Caballos: 5.000 años de esclavitud

La domesticación de estos animales supuso un factor decisivo para la expansión de la población humana, pero, ¿a qué precio?
Caballos libres
Caballos viviendo en libertad.
20 mar 2026 07:26

Usados como fuentes de alimento, vestimenta, medios de transporte y de carga, herramientas de ocio, incluso como armas en los conflictos bélicos, los caballos han estado al servicio del ser humano desde tiempos inmemoriales. La domesticación de estos animales supuso un factor decisivo para la expansión de la población humana, pero, ¿a qué precio?

El principio de la opresión

Los caballos se domesticaron por primera vez en las estepas euroasiáticas hace unos 5000 años, miles de años después que los perros, las cabras, las ovejas, las vacas y los cerdos. Algunos autores sugieren que, a diferencia de lo ocurrido con otros animales domesticados, que se acercaron a los asentamientos humanos buscando alimento, el de los caballos fue un caso de domesticación intencionada. Es decir, fue seleccionado activamente para los diversos fines que el ser humano determinó, principalmente recursos y movilidad.

Los estudios genéticos han revelado que todos los caballos actuales descienden de esos primeros animales domesticados, pues, para ese momento histórico, las poblaciones de caballos salvajes habían sido llevadas prácticamente a la extinción debido a la caza. Los individuos que puedan haberse observado en libertad tras ese período hasta la actualidad son asilvestrados, procedentes de ese linaje domado.

Como consecuencia de la presión de selección del ser humano sobre estos animales, tuvieron lugar cambios ya en las primeras generaciones de caballos asociados al proceso de domesticación. Estos cambios se deben al llamado síndrome de domesticación, que consiste en que los individuos domados muestran una serie de rasgos etológicos, morfológicos y fisiológicos que no se observan en sus pares salvajes, como una reducción del tamaño cerebral y corporal y cambios en la pigmentación. En cuanto al comportamiento, el síndrome de domesticación se traduce en una mayor mansedumbre y aumento de la tolerancia a la presencia humana.

En antiguos yacimientos, correspondientes a la Edad de Hierro, se han encontrado elementos de metal elaborados para facilitar la monta y el control del caballo. Los dispositivos de doma se dividen en: elementos aplicados sobre cabeza y boca (bocados y capuchas); elementos usados como estímulos puntuales (espuelas y fustas); elementos que mejoran la estabilidad del jinete (sillas y estribos) y elementos sobre los cascos (herraduras).

Daños físicos y psicológicos debidos a la domesticación

Los caballos fueron, además, los primeros animales usados en espectáculos circenses. El origen del circo se atribuye a Philip Astley, que comenzó con actos ecuestres públicos en el siglo XVIII, y que ideó una pista circular para que los jinetes pudieran montar y realizar acrobacias con mayor facilidad. Quizá la idea de que los caballos disfrutan siendo montados se deba al desconocimiento sobre su condición física y su verdadera naturaleza.

Cargar la espalda de los caballos con peso, como ocurre en la equitación o en el transporte de mercancías, puede llegar a causar graves lesiones en la columna vertebral de los animales, derivando en el síndrome de las espinas del beso: una afección musculoesquelética dolorosa caracterizada porque las puntas de las vértebras torácicas o lumbares se estrechan, tocan o superponen. Esta condición es una causa común de dolor crónico de espalda.

Las herraduras aparecen en escena cuando los caballos se empezaron a utilizar para la guerra y surgió la necesidad de colocar unas piezas de hierro que conferían más resistencia al desgaste y que además causaban más daño al enemigo. La práctica de herrar a estos animales se ha mantenido a lo largo del tiempo por ese mismo motivo: los caballos domesticados suelen vivir en entornos de suelos duros y no pueden desplazarse como lo harían en libertad. En el medio silvestre pisan suelos blandos y recorren grandes distancias, lo que brinda protección natural a sus cascos.

Las herraduras influyen negativamente en la capacidad de propiocepción; esto significa que se dificulta la precepción de estímulos externos, reduciendo la sensibilidad. Por otra parte, también interfieren en la circulación sanguínea de retorno: cada pisada contribuye a bombear la sangre hacia arriba, de vuelta al corazón. La presencia de las herraduras supone un obstáculo entre el casco y el suelo, lo que obliga a un sobreesfuerzo por parte del corazón.

Privados de libertad y de vida en comunidad

Según Leonor Díaz, directora de ADE (Asociación Defensa Équidos), los caballos (los equinos en general) son animales esencialmente claustrofóbicos, ya que la huida ante algún peligro es su principal método de supervivencia. En consecuencia, requieren de grandes espacios abiertos. Su otro mecanismo de defensa es la pertenencia a una comunidad. En consecuencia, son fuertemente dependientes de la manada, que presenta un elevado grado de organización social.

Los caballos son animales gregarios, estableciéndose jerarquías claras dentro del clan y cuyo líder suele ser una yegua. Entre los miembros del grupo son vitales la comunicación y la relación para un correcto desarrollo tanto individual como colectivo, acciones que llevan a cabo mediante un lenguaje extenso y específico que les permite expresar un amplio abanico de emociones.

La personalidad de cada uno de estos equinos está conformada por una serie de rasgos de carácter; de este modo podemos encontrar individuos que presentan actitudes apáticas, combativas, irritables o flemáticas, curiosas, indiferentes, obedientes o testarudas. Sin embargo, por norma general, los caballos tienen un carácter tímido, generoso y agradecido; siendo considerados como animales de naturaleza pacífica, característica que comparten con el resto de herbívoros.

Son amantes de la vida tranquila, con un sentido de la libertad profundamente enraizado en su naturaleza. A los equinos, en general, se les ha llevado a actuar como individuos solitarios y dependientes, aunque su cerebro esté configurado para seguir un grupo, depositar su confianza y seguridad en los otros miembros de su manada y que los otros integrantes, a su vez, se sientan seguros con su compañía. Cada uno de los miembros aporta su individualidad determinando, así, el carácter grupal de cada comunidad. En cautividad parece poco probable que los animales puedan actuar siguiendo su voluntad.

La violencia que se ejerce contra los demás animales no solo se traduce en golpes y deplorables condiciones de vida. Ignorar sus necesidades e intereses, que van más allá de la mera supervivencia, y que incluyen la búsqueda de experiencias gratas y el desarrollo integral tanto como individuos como en su relación con otros animales de su entorno, también les causa perjuicios que podemos evitar revirtiendo la explotación, rompiendo la cadena de opresiones. 

Sobre o blog
INFOANIMAL es una revista #antiespecista cuyos contenidos están encaminados a difundir de la forma más rigurosa que nos sea posible noticias, información, datos e imágenes para ayudar a las personas a autocuestionar sus hábitos #especistas. El objetivo de INFOANIMAL magazine es cuestionar la utilización y explotación de los animales por parte del ser humano. Ofrecemos artículos, reportajes e imágenes de calidad sobre la explotación animal con el objetivo de crear un debate en la sociedad que ponga fin a la discriminación arbitraria contra los animales no humanos.
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