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Feminismos
Frente a la crisis capitalista Economía Feminista

Socióloga y activista ecofeminista
El concepto de crisis forma parte de los debates internacionales desde hace varias décadas, tratándose como una crisis económica global que implica inestabilidad a nivel mundial; para “salvar” la economía, se justifican constantemente maniobras económicas “urgentes”, consideradas imprescindibles y que operan a través de una modalidad discursiva estratégica del concepto de “emergencia” y por tanto del miedo, que funciona como dispositivo de poder para restringir derechos a cambio de seguridad.
Como observan Maria Mies y Vandana Shiva, las relaciones capitalistas son claramente estructurantes, y si bien son tratadas como “económicas” en realidad atraviesan todos los ámbitos de la vida, por lo que “la crisis” no es relativa al solo campo de la economía, es una crisis multidimensional que tiene repercusiones en todo el mundo y en diversos ámbitos: cuidados, migraciones, clima, medioambiente, sistema agroalimentario, sanidad, educación, entre otros. La “crisis económica” de este sistema biocida causa devastación ambiental y desigualdades estructurales. No se trata de efectos colaterales, sino de rasgos estructurales de una estrategia de acumulación capitalista salvaje.
La expresión de extrema desigualdad que estamos viviendo, se debe a la asociación con el proceso de dominación colonial y patriarcal, que ejerce despojo, violencias racistas, expulsiones, guerras, saqueos de recursos, violencias machistas. Es decir, ejerce un poder necropolítico que requiere de muerte y destrucción para su acumulación constante, lo que está causando el actual cambio climático, o en otras palabras, el apartheid climático, puesto que aquellos que son la causa principal del Cambio Climático no sufren sus consecuencias directas, y fomentan decisiones que no respaldan las políticas para arrestar la crisis climática, ni las desigualdades. Por el contrario, los países menos responsables del calentamiento global no solo están sufriendo las peores consecuencias, sino que tienen menor capacidad de recuperación. Este fenómeno que afecta principalmente el Sur global implica también un mayor impacto sobre las mujeres, que son las personas más vulneradas.
En este contexto, es evidente que hablar de “huella ecológica” es reductivo y no suficiente. En este sentido, Anna Bosch, Cristina Carrasco y Elena Grau señalan que en realidad se trata de una “huella civilizadora” (o huella patriarcal, o de cuidados), denunciando la falsa autonomía del sistema económico, es decir la falsa autonomía del trabajo “productivo” que no podría desarrollarse si no existieran simultáneamente las actividades de cuidados reparadoras, es decir que hay una real dependencia de la actividad económica de los cuidados desempeñados principalmente por las mujeres.
La responsabilidad de todo la tiene el capitaloceno
Esta es la huella creada por el “Capitaloceno”, término que apunta a una crisis capitalista cuya responsabilidad no es de toda la humanidad, sino de un sistema específico, o en palabras ecofeministas un «Faloceno» o un «Androceno», al tratarse de dominios ejercidos por el homo economicus, es decir el “hombre” blanco, burgués y heterosexual, a través de un paradigma que ha consolidado el sexismo, el racismo y el colonialismo y que impulsa un ecocidio que no está llevando al borde del colapso. Además, como se lleva denunciando desde hace tiempo tanto a nivel activista como académico, desde los feminismos y colectivos ecologistas y antirracistas, no es una “etapa” del capitalismo, ni una forma económica o un “problema solucionable” de economías específicas, sino que se trata de un rasgo constitutivo del capitalismo global como economía-mundo, que usa la crisis y otras formas de control (violentas) como condición necesaria para el funcionamiento de la acumulación capitalista a escala mundial.
La economía capitalista fomenta un mundo donde una minoría especifica representada por varones occidentales de mayoría blanca detiene la riqueza y es responsable de la contaminación tanto como los dos tercios más empobrecidos de la humanidad. Es por ello, que la Economía Feminista (EF) se presenta como un enfoque crítico de la economía y visibiliza la desvalorización sistemática del trabajo de los cuidados y de reproducción de la fuerza de trabajo: asimismo, denuncia la separación entre producción y reproducción mediante la división sexual del trabajo y las distintas discriminaciones existentes en el mercado laboral, lo que provoca desigualdades que no se pueden solucionar solamente estableciendo nuevas actividades productivas. La EF aporta un compromiso político para la construcción de sistemas socioeconómicos justos a partir de reconocer que la economía va más allá del mercado lucrativo, incorporando el trabajo de cuidados no asalariado como parte fundamental del circuito económico; y analiza el trabajo de cuidados como aspecto fundamental para comprender las relaciones desiguales de género y consecuentemente la división sexual del trabajo, visibilizando también las relaciones de poder del funcionamiento del sistema económico. De este modo, como explica Cristina Carrasco, la EF nos permite destacar la deuda de cuidados, es decir la inmensa cantidad de trabajo de cuidados y energías afectivas que las mujeres han realizado a los largo de los últimos siglos para mantener la vida.
El trabajo de los cuidados es fundamental para la sostenibilidad de la vida y ha sido históricamente devaluado, de la misma manera que el trabajo de sostenimiento de los territorios y el mantenimiento de los ciclos naturales. Visibilizar el papel central de los cuidados es imprescindible, tratándose de un elemento que no solo sostiene el ecosistema y el mercado, sino que ha sido tradicionalmente desempeñado por las mujeres. Los cuidados son una necesidad básica y deben ser una responsabilidad colectiva, por lo que no puede haber sostenibilidad, ni justicia social, territorial o climática, sin sostenibilidad de la vida. El concepto de sostenibilidad de la vida pretende describir procesos vinculados a la realidad social, no solo a la economía en un sentido cerrado y estático, y es por tanto una apuesta por los conocimientos situados. Por ello, cabe destacar que desde la EF se está reflexionando sobre el Capitaloceno, a partir de la inclusión de la pluralidad de las economías feministas prestando atención a las interacciones entre las opresiones género, etnicidad, y clase en distintos territorios urbanos y rurales del sur y norte global.
Momentos para el encuentro
En este sentido, estamos tejiendo alianzas internacionales para construir Economías Feministas y proponer alternativas comprometidas con la justicia ecosocial. Hoy comienza hasta el 28 de marzo, El primer encuentro de Economía Feminista de Abya Yala, en Buenos Aires, Argentina, en la escuela de interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martin.
La temática principal del Encuentro será en torno a la consigna “Desde las Economías Feministas, politicemos el malestar”, donde se propone reflexionar, debatir y diseñar estrategias de lucha en torno a seis grandes temas como: la potencia transformadora de los cuidados; el sistema financiero, deudas y dinero; la contra la ultraderecha: interpretar y enfrentar su avance; los procesos sociales críticos para construir una resistencia común; los tiempos y miedos del sistema como control cultural, social y político y las expresiones artísticas-culturales desde la Economía Feminista.
Otro encuentro importante seguirá en octubre en Sevilla, el IX Congreso de Economía Feminista, lo días 2, 3 y 4 de octubre de 2025, donde también pretendemos reflexionar sobre la actualidad del Capitaloceno desde los diversos enfoques de las Economías Feministas, estructurándose en torno a diferentes ejes temáticos.
Estos encuentros responden a la necesidad de reflexionar colectivamente sobre las consecuencias biocidas, sexistas y racistas del capitalismo global entrelazando miradas académicas con experiencias sociales, para articular respuestas desde las Economías Feministas, y hacer frente al conflicto capital/vida, para permitir una real sostenibilidad de la vida.