Camellos: diez años de música basada en el compromiso y el humor

El grupo de rock Camellos ha cumplido una década de vida y se mantiene en forma, a pesar de algunos golpes recibidos. Gajes del oficio, aunque este no sea, en su caso, el que paga las facturas.

Hace diez años, Fer Naval y Frankie Ríos —que en ese momento tenían proyectos musicales en inglés por separado— decidieron juntarse con Tommy DeWolf y Jorge Beltrán para crear una banda como entretenimiento. Fieles a su personalidad, que marcaría la idiosincrasia de lo que vendría después, decidieron nombrarla Camellos: un poco como ironía por todos los grupos que nacían en Madrid con nombres de animales en esa época —¿quién llamaría así a una banda para hacerse el guay?— y otro poco por el doble significado que conlleva.

El cuarteto que creó la banda como puro divertimento ahora es un quinteto desde que se sumó Abel Naval. Hace unas semanas celebró su décimo aniversario con un sold out en La Riviera. Una duración luchada, más si tenemos en cuenta lo complicado que es sobrevivir en este ámbito, en la que siempre han mantenido su esencia: el doble juego entre confrontación y bromas.

Así al menos lo cree Naval, quien echa la vista atrás con El Saltoy explica que esas dos ideas son lo que ha sido y es Camellos, pero también la relación entre sus integrantes. “Esa forma de relacionarnos entre nosotros acabó traspasándose a la banda. Como hablamos a través del grupo es como lo hacemos entre nosotros. Eso es lo que creo que hace que tanta gente se sienta afín, porque nacen de ese compadreo”, explica.

Un hilo conductor del que se sienten muy orgullosos, ya que demuestra que han sido fieles a una idea similar sin que la gente sienta que se están repitiendo. Algo que ilustra con un ejemplo: “Cuando escucho que dicen que una canción es muy Camellos, no veo que nos estemos repitiendo, sino que somos nosotros hablando de una cosa y de otra. A pesar de que esto pueda ser algo negativo para la mayor parte de grupos, para nosotros es al revés: ser fieles a nosotros mismos demuestra que de alguna forma lo anterior no era impostado ni nos ha cambiado el hecho de que la música vaya mejor”.

Bromas comprometidas

Unas bromas, una ironía, que utilizan para hablar de cosas muy serias: en sus letras hay precariedad, crisis de vivienda o conspiración, entre otros muchos males actuales, todo tratado desde un tono muy humorístico. Algo que Naval dice que se debe a que a ellos les gusta hablar de la importancia de las cosas desde el humor, “ya que creemos que hay otros lenguajes desde los que se pueden tratar estas cosas”.

Unas palabras que, más allá de la canción, tienen compromiso detrás. Muestra de ello es cuando se bajaron del cartel del FIB después de que El Salto publicase que el fondo KKR se había hecho con Superstruct Entertainment, grupo que organiza ese festival. “Al principio hubo un intento de tomar una decisión colectiva para que fuera más potente, pero al final en las bandas, igual que con la gente, es muy difícil colectivizar las decisiones. Por eso, cuando vimos que más ruido podíamos hacer y pudimos, tomamos la decisión”, explica.

Un enfoque político que, sostiene, otros grupos deberían replicar. “Aunque creo que piensan en ello, y más ahora en esta época de conflictos y problemas sociales, lo que intentan es mirar hacia otro lado. Pero, aunque sea con su lenguaje, su forma de hablar o sus relaciones personales, deberían darle valor a lo que está sucediendo o hablar de ello. Porque si no parece que vivimos en algo inventado, como en un lugar que nos gustaría estar pero que no existe en ningún lado”, cuenta.

La vida real de la mayoría de grupos

Una vida irreal que también se muestra en la desprotección. Como ocurrió con el festival Tomavistas, que anunció su fin hace unos meses por una presunta insolvencia, dejando una serie de deudas que habrían llevado a que muchos músicos y trabajadores no cobraran. “No te sientes protegido de ninguna manera. Tomavistas es el ejemplo de la impunidad. Ni FOGASA ni hostias: como no estabas en nómina, aunque había contrato, no cobras. Esto muestra la falta de valor de la música, lo que se traduce en que las leyes no nos protegen de nada”.

Una injusticia ante la que Naval no entiende que nadie, al menos de los que estaban en el cartel, lo critique. “Parece que todos queremos ser superestrellas y que no podemos hablar de nada. La ley del silencio que impera en España en todos los sentidos, en la música es impresionante. Nadie dijo nada ni a nivel prensa ni nada. Prefieren hablar de otras cosas, entiendo. Yo siempre voy a respetar a mis compañeros, pero es verdad que te sientes solo y piensas si es por amiguismo o por qué”.

Camellos - 5

El músico cree que se debe a una mezcla de cosas: por un lado, la intención tanto externa como interna de convertir la música en un paraíso en el que estamos todos a gusto, y, por otro que somos artistas a los que el dinero y las hipotecas no van con nosotros. “Pero si te pones a rascar, ves que realmente sí que están metidos en la vida real, pero en muchos casos no quieren dar esa imagen. Como si los problemas mundanos no les afectaran. Me entristece ver eso, pero es algo con lo que he convivido toda mi vida musical, no me quejo de ello por el FIB o el Tomavistas”.

Sobrevivir con una doble vida

Que no hayan recibido todavía el dinero por su trabajo en el Tomavistas o que se bajaran del cartel del FIB fueron golpes duros para la banda, pero no han acabado con su carrera porque, como reconoce Naval, ellos no están en la música por el dinero. “El hecho de tomar una decisión sintiendo que no estás dejando de comer ese mes también nos ha hecho durar estos años y llevarnos bien. Nadie siente que le está jodiendo el pan a su compañero por tomar una decisión política. Ese es el precio que se paga y que todos deberían saber”, cuenta.

Por ello también entiende la situación de algunos compañeros que sí que acudieron. Y se muestra duro con los que los criticaron. “Sobre todo los que se pusieron a decir en redes sociales ‘tu dinero está manchado de sangre’ a los que iban. Nos ponemos muy vehementes, pero todos hacemos lo que podemos. Y algunos no hacen absolutamente nada, pero desde internet se vienen muy arriba”.

Una especie de libertad que es también una trampa, ya que encierra una doble vida con un trabajo de lunes a viernes que tiene que compaginarse con el de músico. Aun así, intenta sacar el lado positivo y afirma que eso es lo que hace que Camellos tenga una identidad propia: “El hecho de tener unas vidas atravesadas por lo que todos los demás más o menos tienen nos hace ser nosotros también. Y aunque complica todo, forma parte de nuestra personalidad. No me hace especial gracia, porque me gustaría quitármelo de encima para tener una vida más ordenada, pero intento quedarme con lo positivo. Como ceder la importancia creativa o lo que quieres decir a pensar cuántos discos quieres vender. Algo que nunca he sentido y que me hace sentir afortunado”, finaliza.

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