárcel por la justicia colombiana por sus relaciones con los paramilitares, y en particular por sus vínculos con Carlos Castaño, fundador de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Representó asimismo a cuatro congresistas condenados por la Corte Suprema por haber recibido financiación paramilitar en sus respectivas campañas.
En esa misma época fue abogado de ‘Don Berna’, el jefe de la red de sicarios de la criminal Oficina de Envigado (Antioquia). Y posteriormente fue abogado en Colombia de Alex Saab, el empresario colombo-venezolano considerado testaferro de Nicolás Maduro por Estados Unidos y que recientemente fue extraditado a ese país por la presidenta de Venezuela en funciones, Delcy Rodríguez.
Un informe publicado por ‘La Nueva Prensa’ documenta su vinculación directa con los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) desde la firma del acuerdo de San José de Ralito en 2003
Por otra parte, un informe reciente publicado por La Nueva Prensa documenta su vinculación directa con los paramilitares de las AUC desde la firma del acuerdo de San José de Ralito (Córdoba), en 2003, durante la presidencia de Álvaro Uribe.
En esos años De la Espriella fue nombrado presidente de la Fundación Iniciativas por la Paz (Fipaz), “una ONG creada por los comandantes desmovilizados de los bloques Bananero, Catatumbo y Calima, financiada directamente con aportes de los jefes criminales Salvatore Mancuso y Hernán Hernández”. Recuerda también este informe que en 2006, el periodista Daniel Coronell denunció en su columna titulada “El Apoderado” que “Fipaz sirvió como plataforma política e ideológica de las AUC. La fundación organizaba foros masivos en ciudades como Medellín, Cali, Pereira y La Merced (Caldas), transportando a cientos de estudiantes universitarios con todo pagado, con el único fin de promover un referendo constitucional que prohibiera la extradición de nacionales y de seleccionar candidatos al Congreso afines a las autodefensas”. Como abogado de los paramilitares, De la Espriella pretendía que el gobierno colombiano les diera trato de dirigentes políticos.
Desde su podio de nuevo rico civilizado, el Tigre exhibe un sentimiento por Colombia y sus compatriotas claramente despectivo: “Yo no voy a sacrificar a mi familia por este país de desagradecidos, desleales y cafres”, sentencia. ¿Es parte de su estrategia de campaña? Azuzar el odio entre quienes se consideran a sí mismos “la gente de bien” y quienes por lo general son sus eternas víctimas en la escala social.
A semejanza de Milei, Abelardo de la Espriella creó un personaje de sí mismo para proyectar su imagen a la población y lanzarse a la presidencia. Pero también es la contradicción en persona, la extrema incoherencia. Antes de entrar en política se refería con elogios a Gustavo Petro: “Si por algo se ha caracterizado Gustavo Petro es por ser un hombre honesto, un hombre que ha desenmascarado y perseguido a las mafias del distrito, y esa es la misma gente que está detrás de este complot contra él”, dijo cuando Petro era alcalde de Bogotá. Y más tarde, como candidato presidencial, olvidando esos méritos, lo acusaría de estar “llevando al país a un foso profundo del que probablemente no salga”.
Discursos de odio
En contraste con el tono sosegado y didáctico que emplea su adversario Iván Cepeda, De la Espriella se dirige a su público instigando al odio y la confrontación. Todo aquel que piense diferente es un enemigo a eliminar. No un disidente, ni un competidor, sino alguien a quien representa como “enemigo interno” en su cruzada contra el mal. Siguiendo el patrón de Donald Trump, se mueve en esta clase de categorías simples, argumentando con un discurso populista eficaz en los sectores menos politizados. Al igual que Javier Milei, estigmatiza a la izquierda en su conjunto, y a quienes reclaman por derechos y denuncian la desigualdad, atacándolos como parásitos de la sociedad oligárquica a la que defiende servilmente. Apodado el tigre por sus seguidores, De la Espriella remarca su fundamentalismo recurriendo con frecuencia a la violencia verbal: “Voy a destripar a la izquierda radical”, dice, y vuelve a subrayarlo bien: “A esa plaga hay que erradicarla. No merecen un trato diferente”.
