El banco que hizo que nos preguntáramos por el destino de nuestro dinero

En un sistema financiero donde pocas entidades explican qué hacen con el dinero que gestionan, en Fiare Banca Etica hemos construido una alternativa basada en la transparencia, la participación y el impacto social. Llevo cinco años trabajando aquí, y hay una pregunta que rara vez nos hacemos: ¿qué hace mi banco con mi dinero?
Acto de Asamblea General de Fiare Banca Ética (Autoría: Fiare Banca Ética)
Acto de Asamblea General de Fiare Banca Ética (Autoría: Fiare Banca Ética)
Trabajadora de Fiare Banca Ética
8 jul 2026 11:55

Pensaba que todas las entidades funcionaban más o menos igual. Que el dinero estaba ahí, guardado, y ya. Es una pregunta que la mayoría de la gente no se hace. Se domicilia la nómina, se paga con la tarjeta, se pide una hipoteca si hace falta. Lo que el banco hace después con ese dinero rara vez entra en la conversación.

Nacimos de quienes no encontraban lo que buscaban

Fiare Banca Etica no surgió de un plan de negocio. Surgió de una necesidad concreta: a principios de los 2000, un grupo de particulares, cooperativas y entidades sociales buscábamos una alternativa a la banca convencional. Y la solución que encontramos fue construir una propia.

Hoy, más de dos décadas después, operamos con licencia bancaria en España e Italia, somos más de 50.000 personas socias en Europa y gestionamos cerca de 1.300 millones de euros en créditos.

Lo que cambia cuando sabes adónde va tu dinero

Funcionamos como cualquier entidad financiera: captamos ahorro, concedemos préstamos, ofrecemos cuentas corrientes. La diferencia está en qué analizamos antes de decir que sí a una operación.

Además de la viabilidad económica de un proyecto, evaluamos su impacto en las personas, las comunidades y el entorno. Eso significa que el dinero depositado no puede acabar financiando industria armamentística, combustibles fósiles ni actividades que vulneren derechos humanos. Y significa también que sí puede financiar una cooperativa de vivienda que lleva años esperando un préstamo que la banca convencional nunca le concedió.

Somos uno de los pocos bancos del mundo que publica online cada préstamo concedido a personas jurídicas. Cualquier persona puede consultarlo. Lo que más me sorprendió fue descubrir que podía saber exactamente dónde iba el dinero.

Detrás de esa lista hay proyectos muy concretos: comunidades energéticas que han instalado placas solares en su barrio, cooperativas de vivienda que han conseguido construir su propio edificio, proyectos de inserción laboral que han dado empleo a personas en situación de vulnerabilidad, iniciativas culturales y de agricultura ecológica que no habrían encontrado financiación en otro lugar. Como el caso de Pablo Renovable, la comunidad energética vecinal de la urbanización Pablo Iglesias en Rivas-Vaciamadrid, que agrupa ya a unas 500 viviendas y aspira a convertirse en el mayor barrio solar de España; el cohousing Walden XXI, en Sant Feliu de Llobregat, donde un grupo de personas mayores ha levantado en cesión de uso su propio edificio cooperativo; o Bioalverde, en Sevilla, que ha recuperado terrenos abandonados a las afueras de la ciudad para cultivarlos de forma ecológica mientras da trabajo a personas en riesgo de exclusión social. Proyectos distintos, en países y sectores diferentes, pero unidos por una misma lógica: financiación que no busca solo rentabilidad, sino que pone el dinero al servicio de las personas y del territorio.

Sostener un modelo distinto en un mercado que no lo pone fácil

No es un camino sencillo. Operar bajo criterios éticos significa renunciar a operaciones rentables que no superan nuestro filtro de impacto, y competir con entidades que no cargan con esos límites. En un contexto de tipos de interés al alza y de presión constante hacia la concentración bancaria, sostener una banca de tamaño mediano, cooperativa y transparente exige defender activamente un modelo que la lógica del sector no premia por sí sola.

Trabajar en finanzas sin perder de vista a las personas

Trabajo en el área de atención al cliente del banco, resolviendo dudas, problemas técnicos y necesidades de información. Detrás de cada operación hay personas intentando dar respuesta a necesidades reales. Eso cambia cómo te lo tomas.

Nuestra gobernanza refuerza esa lógica: como cooperativa, las personas socias no solo depositamos nuestro dinero, sino que participamos en las decisiones sobre el rumbo de la entidad. Una socia, un voto, independientemente del capital aportado. Yo participo cada año en las asambleas, votando los balances y las decisiones que marcarán el rumbo del banco.

Una alternativa que crece

En estos cinco años, nuestro capital social ha superado los 100 millones de euros y el ahorro gestionado alcanza ya los 2.800 millones.

Antes tenía la sensación de que elegir un banco ético era un gesto simbólico, algo marginal. Pero ahora veo claro que el impacto de nuestro dinero es importante.

Elegir dónde se deposita el ahorro no cambia por sí solo el sistema financiero. Pero es, también, una forma de participar en la economía que queremos construir. Más que un banco alternativo, Fiare se ha consolidado como parte de un movimiento más amplio de personas que han decidido que las finanzas también pueden mirar a quién sirven. Y esa posibilidad es lo que hace que merezca la pena levantarme cada mañana para ir a trabajar a un banco.

Esta historia forma parte de la campaña Historias de ESSperanza de REAS Red de Redes, que recorre iniciativas pioneras de la economía social y solidaria que demuestran que otra forma de hacer economía es posible y está en marcha.

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