Opinión
Bicicletas eléctricas contra la guerra o cómo una subvención podría hacernos menos dependientes del petróleo
Gabinete económico de CCOO
El conflicto en Oriente Medio no da signos de amainar. Incluso está escalando con el avance de los hutíes en Yemen y el riesgo que supone para el estrecho de Bab el-Mandeb y también para la producción petrolífera en Arabia Saudí. Esto, junto con la continuación de la guerra en Ucrania, implica que la capacidad de producción y de transporte de petróleo y de sus derivados seguirá limitada. Por lo tanto, continuará habiendo escasez de productos refinados del petróleo, como la gasolina, el diésel o el queroseno.
Esto implica, a su vez, una dinámica creciente de precios hasta que la demanda se reduzca lo suficiente en el mundo como para compensar esos recortes de producción, ya que en la actualidad no hay capacidad de refino sin utilizar en países no afectados por conflictos geopolíticos y las perspectivas de electrificación hacen que no vayan a construirse nuevas refinerías o que las petroleras se lo piensen dos veces antes de hacerlo.
Frente a esta situación, en la que podemos esperar precios altos del combustible, necesitamos medidas que alivien rápidamente a la población de los costes adicionales que esto supone.La forma más eficaz de aliviar a la población del coste del combustible es facilitar que pueda dejar de utilizarlo.
Los ejemplos de Alemania y China nos permiten ser optimistas y creer realmente que podemos lograr reducir el consumo de petróleo en el transporte de manera rápida. Así, en Alemania la penetración de vehículos eléctricos (coches, bicicletas, autobuses) y el uso de transporte público ha permitido que desde que empezó la guerra de Irán el consumo de diésel haya caído un 6% y en China ha permitido una reducción de un 16% en el petróleo utilizado para transporte en los primeros meses de la guerra de Irán.
Solo en Alemania se vendieron el año pasado casi dos millones de bicicletas eléctricas y, en países como China, el número se cuenta por decenas de millones
En estos países, esos ahorros se han conseguido gracias a la combinación de distintos tipos de vehículos eléctricos. Así, aunque en Alemania hay 2 millones de coches eléctricos en las calles, también hay 17 millones de bicicletas eléctricas que contribuyen incluso más a esa reducción en el consumo. Por eso, aunque muchas veces los coches eléctricos se plantean como la solución para la electrificación del transporte, y más allá de la capacidad del transporte público para facilitar este cambio de modos de transporte —siempre con la dificultad de que resulta complicado ampliar su capacidad en cantidades significativas en lugares o rutas que ahora mismo no disponen de ella—, el desarrollo y el bajo precio de las bicicletas eléctricas nos proporcionan una oportunidad que no podemos dejar pasar.
Solo en Alemania se vendieron el año pasado casi dos millones de bicicletas eléctricas y, en países como China, el número se cuenta por decenas de millones. La capacidad de producción de bicicletas eléctricas, en términos de unidades, es muy superior a escala mundial a la de los coches, también porque son mucho más fáciles y baratas de fabricar y, por lo tanto, esto facilita que su despliegue pueda ser mucho más rápido.
Estas bicicletas pueden permitir a sus propietarios moverse distancias en el entorno de 10 km en tiempos inferiores a media hora, y por lo tanto son capaces de cubrir las necesidades de transporte diarias de millones de personas en España. Esto es especialmente cierto en ciudades medias y densas como muchas de las existentes en España.
Por ejemplo, una ciudad de casi un millón de habitantes como Valencia tiene una distancia entre extremos de entre doce y quince kilómetros, de tal forma que muchos de los desplazamientos de sus ciudadanos se pueden cubrir sin problemas con bicicletas eléctricas. Esta capacidad de las bicicletas eléctricas para cubrir las necesidades de movilidad se cumple incluso en grandes zonas urbanas como Barcelona o Madrid.
Una subvención de 400 euros por bicicleta eléctrica se podría facilitar el acceso de la población en España a un millón de bicicletas eléctricas a lo largo de los próximos meses
Por esta razón, para afrontar la actual crisis de precios del combustible, más allá de facilitar el teletrabajo o la transición al transporte público de cuanta más gente mejor, hay que apostar por un despliegue a gran velocidad de las bicicletas eléctricas, con un programa de subvenciones similar, por ejemplo, al que está poniendo en marcha Barcelona, de 400 euros por cada e-bike. Estas bicicletas eléctricas deberían cumplir, en todo caso, unos estándares mínimos para garantizar que duren y que tengan una calidad suficiente, como podrían ser frenos hidráulicos y una garantía suficiente tanto para el cuadro como para el motor y la batería eléctrica, que son los componentes más importantes.
De esta forma, con una subvención de 400 euros por bicicleta eléctrica se podría facilitar el acceso de la población en España a un millón de bicicletas eléctricas a lo largo de los próximos meses. Dado que este tipo de bicis recorrieron trayectos medios de 5,6 km en Países Bajos en 2023, y asumiendo que los nuevos usuarios las utilizasen al menos para ir y volver a sus trabajos, cada bici sustituiría trayectos en coche de 11,2 kilómetros diarios. Eso, dado el consumo habitual de los coches de combustión en entornos urbanos (alrededor de 7 l/100km) y el precio actual subvencionado del diésel (1,905 euros por litro), implicaría un ahorro de 343 euros anuales en combustible por cada bicicleta sólo en trayectos al trabajo.
Todo ello se conseguiría por sólo 400 millones de euros, poco más de un tercio del dinero que se dedicó a subvencionar la gasolina y el diésel sólo hasta junio
Esto, a su vez, implicaría un ahorro anual sólo en trayectos al trabajo de 343 millones de euros y evitaría la emisión de medio millón de toneladas de CO2 al año. Todo ello se conseguiría por sólo 400 millones de euros, poco más de un tercio del dinero que se dedicó a subvencionar la gasolina y el diésel sólo hasta junio (1.168 millones).
La crisis energética provocada por la guerra exige respuestas inmediatas, pero eso no significa que tengan que ser soluciones temporales. Podemos volver a gastar miles de millones en subvencionar gasolina y diésel y esperar a que la próxima subida de precios nos obligue a hacerlo de nuevo, o podemos utilizar una parte de esos recursos para reducir estructuralmente nuestra dependencia del petróleo. Facilitar el acceso a un millón de bicicletas eléctricas sería una medida barata, rápida de desplegar y beneficiosa tanto para los bolsillos de sus usuarios como para el conjunto del país. Las guerras pueden encarecer el petróleo; lo que está en nuestras manos es conseguir que cada vez necesitemos menos.
*El artículo es una opinión del autor y no una propuesta del Gabinete económico de CCOO.
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