Opinión
Évora: la cultura hacia una huelga general ibérica
Arquitecto y urbanista
A un lado de la frontera lo llamamos dehesa; al otro, montado. El paisaje continúa mientras cambian las palabras que lo nombran. En ese territorio, atravesado por una línea entre Estados y por relaciones que la desbordan, nos encontraremos del 20 al 24 de octubre en Évora. Raio da Raia!nace del trabajo compartido entre Pó de Vir a Ser y el Instituto de Imaginación Radical, con la colaboración de la Sociedade Harmonia Eborense. Lo hemos preparado mientras las plazas de la península volvían a llenarse de personas que reclaman una vida digna y se organizan para conseguirla.
Mirar el mundo desde la raya (la frontera) nos lleva a pensar en las fronteras convertidas en frentes de guerra, espacios de expulsión o barreras para quienes buscan refugio. La destrucción de hogares en Palestina, Sudán, Myanmar y Ucrania muestra cómo arrasar los lugares donde se desarrolla la vida forma parte de la violencia contemporánea. Defender la paz exige discutir quién puede habitar los territorios y decidir sobre sus recursos, y construir relaciones sociales, culturales y económicas entre pueblos que impidan al miedo convertirse en nuestra principal forma de reconocernos.
Desde Ceuta, Tula Fernández ofrece una orientación precisa. En su artículo “El tamaño de nuestra convivencia”, publicado en El Faro de Ceuta el 31 de agosto, recurre al mito de Procusto para señalar a quienes recortan la complejidad de la ciudad hasta ajustarla a sus intereses. “Proteger Ceuta significa, también y sobre todo, protegernos unos a otros”, escribe. Su advertencia alcanza a cualquier comunidad donde la inseguridad se utiliza para fabricar enemigos. Frente a esa violencia, los territorios fronterizos conservan y producen otras relaciones: trabajo compartido, comercio de proximidad, cuidados y afectos capaces de sostener la vida a ambos lados.
La apertura de la frontera entre Gibraltar y La Línea hace visible una ciudad transnacional que sus habitantes llevan décadas construyendo mediante el trabajo, los cuidados y la vida cotidiana. La desaparición de La Verja deja pendiente otra frontera: la desigualdad social. Compartir prosperidad exige vivienda, servicios públicos, movilidad e inversiones que alcancen a toda la población. El Campo de Gibraltar y el Estrecho pueden pensarse así como un territorio de cooperación entre pueblos, donde las relaciones existentes orienten el futuro por encima de la disputa entre soberanías.
Cuando esa experiencia se comparte, el daño que parecía reservado a otros se reconoce como una condición común que nos concierne
La disputa por el derecho a habitar atraviesa también nuestras ciudades. El desahucio de Maricarmen Abascal, de 87 años, y su posterior fallecimiento condensaron una violencia que el movimiento por la vivienda llevaba años denunciando. Alrededor de esa herida se encontraron personas que nunca habían participado en una asamblea y organizaciones con décadas de trabajo. La respuesta popular hizo visible una acumulación paciente de vínculos: escuchar a quien llega, acompañar un conflicto, discutir una estrategia y volver a convocar. Cuando esa experiencia se comparte, el daño que parecía reservado a otros se reconoce como una condición común que nos concierne.
Desde el sindicalismo inquilino, las redes de barrio y las organizaciones pequeñas se han construido acuerdos con sindicatos combativos y, después, con sindicatos de concertación, hasta convocar la huelga general del 11 de noviembre. Alicia del Río, portavoz de la confederación de sindicatos de inquilinas, explicó su sentido con estas palabras: “No pertenece a ningún sindicato, pertenece al pueblo”. La vivienda ocupa así el centro del conflicto social y laboral: una mejora salarial pierde buena parte de su alcance cuando termina transferida al alquiler. La amplitud del acuerdo nace de reconocer esa experiencia compartida.
El contraste con la política electoral es doloroso. Las principales fuerzas de la izquierda han fracasado en los intentos de concurrir coordinadas a las elecciones del 29 de noviembre en las principales circunscripciones, aunque existan acuerdos territoriales. Mientras organizaciones de tamaños y trayectorias diferentes consiguen compartir una convocatoria novedosa de huelga general, los partidos vuelven a convertir sus diferencias en impedimentos. La cuestión es cuánto estamos dispuestos a construir con otros y cuánto pesan las propias estructuras frente a la urgencia de quienes se pretende representar.
En Portugal, esa misma urgencia ha transformado las plazas. La acampada de Porto comenzó el 10 de octubre; la intervención policial del día 15 dejó, según denunció el movimiento, 37 personas heridas, dos de ellas en estado grave. Esa noche, miles de personas regresaron para defender el derecho a la vivienda y rechazar la represión. El sábado 17, Lisboa instaló sus tiendas en el Rossio, mientras continuaban las movilizaciones en Porto, Coimbra y Faro. La acampada de Porto llamó a apoyar la manifestación de una gran central sindical, que expresó a su vez su solidaridad con quienes acampaban.
Transcurrido el primer cuarto del siglo XXI, el sindicalismo ibérico muestra una capacidad de producir consensos que tantas veces se le niega. La vivienda permite reconocer cómo el esfuerzo de la población alimenta una economía rentista que la empobrece. Desde ahí puede organizarse una impugnación popular del régimen de acumulación y de las instituciones que lo sostienen. Su alcance dependerá de mantener y extender estas alianzas, convirtiendo la indignación en una capacidad duradera de decidir sobre nuestras vidas. Es un aprendizaje que exige autonomía respecto de los gobiernos y disposición a compartir decisiones entre diferentes. Los acuerdos alcanzados muestran que esa diversidad puede ampliar la fuerza de una movilización cuando el objetivo común tiene más peso que la necesidad de preservar cada identidad.
