Paco Roca: “Con este cómic he querido contar una historia sin una gran revelación a la que llegar”

En su nueva obra, Paco Roca, Premio Nacional del Cómic en 2008, vuelve a indagar sobre las cicatrices que dejan los recuerdos, pero esta vez desde una esfera de intimidad personal poco frecuente en su carrera.
El autor de cómic Paco Roca
Paco Roca, en su estudio. © Mikel Ponce.
23 may 2026 06:00

Paco Roca publica un nuevo trabajo y eso, dentro del ecosistema cultural, siempre es noticia. El autor de cómic con más lectores del panorama nacional ofrece una historia íntima sobre relaciones de pareja, rupturas y las consecuencias de las mismas. El viaje (Astiberri, 2026) supone un nuevo horizonte en la carrera de un autor que vuelve a indagar sobre las cicatrices que dejan los recuerdos, pero esta vez desde una esfera de intimidad personal poco frecuente en su carrera. 

Los dos grandes temas sobre los que pivota El viaje, la memoria personal y el duelo, los habías abordado anteriormente en obras como La Casa o Retorno al Edén. Si en La casa el duelo es provocado por la muerte del padre, aquí lo es por una ruptura amorosa, algo que creo que es una experiencia más universal y con la que la mayoría de tus lectoras y lectores pueden encontrar puntos en común sin importar su edad. ¿Piensas en esto a la hora de empezar tus proyectos, en apelar a los sentimientos comunes que puedes compartir con tu público?
La verdad es que no. Cuando me lanzo a un nuevo trabajo confío en que voy a tener lectores que me van a seguir, cuente lo que cuente. Es una suerte, y eso me da una libertad y una confianza enorme para poder emprender cualquier historia que me apetezca contar. Creo que mi oficio y mi experiencia me permiten encontrar herramientas para hacer interesante cualquier historia, aunque el lector no tenga ninguna conexión con ella, como podría ser, por ejemplo, El abismo del olvido. Pero es verdad que en ocasiones pensamos que nuestro sufrimiento es algo único y muy personal y te das cuenta de que, al final, sigue un esquema parecido al de todos. Incluso en una ruptura, que parece algo muy personal, acabamos pasando por unas determinadas fases que parecen seguir un esquema estandarizado. Pero sí, aunque no era mi intención, creo que mucha gente se sentirá identificada con lo que cuento.

La idea del cómic surge de tu propio proceso de separación. ¿Lo enfocaste como algo catártico o simplemente partiste de ahí como ejercicio narrativo?
Es que mi material es la realidad, y echo mano de ella cuando me interesa. Y es cierto, hace tiempo tuve una ruptura sentimental y empecé a tomar notas sobre ello, aunque no sabía muy bien si luego saldría un cómic de ahí. Tomar notas me ayudaba a poder verlo todo con distancia, a reflexionar sobre ellas. No tenía una idea clara de si iba a salir un cómic de ahí, pero, de repente, toda la gente que tenía alrededor estaba en situaciones similares. Mis amistades rondan entre los 40 y los 50 y algo, que es precisamente la etapa en la que más separaciones hay, entonces pensé que era un buen tema, el de las relaciones de pareja y las separaciones, y también, como tú decías antes, el cómo gestionamos la memoria, cómo nos hacemos un relato de lo ocurrido cuando hay una ruptura. Y me puse a ello.

En el cómic recurres a la figura de un sosias, Fran, un escritor que se encuentra perdido figurada y literalmente: está varado en un remoto pueblo argentino al que ha ido de gira esperando un vuelo de vuelta que se ha cancelado. Así estableces una frontera de ficción que, imagino, te concede más libertad.
Tengo claro cuando trabajo que no quiero hacer una autobiografía, lo que intento es hacer una historia, aunque trabaje con material personal. Aquí he mezclado diferentes relaciones que he tenido a lo largo de la vida, diferentes rupturas y también añado experiencias de amigos. Hasta dónde llega la realidad, la verdad es que lo dejo en manos del lector, creo que es interesante ese terreno ambiguo.

