Santiago Abascal Debate investidura Pedro Sánchez 6
Santiago Abascal en el Congreso de los Diputados. David F. Sabadell

Catedrática de filosofía.

25 abr 2026 05:32

Dicen los de Vox que la prioridad “nacional”, tal como ellos la entienden, es de “sentido común”, dado que las jerarquías empiezan por uno mismo, luego sigue la familia, los vecinos… y todos los demás somos extranjeros. Aunque en la interpretación del PP la cosa se centra en el “arraigo” y no en el origen: hay que llevar 10 años para demostrar el arraigo, figura que, por cierto, se retrotrae a la Ley de extranjería, de modo que de ahí se deduce que también para el PP, a pesar de sus loas a España, todos los no arraigados a la región, somos extranjeros en ella. Ampliemos el asunto a otras regiones, como Aragón o Castilla-León, si se tercia incluso Andalucía, y la mitad de los españoles y españolas seríamos extranjeros en varias zonas del territorio nacional. ¿No es eso romper España, como acusaban a los independentistas, y ahora de facto?

Más allá de eso, realmente hay que llamar a esa prioridad “regional” y no “nacional”, dado que privilegia a los nacidos o arraigados en la región y no en la nación –a no ser que esas regiones se consideren naciones, cosa que está por ver. Pues bien, esa prioridad discrimina a los no nacidos en ella o no arraigados en ella, con consecuencias paradójicas.

Otro ejemplo, jubilados extremeños que vuelvan a su tierra: en la interpretación de Vox se verán favorecidos, en la del PP discriminados, pues habrán perdido su arraigo

Por ejemplo, un extremeño o una extremeña nacida en la región pero que se ha trasladado a otra por razones de trabajo, de salud o cualesquiera que sean, si vuelve a Extremadura, o en su caso a Aragón o Castilla-León, pierde esa pretendida prioridad en el caso de que triunfe la interpretación pepera, pero la mantiene en la interpretación de Vox. Al revés, alguien no nacido allí pero que lleve los 10 años, tiene esa prioridad sobre la persona oriunda en la interpretación de los populares, pero no la tiene en la de Vox. ¡Vaya galimatías, sobre todo teniendo en cuenta que van a gobernar juntos y que se supone que las normas deben ser legisladas en conjunto y deben valer para todas las personas y no dependiendo de a quien hayan votado!

Es además tirarse piedras al propio tejado. Supongamos alguien cuyo hijo o hija vaya a estudiar a otra región en la que se aplique ese principio; quedará a la cola frente a los autóctonos o los arraigados, con lo cual se verá desfavorecido en contra de aquel principio de favorecer a los propios. ¡Claro que puede ser un castigo por el hecho de haberse marchado y haber abandonado el terruño! Otro ejemplo, jubilados extremeños que vuelvan a su tierra: en la interpretación de Vox se verán favorecidos, en la del PP discriminados, pues habrán perdido su arraigo. ¿Será por eso por lo que Vox defiende esa interpretación, para atrapar los votos de los jubilados/as?

Incluso más, la contrapartida lógica de esa discriminación sería que las personas discriminadas se nieguen a pagar los mismos impuestos que los favorecidos y que el Estado retire las transferencias a esas regiones. ¿Por qué deberíamos pagar los habitantes de otros territorios, a los que se nos considera extranjeros, beneficios para los autóctonos? ¡Anda y que cada cual se arregle! La solidaridad fiscal se agrieta por todos lados porque si las ventajas van a ser sólo para unos, que sean esos los que se las paguen y si no tienen, pues qué se le va a hacer.

Es obvio que por muy engominado que vaya y por muy chulesco que sea el discurso, aumenta la desigualdad y a fin de cuentas no es “sentido común” sino “despropósito particular”. Detrás del jefecillo de Vox está el señorito de toda la vida, éste también engominado y con andares garbosos.

Porque si el lema es “cada cual en su casa”, es obvio que las regiones ricas no querrán saber nada de las más pobres, ni éstas de las todavía más pobres. Y que si la dirección de la migración es de las pobres a las más ricas y no al revés, serán los más pobres los discriminados en todas partes. Pero eso el señorito no lo dice. Lo que dice es “Vótame a mí, que yo sé lo que hay que hacer, para algo vivo en la capital”, aunque no sabemos si mantiene el arraigo, igual hasta lo ha perdido. Pero es tan campechano que el votante de Vox se dice para sus adentros “ése no me va a engañar. No es como los intelectuales esos de ciudad que siempre hablan de solidaridad y se llenan los bolsillos con mis impuestos. Al menos esos dineros se quedarán aquí” y, entretanto, los dineros ya han volado en los bolsillos del señorito que para algo ha venido a hacer caja.

La España de siempre, la España más negra vestida con chaleco y cazadora de cuero o con traje a rayas, según lo demande la ocasión, ya sea en un mitin o en una inauguración. Y las mujeres, morenas y castizas, no esas rubias empingorotadas del PP que, para colmo, se llaman feministas (liberales).

Eso es Vox, la España de siempre vestida de Prada.

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