Perfiles con tiempo
Fernando Egozcue, músico: “Hay cosas que tienen un sentido global y que tocan teclas más profundas”
Fernando Egozcue, compositor y guitarrista, nació en Buenos Aires en 1959 y desde 1992 reside en Madrid. Mantiene un estilo tranquilo y concentrado en el escenario cuando toca la guitarra. En las distancias cortas cultiva una conversación jovial, amable, tendente a la risa. Nos encontramos con él en el Puente de Toledo (Madrid) una mañana de noviembre. Está trabajando en la composición de un nuevo disco para quinteto. Con ese formato —o en trío o dúo, a veces en solitario— mantiene una agenda de conciertos de música instrumental y de colaboraciones con otros artistas, como el bailarín Antonio Najarro o el actor Alberto San Juan.
“Siempre he sentido pasión por la música y no me he planteado hacer otras cosas en la vida”, explica. Egozcue toca la guitarra, compone y dirige. Le gusta escribir todos los instrumentos y entender la composición como un todo. “Uno, mientras lo está haciendo, no sabe muy bien qué está haciendo. Luego pasa el tiempo y uno lo ve de otra manera, comprende lo que había… y cómo cierra. Hay cosas que tienen un sentido global y que tocan teclas más profundas”.
También existen momentos en la biografía de cada cual que tocan esas teclas: momentos que dan lugar a aniversarios privados. En la biografía del músico Fernando Egozcue, el pasado mes de febrero de 2025 se cumplieron 40 años de su encuentro con Astor Piazzolla, una de las grandes figuras de la música y de la cultura argentina.
En febrero de 1984, Piazzolla ofreció con su quinteto un concierto al aire libre en Buenos Aires. “Fui con un casete que habíamos grabado con el grupo que había formado con el compañero de conservatorio, llamado Nuevos Aires”, recuerda Egozcue. “Salió, se metió en un coche. Metí la cabeza en el coche, le puse el casete en el pecho. Todo una cosa con mucha gente alrededor y muy loca. Y nada, le dejé el casete ahí, me olvidé, me fui a mi casa, me olvidé. Pasó un año… y el mánager nos llamó por teléfono. Atilio Talín se llamaba el mánager de Piazzolla”. En aquel encuentro, el mánager les concertó una cita con Piazzolla. De modo que Egozcue y el resto de los componentes del grupo Nuevos Aires acudieron, en febrero de 1985, a la casa del músico. Vivía en Belgrano, enfrente de la Avenida Libertador. “Fuimos todo el grupo. Y, claro, Piazzolla nos regala un tema: ‘500 motivaciones’, que dice que es un tema que él no iba a tocar más, que había hecho en Francia en el año 80, 81. Y que adaptemos el tema, que él nos lo regala. Entonces yo hice un arreglo y lo estrenamos cuando lo nombran ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires. Tocamos en el Teatro San Martín en el homenaje”.
La evocación de este recuerdo surge con fuerza en la conversación que mantenemos en una cafetería del barrio de Acacias (Madrid). “Yo salí de la casa temblando”. Piazzolla había apreciado su música —la del primer disco del grupo Nuevos Aires— y los había animado a insistir, a perseverar. “Fue una de las cosas más hermosas que me pasó. Fue muy repentino, muy especial”. Ese acontecimiento personal le aportó una energía y una confianza determinantes para su carrera musical. “No te diría seguridad, porque la inseguridad forma parte de mi vida continuamente, pero la confianza inconsciente, profunda”, matiza.
El inicio de la relación entre Egozcue y la música puede situarse en una tarde en casa de un amigo a la edad de cinco años. La madre del amigo llamó a su madre para comentarle que tenían una guitarra y que Fernando la había agarrado y se había quedado colgado tocando y buscando cosas. “A mi vieja le llamó la atención que la madre la llame nada más que para eso. Y entonces ella decidió llevarnos a guitarra en el barrio”, explica. “Como mi madre era muy estricta, nos obligaba a tocar todos los días. Entonces había ya un cierto nivel técnico de niños”.
