Sari Hanafi: “En la agresión a Irán hemos asistido a una práctica colonial clásica”

El catedrático de origen sirio-palestino analiza los últimos acontecimientos en Oriente Medio, la lenta muerte del derecho internacional y lo que está por venir en la región.
Sari Hanafi
Sari Hanafi, Director del Centro de Estudios Árabes y de Oriente Medio y Catedrático del programa de Estudios Islámicos de la Universidad Americana de Beirut. Foto: AzzamMTomeh. CC0
20 abr 2026 09:32 | Actualizado: 20 abr 2026 13:15

Sari Hanafi es catedrático de Sociología y director del Departamento de Sociología, Antropología y Estudios de Medios de Comunicación de la Universidad Americana de Beirut. También es editor de Idafat, Revista Árabe de Sociología, y vicepresidente de la Asociación Internacional de Sociología y del Consejo Árabe de Ciencias Sociales.

De origen sirio-palestino, Hanafi vivió en primera persona la Segunda Intifada, y tiene una idea clara de lo que está ocurriendo en la región, a pesar de la incertidumbre de estas últimas semanas. A favor de resistir por la fuerza, en su último libro, Contra el liberalismo simbólico. Un alegato a favor de la sociología dialógica (Hipatia Press, 2026), analiza cómo lo que él llama “liberalismo simbólico” se ha impuesto en el nuevo orden internacional.

Acaba de publicar en España Contra el liberalismo simbólico. ¿Qué es el liberalismo simbólico? ¿Es esta contradicción entre lo que decimos y lo que hacemos?
El concepto de ‘liberalismo simbólico’ se articula en base a dos conceptos. El primero es el de la justicia social, en el sentido de que el liberalismo no trata solo de libertades, sino de cómo equilibrar libertad y equidad. A menudo estos dos conceptos entran en tensión. El otro eje es el del pluralismo. Para el liberalismo, el pluralismo es muy importante. Mientras que la sociedad debe acordar una concepción de la justicia, porque se trata de derechos y de redistribución de la riqueza, debería dejar la concepción del bien’ al nivel individual. Y lo que entendemos por concepción del bien es todo lo relacionado con la visión del mundo, nuestro estilo de vida, lo que queremos comer, beber, vestir, etcétera. Lo que quiero decir es que los liberales cada vez más imponen su concepción humanista del bien a la sociedad. El ejemplo que siempre pongo es el del velo musulmán en Francia, que ha sido prohibido en oficinas y escuelas. No solo se ha impuesto una concepción del bien’, sino que la cuestión se ha judicializado, y de manera excesiva. Considero que hay una inflación de los derechos humanos, de su universalidad. Si bien es cierto que fue un momento hermoso en la historia de la humanidad tener la Declaración Universal de los Derechos Humanos, creo que esta debe entenderse de forma abstracta y no concreta. Significa que los españoles deben llegar a su propio sistema de derechos humanos, el Líbano igual, Qatar igual, siempre bajo el paraguas de la Declaración Universal. En el libro pongo diferentes ejemplos, relacionados con la libertad académica, la cultura de la cancelación, el laicismo a la francesa o la sexualidad y la identidad de género.

En el último capítulo, por ejemplo, abordo el tema de la familia. Cuando digo “familia” no me refiero solo a la familia tradicional. La familia es también un concepto amplio. La familia importa, y la forma en que la familia quiere educar a los hijos importa para ellos. Pongo el ejemplo de Suecia, donde, sorprendentemente, cada año se retiran alrededor de 4.000 niños de sus familias biológicas para entregarlos a otras familias. Es una cifra enorme. Para que te hagas una idea; es un 10% más que en Francia. Eso muestra que algo va muy mal. Hay unos servicios sociales, puro ejemplo de liberalismo simbólico, que quieren imponer una cierta forma de educación familiar. Por supuesto, algunas de estas retiradas pueden estar justificadas, no digo que todas no lo estén, pero debe ser el último recurso. Es indignante.

