Referéndum en Italia: por qué el 'no' abre una crisis política de fondo en el gobierno de Meloni

La derrota en el referéndum constitucional celebrado el 22 y el 23 de marzo en Italia supone el primer paso en falso del Gobierno italiano, y podría salirle muy caro a Giorgia Meloni y a sus aliados.
Referendum Italia Meloni
Meloni, derrotada en el referéndum de la reforma judicial que pretendía aplicar en Italia.
28 mar 2026 06:00

Los partidos que conforman el Gobierno italiano cuentan con una amplia mayoría en el Parlamento, y la aprovecharon en octubre para aprobar una reforma constitucional que reestructura el Poder Judicial. Lo hicieron sin buscar un acuerdo con la oposición, pero al no disponer en las Cámaras de los dos tercios de los escaños necesarios, se han visto obligados a someter a referéndum popular los cambios introducidos en siete artículos de la Constitución. 

Las principales medidas contenidas en la reforma eran la separación de las carreras de jueces y fiscales, la división en dos del Consejo Superior de la Magistratura —el órgano de autogobierno del Poder Judicial— y la introducción del sorteo entre los jueces para elegir sus miembros. Según el Gobierno, el proyecto buscaba modernizar el sistema judicial y equipararlo a los estándares de otros países, con el fin de evitar los casos de abuso de poder por parte de los y las juezas y las supuestas injerencias del Poder Judicial en las decisiones del Gobierno.

Tal y como marca la ley, el pasado domingo 22 de marzo y el lunes 23, la reforma se sometió a referéndum popular. Sin embargo, lo que debía ser una valoración de carácter técnico sobre la reforma se ha convertido en un ‘no’ político a la arrogancia de la mayoría de derecha, que durante la campaña del referéndum cometió numerosos errores de comunicación, dando a entender que los cambios no mejorarían el sistema judicial, sino que garantizarían la impunidad de los políticos.

Meloni había desvinculado su futuro político del resultado del referéndum y había asegurado que terminará la legislatura en 2027 —cuando le toca— pero la derrota ha desatado un auténtico terremoto dentro del Gobierno. El ‘no’ a la reforma constitucional se impuso con un 53,2%.

El ‘no’ a la reforma constitucional se impuso con un 53,2% y más de 15 millones de votos. El ‘sí’ a la propuesta del Gobierno solo se impuso en tres de las veinte regiones

La movilización del electoradoLa primera sorpresa fue el número de votantes. En los referéndums constitucionales, la legislación italiana no establece un cuórum mínimo del 50% de participación, como ocurre en los referéndum abrogatorios. Sin embargo, acudió a las urnas el 58,9% de los 51,4 millones de personas con derecho a voto —el porcentaje desciende al 55,7% si se tienen en cuenta los votantes en el extranjero—. La elevada participación puso de manifiesto una movilización inesperada de la opinión pública, que llevó a las urnas incluso a muchas personas que suelen quedarse en casa. Al final, el ‘no’ a la reforma constitucional se impuso con un 53,2% y más de 15 millones de votos. El ‘sí’ a la propuesta del Gobierno solo se impuso en tres de las veinte regiones —Lombardía, Véneto y Friuli—, mientras que la reforma fue rechazada en todas las demás y en la casi totalidad de las ciudades medianas y grandes, con porcentajes superiores al 60% en el sur y las islas.

El ‘no’ también se impuso incluso en algunas de las regiones gobernadas por la derecha, como Calabria, Lacio, Piamonte y Sicilia, con porcentajes muy elevados en Nápoles (75%), Bolonia y Palermo (68%) y Roma (60%). Entre los votantes que se encuentran en el extranjero, ganó el ‘sí’, con un 56,3%, pero la mayoría de los italianos e italianas que viven en países europeos optaron por votar el ‘no’.

Meloni, al igual que Trump: “Dejadnos gobernar”

Hace tiempo que Meloni y sus ministros utilizan un lenguaje al estilo de Trump, y acusan a los jueces de obstaculizar la labor del Gobierno. A su parecer, intervienen para bloquear medidas ilegales, por ejemplo, en materia de inmigración. El mensaje que repiten como un mantra los representantes de la derecha radical se basa en que, al haber ganado las elecciones, tienen derecho a gobernar como mejor les parezca, aunque eso implique la negación las prerrogativas de control del Poder Judicial sobre el cumplimiento de las leyes y el principio de la separación de poderes. Para Meloni y los suyos, el Poder Judicial representa un “sujeto político” alineado con la izquierda e interesado en sustituir al Gobierno. Es por este motivo que, según ella, debe ser puesto “en su sitio”.

Una parte importante de la población simplemente votó en contra por el riesgo de que la derecha pudiera poner sus manos sobre la Constitución aprobada en 1948 por los partidos que se habían opuesto al régimen de Mussolini

No es de extrañar, entonces, que la Asociación Nacional de Magistrados —que reúne al 96% de los y las juezas de Italia— y los partidos de la oposición de centroizquierda e izquierda hayan denunciado la reforma como un intento del Gobierno de amordazar a los jueces y debilitar su independencia. Sindicatos, movimientos sociales y comentaristas han advertido de que la reforma de la Justicia era solo una parte de la agenda política autoritaria que pretende aumentar el poder del Gobierno sobre el Parlamento, aprobar una reforma electoral diseñada para asegurar la victoria de la derecha en las próximas elecciones y debilitar el Tribunal de Cuentas.

