Opinión
Con el pueblo de Cuba quiero yo mi suerte echar
“El sol no se puede bloquear”, me transmiten los representantes de la Asamblea Nacional de Cuba.
La frase bien puede resumir la misión solidaria e internacionalista que estamos desarrollando en La Habana y en Cuba. Entregar paneles solares, equipamiento fotovoltaico o material escolar, sí, pero sobre todo quebrar un bloqueo cruel e inhumano, provocado por los Estados Unidos desde hace décadas y agravado con las últimas medidas de la Administración Trump.
¿Qué visión política puede justificar un bloqueo para ahogar y estrangular a un pueblo, que pierda la esperanza hasta asfixiarlo?
Lo que estoy viendo estos días en La Habana es un pueblo que sufre una guerra psicológica, una guerra que aumentó la mortalidad infantil del 4% al 9,9% cada 1.000 nacidos, una tasa muy alta. Una guerra que provoca apagones, que cambia la vida de las personas... Es desgarrador que un niño no pueda ser operado porque no hay electricidad o que más de 100.000 personas esperen por una cirugía.
¿Qué visión política puede justificar un bloqueo para ahogar y estrangular a un pueblo, que pierda la esperanza hasta asfixiarlo? La jugada de Trump, me explica Abel Prieto, presidente de la Asociación de Escritores y Artistas de Cuba, es aplicar una guerra psicológica contra su pueblo, intentar cerrarlo, dividirlo y que vaya contra el propio Gobierno mientras se oculta el bloqueo existente. Presentar a Cuba como un Estado fallido. Por eso es necesario responder a estas fake news. Hay, por ejemplo, más de mil barcos esperando en Panamá u otro barco cargado con material sanitario en Jamaica. El boicot de la Administración Trump a las navieras se emplea como cerco.
A veces la isla vive semanas con 36 horas sin corriente, con dificultades extremas para conservar la comida, para cargar los teléfonos y comunicarse, para ir al trabajo, con operaciones paralizadas porque no llega la corriente y tienen que oxigenar como pueden. Cerca de cuatro millones de personas vivieron más de diez días sin corriente, con complicaciones en los ciclos del agua. Y en estas circunstancias los precios subieron, hay quejas y un reclamo social, pero también una conciencia sobre ese bloqueo mientras el Estado cubano está realizando una serie de medidas, 176 medidas urgentes, se reactivan tierras para abrirlas a la propiedad privada, cambios muy rápidos debatidos en la Asamblea Nacional, transformaciones económicas y sociales que intentan impulsar un desarrollo.
Como única eurodiputada presente en esta misión solidaria internacionalista debo recordar que la Unión Europea podría aplicar el Estatuto de Bloqueo para desactivar la Ley Helms-Burton del ahogamiento a Cuba
Lo que nos dicen en todas partes es “que el mundo sepa lo que está pasando en Cuba”. Y también nos agradecen la solidaridad, nos reconocen que venir a Cuba en estas condiciones es de verdaderos amigos. Nadie se atrevió a traer combustible y los cubanos se quejaron bastante de ello, de la ausencia de los grandes y tradicionales amigos. Cuba no es una amenaza, pero sí un ejemplo de solidaridad al mundo. Recojo el verso de José Martí, “con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”, porque sin duda Cuba le dio al mundo dignidad y solidaridad en muchas circunstancias. Cuba es un faro que intentan apagar, que no recibe tanto apoyo como esperarían, que sufre un castigo colectivo en el que Estados Unidos proyecta la idea de Estado quebrado.
¿Y qué papel le queda a Europa? Como única eurodiputada presente en esta misión solidaria internacionalista debo recordar que la Unión Europea podría aplicar el Estatuto de Bloqueo para desactivar la Ley Helms-Burton del ahogamiento a Cuba. Las órdenes ejecutivas de Trump no solo provocan un cerco al pueblo cubano, también van contra las empresas europeas. Por lo tanto, Europa debería defender a sus empresarios, sus inversiones en Cuba y activar ese Estatuto de Bloqueo. Y no callar ante las últimas medidas anunciadas por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, que procuran criminalizar a toda la izquierda que se relacione o solidarice con Cuba.
En la embajada mexicana en Cuba me encuentro con una descendiente de nuestro intelectual Rafael Dieste. La emigración gallega sigue viva en la isla, como pude comprobar también visitando el Centro Gallego de La Habana, el lugar donde se cantó por primera vez nuestro himno nacional. En algún momento Galicia necesitará tener una delegación exterior aquí, para que no nos olvidemos de nuestras y nuestros emigrantes y conozcamos de cerca la resistencia de toda la sociedad cubana ante un bloqueo inhumano.
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