Más adelante, estudió en el conservatorio y empezó a tocar con un grupo de improvisación a los 15 años. “Nos juntábamos en una habitación del altillo de un amigo del barrio y nos poníamos a improvisar, qué sé yo, dos horas, y lo grabábamos”. Luego lo escuchaban, descartaban e iban componiendo su repertorio. “La comunión con mis compañeros de grupo cuando nos juntábamos en el barrio fue un antes y un después, porque era muy creativo”. Ese lenguaje adquirió nuevos matices gracias a sus estudios de composición y, en particular, a las clases del profesor Guillermo Graetzer, que formaba parte de un grupo de músicos de origen austriaco escapados del nazismo. “Era un portento de músico, de profesor, dentro de lo clásico, compositor contemporáneo clásico. Y eso fue también un golpe de aprendizaje muy potente para mí”.
A los 18 años, Egozcue empezó a componer y al poco tiempo formó el grupo Nuevos Aires con un compañero del conservatorio. Al recordar aquellos años 70 aparece en la conversación el horror del golpe de Estado y de la dictadura. “La dictadura fue tener la bota en la cabeza de una manera brutal, donde todo estaba minimizado. La desaparición de personas, de chicos del colegio. Chavales de 16, de 17 años. Aquello fue una locura. Y, claro, uno afectivamente se refugiaba en su interior; en el sentido de que estudiabas, te dabas a hacer las cosas, tenías tu grupo de amigos”.
Con el final de la dictadura en 1983 y la recuperación de la democracia, surgieron unos años que Egozcue recuerda como de gran creatividad. “Fue un momento de mucha liberación y todos estábamos con el deseo de poder expresar, de contar algo”. Entonces, en 1985, tuvo lugar el encuentro con Piazzolla, y en los años siguientes el grupo Nuevos Aires grabó dos discos más. Pero aquel encuentro también había dejado un rastro en forma de sugerencia: el músico les había recomendado irse a Europa. De modo que cuando Egozcue notó que su trabajo en la música se iba desplazando hacía terrenos que no le interesaban demasiado —como el de la publicidad—, decidió seguir el consejo de Piazzolla. “Me tomé el avión. Caí en Madrid”, resume para explicar su viaje en 1992. “Tenía la idea de ir, no sabía exactamente dónde quería ir”. Su primer destino se convirtió pronto en su lugar de llegada. “Apenas llegué a Madrid, a la semana estaba tocando”. Y desde entonces reside en esta ciudad: “Siempre me sentí muy cómodo. Afectivamente, sí. Y sentía el deseo de quedarme, de quedarme aquí”.
Su zona es Arganzuela, Embajadores, Lavapiés. En esa zona ha vivido desde que en 1992 viajara a Madrid. Primero pasó unos años duros, apurados, pero siempre mantuvo su vocación por la guitarra y la composición. Y en 1998 se produjo un nuevo giro en su biografía, otro acontecimiento que recordar. “Me cambió la suerte cuando empecé con el grupo Ensemble Nuevo Tango”. Con esa formación, que llegó a ser de siete componentes, actúo entre 1998 y 2009 interpretando composiciones propias y temas de Piazzolla con arreglos propios. Y con esa formación conoció a Ara Malikian: “Establecimos un vínculo muy fuerte. Luego ya hice el quinteto con Ara en 2007, con el cual estuvimos hasta el 2015 tocando muchísimo. Ahí fue la formación quinteto, sin chelo y sin oboe. De ahí me he quedado el quinteto que tengo ahora”. Los encuentros con Ara Malikian o con Alberto San Juan son otros acontecimientos biográficos que han construido su carrera, sus afinidades, su gusto por compartir con otros artistas una forma de entender la música y el escenario.
En la conversación surgen los nombres de sus bases musicales: la música clásica, el tango, algunas variantes del jazz. Y aparecen también sus “amores musicales profundos”: Keith Jarrett, Egberto Gismonti y, de nuevo, Piazzolla.
Caminamos mientras nos vamos despidiendo poco a poco.
Es un festivo raro en Madrid: un lunes de noviembre sin colegios. Las calles están casi vacías. Ahora Fernando Egozcue volverá a su casa para trabajar en unos arreglos. Podrán escucharse en un concierto en Madrid el próximo mes de febrero. Apetece imaginarlo.
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!