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Robert Fico en el punto de mira

La política de Fico, salpicada de conservadurismo y ramalazos contra “la ideología de género”, le ha granjeado muchos enemigos entre los atlantistas liberales europeos por su posición respecto a Ucrania y Gaza.
Robert Fico
Robert Fico, presidente de Eslovaquia. Foto: Annika Haas - EU2017EE (Flickr).
17 may 2024 13:24

El primer ministro eslovaco, Robert Fico, se encuentra en estado «estable pero grave» tras sufrir un atentado contra su vida. El primer ministro, de 59 años, recibió varios disparos el miércoles por la tarde mientras saludaba a sus partidarios en la antigua ciudad minera de Handlova, antes de ser trasladado en helicóptero a Banska Bystrica para ser operado de urgencia. La política de Fico le ha granjeado muchos enemigos entre los atlantistas liberales europeos. Aunque ha propinado algunos golpes, característicos de su grupo de edad conservador, a la «ideología de género», su política exterior es la parte más polémica de su programa. Durante la campaña electoral de 2023 prometió no enviar «ni una bala más» para la guerra de Ucrania, que describió como «conflicto ruso-estadounidense», e instó a la UE a ayudar a negociar un acuerdo de paz en lugar de enviar más ayuda militar. A diferencia del hipersionista Viktor Orbán, con quien se le compara a menudo, Fico también ha criticado la hipocresía de los líderes europeos al negarse a reconocer las atrocidades israelíes en Gaza.

No es de extrañar que la reacción de los medios de comunicación al intento de asesinato de Fico haya rozado la vieja táctica de culpar a la víctima

Aunque estas posturas se suelen presentar como pruebas del populismo autoritario de Fico, reflejan el sentimiento mayoritario de la ciudadanía eslovaca. En 2022 tan solo el 47 por 100 de los eslovacos apoyó el envío de ayuda de la UE a Ucrania; el pasado marzo, el 60 por 100 se oponía al envío de aviones de combate. Más de la mitad de la población cree que Ucrania u Occidente son los culpables de la guerra. Durante las dos últimas décadas, Fico ha dominado el panorama político del país. Su partido, Smer-SSD (Dirección Socialdemócrata Eslovaca), gobernó entre 2006 y 2020, salvo una breve pausa entre 2010 y 2012, y volvió al poder tras ganar las elecciones parlamentarias del año pasado con la promesa de proteger los derechos sociales, acabar con la austeridad y rebajar las tensiones con Rusia. Combinando políticas sociales populares con conservadurismo cultural, ganó 58 de los 72 distritos electorales y sigue superando ampliamente en las encuestas a sus rivales liberales.

No es de extrañar que la reacción de los medios de comunicación al intento de asesinato de Fico haya rozado la vieja táctica de culpar a la víctima. Un comentarista de Sky News sugirió que Fico era un títere ruso y que el intento de asesinato era la consecuencia natural de ello. «Se ha vuelto muy prorruso a lo largo de los años; uno se pregunta por qué y cómo […]. No es de extrañar que se produzca este tipo de sucesos, porque Eslovaquia es un país muy infeliz en estos momentos». La cuestión, afirmó, es si el país «se encaminará hacia un futuro más autoritario o hacia uno más convencional cortado por el patrón europeo-occidental», habiendo abierto el atentado presumiblemente esta más brillante posibilidad.

Mientras tanto, la BBC recordaba el papel protagonista de Fico en las «turbulentas y desagradables» manifestaciones contra el anterior gobierno de centro-derecha, «en las que alentó a las enfurecidas multitudes con un megáfono en la mano». El servicio de noticias indicaba también que Fico había «dado un mazazo a las instituciones eslovacas», citando el cierre de la Fiscalía Especial y la reestructuración de la radiotelevisión nacional.

Siguiendo un guion similar, The Guardian comparaba a Fico con Trump y ofrecía un resumen de sus «posiciones más extremas»: ataques a los aliados occidentales, promesas de poner fin al apoyo militar a Kiev, críticas a las sanciones impuestas a Rusia y amenazas de vetar cualquier futura invitación de la incorporación de Ucrania a la OTAN». El rotativo londinense también se señalaba que Fico había «trabajado duro para explotar las divisiones existentes entre los votantes de provincias, más conservadores y de más edad, y los de la capital, Bratislava, caracterizados por una cultura más progresista fruto de una población más rica y a menudo más educada». Este planteamiento, nos decían de The Telegraph al Financial Times pasando por Político, había provocado una situación de «polarización» y una «política tóxica», que había culminado en el atentado del pasado miércoles.

Al igual que la derecha populista ha explotado las divisiones étnicas en toda Europa, el centro liberal ha resucitado las narrativas de la Guerra Fría que separan el Este del Oeste

Todo esto no eran, por supuesto, más que especulaciones. El presunto asesino fue identificado como Juraj Cintula, un poeta de 71 años de la ciudad de Levice que, al parecer, trabajaba en la ahora cerrada mina de carbón de Handlova. No está claro por qué apretó el gatillo. Se ha sabido que en una ocasión había expresado su admiración por una unidad cuasi paramilitar eslovaca de extrema derecha que mantenía lazos poco claros con grupos similares en Rusia, lo que llevó a Yahoo News a informar de que Cintula «podría pertenecer a un grupo paramilitar prorruso». Sin embargo, sus últimas publicaciones en Facebook mostraban su apoyo a Ucrania y al partido liberal Eslovaquia Progresista. En un vídeo grabado tras su detención, se oye a Cintula denunciar el historial de Fico en la política eslovaca.

Aunque se desconocen los motivos exactos del autor del atentado, los intentos de definirlos han sido, sin embargo, reveladores. Moscú alegó la implicación ucraniana; los conspiranoicos de derecha señalaron con el dedo al lobby de las vacunas; los comentaristas del establishment oscilaron entre insinuar que Fico se lo merecía por su apoyo a Rusia y que la propia Rusia debía ser la responsable del atentado. Mientras lamentaban la polarización de Eslovaquia, la totalidad de estos actores no ha encontrado tiempo para pensar en el papel que ellos mismos habían desempeñado en provocarla. Al igual que la derecha populista ha explotado las divisiones étnicas en toda Europa, el centro liberal ha resucitado las narrativas de la Guerra Fría que separan el Este del Oeste, llevando esta retórica a un punto álgido. La opinión aceptable está férreamente circunscrita. Los políticos heterodoxos son tachados de agentes extranjeros. La violencia contra ellos puede deplorarse públicamente. Pero, ¿se acepta tácitamente?

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Artículo original: Crosshairs publicado por Sidecar, blog de la New Left Review y traducido con permiso expreso por El Salto. Véase Susan Watkins, «¿Una guerra evitable?», NLR 133/134.

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Paco Caro
17/5/2024 20:47

Deplorar públicamente la violencia, en lugar de justificarla, me parece un paso fundamental. No se le puede quitar ni un ápice de importancia, pues, si no partimos de esa actitud, estamos perdidos. A partir de ahí, hay que exigir más. Hay que deplorar los discursos del tipo: "condenamos este acto de violencia, pero se lo buscó". Hay que deplorar todo discurso que deshumanice, que describa a otro como un ser de naturaleza execrable. Hay que deplorar la incorrección política. La "libertad de expresión", cuando sirve para inspirar violencia, deja de ser "libertad".

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