Hacer un cómic te lleva casi a replantearte las cosas tres veces; una cuando la escribes, otra cuando dibujas los bocetos, y luego otra que es todo ese proceso final, donde me gusta mucho pulirlo todo e intento, sobre todo, sintetizar

Tu cómic coincide con la publicación reciente de Islandia, el último libro de Manuel Vilas, donde habla de su separación en clave de autoficción. Pienso que la literatura te permite, de manera más orgánica, fabular (incluso desbarrar), pero la naturaleza analítica del cómic como medio convierte a El viaje en una obra más templada, sosegada.
Sí, la planificación de un cómic es diferente a cómo funciona la escritura de un libro, que no necesitas esa estructura, ese equilibrio entre las partes. Depende también de cómo trabajes, pero a mí me gusta atar el guion, pensar en cómo va a funcionar con una cantidad determinada de páginas. Sin embargo, mira, en esta ocasión añadí cerca de 40 páginas más, cosas sobre las que iba reflexionando a posteriori. Es que, como dices, el hacer un cómic te lleva casi a replantearte las cosas tres veces; una cuando la escribes, otra cuando dibujas los bocetos, y luego otra que es todo ese proceso final, donde me gusta mucho pulirlo todo e intento, sobre todo, sintetizar. En un cómic necesitas buscar la palabra justa, que te quepa en el espacio que tienes, o contarlo de forma que funcione en consonancia con el resto de las páginas.

Tras ese proceso de síntesis, creo que el resultado es tu trabajo con un tono más grave.
Digamos que en todos los cómics que he hecho, he intentado comprender un tema, encontrar una respuesta, una conclusión. Pero en esta historia la verdad es que me di cuenta que no había ningún lugar al que llegar. Es la aceptación de la situación sin más, una situación que es triste. No tiene ninguna gran revelación, más allá de la complejidad que tienen las relaciones de pareja, y cómo una y otra vez caemos en un abismo al romperlas o salimos de ellos y llegamos al paraíso cuando descubrimos un nuevo amor.

Página del cómic ‘El viaje’, de Paco Roca
Página del cómic ‘El viaje’, de Paco Roca. Imagen cortesía de Astiberri.

Sobre esto que dices de la tristeza, uno de mis tebeos favoritos es Diario de Nueva York, de Julie Doucet, donde habla de los motivos que la llevaron a su ruptura sentimental, que finalmente resulta ser una liberación, puesto que su expareja era un absoluto imbécil. ¿Crees que los autores hombres que abordan en sus obras el tema de una separación se centran más en el dolor y las mujeres, en cambio, en la esperanza?
En un principio pienso que no hay género en esto, aunque es cierto que, hablando con psicólogas, me dijeron que empieza a ser más habitual que las separaciones se hayan convertido, para muchas mujeres, en una liberación. Vivimos en una sociedad bastante machista, así que para las mujeres de determinada edad, una ruptura confirma una búsqueda de su propia identidad, fuera de lo que serían las convenciones sociales, el matrimonio o lo que sea, así que entiendo que muchas autoras cuenten precisamente esto, no vivir a la sombra de un hombre y haber encontrado su espacio propio, aunque cada pareja es un mundo. Pero sí, puede que si la pareja de Fran en el cómic contase su propia historia posiblemente se parecería más a esto que tú dices.