Más allá de la cuestión concreta, una parte importante de la población simplemente votó en contra por el riesgo de que la derecha radical pudiera poner sus manos sobre la Constitución aprobada en 1948 por los partidos que se habían opuesto al régimen de Mussolini.  Por eso, la mayoría de los votantes ha rechazado la reforma, algo que ha causado la primera derrota política de Giorgia Meloni y ha puesto en serias dificultades a su Gobierno, en el poder desde 2022.

¿Un Gobierno en crisis?

En un intento de recuperar el consenso, Meloni ha sacrificado a una decena de miembros de su gabinete, tanto a nivel nacional como local, que están siendo investigados o han sido condenados por diferentes delitos, o que han sido objeto de fuertes críticas debido a sus declaraciones durante la campaña. Entre los que han tenido que dimitir se encuentran la jefa de gabinete del Ministerio de Justicia, Giusi Bartolozzi; el viceministro de Justicia, Andrea Delmastro; y la influyente ministra de Turismo, la empresaria Daniela Santanché, imputada en cuatro procesos penales distintos por delitos económicos. Pero la purga de los últimos días podría no ser suficiente. Mientras aumenta la tensión entre los partidos que integran el Gobierno, la oposición exige la dimisión del ministro de Justicia, Carlo Nordio y ha prometido plantar cara para impedir la aprobación de la controvertida ley electoral.

Además, el centro-izquierda —Partido Demócratico, Movimiento 5 Estrellas y Alianza Verde-Izquierda— ha lanzado un desafío abierto al Gobierno, dando una imagen sin precedentes de unidad y determinación. Elly Schlein, Antonio Conte y Nicola Fratoianni interpretan el voto en el referéndum como un plebiscito contra el Gobierno y prometen llevar a la oposición a la victoria en las próximas elecciones. Sin embargo, muchos analistas —y muchos movimientos sociales— advierten que es un error pensar que el ‘no’ a la reforma judicial se traduce en una disposición a votar por un centro-izquierda que sigue teniendo muchas contradicciones y que no parece dispuesto a adoptar un programa valiente de reformas sociales.

Para desafiar a Giorgia Meloni, el llamado “frente amplio” deberá elegir un programa y un candidato único; y por ahora no parece capaz de presentar una propuesta creíble

Desde la izquierda, muchos votantes piden al Partido Demócrata que, como mínimo, expulse a la pequeña pero influyente corriente de derecha del partido, liderada por la vicepresidenta del Parlamento Europeo, Pina Picierno, quien defendió el ‘sí’ en el referéndum y no pierde ocasión de apoyar posturas similares a las de los partidos de derecha, por ejemplo, respecto a la guerra en Ucrania, Irán o Gaza. Además, para desafiar a Giorgia Meloni, el llamado “frente amplio” deberá elegir un programa y un candidato único; y por ahora no parece capaz de presentar una propuesta creíble, ya que también hay divisiones en cuanto al método.

El ‘no’ ha ganado entre los jóvenes, las mujeres y las personas con bajos ingresos

El Instituto Cattaneo de Milán, que analiza los flujos electorales, ha puesto de relieve algunos datos interesantes. Por ejemplo, que un 15% de los votantes de los partidos de derecha no acudió a las urnas, y un porcentaje similar —con picos del 30% en las regiones del sur— optó por votar ‘no’. Todo un paradoja para una reforma redactada por el ministro de Justicia, Carlo Nordio, pero que, de hecho, encarnaba los objetivos perseguidos históricamente por el creador del centro-derecha italiano, Silvio Berlusconi. El electorado de los partidos de centro-izquierda, por su parte, se movilizó en mayor medida y siguió más fielmente las indicaciones de voto de sus partidos de referencia.

Según el instituto de investigación demoscópica YOUTREND, el ‘no’ ha obtenido 3,9 millones de votos más que los que obtuvieron en las elecciones legislativas de 2022 los partidos que lo apoyaban; mientras que el ‘sí’ ha obtenido 2,4 millones de votos menos que los partidos favorables a la reforma, incluidos los de centro que no respaldan al Gobierno.

El análisis de los resultados pone de manifiesto que la reforma fue aprobada en los barrios más ricos de las grandes ciudades
Por otra parte, un estudio realizado por el instituto demoscópico SWG ha puesto de manifiesto que “el ‘no’ se impuso, sobre todo, entre las mujeres, los jóvenes, los titulados universitarios y las personas que atraviesan dificultades económicas. El ‘sí’, en cambio, obtuvo los mejores resultados entre las personas de 45 a 54 años, las personas con ingresos altos y los hombres”.En todas las capitales regionales ganó el ‘no’, incluso en las regiones en las que prevaleció el ‘sí’, como las del noreste. El análisis de los resultados pone de manifiesto que la reforma fue aprobada en los barrios más ricos de las grandes ciudades. En Roma, el ‘sí’ ganó en algunos colegios electorales del centro histórico —víctima de la gentrificación desde hace años—, en el barrio de Parioli y en otros barrios del norte de la capital, donde se concentran los votantes de la clase alta. Lo mismo ocurrió en Milán, Turín y Génova: los centros históricos y las zonas donde se concentran las élites votaron ‘sí’, mientras que los barrios populares rechazaron la reforma. “Los italianos han decidido. Y nosotros respetamos esta decisión. Seguiremos adelante con responsabilidad, determinación y respeto hacia el pueblo italiano e Italia”, declaró la primera ministra en un vídeo colgado en las redes sociales después de conocer los resultados.
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