Opinión
En defensa del término ‘Decrecimiento’
@luisglezreyes.bsky.social
@luisglezreyes@mastodon.social
En los últimos meses están saliendo diversos artículos de opinión y estudios alrededor del uso del término ‘Decrecimiento’. En general, están atravesados por una crítica a la utilización de la palabra en las estrategias comunicativas, que se plasma en la renuncia a usar el término en encuentros como el Foro social más allá del crecimiento. En este breve texto dialogo con algunas de esas ideas.
Vaya por delante que, aunque voy a defender el uso del término, no me aferro a él. Por un lado, porque efectivamente hay contextos en los que es mejor evitar la palabra y decir lo mismo de otras formas. Sabemos que la comunicación no puede ser inespecífica y dirigirse a personas “normales”, pues estas no existen. Debemos adaptar nuestra forma de transmitir a quien queremos que nos escuche. De este modo, en realidad el debate sobre el uso del término en abstracto es bastante banal, pues siempre debería ser situado a públicos concretos.
Es mejor dialogar con el resto de la sociedad sobre las ideas evitando las etiquetas que nos encasillan y dificultan la comunicación de esas ideas. Es más, si la comunicación es mediante los actos, todavía mejor
La segunda razón por la que la discusión terminológica me parece secundaria es porque considero mucho más importantes otras, como la de las propuestas. Sin salir del mundo decrecentista, cada vez se hace más evidente que dentro de él tenemos ideas muy distintas, como el papel del Estado, de los movimientos sociales o de los partidos en la estrategia, pero también hay divergencias importantes en cómo sería una sociedad decrecentista, por ejemplo en el rol del mercado dentro de ella o las técnicas que se usarían. No tenemos que ponernos de acuerdo sobre ello, pero me parecen conversaciones más interesantes e importantes que las comunicativas, sin menospreciar estas últimas.
En tercer lugar, creo que es mejor dialogar con el resto de la sociedad sobre las ideas evitando las etiquetas que nos encasillan y dificultan la comunicación de esas ideas. Es más, si la comunicación es mediante los actos, todavía mejor, pues tienen la potencia añadida de unificar discursos con prácticas, dotando a todo de coherencia.
Finalmente, el debate comunicativo creo que está sobredimensionado en las izquierdas desde hace tiempo. Dirigimos una parte considerable de nuestra acción a comunicar más y mejor. Es más, nuestra acción política en muchos casos gira casi en exclusiva alrededor de la comunicación. Sin restarle importancia, pues las formas de dialogar con el resto de la sociedad tienen desde luego relevancia en los procesos de transformación, este tipo de esfuerzos comunicativos hipertrofiados terminan restando recursos a otros que creo que ahora son absolutamente centrales, como la construcción de modos de vida concretos decrecentistas, de alternativas al capitalismo que satisfagan necesidades.
Durante estas décadas se viene repitiendo que el término se percibe como algo negativo por la sociedad, que no se entiende y que confunde una propuesta política con el resultado de sobrepasar los límites ecológicos
Dicho esto, entro en el debate comunicativo. Lo primero que es necesario constatar es que no es nuevo que se plantee la inconveniencia de usar el término. La enmienda existe desde el momento en que el movimiento decrecentista empezó a cobrar forma por estos lares a principios de siglo. Pero no solo no es novedoso el debate, sino que los argumentos tampoco lo son. Durante estas décadas se viene repitiendo que el término se percibe como algo negativo por la sociedad, que no se entiende y que confunde una propuesta política (Decrecimiento) con el resultado de sobrepasar los límites ecológicos del planeta (decrecimiento).
En cuanto al primer asunto, que se ve como algo negativo, hay personas que llegan a plantear que incluso asusta. Frente a ello, creo que es relevante poner de manifiesto que el miedo es una emoción humana funcional. Es determinante para poder sobrevivir temer a lo que nos puede dañar. Así que no habría que despreciarlo. De hecho, está todo el tiempo en las estrategias comunicativas de muchos actores sociales de éxito. Y con esto no quiero decir que tengamos que centrar la comunicación en el miedo, que no lo creo, sino que este puede ser parte de ella junto a otros elementos.