El pueblo iraní vive bajo el infierno de su gobierno, pero en ningún caso podemos aceptar una destrucción masiva

¿Sería un ejemplo de liberalismo simbólico aquellos que justifican la agresión a Irán por parte de Estados Unidos e Israel bajo el pretexto de liberar a la población iraní del régimen de los ayatolás?
Permíteme ir un poco a la historia. Hobbes, Montesquieu y todos estos héroes del pensamiento liberal clásico siempre pensaron únicamente en términos de Estado-nación. Nunca se preocuparon por las colonias. David Hume incluso tiene un texto, y también John Stuart Mill, en el que se dice que hay países que no merecen el liberalismo. Hume hablaba de la esclavitud como algo aceptable; decía que hay naciones que necesitan ser esclavizadas. Un buen ejemplo es Francia, que fue muy activa en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero que tras haber redactado esa hermosa declaración, llevó a cabo una masacre contra los argelinos. Realmente, el liberalismo tiene muy poco en cuenta al otro más allá del nacionalismo; y lo que presenciamos hoy es una práctica colonial clásica. Desde el lado israelí, no se quiere ninguna solución de dos Estados, ni de un Estado, siquiera. Israel promueve un régimen colonial de asentamientos y de apartheid, exactamente como en Sudáfrica. Y los estadounidenses están por el petróleo y la geopolítica. Por eso digo que en esta agresión [la de Irán] estamos ante una práctica colonial clásica. Es evidente que el pueblo iraní vive bajo el infierno de su gobierno. Pero aunque no esté de acuerdo con cómo las autoridades iraníes restringen las libertades, en ningún caso podemos aceptar una destrucción masiva que mate a tantos civiles porque quieran imponer una solución a Irán.

Hablas a menudo sobre cómo la polarización deja poco espacio para el diálogo.
Hay guerras culturales en todos los países. En España hay una continuación de la Guerra Civil entre los franquistas y la derecha por un lado, y las izquierdas por el otro. En el caso de Catalunya, hubo gente que acabó en la cárcel, con condenas muy duras, sin diálogo. Y esta polarización no es culpa únicamente de la derecha populista. Para entender esta polarización necesitamos ver qué hemos hecho nosotros, la izquierda, cómo hemos abandonado a la gente. Nos hemos convertido en izquierda cultural, autoritaria. El mensaje es que tanto el lado conservador como el liberal son responsables de esta polarización. Por eso necesitamos pensar en cómo ampliar los espacios para tener más pluralidad. En mi última visita a Barcelona estuve en el barrio de Verdun y conocí una asociación que trabaja en el aprendizaje de español y el catalán para adultos migrantes. Esta asociación es un espacio de diálogo. No debemos pensar en el diálogo únicamente en términos de conflicto político. Yo, por ejemplo, he sido muy vehemente y crítico con el genocidio israelí en Gaza, pero al mismo tiempo, hace unos meses, estuve con Thomas Piketty y Gilles Sabiro y redactamos una declaración sobre una Confederación palestino-israelí firmada por muchos académicos de todo el mundo. Considero que, incluso teniendo una posición crítica clara sobre algo, siempre hay que encontrar espacios donde podamos relacionarnos cara a cara y hablar. Ahora más que nunca necesitamos espacios de diálogo.

Los derechos humanos se han convertido en una herramienta para los poderosos, y por eso los conecto con la élite liberal, que los usa para imponer su agenda

