Delfinarios: ¿Circos con animales?

El pasado domingo, 4 de octubre, varias colectivas se manifestaron ante el Oceanogràfic de València por la muerte de la beluga Jelly Bean y de la delfina Echo, que perdieron la vida transcurrido menos de un mes de su llegada a ese lugar.
Delfines en acuario
Dos delfines obligados a hacer un espectáculo en un acuario.
16 oct 2026 07:08

Convocado por las colectivas Dénia Animal Save, Fundación Capitán Paul Watson y València Animal Save, el acto consistió en informar a las personas visitantes y viandantes acerca de que delfinarios y acuarios en general son centros de confinamiento para los animales y en rendir homenaje a Jelly Bean y a Echo, víctimas de la explotación, que les ha adjudicado el papel de servir como entretenimiento.

La beluga Jelly Bean y la delfina Echo viajaron a Valencia como consecuencia del cierre de las instalaciones de Marineland, Canadá y se espera la llegada de más animales desde Marineland Antibes, Francia. La clausura de este tipo de instalaciones aumenta en todo el mundo a medida que la presión social logra abolir la explotación de los cetáceos. Sin embargo, tras el cierre siguen siendo explotados en otros centros, en lugar de acabar sus vidas con la máxima libertad posible en santuarios marinos.

Situación legal de los cetáceos en el Estado español

La norma de aplicación a los cetáceos es la Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, que determina, en su artículo 32, las particularidades relativas a su cautividad: “En el caso de las especies de cetáceos, la cría y mantenimiento en cautividad estará limitada a finalidades de investigación y conservación. Su uso en espectáculos sólo podrá realizarse bajo supervisión de sus cuidadores y profesionales relacionados”.

Por lo tanto, esta norma permite seguir explotando a los cetáceos siempre y cuando cumplan con los citados propósitos.

Según la Fundación Paul Watson España, ni belugas ni delfines mulares están en peligro de extinción y tampoco se lleva a cabo ningún tipo de programa de reintroducción de individuos a la naturaleza y además, los estudios científicos son escasos y poco representativos, dado el impacto que tiene la cautividad en los individuos sujetos a estudio a nivel psicológico, físico, emocional y social. En consecuencia, son más que cuestionables los presuntos objetivos de conservación e investigación.

Más allá del hecho controvertible de considerar la cautividad como una práctica aceptable, tampoco parece haber un excesivo rigor en respetar siquiera la propia normativa. Además, en el artículo 25 de la propia ley encontramos las siguientes limitaciones en cuanto al uso de animales: “Utilizarlos en espectáculos públicos o actividades artísticas turísticas o publicitarias, que les causen angustia, dolor o sufrimiento, sin perjuicio de lo dispuesto en el título IV, y, en todo caso, en atracciones mecánicas o carruseles de feria, así como el uso de animales pertenecientes a especies de fauna silvestre en espectáculos circenses”.

Este epígrafe en concreto prohíbe la utilización de animales silvestres en espectáculos circenses, pero los delfines quedan fuera de esta prohibición a pesar de que se trata de animales silvestres capturados o domesticados que se ven obligados a realizar una serie de piruetas para diversión del público. Desde este punto de vista, ¿qué diferencia hay entre un delfín saltando a través de un aro y un león haciendo exactamente lo mismo? ¿Podrían considerarse los delfinarios como circos con animales?

En similares términos se manifiesta la normativa autonómica valenciana, reflejada en la Ley 2/2023, de 13 de marzo, de Protección, Bienestar y Tenencia de animales de compañía y otras medidas de bienestar animal: “Queda prohibida la cría, tenencia y circulación de animales salvajes y aquellos silvestres no nacidos en cautividad y/o no adaptados a la convivencia humana, incluidos primates y grandes felinos, en colecciones zoológicas particulares, espacios públicos y locales abiertos al público, si no están tipificados y registrados como parque zoológico. En ningún caso convivirán con las personas como animales de compañía”.

También se prohíben los espectáculos circenses y otros espectáculos en itinerancia con animales.

Según la base de datos Ceta-Base (actualizada el 6 de octubre de 2026), 18 cetáceos que han pasado por el Oceanogràfic desde su inauguración fueron capturados en el medio natural, 13 de ellos siguen con vida a día de hoy. Los nueve delfines que sobreviven son Lida, Marina y Tsunami, procedentes del Mar Negro, Rusia, Nika (Rusia) y Lazo, Elly, Billy, Grisel y Josué (Cuba). De los 4 restantes, Echo (Canadá, murió el 23 de septiembre de 2026), Luna y Loreto (Cuba) murieron, y Loren (Cuba) fue trasladado al zoo de Madrid. Los otros 12 delfines vivos nacieron en cautividad: 8 en el propio Oceanogràfic y 4 en otros centros (Parc Astérix y Zoo de Barcelona).

En consecuencia, los animales salvajes confinados en zoos y acuarios sí pueden ser usados en espectáculos circenses porque son objeto de una excepción legal cuyo fundamento es poco comprensible, ya que el proceso de doma y adiestramiento es exactamente el mismo independientemente del tipo de instalación.

La desinformación como justificación de la explotación

En el artículo titulado “La ideología especista: la desinformación como componente del sistema de opresión”, Érica Quadros do Amaral y Fabio Alves Gomes de Oliveira examinan las relaciones entre especismo estructural, explotación, expropiación animal y capitalismo. Su análisis destaca el papel de las instituciones, la cultura y la producción de información distorsionada en la naturalización de las violencias ejercidas contra los animales.

La desinformación especista es una condición para que la explotación pueda sostenerse y presentarse como necesaria, inevitable o incluso beneficiosa, lo que podría aplicarse a las razones con las que se pretende justificar el entrenamiento circense impuesto a los animales en aras de una presunta investigación científica.

Los delfinarios son, según la información generalizada, espacios no destinados al entretenimiento sino al desarrollo del conocimiento, a la conservación de las especies y de los ecosistemas, a la protección de mares y océanos, nada que ver con los tradicionales circos con animales. De hecho, jamás se incluye a los delfines en las listas de animales salvajes que deberían quedar fuera de ese tipo de explotación porque ni siquiera se consideran afectados, no pensamos en delfines cuando hablamos de circos. Pero quizá deberíamos replantearnos esa programación mental que nos lleva a establecer diferencias que difícilmente resisten el más sencillo análisis y nos impide cuestionar prácticas que en otros animales generan un profundo rechazo. Ya no hay tigres en los circos. ¿Deben los delfines seguir formando parte del “pasen y vean”?

Sobre este blog
INFOANIMAL es una revista #antiespecista cuyos contenidos están encaminados a difundir de la forma más rigurosa que nos sea posible noticias, información, datos e imágenes para ayudar a las personas a autocuestionar sus hábitos #especistas. El objetivo de INFOANIMAL magazine es cuestionar la utilización y explotación de los animales por parte del ser humano. Ofrecemos artículos, reportajes e imágenes de calidad sobre la explotación animal con el objetivo de crear un debate en la sociedad que ponga fin a la discriminación arbitraria contra los animales no humanos.
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