A semejanza de Milei, Abelardo de la Espriella creó un personaje de sí mismo para proyectar su imagen a la población y lanzarse a la presidencia. Pero también es la contradicción en persona
Un rasgo muy comentado de su personalidad es la incoherencia. El mismo De la Espriella que decía hace una década: “Yo no soy uribista, yo soy un hombre libre, no soy perro de nadie”, acabó diciendo en una entrevista con Blu Radio en febrero de 2026: “Mi uribismo no está en duda. Yo soy más uribista que doña Lina, que Jerónimo y Tomás” (esposa e hijos de Álvaro Uribe). ¿Consiguió ganarse el respaldo del viejo caudillo frente a la candidata oficial del CD, la tibia Paloma Valencia, la que la que nunca ha ocultado que Uribe es su “papá”? La respuesta sería afirmativa a juzgar por los resultados electorales, el grueso del voto uribista se transfirió a De la Espriella en la primera vuelta. Las últimas encuestas fueron reflejando esta transferencia de votos hasta dejar a Valencia muy por debajo de De la Espriella. Y al conocerse el resultado de la primera vuelta, la “hija” de Uribe se apresuró a brindarle apoyo al candidato ultraderechista. A este respaldo se sumó muy pronto el del Partido de la U, afín desde sus orígenes al uribismo.
Una visión machista, homófoba y antiecológica
Una parte de los votos obtenidos por el CD no migrarán tan fácilmente a la ultraderecha, ya que el candidato a vicepresidente con Paloma Valencia, Daniel Oviedo, ha declarado que nunca podría apoyar a un homófobo como De la Espriella, aun no sintiéndose del todo cómodo en el entorno uribista. “Es increíble que Colombia se debata su futuro alrededor de la homofobia, el machismo y la irresponsabilidad a la hora de gobernar”, dijo Oviedo al día siguiente de la primera vuelta, dejando una incógnita sobre el sentido de su voto. Cabe añadir que De la Espriella también rechaza el feminismo, el aborto, la eutanasia y la adopción homoparental, conforme su nuevo credo afín a los evangélicos.
El candidato presidencial de Defensores de la Patria no sólo sintoniza con Donald Trump, además es donante del Partido Republicano y trata de “compadre” al multimillonario tecnológico Elon Musk. En materia energética, ha dejado claras sus intenciones de potenciar las energías fósiles y de subordinación de la política económica a las exigencias del capital transnacional: “Ese discurso barato de los ambientalistas extremos que se lo vendan a otro; conmigo va a haber fracking a lo que dé, como corresponde, y hay que explotar nuestro subsuelo a lo que dé, y el fracking es la mejor solución”.
El Tigre exhibe un sentimiento por Colombia y sus compatriotas claramente despectivo: “Yo no voy a sacrificar a mi familia por este país de desagradecidos, desleales y cafres”
Su adversario Iván Cepeda está en las antípodas de esta posición, en continuidad con el Gobierno de Petro: “Somos una nación que ha perdido décadas de su desarrollo porque ha hecho una economía sustentada, básicamente, esencialmente en priorizar la extracción de sus recursos naturales energéticos y ha centrado su desarrollo económico en la extracción del petróleo, el carbón y el gas”.
Su discurso de seguridad entronca con otro de sus presidentes más admirados, el salvadoreño Nayib Bukele. Esta proximidad es notoria cuando promete “combatir con mano de hierro a los delincuentes, a los corruptos, a los criminales impunes y a todo aquel que pretenda seguir amenazando la existencia de Colombia”.
Disparidad de recursos: el apoyo de Trump
Mientras que la campaña de Iván Cepeda fue muy austera en recursos económicos y se basó en el voluntariado y el activismo del Pacto Histórico y de las organizaciones sociales que lo apoyan, De la Espriella inundó el país con millones de dólares en publicidad y en redes sociales.
El candidato ultraderechista tiene también la nacionalidad estadounidense, además de la colombiana y la italiana. En las elecciones de noviembre de 2024 se ufanó de haber votado por Donald Trump “para que América vuelva a ser grande otra vez”. En consonancia, Trump le ha brindado su “completo y total respaldo” tras la primera vuelta, agradeciéndole “su apoyo político hacia mí, personalmente”, y llamó a votar por él en la segunda vuelta.
