El caso de Turís (València): cuando las placas solares se comen toda la huerta

Los macroproyectos de energía fotovoltaica amenazan con rodear este municipio de poco más de 7.000 habitantes que vive casi al completo de la agricultura.
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Sergio Aires Machado El Teatre Ideal de Turís el día de la presentación de la Asociación Municipal El Castellet, creada para luchar contra los macroproyectos fotovoltaicos.

“Aquí nadie nos dijo nada, un día estás en el bancal y el de al lado te comenta que ha vendido las tierras a una empresa de fuera. Empiezas a preguntar y resulta que hay un proyecto que afecta a la mitad del pueblo para instalar placas fotovoltaicas en tierras de cultivo. Han ido negociando con el dueño de cada parcela de manera individual sin que el resto de vecinos se enteren”. El que lo cuenta es José Collado, agricultor, presidente de la Cooperativa Hortofrutícola La Turisana y vecino de Turís.

La urgencia que exige la acción frente a la crisis climática, sumado a unas políticas verdes que han dejado en manos del mercado el despliegue de las renovables, han provocado la llegada en tromba de proyectos de energías verdes que planean instalarse en las zonas rurales de todo el Estado español. En el País Valencià, son cientos los proyectos que siguen en proceso de tramitación. Mientras, los vecinos de los municipios afectados se organizan y plantan cara a lo que consideran una amenaza para su territorio. Lo hacen de manera independiente, pero bajo un mismo lema: “Renovables sí, pero no así”.

El caso del pueblo de José Collado es singular. Las placas de las que hablaba se corresponden con cuatro proyectos diferentes: Los Hierros, Los Predios, Valentia Edetanotum y Torrent Energy. Tres de ellos ya han sido descartados, aunque los vecinos avisan de que pueden reactivarse en cualquier momento. El cuarto sigue en tramitación.

Turís es una localidad valenciana situada en la comarca de la Ribera Alta, a una media hora en coche de la ciudad de València. Tiene en torno a 7.000 habitantes y una actividad económica que se centra casi exclusivamente en la agricultura, gracias a cooperativas agrícolas con hasta un siglo de historia. Ese mismo patrón se repite en el resto de pueblos con los que comparte comarca: Macastre, Alborache, Montserrat o Godelleta. Sus tierras albergan árboles frutales, cítricos, olivos, almendros o viñas. “En Turís tenemos producción de temporada prácticamente once meses al año”, cuenta Collado, que recuerda que sus productos están amparados por varias figuras de protección como la Indicación Geográfica Protegida de los cítricos valencianos o las denominaciones de origen de Ribera del Xúquer y de València para sus viñas.

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Tierras de cultivo en Turís, donde el paso de la dana de 2024 arrasó la mitad de esta parcela. Sergio Aires Machado

El proyecto que todavía sigue activo, el último en llegar a Turís, es Torrent Energy. En realidad, “a ojos de la administración, son cuatro proyectos independientes”, explica Maeba Sánchez, educadora ambiental y miembro de la plataforma El Castellet, que coordina la lucha vecinal contra los proyectos fotovoltaicos. Lo cierto es que “son cuatro partes de un mismo proyecto”. La empresa promotora incluso ha llamado de igual forma a los cuatro proyectos: Torrent Energy 1, Torrent Energy 2, Torrent Energy 3 y Torrent Energy 4. El primero está en Montserrat. El resto, en Turís. Conjuntamente, suman más de 200 MW y 600 hectáreas de extensión.

Hay un detalle que juega un papel importante en esta forma de planificar los proyectos. Para que una planta fotovoltaica sea tramitada por la Conselleria de Medio Ambiente tiene que tener una potencia inferior a 50 megavatios. Si una planta supera esa cifra, es el Ministerio de Transición Ecológica el encargado de dar el visto bueno. Pues bien, cada una de las cuatro partes de Torrent Energy tiene una potencia de 49,8 MW.

Para Sánchez, todo indica que es “un fraude de ley clarísimo, es una burrada de proyecto y saben que si lo parten van a poder tramitarlo de manera más sencilla”

Esas cuatro partes comparten la misma línea de evacuación, que viene a ser la vía que transporta la energía producida por las placas. Primero la lleva hasta una subestación transformadora, y luego, la vierte a la red general. Es decir, los cuatro proyectos, en principio independientes, están interconectados entre sí y dependen de las mismas infraestructuras para funcionar. Para Sánchez, todo indica que es “un fraude de ley clarísimo”. “Es una burrada de proyecto y saben que si lo parten van a poder tramitarlo de manera más sencilla”, asegura.

Antes que Torrent Energy llegaron otros tres proyectos.  Primero fueron los de Los Hierros y Los Predios, dos planes que se repartían entre los términos de Turís y Alborache. Juntos sumaban más de 140 megavatios de potencia instalada –el alumbrado público de València tiene una potencia máxima de 25 MW– y una inversión que superaba los 120 millones de euros. La lideraba Statkraft, la compañía de energía pública del estado de Noruega y una de las empresas líderes en energía renovable a nivel internacional. 