En todo caso, la clave del argumento contra el término no es tanto el miedo que genera, como la incomodidad, porque la solución hacia la que apunta es radical: el Decrecimiento sostiene que hay que romper con uno de los ídolos de nuestra sociedad (el crecimiento) y realizar una contundente contracción metabólica. Creo firmemente que necesitamos discursos radicales, porque, no nos engañemos, los cambios que implica la crisis civilizatoria en la que estamos implican una profunda reorganización cultural, económica y política de nuestras sociedades. Si esquivamos transmitir esa radicalidad, nos estamos cortando las alas del cambio que tanto necesitamos, que ya no hay tiempo de hacerlo con suavidad.
Es cierto que es un término que genera incomodidad, que remueve, lo que desde mi punto de vista es una virtud, pues no es posible avanzar en las transformaciones necesarias sin remover mucho
Es cierto que es un término que genera incomodidad, que remueve, lo que desde mi punto de vista es una virtud, pues no es posible avanzar en las transformaciones necesarias sin remover mucho, lo que inevitablemente pasa por, como poco, transitar malestares. Pero además, en este caso, esta incomodidad es sin culpabilizar, ni individualizar. El enfoque hacia el que dirige la mirada es sistémico y creo que esa es una virtud que explica parte del éxito del término.
El segundo argumento que se suele argüir es que no se entiende y hay que explicarlo. Ahora entro en cosas que no se explican con el lema, pero hay otras que quedan meridianamente claras, porque señala de manera contundente hacia el elemento modular de nuestro sistema: el crecimiento. Y lo hace con pocas ambigüedades: el metabolismo debe reducirse.
En todo caso, es cierto que no se entiende del todo, pero no le pasa menos que a otras propuestas que están sobre la mesa, como el poscrecimiento o el ecosocialismo. ¿En qué consiste el poscrecimiento? Me parece mucho más ambiguo que Decrecimiento. Detrás del crecimiento solo puede haber dos cosas. O el Decrecimiento o el estado estacionario. El segundo, estando en el nivel de extralimitación en el que nos encontramos, no es ecológicamente viable. Además de que políticamente es muy cuestionable que sugiramos (o se pueda entender) que proponemos un statu quo similar al actual, por ejemplo en el modo de vida imperial.
Otra de las opciones sugeridas es hablar de ecosocialismo. Sin embargo, no creo que se entienda mejor. Habrá quien considere que puede ser una versión eco del PSOE, o crea que la cosa va por emular a China o Cuba en versión ecologista. Proyectos todos ellos que desde luego no han renunciado al crecimiento, ni construido sociedades justas. Sé que quienes hablan de ecosocialismo (la mayoría al menos) no están en esos parámetros políticos, pero de lo que se trata aquí es de lo que entenderán personas con las que queremos interlocutar.
Cuando se plantea que no se entiende el término se suele argumentar que en una sociedad decrecentista habría actividades (por ejemplo, los cuidados) y territorios (por ejemplo, los más empobrecidos) que tendrían que crecer. Es cierto, un lema no puede recoger todos los elementos de una propuesta política. Pero esto le pasa a todos. Por ejemplo, cuando abogamos por el comunitarismo no planteamos que no exista nada de propiedad privada (por ejemplo, de cepillos de dientes), sino que apuntamos a un elemento estructurante de la sociedad: la vida en comunidad. Lo mismo se podría aplicar al Decrecimiento. Desde luego que no todo tiene que decrecer, pero en términos netos el metabolismo social medido como el consumo de materia y energía lo tiene que hacer (y mucho). Es ahí donde se pone el foco.