De hecho, en el caso de tu cómic, los motivos de ella están bastante claros. El punto de partida es revelador. Tras la separación, ahí está Fran, de nuevo, promocionando su libro a miles de kilómetros de su casa. Es inevitable encontrar una correspondencia con tu propia vida, con esas giras interminables.
A veces tienes que tener cuidado con lo que deseas porque se puede cumplir [risas]. A mí, como al personaje de Fran con los libros, me ocurre que mi deseo era poder vivir de los cómics, y te das cuenta de que eso va asociado a una forma de vida que te obliga a sacrificar muchas cosas, a veces muy valiosas, algo difícil de compaginar con una vida “normal”. Si ya partimos de que la vida de una persona creativa, que vive de este tipo de trabajos, es muy absorbente, y a eso le sumas un éxito, una repercusión a nivel mundial, pues ves que tu tiempo se va en muchas cosas que no tenías ni pensadas. Estás de promoción, y te dices, “yo quiero estar aquí en casa trabajando, quiero seguir creando”, pero no, necesitas viajar, y esas dos tareas te absorben muchísimo tiempo. Así que para una pareja no es fácil aceptar ese tipo de vida. A fin de cuentas, como hablábamos, no deja de ser también una forma masculina de ver el mundo, porque a los hombres creativos se les permite sacrificar determinadas cosas.

Sobre todo a determinadas edades, en las que eres madre y a ver qué hacemos. Todavía está ahí el machismo estructural.
Sí, exacto.

Si en 2006 hubiera sabido que mi vida iba a ser esto, esa promoción continua, seguramente me hubiese planteado las cosas de otra manera

¿Cómo afrontaste el éxito? Porque en el mundo del cómic contemporáneo, mucho menos en España, no es habitual.
Siempre pensé que era algo pasajero, que en algún momento la situación se iba a calmar. Pero desde Arrugas hasta ahora nunca ha parado, es más, se ha acelerado. Si en 2006 hubiera sabido que mi vida iba a ser esto, esa promoción continua, seguramente me hubiese planteado las cosas de otra manera. No sé de qué manera exactamente [risas]. Supongo que me hubiera buscado un ayudante, o, yo qué sé, un agente para que me hubiera ayudado con todo este lío. Es curioso, porque nunca llegas a disfrutar del todo: no tienes la tranquilidad de alguien que no necesita toda esta promoción, porque tampoco has llegado a ese otro estado de un escritor superventas en el que ya todo te da igual porque eres millonario y puedes hacer lo que te dé la gana. Sientes que te has quedado ahí, como a mitad de camino.

Sin embargo, eres una persona afable.
Gracias [risas].

Quiero decir que siempre muestras tu mejor cara en las giras, en los encuentros con los lectores… Creo que te costaría desligarte por completo de ese contacto con el lector.
Sí, lo hablo muchas veces con amigos de otras disciplinas, músicos, por ejemplo. La fama del mundo del libro, por así decirlo, es una fama muy llevadera, más agradecida. Quien te reconoce es alguien que ya ha hecho un esfuerzo; ha comprado tu libro y lo ha leído, es un filtro muy importante, quiere compartir las emociones que ha sentido al leer tu historia, es muy emotivo. Me gustaría que en algún momento no hubiese esa urgencia para todo, poder charlar con ellos con más tiempo.

Tengo un montón de lectores que no leen otros cómics, me sorprende y me asusta también muchas veces, así que en cierta manera los vas educando en el lenguaje, por así decirlo

Me resulta revelador que ese éxito masivo lo has conseguido con unos cómics revestidos de cierta complejidad en su estructura narrativa. Por ejemplo, sueles utilizar una puesta en página con una secuencia de tres viñetas verticales, seguidas por otras tres secuencias de viñetas de lectura horizontal; alternas situaciones temporales en la misma página, juegas con el color para el presente y para el pasado…
Mira, tengo un montón de lectores que no leen otros cómics, me sorprende y me asusta también muchas veces, así que en cierta manera los vas educando en el lenguaje, por así decirlo. Intento experimentar, pero al mismo tiempo busco no perder la legibilidad, es decir, que sean fáciles de seguir. Pero piensa que mis cómics tratan de, básicamente, gente normal haciendo cosas [risas], o gente hablando, sintiendo cosas y pensando cosas, así que ¿cómo cuentas eso? Esto te lleva a tener que explorar, buscar nuevas herramientas. Pero me gusta hacerlo de tal forma que la historia fluya, que no te pares a fijarte en tal o cuál recurso he utilizado.

