El Consell inyecta de urgencia 1,3 millones de euros al Institut Valencià de Cultura para evitar su colapso

La entidad, descabezada tras la dimisión de López-Jamar como director gerente, mantiene bloqueada la adhesión de los municipios al Circuit Valencià de Cultura.
Carmen Ortí Ferre Peréz Llorca
La consellera de Educación, Cultura y Universidades, Maria del Carmen Ortí Ferre jurando su cargo ante Pérez Llorca, President de la Generalitat. Foto: GVA
22 jun 2026 06:00

La Conselleria de Educación, Cultura y Universidades está a punto de convertirse en el Titanic del Consell que preside Juanfran Pérez Llorca. Y no solo por el choque que el departamento que dirige la consellera Carmen Ortí acaba de sufrir contra el gigantesco iceberg de la histórica huelga de docentes, un conflicto que lejos de encauzarse amenaza con reactivarse el próximo curso.

La cultura, la otra gran área de gestión de la Conselleria, hace tiempo que se convirtió en un barco que hace aguas por babor y por estribor. Buena prueba de ello es la agónica situación del Institut Valencià de Cultura (IVC), entidad responsable de ejecutar las líneas principales de la política cultural de la Generalitat, cuyo director general, Álvaro López-Jamar, presentaba su dimisión la pasada semana.

La asfixia del IVC es de tal magnitud que el Consell tuvo que aprobar una inyección urgente de de 1,3 millones de euros, al carecer de recursos suficientes para llevar a cabo la programación cultural de lo que resta de año

La asfixia del IVC es de tal magnitud que este 12 de junio el Consell tuvo que aprobar una nueva inyección urgente de fondos, por valor de 1,3 millones de euros, al carecer de recursos suficientes para llevar a cabo la programación cultural de lo que resta de año. Esta es la segunda aportación extraordinaria que recibe en lo que va de año. El pasado febrero la Generalitat ya tuvo que aportar 6 millones adicionales al reconocer que, en apenas dos meses, se había quedado sin crédito para ejecutar sus funciones.

Con esta nueva modificación el presupuesto prorrogado del IVC se sitúa en 40,9 millones de euros, una cifra que cuando se aprueben los nuevos presupuestos para 2026 pactados por PP y VOX se incrementará hasta los 48 millones. Sin embargo, pese a este incremento, el organismo acumula un recorte del 18,2% respecto al último presupuesto del Botànic que situaba la partida destinada al IVC en 58,7 millones.

La consecuencia de esto es el bloqueo de su capacidad real de gestión. El pasado noviembre, la asociación de gestores culturales daban la voz de alarma ante el hecho de que el IVC se planteara publicar en abril la convocatoria para que los ayuntamientos pudieran adherirse al Circuit Cultural Valencià, herramienta clave no solo para la vertebración territorial, sino también para la supervivencia de muchas compañías teatrales valencianas que dependen en gran medida de los contratos de esa programación de los municipios.

A juicio de los gestores culturales, esa previsión era inasumible porque los plazos de tramitación iban a provocar que, en la práctica, el Circutit no estuviera operativo hasta septiembre. Si ese escenario ya era negativo, la realidad lo tiñe todavía más de negro: superada la segunda mitad del mes de junio, la convocatoria para que los municipios se adhieran al Circuit Cultural Valencià sigue sin publicarse.

Los recortes se convierten en una práctica común de la política cultural de la Generalitat

En cualquier caso, estos recortes presupuestarios no han afectado solo al IVC, sino que se han convertido en una práctica común de la política cultural del Consell. Las cifras previstas en la propuesta de presupuesto para 2026 acumulan un recorte del 20% en la partida destinada al Institut Valencià de Art Modern, que de 16,3 millones de euros en 2023 pasará a tener este año 12,9 millones. El tijeretazo todavía es mayor en el Consorcio de Museos, entidad que paradójicamente es la responsable de gestionar el proyecto cultural estrella de la Generalitat: el acuerdo con la Hispanic Society para traer a Valencia su colección de Sorolla. Si los últimos presupuestos del Botànic incluían una dotación para el Consorcio de 13,4 millones, las cuentas pactadas por PP y VOX para este año la sitúan en 6,9 millones, lo que supone un recorte acumulado del 48,5% desde que comenzó la actual legislatura.

