Denuncian malos tratos y vejaciones a varios menores en la comisaría de Zapadores de València

La madre de uno de los jóvenes relata el calvario que están viviendo tras lo sucedido, en el que asegura que se ha sentido desprotegida por el sistema judicial.
Manifestación Montornés por muerte de Mahamedi  - 2
Manifestación para exigir justicia en el caso de la muerte de Mahamedi en la comisaría de Montornès del Vallès Marc Asensio
19 may 2026 08:25 | Actualizado: 19 may 2026 10:13

Insultos, bofetadas, patadas, golpes, amenazas y trato vejatorio, es lo que denuncia una mujer que padecieron su hijo y otros menores en la comisaría de Zapadores (València). Unos hechos por los que no sólo no han obtenido reparación, sino que han vivido un proceso en el que se sienten profundamente maltratados por la justicia. La mujer detalla el calvario judicial y personal que su hijo de 16 años y su amigo de origen magrebí han vivido tras ser acusados de agresión grupal a un cocinero, pareja de una agente del cuerpo de policía nacional, destacando el trato presuntamente abusivo recibido en comisaria y las irregularidades en el proceso judicial. 

Todo se inició en la plaza donde se halla la fuente del Maestro Serrano, en la Avenida del Regne de València, que es un punto de encuentro de adolescentes de los cercanos centros educativos del Ensanche y Russafa y también de niños y niñas que disfrutan del parque infantil. Un espacio público que en ocasiones entra en disputa con el uso de las terrazas de hostelería. Patricia, la madre de uno de los menores presuntamente agredido en comisaría, cuenta a El Salto que la noche del 28 de mayo del año pasado su hijo había quedado con amigos para ver la final de fútbol en el móvil. “Se fue a cenar y al llegar a la plaza se encontraron una trifulca entre el cocinero del restaurante y un menor magrebí que iba en patinete. Como mi hijo había hecho mediación en el instituto, quiso separarlos y mediar”. 

Según relata la mujer, el cocinero, que es un hombre de metro noventa, “iba a pegar a su amigo cuando mi hijo le cogió de la camiseta para evitarlo, el hombre se giró y le propinó un puñetazo, le saltaron las gafas a mi hijo, y cuando se volvió a decirle y recriminarle que le había pegado, le asestó de nuevo tal puñetazo que lo tiró al suelo y dejándolo mareado y desorientado”. Según la madre el adulto gritaba “moro de mierda” al amigo magrebí, y “venid aquí que os voy a dar a todos”, buscando más gresca y calentando el ambiente. “El hombre cayó al suelo y mientras mi hijo buscaba las gafas se agolparon más adolescentes en la trifulca”, continúa.  

A la mañana siguiente, sobre las 11, fueron a buscar al hijo de Patricia “tres coches de policía, yo llegué un poquito después a casa y ya no estaba. No nos avisó la policía hasta las tres y cuarto de la tarde...un menor tantas horas en la comisaría” se lamenta la madre. “Cuando se dignan a llamarnos, mi marido llega y le mandan a una puerta y a mí a otra. Un policía me dice —tú eres la madre del asesino—. Imagínate, yo me quedo muerta y además el policía añade que “se va a enterar por dar palizas al marido de una compañera”, recuerda Patricia. 

“A mi hijo le desnudan lo dejan en calzoncillos, le pegan con la camiseta, le rompen la ropa, le dicen que le van a romper las costillas, que lo van a perseguir...”, relata la madre de una de las víctimas 

En ese momento de nervios, Patricia decide recurrir a una abogada, “a la que tampoco le dejan entrar y nos amenazan con que mi hijo va a estar en un centro reformatorio, que es muy grave, etc. No entendemos nada y tampoco exigimos nada en ese momento porque nos tienen realmente aterrorizados”. Mientras están haciendo tiempo en un bar cercano, le llama uno de los chavales que había sido detenido y al que han soltado porque no había estado esa noche y les dice “cuidado que están pegando ahí dentro, vigilad cómo sale vuestro hijo porque a mí me han dado y les están zurrando”. 

Patricia explica que cuando finalmente les llamaron para ir a comisaría, “nos dejan en la puerta y de repente salen esposados mi hijo y el otro chico, los meten en un coche patrulla y entran de nuevo en las mismas dependencias para desaparecer durante una hora”. Tras verlo pasar, pero sin poder hablar con él, ella se extraña. Luego su hijo le contará que es ahí donde lo “desnudan (y no es para ver si lleva sustancias ni nada, que llevan en comisaria desde las 11 de la mañana), lo dejan en calzoncillos, le pegan con la camiseta, le rompen la ropa, le dicen que le van a romper las costillas, que lo van a perseguir...”. 

Según cuenta la madre, uno de los policías no para de repetir: “¿Qué pasa? ¿Qué vais buscando familiares de policía para darles palizas?”. “Es decir, se habían montado ahí una película impresionante”, dice Patricia. “Cuando ya subimos arriba y nos lo traen, mi hijo está en un estado de nervios horrible, sin comer ni beber desde hace más de siete horas, con marcas de golpes, con el cuello desbocado de haberle dado contra la pared y con los tobillos rojos porque le daban patadas en los tobillos”. El menor le cuenta a Patricia que su amigo, de origen magrebí, presuntamente ha recibido más golpes todavía y “le han dado con la cabeza contra la pared mientras le gritaban moro de mierda y otros insultos racistas”.  