De hecho, una de las escenas más complejas de El viaje está compuesta por casi medio centenar de páginas en la que muestras una conversación de dos personajes que están sentados.
Es un reto. Intento crear esa intimidad entre los personajes de una forma creíble, mostrar cómo se van acercando cada vez más, bueno, emocionalmente. El lector es un voyeur, a fin de cuentas, que es como si estuviera sentado enfrente mirando todo eso que está ocurriendo. Pero, ¿cómo mantienes todo esto durante tantas páginas visual y narrativamente? No me gusta utilizar soluciones cinematográficas: un plano, contraplano, ahora un primer plano de uno, ahora del otro… Creo que son artificios, e igual me equivoco, que no le va bien a mis historias. Así que busco otros recursos. Y, por otro lado, también me he dado cuenta de que con el dibujo que yo hago no puedes competir con la sutileza de unos actores, no puedes confiar en que los primeros planos de mi dibujo vayan a contar grandes cosas, y a lo mejor con dos puntitos y una línea, y si has hecho bien el trabajo a lo largo de la historia, logras llegar a otros sitios de manera más efectiva. A ver, no hay normas para esto, pero esas limitaciones, y todas esas herramientas que no son del cine, las metáforas visuales, funcionan en el cómic, y creo que si has hecho bien tu trabajo, el lector lo acepta, y no hace falta haber leído otros tebeos. Me funciona mejor contar poco que contar mucho, cuanto menos cuento, más espacio tiene el lector para rellenar huecos.

‘El viaje’, de Paco Roca
‘El viaje’ es el nuevo cómic de Paco Roca. Imagen cortesía de Astiberri.

Y luego, tras esa aparente, podemos decir, neutralidad expositiva, te permites algunos recursos gráficos más expresivos.
Porque hay veces que la palabra, o el pensamiento, van unidos a un montón de emociones: amor, odio, rencor, cariño… ¿Y cómo dibujas eso? Pues de una manera no, digamos, “realista”. Así puedo jugar también con algo que algún día me gustaría explorar más, que es el cómic abstracto, probar cómo también se pueden contar cosas por medio, no sé, de líneas, de formas, y mostrar así las emociones.

Corrígeme si me equivoco, pero he visto momentos que me han recordado mucho a Chris Ware.
Puede ser, aunque no sea consciente. Sí que comparto con él la idea de explorar la página, el medio, con los recursos del cómic. Mi idea es buscar un equilibrio entre lo narrativo y lo visual del cómic.

Los autores estamos siempre buscando nuevos adeptos para la causa [risas].
[Risas] Es cierto, pero afortunadamente, desde hace 20 años o así, el panorama ha cambiado. Ahora tenemos cosas que se salen un poco de los cánones, tenemos este tipo de público, que igual no ha leído cómic desde su infancia y lo que busca ahora en el cómic no es engancharse en general a una serie o a un personaje, sino que lo que quiere es que le cuenten historias al igual que se lo cuenta una novela o en una película. Pero entiende que el cómic es otra cosa más, que para leer una novela o ver una película ya están las novelas y las películas, así que no hay que pensar en los cómics como otra cosa que no sean cómics, y dibujarlos igual, porque lo van a entender.

Porque el lector siempre es inteligente, no hay por qué “ayudarle”.
Sí, afortunadamente, así es.

Cómic
Julie Doucet
“Cada cómic es un experimento, no me gusta ceñirme a categorías asignadas por otros”
Julie Doucet, icono del cómic alternativo y feminista de los años 90, publica ‘El río’, su nueva novela gráfica que constituye un hito editorial, dado que llevaba un cuarto de siglo alejada del medio.
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