Opinión
11N, lo que nos une
Es secretario de Acción Sindical de CCOO.
Desde la década de los 60 del siglo pasado la sociedad busca espacios unitarios para poder mejorar sus condiciones de vida. En aquellos años, conseguir instaurar en España las libertades, la democracia y un estado de derecho social, hizo que movimientos en las universidades, los centros de trabajo, barrios y pueblos se abrieran camino mediante acciones clandestinas de movilización y organización. Movimientos que sortearon los resortes de un régimen dictatorial que reprimía con dureza, prisión, torturas y muerte, a un pueblo que despertaba después de más de 30 años de oscura represión. Aquellos movimientos cristalizaron en las comisiones obreras, un movimiento unitario que se larvó en las huelgas mineras hasta conseguir una galerna de huelgas en el año 1976, con el dictador ya fallecido, para abrir las puertas a la democracia que ha regido en los últimos 50 años en nuestro país.
Cuando todo estaba por construir, ese movimiento fue abriendo camino a una sociedad civil totalmente desarticulada por los tentáculos del franquismo que todo controlaba. En los primeros años de la democracia, se tuvieron que reconstruir los derechos sindicales, civiles y políticos de la sociedad, y esa reconstrucción se fue estructurando en asociaciones de vecinos, sindicatos, partidos políticos, movimientos estudiantiles, sociales, civiles. Una sociedad viva que volvía a recuperar su espacio de intervención en la vida de la gente, en lo que le preocupa, le interpela.
Los años del desarrollismo capitalista de finales de siglo XX y la crisis de principios de siglo XXI provocaron que los movimientos sociales sufrieran las consecuencias de políticas que empobrecieron a millones de personas, desarticulando la sociedad civil y sus organizaciones, las instituciones, lo público y lo colectivo en general, perdiendo legitimidad social entre la ciudadanía.
La pandemia fue un punto de inflexión, y la sociedad, gracias al papel de lo público y la protección social que se articuló en el mundo del trabajo y las políticas públicas, recuperó parte de los valores que promueven intereses comunes. Cuando todo se paraba y morían miles de personas, una generación que en buena parte fue protagonista de la conquista por las libertades y la democracia, puso en valor que aquello que nos hacía a todos y todas iguales. La falta de salud sólo se podía superar con el esfuerzo de miles de profesionales de la salud, o trabajadoras de tiendas y supermercados, o transportistas, todas aquellas personas que fueron esenciales para poder protegernos independientemente de nuestro código postal o nuestra cuenta corriente.
Fue entonces cuando el papel de los sindicatos recuperó legitimidad, gracias a la protección de más de 3,5 millones de puestos de trabajo que tienen nombre y apellidos, a través de los ERTE. Fue cuando el papel de lo público recuperó valor por las inversiones en investigación que nos aportaron las vacunas, medios de protección o una importante inversión en protección social con decenas de miles de millones de euros que permitieron superar aquella crisis sin precedentes en más de un siglo.
La huelga del 11N agrega los intereses de la ciudadanía en aquello que nos interpela, las condiciones materiales de vida para ejercer nuestros derechos de ciudadanía con dignidad y libertad
Una sociedad que exige una vida que acabe con las desigualdades y la pobreza, que atesore certezas y deje de vivir con el miedo de saber si puede llegar a fin de mes, si puede cuidar a su gente o si podrá renovar el alquiler del hogar que da cobijo a los suyos.
Y este despertar ha tenido durante algunos años la voluntad de levantarse detrás de reivindicaciones muy concretas, por la salud, por la educación, por el trabajo, por la vivienda… Movilizaciones masivas en las calles y en los centros de trabajo que no encontraban su espacio común, la confianza necesaria entres sus promotores, el vínculo que une cada una de estas reivindicaciones.
Una sociedad que ponía en valor el carácter identitario de cada una de los motivos por los que se llamaba a la movilización, sin encontrar los nexos comunes que hay entre cada una ellos. Si salimos contra los recortes en sanidad y en educación, estamos interpelando a los servicios públicos. Si se movilizan las trabajadoras de la atención a domicilio o de las escuelas infantiles del 0-3, también estamos hablando de servicios públicos, si nos movilizamos en las empresas del metal o del comercio por el salario, estamos hablando de rentas del trabajo, de beneficios empresariales no repartidos suficientemente.
Si los salarios no crecen y crecen los beneficios estamos hablando que las personas no tienen lo suficiente. Si la educación, la salud o los cuidados ven como sus servicios públicos se degradan y nos aboca a las mutuas privadas de salud, a los centros privados educativos o a sufragar los cuidados de nuestros mayores, estamos poniendo dinero de nuestro bolsillo que en la mayoría de casos, no ganamos. Si acceder a una vivienda se hace imposible para la mayoría y nos obliga a compartirla o a no emanciparnos, nos están rompiendo los hogares.
Lo que nos une es una voluntad totalmente lícita de querer vivir con dignidad. La huelga general del 11 de noviembre es un enclave donde la sociedad puede recomponer sus espacios unitarios para construir una sociedad sin pobreza y con menos desigualdad. El 11N ha confluido la denuncia ciudadana por el acceso a la vivienda con las reivindicaciones del mundo del trabajo sobre la desigualdad de la renta, reivindicando más salario y mayor control de los precios de la cesta de la compra. CCOO trabajamos para reforzar estos espacios unitarios.
También se confluye con una defensa de los servicios públicos, donde se suman la reivindicación de los profesionales de la salud, el personal docente y trabajadores de la educación o los ferroviarios y ferroviarias que ven como trágicos accidentes ponen en jaque su trabajo y la vida de las personas usuarias del medio de transporte público más estratégico para un país.
La huelga del 11N agrega los intereses de la ciudadanía en aquello que nos interpela, las condiciones materiales de vida para ejercer nuestros derechos de ciudadanía con dignidad y libertad, frente aquellos que nos quieren ver retroceder. La unidad reflejada en esta huelga general debe constituir un marco estructural para defender lo necesario para vivir, para que la gente gane lo suficiente y garantizar lo básico, un techo donde cobijarse, llenar la nevera, garantizar el cuidado, la salud y la educación para nuestros hijos e hijas, servicios públicos suficientes y mejores, y un proyecto de vida. La huelga general del 11N es la expresión de un marco unitario que ofrece nuevos horizontes a la clase trabajadora.
Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.
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