Raio da Raia! quiere participar de esa posibilidad. El Alentejo aporta una historia material de organización que sigue interpelando al presente: cooperativas agrarias, unidades colectivas de producción, asociaciones culturales y agrarias centenarias donde se ha aprendido a compartir recursos y sostener una vida común. Es una herencia atravesada por conflictos y transformaciones, que permite discutir qué prácticas siguen vivas y cuáles necesitamos inventar. La Sociedade Harmonia Eborense, fundada en 1849, y el antiguo matadero que hoy acoge Pó de Vir a Ser mantienen viva esa conversación. Este último está vinculado al Centro Cultural de Évora, proyecto pionero de la descentralización cultural posterior a la Revolución portuguesa.
Hacer accesibles herramientas y espacios de producción artística abre también una pregunta política sobre quién transforma el territorio y para quién
En Pó de Vir a Ser, el mármol, las canteras y sus residuos permiten pensar las relaciones ecológicas, económicas y laborales inscritas en la materia. Hacer accesibles herramientas y espacios de producción artística abre también una pregunta política sobre quién transforma el territorio y para quién. Esa relación entre cultura y emancipación recorrerá la conversación sobre Intervenção, la revista que entre 1978 y 1984 acompañó prácticas surgidas después de la Revolución portuguesa. Alfabetización, teatro, asociacionismo y cooperativismo se pensaban juntos. Volver a sus páginas ayuda a revisar las separaciones que hoy limitan nuestra capacidad de actuar.
Esa memoria entrará en conversación con el cine de Pere Portabella. Informe general, de 1976, reúne voces que discuten el paso de la dictadura al Estado de derecho en el comienzo de la Transición española. Su relación entre ruptura, pacto y representación permite mirar, desde otra perspectiva, la experiencia revolucionaria portuguesa. Informe general II. El nuevo rapto de Europa, de 2015, vuelve sobre una crisis cultural, económica y democrática y sobre el protagonismo ciudadano que emerge de ella. Nos devuelve al ciclo del 15M, a su relación con las instituciones y a los límites de nuestras expectativas.
Ahora estamos ante un nuevo momento histórico. En Acció Portabella agora!, el miércoles 21 a las 21 horas en Pó, reuniremos fragmentos de ambas películas e imágenes recientes de las acampadas de Madrid, Porto y Lisboa, que tienen la capacidad de prefigurar movimientos posibles en Évora, el Alentejo y, en conspiración con Armando Juntas el Territorio y otras redes, en Extremadura. Nos interesa la capacidad prefigurativa de ese cine: percibir las fuerzas de un momento cuando su desenlace permanece abierto. Queremos que las imágenes en movimiento participen de una conversación sobre qué está cambiando y cómo podemos intervenir en ello. La cultura puede ofrecer lenguaje y lugares de encuentro a formas de acción que el calendario electoral no alcanza a contener.
Queremos construir un paisaje capaz de producir relato de lo contemporáneo y también acción colectiva: reconocer a quienes trabajan y habitan el territorio, a quienes tuvieron que irse y a quienes han llegado de otros lugares
Ese es el cruce entre arte, investigación y acción donde trabaja el Instituto de Imaginación Radical. En Évora se encontrará con tradiciones como la de Taring Padi, colectivo indonesio que utiliza la producción artística para la educación y la organización popular. Sus prácticas dialogarán con experiencias alentejanas, extremeñas y andaluzas de cultura comunitaria, asociacionismo e investigación popular. Queremos construir un paisaje capaz de producir relato de lo contemporáneo y también acción colectiva: reconocer a quienes trabajan y habitan el territorio, a quienes tuvieron que irse y a quienes han llegado de otros lugares. La despoblación rural y la expulsión urbana nos devuelven a una misma pregunta sobre el derecho a permanecer. Poner estas experiencias en relación permite que la imaginación cultural participe en la construcción de respuestas y que los encuentros dejen herramientas, confianza y compromisos más allá de su duración.
Invitamos a acercarse a Évora del 20 al 24 de octubre, a los talleres y asambleas en Pó de Vir a Ser y la Sociedade Harmonia Eborense. El viernes 23, las conversaciones sobre conspiraciones transfronterizas permitirán ampliar esta trama. El encuentro forma parte de una relación que queremos prolongar, abierta a quienes sostienen otras experiencias y a quienes buscan un lugar desde el que comenzar.
El martes 20 de octubre, a las 18 horas, está convocada una acampada en la praça do Sertório, en Évora. Nos acercaremos para escuchar, compartir experiencias y poner este encuentro en relación con las luchas de quienes habitan la ciudad. La conversación que queremos abrir ya está sucediendo en las plazas.
Mientras terminamos estas líneas, nos llega la noticia de que la asamblea popular de la acampada de Lisboa llama a una huelga general ibérica el 11 de noviembre. El llamamiento abre un horizonte compartido para las luchas por la vivienda a ambos lados de la frontera. En esa posibilidad quiere participar también la cultura: poniendo en relación experiencias, imágenes y saberes que nos permitan reconocernos como una fuerza colectiva capaz de transformar el presente.
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!