El periplo judicial que no ha reparado la situación

Tras llevarlo a casa, comer algo e intentar tranquilizarlo los padres llevan al menor a un hospital para hacer un parte de lesiones y de ahí al juzgado de guardia con la intención de denunciar las presuntas agresiones sufridas por el menor en comisaría. “Cuando llegó allí, casi a medianoche, había un señor que no era el titular y nos dice que la titular se acababa de acostar que le dolía la cabeza, que nos fuéramos y que denunciáramos en una comisaria, porque le sabía mal despertarla y que ese juzgado era solo para violaciones, suicidios y crímenes. Al insistirle me permite hacer la denuncia, pero la tengo que escribir yo a mano y por eso tiene irregularidades que luego nos perjudicaron”. 

La familia denunció al cocinero que presuntamente pegó al menor durante la pelea en la plaza, y a la policía por los presuntos malos tratos sufridos en comisaría. Pero fue desestimada por defectos de forma, recurrida por el abogado de la familia y perdida finalmente en la vista de este pasado mes de marzo. Una vista en la que, según denuncia la familia, el menor se cruzó con uno de los policías que le agredió en la antesala del juicio, un hecho que le condicionó a la hora de realizar su declaración judicial por los nervios.

En ese procedimiento, según la familia, ”se cometieron ciertas irregularidades durante el juicio, como que el otro abogado presentó el caso que estaba todavía en trámite y el fiscal pidió la absolución por contradicciones en las versiones. La otra, la denuncia a la policía de Zapadores, automáticamente la archivaron”, lamenta Patricia.  

Actualmente, los dos menores están pendientes de juicio por la presunta agresión al cocinero, en un proceso en el que les piden 17.000 euros por las lesiones, más una pena de 15 meses de libertad vigilada. “Los supuestos 10 participantes de los que hablaban y en lo que se basó la absolución de este hombre cuando nosotros lo denunciamos parece que han desaparecido y convierten solo a mi hijo y a su amigo en responsables de las agresiones. Entonces claro, yo ahí es cuando entré en un estado de ansiedad”, expresa con amargura Patricia. 

“Siempre te dicen lo mismo, es la policía, se protegen entre ellos, no hay nada que hacer, me parece increíble que vayas al juzgado por que la policía ha pegado a tu hijo y te digan que vayas a poner la denuncia a comisaría”

Patricia, que es trabajadora social y su marido profesor, insisten en destacar el carácter solidario y pacífico de su hijo, que ha sido voluntario en varias ONGs  como Cruz Roja y Jarit, mediador en el instituto y con buenas notas. “Él se quería ir a Irlanda a estudiar un ciclo formativo superior de producción musical”, nos cuenta con orgullo, “y ahora dice que se quiere poner a trabajar para pagar todos los gastos de juicio. Todo esto nos ha provocado una tensión inmensa, de hecho, mi marido y yo hemos estado a punto de separarnos, hasta que me dio un ataque de ansiedad y tuve que coger la baja y medicarme y resetearme, por decirlo así”, se sincera. 

“Siempre te dicen lo mismo, es la policía, se protegen entre ellos, no hay nada que hacer", se lamenta, “me parece increíble que vayas al juzgado por que la policía ha pegado a tu hijo y te digan que vayas a poner la denuncia a comisaría”. Patricia denuncia también el evidente “conflicto de intereses”. Y es que el agresor que originó todo “es marido de una agente de policía y los policías pegaban a los chavales diciendo que era por eso”. 

Sobre el trato judicial en esta causa, Patricia denuncia que “la presunción de inocencia de mi hijo la vulneraron  totalmente, el derecho a que estén lo padre presentes o el abogado inmediatamente   a una detención lo vulneraron también”. Una situación que, considera, provocaron Y “con la intención de intimidar, de agredir, de socavar la integridad del menor y de reducirlo a escoria. Esto ha condicionado enormemente a mi hijo para relatar los hechos, poder verbalizarlo y pedir ayuda”. 

De hecho, el impacto en la salud mental del menor ha sido evidente. Patricia relata que “desde entonces el deterioro psicológico de mi hijo ha sido enorme con miedo, ansiedad, irritabilidad, bloqueo emocional, problemas de sueño y pérdida absoluta de confianza en las instituciones”. La familia ha denunciado los hechos ante el Defensor del Pueblo y el Síndic de Greuges por la “posible vulneración de derechos fundamentales y la situación de indefensión sufrida por un menor bajo custodia policial” y esperan con miedo y ansiedad el juicio que tendrá lugar en los próximos meses.  

Barcelona
Colectivos antirracistas exigen esclarecer la muerte de Mahamedi en la comisaría de Montornès del Vallès
Los colectivos catalanes exigen que se esclarezcan los hechos ya que, hasta el momento, solo se conoce la versión de la policía, y se depuren responsabilidades con respecto a por qué se ha utilizado un arma de fuego para reducir al joven.
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