Desde su red social Truth, Trump celebró que su aliado se impusiera sobre Cepeda (un “marxista de izquierda radical”) con un efusivo mensaje en el que lo define como “un líder inteligente, fuerte y tenaz”. De la Espriella agradeció esos elogios con un cumplido inequívoco: “Gracias, sin él nada sería posible. Un gran agradecimiento. Estoy muy honrado por el apoyo decidido del presidente Trump y de todo su Gobierno, con el que tengo muy buenas relaciones desde hace muchos años”. A confesión de parte, relevo de prueba.
Trump le ha brindado su “completo y total respaldo” tras la primera vuelta, agradeciéndole “su apoyo político hacia mí, personalmente”, y llamó a votar por él en la segunda vuelta
Previamente, en enero, hizo un viaje relámpago a Estados Unidos “a una reunión muy importante y trascendental”, tras la cual declaró: “No podemos permitir que Cepeda y Petro se roben las elecciones con recursos de la corrupción y presionen a los votantes en las regiones a punta de fusil, de la mano de sus aliados del narcoterrorismo”. Más allá de esta generalización propagandística, no develó con quién se había reunido ni para acordar qué acciones.
Antes de que lo hiciera Trump, se pronunció el senador colombo estadounidense Bernie Moreno, enviado por el gobierno de Trump como observador del proceso electoral. Tras afirmar que fue un “buen día para la democracia”, dijo ver con ilusión que Colombia pudiera tener un “rol central” en el Escudo de las Américas, la iniciativa de defensa hemisférica en la que participan los países cuyos gobiernos están ideológicamente alineados con el de Estados Unidos. El envío de observadores de esta calaña, claramente alineados con la intromisión exterior en la política colombiana, encendió las alertas sobre su posible intromisión en el proceso electoral.
Después de votar en la primera vuelta, De la Espriella realizó una puesta en escena ante sus seguidores a bordo de un planchón (embarcación) sobre el río Magdalena, en el Malecón del Río en Barranquilla. Desde allí, envalentonado por los resultados provisionales, atacó al presidente y al candidato del PH: “Iván Cepeda y Gustavo Petro son delincuentes miserables; Cepeda, heredero de las Farc, no se va a robar la democracia. Van para afuera”. El tono de su arremetida lo califica más a él mismo que a quienes intenta enlodar, pero sin duda conecta con cierta parte de la población colombiana —muy polarizada— que lo votó el 31 de mayo.
Como abogado de los paramilitares, De la Espriella pretendía que el gobierno colombiano les diera trato de dirigentes políticos
Por su parte, Iván Cepeda no ahorra calificativos para su opositor, basados en testimonios de algunas de sus víctimas como abogado defensor: “Es un estafador de estafadores. Estafador de narcotraficantes. Abogado de narcotraficantes y estafadores a los cuales ha estafado”, remata el candidato del PH.
Acusaciones de fraude y segunda vuelta
Aunque Iván Cepeda restó importancia a los hechos para concentrarse en la campaña de la segunda vuelta, Petro denunció con datos a la institución encargada de velar por la corrección de los comicios, haciendo notar una notable diferencia del número de inscritos para votar pocos días antes de las elecciones.
En el centro de la disputa por los resultados de la primera vuelta está el software electoral empleado por la Registraduría para contabilizar los votos. El Gobierno de Gustavo Petro exigió a esta institución una mayor transparencia y que para ello transfiriese la propiedad del software de escrutinio al Estado colombiano, para evitar que una compañía con intereses opacos, Thomas Greg & Sons, pudiera seguir controlando los algoritmos de las votaciones. Una empresa a la que el Gobierno de Petro le acaba de retirar el monopolio de impresión de los pasaportes colombianos. En las elecciones legislativas del pasado mes de marzo, Petro exigió a la Registraduría que para las presidenciales se tuviera “un código fuente en propiedad del Estado listo para acreditar” la voluntad de los votantes, y no "una tercerización privada que se ejerce desde el 2007 de los resultados”. El Registrador hizo caso omiso de este viejo reclamo del presidente.
La sospecha de fraude persigue a De la Espriella desde la inscripción oficial de su candidatura, cuando presentó cinco millones de firmas ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) como avales de la misma, las cuales en su mayor parte resultaron falsas. El CNE pudo haberla declarado nula, pero no lo hizo. Tampoco intervino la Registraduría.
