Eutanasia
Noelia Castillo: dos años de odisea judicial para ver cumplido su derecho a la eutanasia
Noelia Castillo Ramos, la mujer barcelonesa de 25 años que vivió desde los 21 con una paraplejia severa, ha recibido la eutanasia este jueves como estaba previsto. Es actualmente la persona más joven en acceder a esta prestación en el Estado español. Su muerte digna llega tras una durísima batalla judicial por hacer valer su derecho a decidir sobre cómo, y sobre todo cuándo, poner fin a toda una vida de sufrimiento físico y psíquico permanente. Su padre, asesorado por el bufete ultracatólico Abogados Cristianos, se opuso a la decisión de su hija desde el primer momento aludiendo a que, debido a su malestar psíquico agudo, no se encontraba en pleno uso de sus facultades mentales.
Sin embargo, esta semana el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dio la razón a la joven, que sí ha demostrado estar debidamente capacitada a la hora de ejercer libremente su derecho a una muerte digna, y rechazó de forma definitiva la medida cautelar solicitada por el progenitor para impedir que goce de la prestación.
Su caso hubo de pasar hasta por cinco instancias judiciales: en todas ellas se dirimió que Noelia contaba con los criterios médicos requeridos para poder recurrir a la ley de la eutanasia
Hasta ese momento, su caso hubo de pasar hasta por cinco instancias judiciales: en todas ellas se dirimió que Noelia contaba con los criterios médicos requeridos para poder recurrir a la ley de la eutanasia: Según los informes psiquiátricos, padecía un sufrimiento crónico e incurable que le impedía vivir con dignidad a raíz de un “trastorno de adaptación con síntomas de ansiedad y de depresión”.
Esta semana, tras 601 días de tormento por la oposición paterna, su deseo se ha cumplido. La mujer ha fallecido rodeada únicamente por el personal sanitario encargado de facilitar el proceso asistido después de haber demandado expresamente que sus familiares no estuvieran presentes en el momento de cerrar los ojos por última vez.
Paraplejia completa desde octubre de 2022
El calvario de Noelia se remonta al 4 de octubre de 2022, cuando tenía 21 años. Ese día trató de suicidarse saltando por un quinto piso después de sufrir una agresión sexual múltiple cuyos efectos traumáticos la persiguieron el resto de sus días. No era la primera vez que sufría una violación, ya había sufrido abusos por parte de su expareja, aunque esta última, perpetrada por tres chicos en una discoteca, la llevó a querer acabar con su vida. En ese momento no lo consiguió y terminó con una “paraplejia completa”, que la dejó con una discapacidad física del 70%, postrada de por vida en una silla de ruedas por una lesión medular.
Después de dos años de padecimientos, sin poder disfrutar de una mínima calidad de vida y con una debilitadísima salud emocional, en abril de 2024 solicitó formalmente la eutanasia a la Comisión de Garantía y Evaluación de Catalunya (CGAC). Este órgano bioético, encargado de establecer si la persona cumple con los requisitos clínicos exigidos para que se le aplique la ley, aceptó la solicitud por unanimidad en julio de ese año. La ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo de Regulación de la Eutanasia (LORE) permite terminar con la propia vida si la persona padece dolores incurables, ya sean físicos o psíquicos. También tiene que haberlo manifestado así hasta en cuatro ocasiones, siempre de forma revocable.
Así, según datos del Ministerio de Salud, en 2024 se registraron 905 solicitudes de prestación de ayuda para morir. Del total de procesos finalizados, el 45,86% concluyó favorablemente. Normalmente muchos de estos casos no se resuelven ya que la lentitud de las resoluciones acaba por hacer que la persona muera antes de recibir una respuesta favorable (aproximadamente un tercio de los solicitantes, según la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD)).