Que algo no se entienda con claridad tiene el problema que se apunta de que puede dar lugar a la confusión, pero también al diálogo y la explicación
Es cierto que ese foco no visibiliza otros elementos centrales de la propuesta, como la redistribución, la construcción de autonomía, la apuesta por materiales y energías realmente renovables, la economía circular o la agrarización agroecológica social, todo ello dentro del marco del feminismo, el pacifismo, el internacionalismo, el sindicalismo, la decolonialidad o el ecologismo. Estos otros elementos importantes se pueden explicar después o, dependiendo que con quien se hable, pueden ser el frontispicio de la comunicación y después hablar de la reducción metabólica. Por ejemplo, yo no hablo de Decrecimiento cuando doy formaciones en el Sur global, pues es una propuesta claramente situada para el Norte. Por cierto, que sea desde el Norte y para el Norte sin ánimo universalizante me parece otra virtud del término.
Además, que algo no se entienda con claridad tiene el problema que se apunta de que puede dar lugar a la confusión, pero también al diálogo y la explicación. En realidad, cualquier término, sea el que sea, requiere una actitud de escucha por parte de quien lo recibe. Si esta no existe, da un poco igual cuál utilicemos. Y si existe, palabras que generan curiosidad pueden ser una invitación a profundizar en ellos.
El último argumento contra el uso del lema Decrecimiento es que es ambiguo, pues confunde la estrategia y la propuesta política con un hecho que va a suceder una contracción metabólica como consecuencia de los límites ambientales. Es cierto que esto genera una cierta ambigüedad, que algunas personas intentamos salvar usando la mayúscula (Decrecimiento) para la propuesta política y la minúscula (decrecimiento) para este ajuste ineludible. En todo caso, esta diferenciación gráfica no termina de solventar esta ambigüedad. Pero igual esta confusión también resulta una virtud que permite a la propuesta nadar políticamente a favor de la corriente metabólica que se terminará abriendo de una manera u otra. En todo caso, esto no está exento de riesgos, pues el decrecimiento metabólico puede adoptar formas profundamente injustas muy alejadas del Decrecimiento como propuesta política.
Una última facultad del lema es que facilita poner sobre la mesa, aunque sea de manera implícita, subjetiva, otro paradigma distinto al antropocéntrico: acoplarnos a la vida y no violentar la vida al capitalismo.
El debate sobre la pertinencia comunicativa del término se suele desligar de la discusión sobre las propuestas políticas que contiene
En todo caso, para mi el argumento más importante es que, a pesar de los problemas que una y otra vez se le achacan, hay pocas dudas de que el término ha sido exitoso. El crecimiento del decrecentismo dentro de los movimientos sociales, de la academia o de la política ha sido muy notable. Visto desde una óptica empírica, no parece que los problemas de la palabra sean tan grandes o que sus virtudes no los puedan compensar con creces. En todo caso, insisto en que esto no implica que debamos utilizar el sustantivo en cuestión con todos los públicos con los que interaccionamos. Tampoco que la debamos usar hasta el fin de los tiempos. Utilicémosla ahora que parece que es útil y con quien está funcionando.
Concluyo con una última reflexión. El debate sobre la pertinencia comunicativa del término se suele desligar de la discusión sobre las propuestas políticas que contiene. Pero igual no son dos temas tan separados y cuando se plantea que es mejor no utilizar el término, en muchos casos también se está abogando por propuestas menos radicales, que rompan menos con el orden establecido. Es aquí donde el intercambio es más interesante, pero creo que es más fácil llevarlo a cabo explicitando abiertamente que es sobre las propuestas y no sobre la comunicación sobre lo que queremos discutir.
No voy a argumentar sobre las propuestas, pues el objetivo de este texto era otro, pero cierro con tres aspectos clave que considero que cualquier posicionamiento hoy debe contemplar: 1) la gravedad de la crisis ecosocial es extremadamente alta, 2) sus causas son sistémicas y 3) no queda margen de maniobra, pues los puntos de no retorno climáticos y ecosistémicos los estamos atravesando ya o estamos a punto de hacerlo. Desde mi punto de vista, el Decrecimiento aborda bien los tres aspectos.
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