Desde el 7 de octubre de 2023, también ahora con la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán o el Líbano, se han hecho decenas de análisis. ¿Crees que Oriente Medio aún se lee desde una perspectiva eurocéntrica y colonial?
Respecto a esto, hay dos cosas que decir. En primer lugar, que no se juzga de la misma manera la invasión rusa de Ucrania y la continua ocupación israelí de los territorios palestinos, tanto en Cisjordania como en Gaza. Eso es un hecho. En segundo lugar, y lo que es más grave, es la instrumentalización creciente de los derechos humanos. Los derechos humanos se han convertido en una herramienta para los poderosos, y por eso los conecto con la élite liberal, que los usa para imponer su agenda. Se está acusando a gente de antisemitismo por el hecho de oponerse a Israel. Y, desgraciadamente, salvo en España e Irlanda, las consecuencias son muy serias: hemos visto cómo se ha despedido a profesores universitarios y se ha expulsado a estudiantes de las universidades que protestaban pacíficamente. La consigna “Palestina libre, desde el río hasta el mar”no pretende expulsar a nadie, sino liberar ese espacio de cualquier ideología nacionalista y chovinista. Nadie está pidiendo que los israelíes o los judíos sean expulsados de ese espacio. Simplemente se dice que este espacio no puede convivir en paz con una ideología colonial y nacionalista como el sionismo, más aún con la transformación que ha sufrido. El sionismo tuvo un momento de emancipación hasta cierto punto, ante la persecución de los judíos en Europa en el siglo XIX y principios del XX. Pero esa ideología se transformó y se convirtió en un sionismo liberal simbólico —el de quienes no se preocupan en absoluto por los palestinos y piensan solo en su seguridad— y en un sionismo religioso. Creo que la gravedad de esta guerra, comparada con otras, tiene que ver con el lenguaje horrible teológico que se utiliza. Netanyahu ha hecho referencia, en alguna ocasión, a Amalec [un personaje de la Biblia judía considerado un antiguo enemigo del pueblo de Israel y que, según la tradición, se manifiesta en todas las formas de antisemitismo]. El secretario de Defensa israelí también se ha referido al conflicto como una “cruzada”, y no lo dijo en sentido metafórico: hasta en cinco ocasiones ha asegurado que esta es una guerra del judaísmo y el cristianismo contra el islam. Hace apenas unos días cambió islam por islamismo. Alguien le debió recordar que lo que estaba diciendo era muy grave.

¿Esta situación que estamos presenciando es una fase o realmente estamos ante la reconfiguración del mundo? Está claro que el derecho internacional, que también ha funcionado como herramienta colonial y racista, ha entrado en una nueva etapa. ¿Igual es una buena oportunidad para cambiarlo?
A pesar de todas mis críticas al derecho internacional, históricamente ha establecido algunas reglas, como la Convención de Ginebra, que nos dan un lenguaje común que todos podemos usar para juzgar las cosas. Desde la Segunda Guerra Mundial hay una cristalización de algo parecido a un orden internacional, en lo humanitario, en los derechos humanos y en las relaciones internacionales. Creo que tanto Trump como Netanyahu tienen en común algo que los diferencia de los liberales: dicen exactamente lo que piensan. Netanyahu se ha referido dos veces a Will Durant, el historiador americano que escribió 18 volúmenes sobre la historia de las civilizaciones, quien en la introducción dice que Gengis Kan tuvo más impacto en la historia que Jesús. Por eso cree que lo que le importa es la fuerza, más que la razón. Estamos ante un desorden internacional, ante el fin de la ONU como institución reguladora; lo hemos visto en Venezuela o en Gaza. Han aparecido otros actores, y no son políticos: son promotores inmobiliarios.

Israel tiene manos libres para continuar el genocidio a una baja intensidad: continúa matando gente simplemente para reducir el número de palestinos en Gaza, para convencer a los que quedan de que se vayan

¿Crees que el genocidio en Gaza ha cambiado la percepción de Israel en el mundo? ¿Puede el antisionismo transformarse en antisemitismo?
Sí, existe esa posibilidad. He seguido este asunto de cerca. En Alemania, el año pasado, una encuesta incluía preguntas sobre antisemitismo, entre ellas si se cree que los judíos tienen más poder del que les corresponde por su tamaño. Y en ese punto, la posición de los migrantes, y en particular de los migrantes musulmanes, mostraba que un buen porcentaje respondía que sí. Sin embargo, en el contexto actual, ese tipo de preguntas como indicador de antisemitismo hay que tomarlas con mucha cautela y decodificarlas correctamente. Pero sí, desafortunadamente, podría aumentar el antisemitismo. Sin embargo, yo aquí siempre me pregunto: ¿cuáles son las consecuencias del antisemitismo comparadas con las de la islamofobia? Ahora mismo en Europa el fenómeno principal es la islamofobia. De hecho, es un fenómeno en el que convergen la derecha y los liberales de izquierda que apoyan a Israel. No debemos olvidar que en muchos lugares, como Alemania, una parte de la izquierda apoya a Israel.

