La demonización de la Francia Insumisa se acelera tras el homicidio de un ultraderechista

La muerte de Quentin Deranque tras una pelea entre jóvenes de extrema derecha y de izquierdas ha alimentado una campaña mediática y política para criminalizar al antifascismo.
Jordan Bardella Agrupación Nacional
Jordan Bardella, presidente del partido de ultraderecha Agrupación Nacional.

El exjugador de rugby argentino Federico Martín Aramburu murió asesinado en marzo de 2022 en el Barrio Latino de París. Dos militantes de la organización ultraderechista Grupo de Unión de Defensa (GUD) le arrebataron la vida tras haberle disparado varias veces. Está previsto que los juzguen este año después de ser imputados por “asesinato” e “intento de asesinato”. ¿Quién se acuerda del nombre de Federico Martín Aramburu? Pocos en Francia y en España casi nadie oyó hablar de él. Entonces, la Asamblea Nacional no consideró necesario mantener un minuto de silencio para homenajearlo.

Un desinterés mediático y político parecido se reprodujo a finales de ese año con el asesinato de tres activistas kurdas en el distrito X, en pleno corazón de la capital francesa. El racista William Malet, de 69 años, mató a Emine Kara, Mehmet Sirin Aydin y Abdurrahman Kizil, tras haberlas tiroteado cuando salían de un centro cultural kurdo. Fue un homicidio brutal, pero las autoridades no lo investigaron como un acto terrorista. Y el Parlamento tampoco honró su memoria con un minuto de silencio.

A Djamel Bendjaballah lo atropelló mortalmente un militante de la ultraderechista Brigada Francesa Patriótica hace dos años en Dunkerque, en el norte del territorio galo. Un francés blanco, que publicaba vídeos racistas e islamófobos y pedía votar al partido de Marine Le Pen, asesinó en la primavera del año pasado al tunecino Hichem Miraoui delante de la peluquería donde trabajaba en la Costa Azul, en el sudeste de Francia. Casi nadie habrá oído hablar en España de Benjaballah o Miraoui. Y la Cámara Baja tampoco les homenajeó.

En total, la extrema derecha ha matado a seis personas en Francia desde 2017. El 12 de febrero se produjo un hecho novedoso en la historia reciente de la violencia política en el país vecino: la izquierda radical acabó con la vida de alguien por primera vez durante la última década. La muerte del militante neofascista Quentin Deranque el día 14, tras recibir una paliza dos días antes en Lyon por parte de jóvenes antifascistas, ha tenido una repercusión mediática y política muy superior a las suscitadas por las seis vidas arrebatadas por la extrema derecha. Ha comportado una instrumentalización con un objetivo evidente: demonizar al antifascismo, la Francia Insumisa (afines a Podemos o Sumar) y por extensión al resto de la izquierda gala.

Presentado como un mártir al igual que Charlie Kirk

“Es una dinámica parecida a la que se produjo en Estados Unidos tras el asesinato de Charlie Kirk en septiembre, que fue utilizado por la Administración de Donald Trump y la extrema derecha estadounidense para criminalizar al antifascismo y equipararlo con el terrorismo”, explica a El Salto el politólogo Vincent Dain, profesor en la Universidad de Rennes y que está terminando una tesis sobre la Francia Insumisa y Podemos.

Como sucedió en Estados Unidos con el ‘influencer’ ultraconservador, al que mataron con un arma de fuego de larga distancia en un acto en la Universidad de Utah, Deranque ha sido presentado en el país vecino como un mártir. Y no solo por la derecha radical, sino también por el macronismo.

La Asamblea Nacional sí que mantuvo un minuto de silencio el martes para homenajear al joven ultra, de 23 años. En parte, eso se debió al impacto de su deceso, y en particular al vídeo difundido el 14 de febrero por TF1 del momento en que los antifascistas lo apalearon en el suelo, dándole varias patadas en la cabeza. Lo ocurrido refleja la peor cara de unos militantes de una causa tan noble (y necesaria) como el antifascismo.

El joven asesinado militaba en una serie de grupúsculos: la antisemita Acción Francesa, el neofascista Allobroges Bourgoin o el neonazi Audace

Los antifascistas cayeron en la trampa que les tendieron. Ese homicidio tuvo lugar a unos pocos centenares de metros de una conferencia en Sciences Po Lyon que impartió esa tarde la eurodiputada Rima Hassan, de la Francia Insumisa y con raíces palestinas. El grupo femonacionalista Némesis, compuesto por jóvenes mujeres blancas racistas que se dedican a torpedear o parasitar actos de la izquierda para luego victimizarse en las redes, querían boicotearla. Y las acompañó un grupo de hombres ultras que en teoría debía “protegerlas”, pero que básicamente fue a darse de hostias con los antifas.

El semanario Le Canard enchaîné reveló el martes un segundo vídeo que aportó un poco más de luz a lo ocurrido. En esas imágenes se veía a dos grupos de poco más de una decena de integrantes en cada bando—la mayoría de ellos iban encapuchados— que se daban puñetazos como si estuviera en un cuadrilátero de boxeo en la calle. Según ese medio de investigación, la confrontación empezó después de que los ultras lanzaran a los antifas unas bengalas. Deranque y su banda utilizaron un casco de moto y una muleta para pegar a sus rivales de izquierdas, además de lanzarles gases lacrimógenos. Una pelea que degeneró en la paliza a Deranque.