Más allá de la eventualidad de un posible fraude, los resultados de la primera vuelta nos recuerdan que Colombia sigue polarizada entre diez millones de votantes que reclaman volver a la mano dura y que rechazan los acuerdos de paz en la huella de Álvaro Uribe, ideológicamente reencarnado en De la Espriella, este cristiano renacido destripador de la izquierda; y otros casi diez millones de votantes que han reafirmado su voluntad política de sostener el cambio iniciado por el Pacto Histórico con el gobierno de Gustavo Petro.
Laura Bonilla, subdirectora de la Fundación Pares, afirmaba en su valoración de los resultados de las elecciones que las políticas de mano dura siempre encuentran terreno propicio en las clases medias urbanas azotadas por dos formas de violencia muy frecuentes: la extorsión por parte de bandidos organizados y los robos. “Yo creo que Abelardo fue muy preciso al plantear su campaña sobre miedos que le duelen a la clase media urbana; que no está dispuesta a ceder todas las libertades, pero que está realmente molesta de que la extorsionen, si es comerciante, o que le roben en la calle. Esas dos cosas molestan mucho y hacen que se vayan emocionalmente hacia un discurso de mano dura”. Bonilla señala acertadamente que a eso se le suma el recate del patriotismo de camiseta, de la selección de Colombia, una fórmula populista que “trata de conectar con cosas que le gustan a todo el mundo”.
Por otra parte, nadie duda de que estas elecciones presidenciales están operando en gran medida como un plebiscito sobre el gobierno de Gustavo Petro y sobre sus principales reformas sociales. También sobre las zonas más oscuras de su gobierno, como los casos de corrupción de funcionarios y allegados, y los errores de cálculo en las políticas de paz con los grupos armados. La polarización del voto en primera vuelta es una fotografía de la división que sigue presente en Colombia entre los sectores que se inclinan por el diálogo y las políticas sociales y aquellos que prefieren mantener la marginación de algunos reprimiendo con dureza a los excluidos.
De la Espriella representa en cierto modo a esa mitad de Colombia que, cuando se sometía a los designios de Uribe, rechazó el Acuerdo de Paz con las FARC de 2016, y que persiste en su sesgo militarista
La candidata del CD no alcanzó a cosechar ni el 7% de los sufragios, porque el nuevo showman político de la derecha consiguió llevar a su redil al grueso del voto tradicionalmente uribista. Como nueva encarnación del ideario securitario, Abelardo representa en esta etapa a Uribe más que el mismo Uribe, desgastado por los juicios que afronta gracias a la tenacidad de su denunciante Iván Cepeda.
De la Espriella representa en cierto modo a esa mitad de Colombia que, cuando se sometía a los designios de Uribe, rechazó el Acuerdo de Paz con las FARC de 2016, y que persiste en su sesgo militarista frente a la búsqueda de soluciones pacíficas que anhela la otra mitad del país.
En un examen previo a las elecciones, el senador del partido Verde y analista político Ariel Ávila, aliado en estas elecciones de Iván Cepeda, sugería que la derecha había alcanzado su máximo potencial de votos bajo el liderazgo de Álvaro Uribe. Refiriéndose a la candidatura de Paloma Valencia, afirmaba: “Su fortaleza es su gran debilidad. Es decir, su fortaleza es Álvaro Uribe Vélez, pero la derecha colombiana no ha entendido que tiene que superar a Álvaro Uribe para poder tener un mejor juego electoral”.
Pero este análisis tan pertinente ya no se aplica al nuevo mapa político que emerge tras las elecciones. El resultado de la primera vuelta indica que la derecha social y política ha encontrado en De la Espriella un nuevo liderazgo que le permite canalizar su ideología más radical y extremista. En este escenario de polarización entre extrema derecha y centro izquierda, la única esperanza de poner freno al voto derechista en la segunda vuelta es la conquista del centro político por parte de los partidarios de Iván Cepeda.
Colombia
El modelo económico que está en juego en Colombia
Colombia
La derecha colombiana intensifica su campaña sucia contra Cepeda para evitar su triunfo en la primera vuelta
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!