Solo hubo un problema. En la historia de España, en ninguna parte, desde que se tienen registros, ha llovido tanto como en Turís durante el 29 de octubre de 2024. Cayeron 700 litros por metro cuadrado aquel día. El núcleo urbano, que está en alto, se salvó. Pero las tierras de cultivo quedaron anegadas. La Declaración de Impacto Ambiental (DIA) para ese proyecto se aprobó justo cuatro días después de las inundaciones, pero Statkraft debió entender que no era buena idea invertir más de cien millones en una zona completamente inundable. La empresa desistió de continuar con la tramitación y los plazos caducaron. 

Eso sí, eso no impide que ahora pueda venir otra empresa y presentar otro proyecto parecido, ya que al contar con la DIA favorable, la tramitación sería más sencilla, según explica Sheyla Calabuig, vecina del pueblo. Ella es una de las caras más activas de La Plataforma El Castellet, creada hace apenas unos meses y que agrupa a las cooperativas agrícolas, asociaciones vecinales y vecinos a título individual con el objetivo de luchar contra la instalación de estas placas. Esta nueva asociación ya forma parte de la Coordinadora Valenciana per la Ubicació Racional de les Energies Renovables, una plataforma que agrupa a todos los municipios valencianos afectados y que proporciona a estos nuevos activistas herramientas jurídicas y organizativas para impulsar su oposición a las macroplantas.

A estos dos proyectos se le sumó otro que también ha acabado por caducar. Se llamaba Valentia Edetanotum FV2, impulsado por la empresa EnerHi, con una potencia instalada de 148 mW. Esas placas estaban planeadas junto a la ribera del río Magro, otro de los protagonistas de la dana de 2024. Parte de los campos que iban a ocupar hoy se han convertido en barranco tras el paso de la riada. De momento, la compañía también ha dejado pasar los plazos. 

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Presentación de la Asociación El Castellet en el Teatre Ideal de Turís. Sergio Aires Machado

Calabuig y Sánchez cuentan que tienen una sensación de desprotección y de desconocimiento. Nadie del Ayuntamiento les dijo nada, todo lo tuvieron que descubrir ellos mismos preguntando aquí y allá, buceando en el BOE y el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana. “Cuando íbamos enterándonos de lo que iba la película, salíamos a contárselo a los vecinos por la calle”, recuerda Sánchez, que relata cómo la mayoría de habitantes del pueblo desconocían lo que estaba pasando. “Ni siquiera los mismos que habían vendido ya conocían cómo era el proyecto entero”, asegura, “y al mostrárselo, cuando querían echarse atrás, no podían”.

Esa sensación de inseguridad ante un gigante comercial, al que acompaña el muro de la burocracia, fue lo que movió a Maeba Sánchez, José Collado y Sheyla Calabuig, junto a otros vecinos, a asociarse y formar El Castellet. De ella forman parte todas las cooperativas del pueblo, otras asociaciones locales y vecinos a título individual. 

Fue presentada a principios de 2025, en el teatro municipal. “El Castellet se crea por la indefensión de las personas que, en realidad, deberíamos estar defendiéndonos”, aseguró Collado el día de la presentación. Lo dijo en primera persona porque parte de las hectáreas que cultiva están dentro del área que abarca Valentia Edetanotum. Tiene algunas parcelas con olivos y con almendros, pero sobre todo tiene cítricos y arboles frutales. Para llegar a ellas hay que atravesar carreteras nacionales y caminos rurales. El trayecto dura más de 20 minutos desde el centro de Turís, en los que la mayoría de tierras que se atraviesan entran se incluyen dentro de algún proyecto fotovoltaico.

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Sheyla Calabuig y José Collado caminan por tierras incluidas dentro de los proyectos Torrent Energy. Sergio Aires Machado

“Ya no es solo el tema de la agricultura, que también”, dice, “el problema es que Turís también es un pueblo dormitorio que está a 30 kilómetros de València”. Muchos vecinos, los que no se dedican a lo agrícola, tienen empleos en la capital y pueden permitir ir y venir en coche diariamente. “A toda esa gente ahora les compensa más vivir aquí, por la tranquilidad, porque tenemos un entorno bonito. Si les rodean el pueblo de placas, si pierden ese componente que tiene Turís de vivir cerca de la naturaleza, no sé por qué se van a quedar aquí”. 

A ninguno de los tres les vale tampoco el argumento de que las macroplantas crean trabajo. “Más que el campo no van a crear”, dice Collado. Sánchez lo reafirma: “Al final en lo que hay trabajo es en la instalación de la planta, al principio y que dura pocos meses. Luego, para mantenerlas, con unas pocas personas sobra”.

“Al final —continua— se consigue el efecto contrario de lo que nos venden. Pierdes población activa, por la gente que se dedica a la agricultura. Y acabas perdiendo población en general, porque la gente que vive aquí por el paisaje, si son todo placas, se va también”.

El futuro del pueblo es lo que más les preocupa. Las sensaciones y los recuerdos que tienen de haber crecido en Turís está en juego para la próxima generación. Sheyla Calabuig recuerda la cara de su hija la primera vez que la llevó a la cooperativa y vio cómo se recogían y cómo se transportaban las naranjas. “Eso es lo que te arraiga a tu pueblo, a donde vives”, recuerda. Su hija, durante las semanas siguientes, le repetía: “Mamá, dis-lis als homes que ens volen furtar el camp que el camp és aliment”(Mamá, diles a los hombres que nos quieren robar el campo que el campo es alimento).

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