Suspensión cautelar en agosto de 2024
En agosto de 2024, la víspera del día fechado originalmente para la muerte asistida de Noelia, el Juzgado de lo Contencioso-administrativo número 12 de Barcelona la suspendió de forma cautelar, solicitando al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) un pronunciamiento sobre la competencia jurídica del caso. Su padre había presentado medidas cautelarísimas para impedir su desenlace alegando que el estado psíquico de su hija la incapacitaba para determinar de forma consciente su final. Todos los informes presentados por el Hospital Residencial Sant Camil, donde estaba internada la catalana desde su intento de suicidio, sostenían lo contrario: a pesar de padecer un transtorno límite de la personalidad, ello no le impedía razonar ni ser dueña de sí misma con total autonomía. En marzo de 2025 Noelia ratificó su voluntad de seguir adelante con el procedimiento y denunció públicamente haber sido coaccionada por grupos afines a Abogados Cristianos, autodenominados “provida”, para mermar su derecho a morir dignamente.
En septiembre del año pasado, el TSJC ratificó la sentencia que avalaba su eutanasia, si bien la resolución abría la puerta a que ésta pudiera ser recurrida posteriormente. Eso fue exactamente lo que pasó, ya que de nuevo este bufete, lejos de respetar su determinación, se querelló contra siete de los once miembros del CGAC por supuesta prevaricación y falsedad documental. Reiteraban que se encontraba condicionada por sus “ideas paranoides” fruto de las lesiones que en su momento sufrió.
La querella fue aceptada a trámite, también contra el exconsejero de Salud de Cataluña, Josep María Argimon, por haber designado a los miembros del comité, y se abrieron diligencias previas. Sin embargo, en enero de 2026 el Tribunal Supremo falló de forma definitiva a favor de Noelia al desestimar el recurso del bufete, de tal forma que un mes después el padre elevó al Tribunal Constitucional la cuestión interponiendo un recurso de amparo. Tampoco este tribunal le dio la razón, de manera que con esta ya se agotaban las instancias judiciales a las que podía recurrir en España y la eutanasia se reactivó.
Su progenitor, Gerónimo Castillo, quien jamás se hizo cargo de los cuidados de la joven, siguió afanándose en obstaculizar el proceso de muerte digna
El dolor de Noelia fue in crescendo desde entonces, mientras que su progenitor, Gerónimo Castillo, quien jamás se hizo cargo de los cuidados de la joven, siguió afanándose en obstaculizar el proceso de muerte digna. Esta última semana, la barcelonesa afirmaba que el hombre que trataba de bloquear por todos los medios su eutanasia se movía por un interés puramente egoísta: “No me llama nunca, ni me manda mensajes ni nada. ¿Para qué me quiere viva?“, declaraba días antes del final.
Desde que tenía 13 años, a raíz del divorcio de sus padres, Noelia estuvo viviendo en distintos pisos tutelados de la Generalitat catalana. Padecía incontables dificultades a la hora de dormir o comer, además de dolores en las piernas, la cabeza y la espalda fruto de las lesiones. Su vida cotidiana se había convertido en un infierno del que solo deseaba escapar. A ese sufrimiento físico se le añadía una sensación de soledad, angustia y ansiedad que solo los sedantes conseguían mitigar durante un tiempo limitado.
Al haber agotado todas las posibles vías judiciales en el Estado español, Gerónimo Castillo acabó derivando la cuestión al Tribunal de Estrasburgo, quien también denegó este mes las medidas cautelares solicitadas por Abogados Cristianos, poniendo punto final a un infructuoso periplo judicial de año y medio. Así las cosas, el caso de Noelia ha reavivado el debate público sobre el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, también a la hora de morir, sea cual sea el estado físico y mental de la persona. Pero sobre todo ha revelado las numerosas grietas de un sistema que la desprotegió innecesariamente dilatando su agonía durante casi dos años entre periplos judiciales. “Quiero irme ya en paz y dejar de sufrir y punto. La felicidad de un padre, de una madre o una hermana no puede estar por encima de la felicidad de una hija”, aseveraba días antes de fallecer.
Eutanasia
Menos de la mitad de las personas que solicitaron la eutanasia en 2024 accedieron a ella
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