Antiespecismo
THEY, un documental sobre la pesca
“El lenguaje común con el que nos referimos a “toneladas de pescado” o “bancos de peces”, no nos permite apreciar lo que se oculta tras unas cifras tan colosales: quienes están allí son en realidad una multitud de individuos, cada uno con sus propias capacidades para sentir lo que les ocurre. ¿Qué pasaría si a partir de ahora comenzáramos a ver a cada pulpo, a cada pez o a cada cangrejo como lo que realmente es: un ser individual con experiencias subjetivas propias?”
El documental THEY - वे muestra la violencia normalizada que ejercemos contra los animales acuáticos. Producido por la organización Animals' View, ha sido reconocido recientemente con el Premio “Excellence” en la categoría Human–Animal Interactions del Nature Without Borders International Film Festival, además de formar parte de la selección oficial del Vegan Film Festival.
A estos reconocimientos se suma su reciente incorporación en IMDb (Internet Movie Database), una de las bases de datos cinematográficas más importantes del mundo, lo que supone un paso clave para la difusión global de una investigación que pone el foco en los grandes olvidados de la industria alimentaria: los animales marinos.
Animals' View ha plasmado en este documental una realidad de escala masiva: cada año, al menos 28 billones de animales acuáticos son capturados o criados para el consumo humano. Según una investigación reciente de Rethink Priorities, se estima que esta cifra crecerá un 45 % en los próximos diez años.
THEY – वे documenta las vidas de estos animales desde el océano y las piscifactorías hasta su llegada a mercados y lonjas invitándonos a reflexionar: “Si queremos plantearnos un cambio real con respecto a nuestra relación con los demás animales, habría que reconocer también a los peces y a los invertebrados acuáticos como individuos con capacidad de sentir y con intereses propios. Estos animales, en especial los invertebrados acuáticos, se encuentran ante la amenaza del avance de la acuicultura, que se plantea como una forma de explotación animal sostenible. Es crucial informar sobre este peligro y difundir el antiespecismo y el veganismo como verdaderas opciones de respeto y consideración hacia sus vidas”.
Los animales acuáticos son víctimas invisibles
Hablábamos hace un tiempo con Helena Rivera, portavoz de la asociación Animal’s View, sobre este documental y el sufrimiento que acarrean tanto la pesca como la acuicultura. En la entrevista, explicaba Elena que las razones que han llevado a su organización a tratar la explotación de los animales acuáticos son, por un lado, el número de animales utilizados, 28 millones de individuos en todo el mundo, y por otro, la absoluta desconsideración que existe hacia ellos.
Si fueras un animal cuyo destino es la cazuela, probablemente serías una gamba. Billones de pequeños seres con capacidad para sentir son totalmente menospreciados. Se les amputan los ojos, se les somete a situaciones en las que sus órganos internos estallan, se les congela vivos, se les aplasta o se les desmiembra y se les cocina en vida. Y todo ello sin generar ni un ápice de empatía, preocupación o incomodidad.
El especismo, que nos lleva a creer que el ser humano está por encima de las demás especies animales y puede usarlas a su antojo, es especialmente violento contra los animales acuáticos debido, quizá, a que son muy diferentes a los humanos en muchos sentidos; no hablan nuestro idioma, muchos ni siquiera emiten sonidos que podamos oír, tienen cuerpos muy distintos y su hábitat nos es completamente ajeno. Todo esto hace que nos cueste enormemente admitir que también tienen sus emociones, que pueden sufrir y disfrutar, y facilita que prácticas tan terribles se mantengan a lo largo del tiempo.
Y sin embargo, sienten
La sintiencia va mucho más allá de la posibilidad de percibir dolor. La sintiencia es la capacidad de experimentar de forma subjetiva estados afectivos negativos y positivos que pueden incluir, el dolor, la angustia, la ansiedad, el aburrimiento, el hambre, la sed, el placer, la calidez, la alegría, la comodidad o la excitación.
Para concluir que un animal es sintiente no es necesario que tenga la capacidad de reflexionar de forma consciente sobre dichos estados, sino que basta con que sea capaz de experimentarlos. Esta capacidad hace que un animal sea consciente, en el sentido más básico y elemental del término, de sí mismo y del mundo que le rodea. Si interpretamos la sensibilidad como criterio de consideración moral válido, deberíamos replantearnos nuestra relación con estos animales y, con ello, reconocer que son sujetos con intereses que merecen ser respetados y no meros recursos a nuestra disposición.
En biología se dice que una especie tiene personalidad si los individuos muestran comportamientos diferentes ante un mismo estímulo y también se define la analogía por asociación, de modo que si un estímulo provoca una respuesta similar, la experiencia, probablemente habrá sido la misma. Tanto los peces como los invertebrados acuáticos no solo reaccionan ante un estímulo doloroso sino que recuerdan la situación en la que tuvo lugar e intentan evitarla en el futuro, lo que implica procesos complejos de cognición y sobre todo, que su interés es evitar trances desagradables.
Conocemos los abusos, desconocemos a las víctimas
En animales sociales, como los peces, la longevidad tiene una importancia añadida: permite a los individuos aprender y transmitir conocimientos acerca de los lugares idóneos para buscar refugio, alimentarse o reproducirse y de modos de interacción y comunicación. Crustáceos y moluscos desarrollan conductas complejas basadas en el aprendizaje.
Quizá el problema sea que sabemos las infinitas maneras en las que se les puede infligir dolor pero apenas somos conscientes de que, para disfrutar de un buen vivir, los animales acuáticos necesitan mucho más que limitarse a realizar funciones vitales. Necesitan comunicarse, explorar, vivir experiencias y aprender de ellas. Incluso el juego es un factor fundamental en su desarrollo. Pero no tenemos en cuenta estos hechos y los tratamos como si fuesen una masa en lugar de individuos.
Granjas bajo el agua
En respuesta al declive de las poblaciones de animales acuáticos debido a la pesca y a la contaminación de su hábitat, la industria de la explotación animal ha creado las piscifactorías. En estas instalaciones, las condiciones en las que viven los animales son deplorables por el hacinamiento; se crían masivamente en espacios mínimos para mantenerlos con vida hasta que alcancen el tamaño adecuado para el mercado. En cautividad, es imposible que puedan desarrollar comportamiento natural alguno, ni las condiciones de las granjas se asemejan en lo más mínimo a la libertad.
En palabras de Helena Rivera: “En un mundo que tenga en cuenta a los animales, y en este caso en particular, a los animales acuáticos, no existiría ni pesca ni su cría en granjas acuícolas. Es decir, dejaríamos de consumir a estos animales. La mayoría de las sociedades hoy en día ofrecen muchas facilidades para esto. Además, por qué no, buscaríamos también otras formas de ayudarlos, como por ejemplo, a sobrevivir ante las adversidades de los desastres naturales o del cambio climático. Sencillamente, los trataríamos como nos gustaría que nos trataran a nosotros y nosotras.”
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