Partido Popular
The Fraga Iribarne complex
Está de moda ser de derechas… entre la gente de derechas. La “derecha moderada” asume los principios de la extrema derecha con la “prioridad nacional”. Un expresidente del gobierno inicia una crisis diplomática en una columna deportiva sugiriendo que no hay franceses en la selección francesa, por su color de piel. La manosfera se llena de influencers que persiguen por la calle a políticos electos, mientras que otros intentan convencernos de que el pago de impuestos es un robo. Hay quien sigue la consigna de Aznar y desde las redacciones o desde un juzgado de instrucción va haciendo lo suyo a la espera de una recompensa si hay cambio de gobierno. El presidente que menos contribuyó a solucionar los problemas del país publica un libro titulado El arte de gobernar (2026). Aznar publica otro con título más serio Orden y Libertad (2025) en el que no sabemos si al final lo que le pasa a la derecha es que no aceptan ningún tipo de orden o de libertad que no sea la suya propia. Por suerte los libros de memorias políticas ya no venden como antes. A falta de que Pablo Casado publique las memorias de su descabalgamiento retransmitido en directo, hay quien rebusca en la historia de la derecha española y encuentra en Manuel Fraga Iribarne un personaje tan interesante como autoritario. Tan sugerente intelectualmente para entender las coordenadas de la derecha como tan lleno de sombras que se proyectan de un pasado sucio como ministro de la dictadura.
A falta de que Pablo Casado publique las memorias de su descabalgamiento retransmitido en directo, hay quien rebusca en la historia de la derecha española y encuentra en Manuel Fraga Iribarne un personaje tan autoritario como interesante
El Fraga Iribarne Complex es esa capacidad para ser una cosa y su contraria sin dejar de ser exactamente el mismo
También Pablo Batalla ha publicado Yo podría haber sido Fidel Castro (Lengua de trapo, 2024) en el que cuenta la sorprendente amistad política que se fraguó en los años noventa entre el Presidente de la Xunta y el Comandante cubano. A través de la visita de Fraga a Cuba y de la posterior visita de Castro a la aldea de sus antepasados en Galicia, Batalla reconstruye el estilo político de un Fraga que, frisando los setenta, se convirtió en un líder regionalista populista, que fue capaz de generar una alianza entre el rural y la aristocracia empresarial gallega para generar una hegemonía regionalista, que nunca quiso ser entendida en Madrid. El libro les toma las medidas a ambos personajes y reconstruye sus trayectorias al calor de estos encuentros. Este sí es un libro de verano que disfrutar en tu pueblo o en la playa. Siempre que no lleves el bañador de Fraga en Palomares.
El Fraga Iribarne Complex es esa capacidad para ser una cosa y su contraria sin dejar de ser exactamente el mismo. El ministro desarrollista que llenó el litoral mediterráneo de alemanes y suecos de clase media en sus vacaciones; el profesor universitario que, según cuentan algunos alumnos suyos, se aparecía en clase con la pistola en la cartuchera; el embajador en Londres; el hombre que quiso diseñar una transición a una democracia tan pequeña en la que sólo cabían los suyos; el mismo que casualmente estaba fuera de España en los sucesos de Vitoria y que dirá ¡La calle es mía! cuando prohibió la celebración del primero de mayo de 1976. Lo mismo y su contrario, el que quería controlar la transición a un sistema de democracia restringida, se acabó viendo orillado de los consensos constitucionales… mientras denunciaba que la transición se había ido de las manos para convertirse en un proceso constituyente ¡Ojalá! Pero una vez cerrada la transición con la victoria socialista en 1982, será el jefe de esa leal oposición en el Parlamento. Y de ahí, mil peripecias mediante, acabar en 1990 siendo Presidente de la Xunta, durante quince años en los que hizo y deshizo, entre queimadas, redes clientelares y alguna Cidade da Cultura faraónica que los compostelanos siguen pagando.
Lo quieran o no, varias generaciones de políticos de la derecha han vivido en el universo discursivo de Fraga que desde los sesenta hasta los años noventa, plantó semillas de pensamiento que sus hijos y sus nietos no han sido capaces de cortar ni de superar.
Acostumbrados como estamos a que una carrera política no dure más de una década, la de Fraga asombra o asusta. Guante de hierro en puño de acero durante medio siglo. Fraga lo fue todo en política. Bueno, todo salvo lo que de verdad quiso ser y no pudo: Presidente del gobierno. Decía Giulio Andreotti que el poder desgasta, sobre todo cuando no se tiene. Fraga lo intentó todo para ganar unas elecciones. Se reunió con todo embajador, periodista o autoridad y negoció con todo aquel que pudiera ayudar a que su Alianza Popular pareciera un poco menos franquista, un poquito nada más. Para quien fue ministro de la dictadura, la travesía en el desierto en la oposición de los ochenta fue una lenta agonía, de querer mucho y poder poco, hasta que mil quinientos gaiteros celebraron su toma de posesión como presidente de la Xunta, exhibiendo otro tipo de poder.
Más allá del personaje, muchas de las palabras que hoy suenan en las bocas de los portavoces y resuenan en las cabezas de militantes y simpatizantes de la derecha tradicional y la extrema derecha, vienen de Fraga. “Mayoría Natural”, “ingeniería social”, el “catastrofismo” permanente, Los permanentes “objetivos nacionales” para poner España por encima de todas las cosas. Incluso lo de realizar homenajes a la bandera en cada pueblo como acto de lealtad cívica a España, Fraga ya lo proponía en 1981. Lo quieran o no, varias generaciones de políticos de la derecha han vivido en el universo discursivo del que llamaban “el patrón de la derecha” que desde los sesenta hasta los años noventa, plantó semillas de pensamiento que sus hijos y sus nietos no han sido capaces de cortar ni de superar. Incluso lo de “Madrid es España dentro de España” ya está pensado en un libro de Fraga de 1993 llamado Administración única. O bien los ghostwriters del PP son unos forofos del político gallego o bien es que las palabras y conceptos principales que Fraga fue acuñando han conformado hasta hoy la cultura política conservadora.
La obra Iribarne de Esther Carrodeguas está en el Teatro Infanta Isabel hasta el 23 de julio en Madrid. En lo más profundo de las tardes tórridas de la capital, esta obra hace las veces de refugio climático y democrático. Saber quién fue Fraga para la democracia española, hacerlo a ritmo de carcajadas y una puesta en escena que te mantiene en vilo las casi tres horas que dura. En el Madrid de la libertad y termómetros por encima de 40º, no está de más disfrutar la historia menos oficial del fundador del Partido Popular. Peor sería quedarse cara al sol.
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