Opinión
Educación sexual: llegar a tiempo

La educación sexual empieza desde el nacimiento. Empieza cuando construimos un vínculo de confianza, ofrecemos un entorno amoroso y seguro, validamos sus emociones y les hacemos sentir que pueden preguntar sin miedo.
21 ago 2026 06:00

Nuestra generación creció, en su mayoría, sin educación sexual. Venimos de familias donde el cuerpo, el deseo y el placer se vivían desde el silencio, la vergüenza o el miedo. No nos explicaron qué era la sexualidad, cómo cuidarnos, cómo poner límites o cómo relacionarnos desde el respeto. Y ahora, como madres y padres, nos encontramos criando a una generación que, lejos de tener una educación sexual de calidad, está expuesta de forma temprana a contenidos que no corresponden a su edad.

Educar en sexualidad no es “tener la conversación”

Uno de los grandes errores que seguimos arrastrando es pensar que la educación sexual consiste en ‘tener una conversación’ en un momento concreto. No.

Empieza cuando construimos un vínculo de confianza, ofrecemos un entorno amoroso y seguro, validamos sus emociones y les hacemos sentir que pueden preguntar sin miedo

La educación sexual no empieza en la adolescencia ni cuando aparecen las primeras preguntas sobre sexo. Además, la sexualidad humana es inseparable de lo afectivo: no debería ser necesario hablar de “educación sexoafectiva”, porque la sexualidad ya incluye la dimensión emocional y relacional.

Por eso, la educación sexual empieza desde el nacimiento. Empieza cuando construimos un vínculo de confianza, ofrecemos un entorno amoroso y seguro, validamos sus emocionesy les hacemos sentir que pueden preguntar sin miedo.

Educar en sexualidad es enseñar, desde la infancia, que el cuerpo es suyo; que no tienen por qué dar besos o abrazos si no quieren; que hay partes del cuerpo que son privadas; que pueden decir que no y que ese “no” será respetado. Y, sobre todo, que pueden preguntar lo que quieran con confianza.

Confianza antes que control

Proteger no es vigilarlo todo. Proteger es sembrar confianza. Evitar, en la medida de lo posible, el acceso temprano a pantallas es importante, sí. Pero igual de importante es que, cuando aparezcan dudas, preguntas o incluso exposiciones accidentales, nuestros hijos e hijas se atrevan a contarlo.

Nunca deberíamos reñir por una pregunta, por muy explícita o incómoda que nos resulte. Siempre podemos responder con serenidad, adaptándonos a su edad, aclarando sin dramatizar

Para eso, nuestra reacción es clave. Si ante una pregunta nos enfadamos, ridiculizamos o respondemos con un “¿Cómo se te ocurre preguntar eso?” o “¿Dónde has visto eso?”, lo que aprenderán no es educación sexual, sino silencio.

Nunca deberíamos reñir por una pregunta, por muy explícita o incómoda que nos resulte. Siempre podemos responder con serenidad, adaptándonos a su edad, aclarando sin dramatizar y transmitiendo calma. La educación sexual no requiere respuestas perfectas, sino presencia, escucha y respeto.

Explicar la sexualidad como lo que es

Hablar de sexualidad no es hablar solo de sexo. Es hablar de cuerpo, de afectos, de emociones, de relaciones, de límites, de consentimiento, de cuidado, de placer y de responsabilidad. Siempre adaptando el mensaje a la edad, sin adelantar contenidos, pero sin mentir ni esquivar.

La educación sexual llega como herramienta de cuidado, de prevención y también de justicia social

Educar en sexualidad no adelanta nada, es llegar antes de que otros discursos —el porno, las redes, los mitos— ocupen ese espacio. Llega con la primera pregunta, con la curiosidad propia de la infancia, que debemos responder con sinceridad y sin alimentar la confusión. La educación sexual llega como herramienta de cuidado, de prevención y también de justicia social, porque cuando la educación sexual falla, quienes más sufren son siempre los más vulnerables.

Aprender a educar en un contexto nuevo

Muchas de estas reflexiones las desarrollamos en el libro Cuando la cigüeña empezó a ver porno (Alienta, 2025), escrito junto a Diana Al Azem, donde abordamos cómo el acceso temprano a la pornografía está influyendo en la construcción de la sexualidad de niños, niñas y adolescentes, y cómo las familias no podemos seguir mirando hacia otro lado.

Educar en sexualidad hoy implica asumir que el contexto ha cambiado, que necesitamos formarnos, revisar nuestras propias carencias y atrevernos a hablar de aquello de lo que a nosotros no nos hablaron.

No se trata de hacerlo perfecto. Se trata de hacerlo. De abrir conversaciones, de sostenerlas en el tiempo y de transmitir un mensaje esencial: puedes hablar conmigo de esto. Educar en sexualidad es proteger, acompañar. Y, sobre todo, es llegar a tiempo.

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