Opinión
Y en esto llegó Leonor

Un breve mensaje para su Alteza Real, hoy convertida en compañera de estudios: no es nada personal, Leonor. Nada querríamos más, de hecho, que liberarte de las ridículas obligaciones del cargo.
Jura de la Constitución Princesa Leonor 1
Jura de la Constitución Princesa Leonor Casa Real
Militantes de la OES (Organización Estudiantil Socialista)
9 sep 2026 05:00

La Universidad Carlos III de Madrid amanecía ayer rodeada de una intensa presencia policial. En espera de la llegada de nada menos que la heredera al trono español, los agentes se afanaron en arrancar la propaganda de las organizaciones estudiantiles —todo sea por no ofender la sensibilidad de su alteza real— mientras el mismísimo rector corría, como buen vasallo, a dar la bienvenida a su nueva alumna.

“La Princesa Leonor inicia como una alumna más el grado de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III” titulaba ayer el diario El Mundo. Al rector, entendemos, debió olvidársele salir a recibir al resto de alumnos, que por lo que sea tampoco contaban con escolta ni la atención de cientos de cámaras, ni disfrutarán de los amplios privilegios de una nueva alumna que al parecer ya ha informado que algunas clases las pisará bien poquito, que el cargo ocupa tiempo. 

Al menos desde que las élites políticas españolas impusieron una monarquía puesta a dedo por Franco a un pueblo que —según la tardía confesión de Adolfo Suárez— la hubiera rechazado en referéndum, la prensa oligárquica ha hecho lo imposible por presentar a los monarcas presentes y futuros como “tipos corrientes”, normales, de andar por casa. Uno más, vaya. Cuando dejó de ser posible ocultar que las actividades “corrientes” del campechano Rey Juan Carlos incluían la corrupción a gran escala y la caza de elefantes se puso en marcha una operación de restauración en la que Felipe, y a la postre su hija y heredera, pasarían a cargar el título de “individuos corrientes”. 

No hay duda, eso sí, de que la universidad hará lo posible por ocultar a Leonor estas feas realidades, así como la existencia de alumnos y trabajadores antimonárquicos, en una especie de ‘Goodbye Lenin!’ pero en borbónica

Más allá de esta farsa, la mezcla de servilismo institucional, blanqueamiento mediático y ataques contra los derechos políticos del alumnado que vimos ayer marcarán sin duda la tónica de los “estudios” de una Leonor que aterriza en una universidad pública estrangulada por la falta de presupuesto, agarrotada por el burocratismo y atenazada por una ofensiva cada vez más directa contra las capacidades de organización y protesta de los estudiantes. Una universidad pública que, dicho sea de paso, acoge a futuros monarcas mientras desplaza, de forma lenta pero inexorable, a los estudiantes de clase trabajadora, enfrentados a tasas disparadas y todo tipo de trabas para compaginar los estudios con el trabajo asalariado. Si a ello le sumas una legión de profesores precarios —que, en el caso de los sustitutos, reciben salarios de unos 400 euros por una dedicación semanal que difícilmente desciende de las 20 horas— servicios de limpieza subcontratados e igualmente precarizados y seguratas envalentonados, te queda un cuadro tan deprimente como realista. No hay duda, eso sí, de que la universidad hará lo posible por ocultar a Leonor estas feas realidades, así como la existencia de alumnos y trabajadores firmemente antimonárquicos, en una especie de Goodbye Lenin! pero en versión borbónica. 

Por la parte que nos toca —aunque solo fuera porque muchos de los carteles que ayer arrancó sistemáticamente la policía eran los carteles de presentación de la Organización Estudiantil Socialista, a la cual pertenecemos— nos gustaría introducir una voz discordante en el coro de vasallos agradecidos que ha acompañado la llegada de la Princesa a la universidad. Pues lo que parece esperar a los alumnos plebeyos, que no contamos con el dudoso privilegio de que un genocida como Franco eligiera a nuestro yayo como sucesor, son años en los que el deprimente cuadro antes descrito se verá acompañado por una presencia policial asfixiante, infiltraciones policiales y el ojo atento del CNI monitorizando la situación. 

En respuesta, no cabe menos que recordar a su Alteza Real, pero también a su coro de palmeros, que existe una nueva generación de estudiantes comunistas organizados; estudiantes que hacen suyo el compromiso de empujar a la monarquía, junto con el resto de instituciones capitalistas, al basurero de la historia. El nuestro no es el blando republicanismo de quien aspira a un Estado capitalista sin monarca, sino un republicanismo socialista que aspira a ver a los trabajadores en el poder y quebrar aquellos pilares sobre los que se sostiene la monarquía española: la negación de la democracia, incluido el derecho de autodeterminación de los pueblos, y el capitalismo explotador. 

Querríamos concluir con un breve mensaje para su Alteza Real, hoy convertida en compañera de estudios: no es nada personal, Leonor. Nada querríamos más, de hecho, que liberarte de las ridículas obligaciones del cargo, del peso de la corona y la asfixia del protocolo, de la ansiedad de no encontrar el baño entre las muchas habitaciones de los palacios y otros males propios de la realeza; nada querríamos más, en fin, que permitirte acceder a una vida en que pudieras dedicarte realmente a servir a los intereses del pueblo, como hiciera años atrás la revolución china, que salvó al emperador de la infamia del cargo para convertirlo en algo realmente digno y útil: un jardinero. 

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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