Opinión
Pasar del qué puedo hacer al qué debemos hacer

Es el momento de organizarse, de responder y de reaccionar, no podemos dar por perdido el pulso con la Historia.
AntiUS billboard in Tehran
5 mar 2026 06:00

Me gusta empezar todos mis artículos con un pequeño párrafo de contexto en el que presento la situación que me ha llevado a escribirlo, sin embargo, creo que voy a prescindir de ello porque el momento histórico que me ha llevado a hacerlo en esta ocasión está más que claro.

No es el primero que escribo, ni será el último, sobre el clima geopolítico del último año, año y medio, pero creo que ya no basta con la escritura, tampoco basta con la lectura, nunca fue suficiente, ahora todavía menos. Es el momento de organizarse, de responder y reaccionar ante el mundo de destrucción al que nos están empujando las élites.

El estudio de la Historia nos ha dejado la impresión de que los momentos clave de la misma vienen envueltos en cierta epicidad, cuando realmente acontecen en medio de la más absoluta cotidianeidad.

Cuando cayó Lehman Brothers yo estaba yendo al colegio, cuando se barajaba confinarnos por el covid yo estaba recogiendo un premio de un concurso de relatos.

Trump secuestró a Maduro de un día para otro, sin preaviso alguno, y ahora mismo en Oriente Medio se está gestando un conflicto sin igual mientras me tomo un café con leche.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Kafka fue a nadar esa tarde.

La Historia no avisa, simplemente sucede y nos arrolla a su paso.

Es muy tentador usar eso como pretexto para no participar activamente de ella, qué se puede pretender a nivel individual frente a la fuerza de un río embravecido, no somos más que palitos siendo arrastrados por la corriente. 

Y he ahí el principal problema, ha sido el individualismo, el pensamiento de uno solo frente a todos, lo que nos ha traído a este momento. La solución no pasa por héroes o figuras épicas haciendo frente a la Historia, tiene que basarse en la organización, en lo colectivo. Millones de palos son capaces de construir un dique que contenga el río más bravo.

Cuando lo piensas con retrospectiva te das cuenta de que haber llegado hasta este punto es fruto del trabajo organizado de las élites, al nivel de los cirujanos con el mejor pulso, en concreto, el equipo del quirófano ha sido capitalismo, neoliberalismo e imperialismo, con la asistencia incuestionable de supremacismo occidental y desinformación.

Todo comenzó en el siglo pasado cuando se asentó la premisa ideológica de que todo aquello que no orbite alrededor de EEUU es malo malísimo, y, por extensión, que el país norteamericano es el ideal a alcanzar por el resto del globo.

Todo comenzó en el siglo pasado cuando se asentó la premisa ideológica de que todo aquello que no orbite alrededor de EEUU es malo malísimo, y, por extensión, que el país norteamericano es el ideal a alcanzar por el resto del globo.

Nos hemos atiborrado a propagando yanki en formato Hollywood.

Ya en este siglo, mucho más reciente, se empezó a perfilar el nuevo enemigo, una vez derrotados los comunistas come niños (paradójicamente resultaron ser las élites estadounidenses las que hacían eso, pero esto da para otro artículo): toda cultura diferente a la occidental, en concreto, todo lo relacionado con el mundo islámico. Así, se desposeyó de identidad humana a la población musulmana o de origen en países musulmanes para colocarles la de terroristas y, por ende, de peligro para nuestro sacrosanto Occidente.

Muchísimo más reciente, de los últimos años, nació el último ingrediente de esta combinación explosiva: la posverdad y el gobierno de los bulos. A esto añadamos todo lo relacionado a los comportamientos parasociales derivados del consumo excesivo de internet, la desensibilización que eso ha provocado, y la construcción por ello de una masa que no está informada, que no quiere estarlo salvo para confirmar sus sesgos y, además, que busca la sencillez emocional, por lo que no se comprometerá ni cuestionará ninguna situación compleja, como puede ser un conflicto armado o el genocidio.

La gran pregunta ahora es: ¿qué hacemos con eso?, ¿cómo derrotamos a un pasado contaminado por la propaganda?, ¿cómo revertimos décadas de adoctrinamiento, de sumisión y de supresión del racionamiento? 

La respuesta la decía al principio: es el momento de organizarse, de responder y de reaccionar, no podemos dar por perdido el pulso con la Historia, y no podemos abandonar en la corriente a todos aquellos que todavía no saben nadar, seamos nosotros quienes les enseñemos.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra na túa conta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...