Antiespecismo
¿Por qué convertimos a los animales en productos?
54.055 millones de aves, 3.863 millones de mamíferos y 990.000 millones de peces son asesinados cada año para consumo humano. Matamos, encerramos y causamos daño a los animales de forma sistemática, estructural e institucionalizada en granjas, zoos, laboratorios y mataderos. La pregunta que nadie se hace es ¿por qué?

Basta la simple observación de la realidad para darse cuenta de tres cosas: en primer lugar, que los animales sufren y tienen capacidad para sentir el dolor, en segundo lugar que quieren vivir libres y en tercer lugar, que desean conservar sus vidas. No es difícil darse cuenta de que los animales hacen todo lo posible para sobrevivir ante un peligro, escapan de aquello que les causa daño y tratan de liberarse de cualquier encierro o confinamiento por todos los medios posibles. Solo hay que mirar a nuestro alrededor para comprender esta innegable realidad.
Sin embargo las personas nos comportamos de forma ajena a esa realidad. Preferimos pensar que los animales son productos, meros objetos para nuestro consumo. Sencillamente, preferimos ignorar que no desean morir. Olvidamos que no desean pasar su vidas encerrados en granjas, acuarios o circos. No tenemos en cuenta que no desean sufrir dolor, no quieren ser electrocutados, introducidos en agua hirviendo, degollados, despellejados, etc.
No es difícil darse cuenta de que los animales hacen todo lo posible para sobrevivir y no ser oprimidos. Solo hay que mirar a nuestro alrededor para comprender esta realidad.Cada vez más personas toman consciencia de que no es necesario comer carne de animales para llevar una vida saludable y plenamente satisfactoria, según reconoce la mayor asociación profesional de nutricionistas del mundo (Asociación Americana de Dietistas) en su informe de junio de 1996, actualizado en 2016. Tampoco necesitamos usar pieles de animales para poder abrigarnos, ni para seguir la moda, ni para sentirnos elegantes. A quien le importe su imagen personal, ha de empezar a darse cuenta de cuánto la deteriora el uso de pieles ante quien respeta a los animales. La peletería, las plumas, la seda y el cuero son perfectamente prescindibles. De la misma forma, no es necesario asistir a una corrida de toros, ni al circo con animales, ni a los zoos o acuarios, ni es necesario cazar o pescar para divertirnos. Existen infinidad de entretenimientos en los que emplear nuestro tiempo de ocio sin oprimir a los animales.
¿Por qué hacerlo entonces? ¿Por qué dañar, matar y encerrar a los animales convirtiendo sus vidas en un constante sufrimiento? No puedo aportar ninguna justificación para ello. Sin embargo sí puedo darte razones para no hacerlo.
¿Por qué no deberíamos causar sufrimiento a los animales?
Porque son capaces de sentir, esa es la clave. Para determinar si es ético causar sufrimiento, no es relevante la especie a la que pertenece un individuo, ni su grado de inteligencia, ni su capacidad racional. Lo único relevante es si son capaces de sufrir.
La ciencia nos enseña que, sin lugar a dudas, la inmensa mayoría de los animales tenemos un sistema nervioso que nos hace capaces de percibir estímulos externos y los transmite al cerebro, el cual los interpreta como dolor, placer, etc. Por eso somos capaces de sufrir. Las plantas por el contrario, no tienen sistema nervioso ni cerebro capaz de interpretar dolor.
¿Por qué los seres humanos nos comportamos de esta forma?
Si nos paramos a analizar nuestro comportamiento, no es difícil darse cuenta de que explotamos a los animales por imitación. Repetimos lo que conocemos, porque así nos lo han enseñado desde la infancia. ¿O acaso recuerdas en qué momento tomaste la decisión de comerte a los animales? No lo decidiste, es algo que nos enseñaron a hacer en la infancia y que asumimos sin analizarlo.
Para tomar una decisión en libertad, es imprescindible tomarla por ti misma/o, no por repetición de lo que hacen otras personas. Y es necesario poseer toda la información real, no una versión dulcificada y maquillada. Tenemos derecho a conocer la información que se nos oculta con falsas imágenes de animales felices en idílicas granjas. Tenemos derecho a que no falseen la dramática realidad de los animales en los centros de explotación y mataderos, una realidad de barrotes y cemento, en la que el día a día consiste, literalmente, en miedo, violencia, sangre y muerte.
No estamos ante un problema de maltrato. El problema de los animales no se debe a personas o empresas maltratadoras, es un problema estructural, es toda la sociedad la que participa en la explotación debido a los hábitos aprendidos en la infancia.
Reducir el grado de maltrato durante la explotación no les libra del confinamiento y la muerte, ni les libra de ser convertidos en productos para consumo humano. Nada “humanitario” puede ocurrir dentro de un matadero. Las medidas denominadas “bienestar animal” encaminadas a reducir el maltrato durante la explotación, en realidad solo se llevan a cabo para tranquilizar la conciencia de las personas y facilitarnos mirar para otro lado.
¿Cómo ser parte de la solución?
Cada una de nosotras y nosotros puede hacer algo para cambiar la injusta situación de los animales. El primer paso lógico es salir del grupo opresor, es decir, dejar de agredirlos, dejar de ser parte del problema, no utilizarlos como productos, no alimentarnos de animales, sustituir las prendas de cuero y piel, escoger productos cosméticos no testados en animales, etc.
Es fácil señalar a otras personas, buscar culpables fuera y acusar de maltratadoras a personas que van a los toros, que cazan o que abandonan animales. Pero no es tan fácil auto observarse y cambiar los hábitos propios. ¿Es legítimo exigir a otras personas que cambien mientras nosotras y nosotros no cambiamos nada en nuestro área de responsabilidad?
El segundo paso para ayudar a los animales es hablar con otras personas para que sean parte de esa solución, difundir información para hacer reflexionar a la sociedad sobre esta injusticia, y hacer activismo para ayudar a otras personas a evolucionar y auto cuestionar sus hábitos de opresión sobre los animales.
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