Pero los problemas en la política cultural de Conselleria no son solo económicos. Tanto o más importante ha sido el continuo baile de nombres al frente de los cargos de responsabilidad. Empezando por la cabeza misma de la Conselleria: desde que el PP conquistó la Generalitat en mayo de 2023 ya van tres conselleres distintos. El primero, el extorero ultraderechista Vicente Barrera, no estuvo ni un año al frente de la conselleria, al dejar el cargo tras la salida de VOX del Consell. Su sucesor, José Antonio Rovira, gestionó el departamento un año y cinco meses, hasta que la remodelación provocada por la dimisión de Carlos Mazón y la investidura de Pérez Llorca le reubicó al frente de Hacienda, desde donde, eso sí, sigue ejerciendo una fuerte influencia presupuestaria en Educación y Cultura.La actual responsable, Carmen Ortí, lleva seis meses al frente de la conselleria y su máximo horizonte es mayo de 2027 cuando está previsto convocar nuevas elecciones.

Especialmente ruidosa fue la destitución de José Luis Pérez Pont tras una exitosa gestión como director gerente del Consorcio de Museos; su despido fue posteriormente declarado improcedente

Si eso ocurre en la cúspide, los cambios en los escalafones inferiores de la Conselleria y los organismos dependientes se han multiplicado en estos tres años. Direcciones generales y subsecretarias se han convertido en un auténtica gincana de nombres. En algunos casos, los ceses han estado envueltos de polémica. Especialmente ruidosa fue la destitución de José Luis Pérez Pont tras una exitosa gestión como director gerente del Consorcio de Museos; su despido fue posteriormente declarado improcedente por el Juzgado de lo Social número 2 de València. No menos controvertida fue la dimisión de Nuria Enguita como directora del IVAM tras los duros ataques recibidos por el entonces conseller Vicente Barrera. En febrero de 2024 era destituido también Abel Guarinos como director del Institut Valencià de Cultura.

En el caso del IVC los relevos han marcado toda su estructura y las diferentes direcciones de Artes Escénicas, Música y Cultura Popular y Audiovisual y Cinematografía. También la alta dirección de la entidad. El pasado mayo cesaba como subdirector general de gestión Ignacio Prieto tras ser nombrado director general de Cultura en sustitución de Miquel Nadal, que a su vez dejaba este cargo para dirigir la Institució Alfons el Magnànim de la Diputació de València. Ahora la dimisión de Álvaro López-Jamar deja totalmente descabezado un organismo clave en la política cultural de la Generalitat y que se halla sumido en una delicada situación económica y de gestión. Un vacío que se prolongará hasta que se convoque y resuelva el concurso para cubrir la plaza de dirección del IVC.

Estos recortes económicos y los cambios continuos en los cargos hacen complicado consolidar lineas de actuación y están transformando la gestión cultural de Carmen Ortí en un barco a la deriva y sin rumbo conocido. Y, a su vez, estas políticas erráticas están haciendo que los sectores culturales valencianos sean, cada día más, una olla a presión a punto de explotar. Así quedó de relieve en la reciente Mostra de Teatre de Alcoi, ahogada a su vez por los recortes, donde el sector escénico volvió a manifestar su ya viejo malestar con el IVC, al que, en sus protestas de estos días, ha rebautizado como Institut Violent amb la Cultura.

Rotunda ha sido también la indignación del sector audiovisual valenciano ante la decisión de la Generalitat de otorgar a dedo 5 millones de euros a Disney para que ruede en la Ciudad de la Luz la serie Enredados

Como rotunda ha sido también la indignación del sector audiovisual valenciano ante la decisión de la Generalitat de otorgar a dedo 5 millones de euros a Disney para que ruede en la Ciudad de la Luz la serie Enredados. El gigante multinacional recibe así de golpe casi la misma ayuda a la producción que el IVC destina para todo el sector audiovisual valenciano, 6,7 millones. El agravio es aún más evidente si se tiene en cuenta que estas ayudas no son directas como en el caso de Disney, sino a través de un concurso público en el que cada proyecto individual solo puede aspirar a una subvención máxima de 500.000 euros. Y son muchos los proyectos que se quedan sin nada.

Esta errática gestión de conselleria debilita una concepción de la cultura como derecho democrático de los ciudadanos para la construcción de una sociedad más democrática y crítica, y la sustituye por una visión de la inversión cultural como gasto superfluo frente a otras prioridades, a no ser que pueda ser rentabilizada en operaciones de marketing político como en los casos de Sorolla o Disney. Y al mismo tiempo, esta deriva cultural alimenta las ya de por sí grandes incertidumbres que amenazan el futuro de los sectores culturales valencianos. Un tejido rico en creatividad pero endeble en estructuras que, según los datos de la Encuesta de Población Activa desglosados por el Ministerio de Cultura, entre el segundo trimestre del 2025 y el primer trimestre de 2026, dio empleo en el País Valenciano a cerca de 97.000 personas.

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