Banalización de los sectores más radicales de la extrema derecha

Ese joven militaba en una serie de grupúsculos: la antisemita Acción Francesa, el neofascistaAllobroges Bourgoin o el neonazi Audace. Había participado en mayo en una marcha que reúne cada año a esos grupúsculos en París, que terminó con decenas de jóvenes haciendo el saludo nazi. Toda esta galaxia de organizaciones neofascistas, que los distintos Gobiernos del presidente Emmanuel Macron han dejado prosperar, se vio legitimada este sábado en Lyon con una marcha “de homenaje” al militante muerto, protegida por un amplio dispositivo policial. En ella participó lo mejor de cada casa; por ejemplo, Yvan Benedetti, exjefe del grupo petainista Obra Francesa, o Alexandre Gabriac, que fue expulsado de la formación de Le Pen por hacer el saludo nazi.

La justicia determinará la responsabilidad penal de los implicados en esta muerte, investigada como un “homicidio voluntario”. Entre los siete encarcelados, de entre 20 y 26 años, hay un exasistente parlamentario de la Francia Insumisa, al que despidieron el lunes. Se llama Jacques-Élie y colaboraba con el diputado insumiso Raphaël Arnault, que también se ha visto salpicado por la tormenta desatada, aunque no estaba en Lyon cuando hubo la pelea. Arnault fue el portavoz del grupo antifascista la Jeune Garde, ilegalizado el año pasado, en que presuntamente militaron varios de los implicados.

La ilegalización de la Jeune Garde “está pendiente de un recurso ante el Consejo de Estado, pero con lo que ha sucedido resulta poco probable que anule esa decisión”, explica Palheta

Con su violencia exacerbada, los veinteañeros que mataron a Deranque le hicieron un flaco favor al antifascismo y a la izquierda en su conjunto. Las fuerzas progresistas han vivido una semana fatídica en Francia. Ha estado marcada por el lavado de cara de los sectores más peligrosos de la extrema derecha, la criminalización de los antifascistas y la Francia Insumisa y la creciente división en la izquierda.

El riesgo de un cordón sanitario invertido

“Me temo que en los próximos meses se produzca una serie de ilegalizaciones de colectivos antifascistas”, advierte el sociólogo Ugo Palheta, codirector de la revista Contretemps y que publicó recientemente el libro La nueva internacional fascista. La ilegalización de la Jeune Garde “está pendiente de un recurso ante el Consejo de Estado, pero con lo que ha sucedido resulta poco probable que anule esa decisión”, considera este experto. Además, “no me sorprendería que en los próximos meses haya una oleada de ilegalizaciones de colectivos antifascistas en París, Toulouse o Burdeos. En casi todas las grandes ciudades hay organizaciones que ahora están amenazadas”, añade.

“Hemos visto a toda la derecha reproducir el discurso de la ultraderecha de que la violencia política solo es imputable a los antifascistas y la izquierda en general”, explica Palheta. De esta forma, según este analista, “han roto con la lógica imperante en los últimos años” entre los macronistas y los conservadores que “equiparaba la derecha radical con la izquierda insumisa” a través del manoseado tópico de “los extremos que se tocan”. De hecho, la portavoz gubernamental, Maud Brégeon, pidió “responsabilidad” a los ciudadanos galos que votan a la formación de Jean-Luc Mélenchon y expresó su deseo de que “nunca jamás haya un diputado insumiso en la Asamblea”.


El eurodiputado Jordan Bardella, que probablemente sustituirá a una inhabilitada Le Pen de cara a las presidenciales del año que viene, le cogió el guante a la vocera gubernamental. “Pido la constitución de un verdadero cordón sanitario para aislar a la Francia Insumisa y apartarla de las instituciones”, dijo el ambicioso número dos de los lepenistas. La tormenta política de los últimos días resulta agua bendita para la ultraderecha que busca invertir el “frente republicano”. Esa expresión es sinónima de una saludable lógica electoral, cada vez más frágil, que ha apartado a la derecha radical de las riendas gubernamentales desde la creación del Frente Nacional, en 1972.

La muerte de Deranque ha coincidido prácticamente con el arranque de la campaña de las elecciones municipales, del 15 (primera vuelta) y 22 de marzo (segunda). Como los insumisos casi no se implicaron en esos comicios en 2020 y cuentan con pocos representantes locales, tienen mucho más que ganar que perder en las urnas el próximo mes. Si sufren un voto de castigo, se notará poco en las municipales.

En cambio, el mayor riesgo que afrontan es que debilite la candidatura de Mélenchon —aún no la ha hecho oficial y sería la cuarta vez que se presenta— de cara a las presidenciales. Antes de la controversia de la última semana, los analistas veían probable que el líder insumiso se clasificara para la segunda vuelta en esa votación decisiva para el futuro de Francia. Una perspectiva que se ha ensombrecido tras el homicidio cometido por los antifascistas.

Historia
Éric Vuillard: “Las ideas de la Revolución Francesa aún tienen un largo recorrido por delante”

El pueblo contra las élites. Quizás una realidad más compleja cuando uno se adentra en las interioridades de la historia. Así lo reflejan los libros de Vuillard, galardonado en 2017 con el Goncourt, el mayor premio de las letras francesas, por El orden del día.

Cargando valoraciones...
Ver comentarios 1
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra na túa conta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios 1

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...