¿Qué pasará con Gaza, desde un punto de vista sociológico? ¿Qué significa destruir no solo vidas sino una sociedad entera?
Es inimaginable. Tengo un estudiante que ha perdido a 16 miembros de su familia: todos sus hermanos, todas sus hermanas, su madre, su padre, sus tíos, sus primos. Se necesitará un plan de reconstrucción, pero nada será posible si no se lleva a cabo una retirada israelí. Incluso un país como los Emiratos Árabes Unidos (EAU) ha dejado claro que si quieren que se invierta dinero [en la reconstrucción del enclave], primero hay que llegar a una solución política. Sin embargo, Israel tiene manos libres para continuar el genocidio a una baja intensidad: continúa matando gente simplemente para reducir el número de palestinos en Gaza, para convencer a los que quedan de que se vayan. Legalmente, se trata de una continuación del genocidio; y lo que vendrá después dependerá de cómo evolucionen las cosas. Indonesia y dos o tres países más han decidido enviar militares, y creo que eso podría forzar a Israel a no bombardear de forma arbitraria. Pero todo esto se ha retrasado a causa de la guerra con Irán. El foco ya no está en Gaza. Sin embargo, Gaza muestra una resiliencia increíble.

¿Crees que la agresión de Estados Unidos e Israel puede fortalecer el nacionalismo iraní?
Es exactamente lo que ha pasado. ¿Quién habla hoy del hijo del Sha? Está completamente desacreditado. Y la diáspora... Tengo dos colegas iraníes que van a publicar un libro sobre el comportamiento de la diáspora iraní, y en nuestra última conversación me dijeron que hay muchos más que dicen “estamos contra el régimen, pero el cambio de régimen no funciona así”.

Nadie va a convencer a ningún iraní de que no debe producir misiles, porque producirlos es fundamental para su supervivencia, no solo como régimen, sino como país

Estados Unidos esperaba que el pueblo iraní se levantara contra el gobierno, pero no ha ocurrido; porque la represión es brutal pero también porque una parte importante del pueblo iraní no quiere una injerencia estadounidense.
Exactamente. El régimen iraní tiene dos problemas. Primero, la libertad de la ciudadanía y la imposición de la moral pública. El segundo, las sanciones: venden petróleo a un 13% menos del precio de mercado, lo que empobrece a la población. Por otra parte, el régimen es intransigente en el aspecto nuclear. Ahora sabemos, sin embargo, que esto es un pretexto [usado por Estados Unidos e Israel]. [Los estadounidenses] no solo quieren que Irán deje de enriquecer uranio, sino que también piden el control de la producción de misiles. Hoy en día, nadie va a convencer a ningún iraní de que no debe producir misiles, porque producirlos es fundamental para su supervivencia, no solo como régimen, sino como país.

¿Cuál es el estado de salud de Hezbolá?
Creo que Hezbolá, como Hamás, es una idea y siempre habrá nuevos reclutas. En un informe publicado por Yediot Ajronot basado en los datos que maneja la inteligencia israelí se asegura que desde 2024 hay 4.500 nuevos miembros de Hezbolá. Esto te da una idea. Sobre si la milicia está debilitada… Por supuesto. El hecho de que Siria se muestre neutral podría interrumpir el transporte de armas, y eso los hace vulnerables. Pero creo que Hezbolá, como Hamás, puede hacer muchas cosas dentro del Líbano. Hace algunos días vi imágenes de soldados de Hezbolá con antitanques producidos en el país, más grandes que los de Gaza, pero fabricados localmente.

Por último, ¿cuáles son los escenarios para la región?
Creo que Israel someterá por la fuerza, aunque tampoco estoy del todo seguro. Hamás y Hezbolá son ideas, no solo líderes o combatientes. Pueden emerger en cualquier momento cuando la injusticia colonial se perpetúe de otra forma. No creo que Israel esté progresando en la normalización de la región. Incluso Arabia Saudí ha endurecido su posición. Mi escenario [esta entrevista se hizo previamente al alto el fuego entre Irán y Estados Unidos] es que los estadounidenses no aguantarán [en la guerra con Irán] más de dos semanas; les cuesta casi 15.000 millones por semana, y eso es muy caro. Intentarán encontrar una solución. Pero mi temor es que haya un enredo entre el caso iraní y el libanés, y en ese caso Israel tendrá manos libres para ocupar el sur del río Litani, lo que significaría que alrededor de un millón de libaneses quedarían desplazados durante mucho tiempo. Eso es lo que más me preocupa.

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