La “Revolución de los Flamencos”: Albania se rebela contra el proyecto de Kushner

En los últimos días, las calles de las principales ciudades albanesas se han llenado de gente que rechaza un par de macroproyectos turísticos que llevan el sello de Jared Kushner, el yerno de Trump. Está en juego uno de los ecosistemas naturales más importantes del país.
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Las protestas recorren las calles de diferentes ciudades albanesas desde hace días. Gran parte de la sociedad rechaza un proyecto de desarrollo turístico en Zvërnec que pondría en peligro una zona protegida. Arbjona Çibuku
Tirana, Albania.
9 jun 2026 13:00 | Actualizado: 9 jun 2026 14:25

Las calles de las diferentes ciudades albanesas hace días que se llenan de miles de manifestantes a semana para protestar y mostrar su rechazo al complejo turístico de lujo vinculado a Jared Kushner, yerno de Donald Trump. Las protestas, que también se han extendido a países como Grecia —donde hay una numerosa comunidad albanesa—, Alemania o Reino Unido, se han ido convirtiendo, a lo largo de los días, en un un movimiento más amplio que cuestiona el modelo político y económico del país.

Lo que comenzó como un conflicto local en torno a los planes de construcción del resort de lujo en la zona protegida de Zvërnec, en la ciudad de Vlorë, se ha transformado rápidamente en una ola de protestas que está sacudiendo a nivel nacional. Entre consignas como “Albania no está en venta”, “Rama dimisión” o “Zvërnec es nuestro”, miles de personas salen cada día a las 18:00 a las plazas del país para mostrar su malestar y exigir la suspensión del proyecto urbanístico.

La “Revolución de los flamencos”

El punto de inflexión llegó tras la publicación hace unos días de un vídeo en el que un manifestante era brutalmente agredido por un guardia de seguridad privada en la zona donde se prevé construir el resort. Las imágenes se difundieron rápidamente en redes sociales y provocaron una fuerte indignación pública, lo que llevó a la ciudadanía a movilizarse. La aparición del vídeo marca un antes y un después en el malestar, ya que personas que hasta entonces no se habían movilizado, empezaron a hacerlo a partir de entonces. En pocos días, las manifestaciones se han replicado más allá de Tirana, la capital del país, a otras ciudades y a comunidades albanesas en el extranjero.

El movimiento ha sido bautizado como la “Revolución de los flamencos”, en referencia a las aves que habitan la laguna de Narta, en Zvërnec

Mientras tanto, ya han comenzado los trabajos preliminares de construcción del complejo turístico, valorado en 1.600 millones de dólares, en una zona considerada desde hace tiempo uno de los ecosistemas más sensibles del Mediterráneo. Paralelamente, se prevé la construcción de otro gran proyecto —también vinculado a Jared Kushner— en la isla de Sazan, en el sur de Albania y cerca de Zvërnec. Se trata de una antigua base militar aislada que se promociona como destino turístico ultralujoso. También este plan urbanístico ha generado preocupaciones similares por la privatización del espacio público y el impacto en un área de alta sensibilidad ambiental e histórica.

El movimiento ha sido bautizado como la “Revolución de los flamencos”, en referencia a las aves que habitan la laguna de Narta, en Zvërnec. Ciudadanos vestidos de rosa y utilizando el flamenco como símbolo se han convertido en la imagen del movimiento, transformando a este ave en un emblema de resistencia contra la construcción en zonas protegidas y contra la concentración del poder político y económico.

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Además de Tirana, también ha habido manifestaciones en otras ciudades albanesas, así como países como Reino Unido, Alemania o Grecia, donde hay una diáspora albanesa considerable. Arbjona Çibuku

“El flamenco es una de las más de 200 especies cuyo hogar es la laguna de Narta. Es nativo y soberano. Es el legítimo propietario ancestral de Narta. La inversión de Kushner, vendida como un desarrollo inevitable, destruirá su hogar. La corrupción y la codicia lo expropiarán, lo desplazarán, lo obligarán a migrar. En este sentido, el destino del flamenco refleja el de muchos albaneses”, explica a El Salto Patris Pustina, activista de uno de los colectivos feministas en las protestas.

Un malestar que va más allá de los proyectos turísticos

Las demandas de los manifestantes van mucho más allá del futuro del proyecto de Zvërnec o Sazan. La ciudadanía exigen la derogación de la Ley de Inversiones Estratégicas, las modificaciones de la Ley de Zonas Protegidas y del llamado Paquete de las Montañas, bajo el argumento de que estas reformas han facilitado la transferencia de terrenos de titularidad pública y recursos naturales a manos privadas, mientras las comunidades locales han sido excluidas de la toma de decisiones.

La zona de Vjosa-Narta, afirma, es una de las áreas protegidas más importantes del país en términos de biodiversidad

Joni Vorpsi, integrante de la organización Protection and Preservation of Natural Environment (PPNEA) in Albania, califica las obras en Zvërnec como una “masacre” contra la naturaleza. La zona de Vjosa-Narta, afirma, es una de las áreas protegidas más importantes en términos de biodiversidad. “Estamos en contra de una inversión así porque es destructiva. Hace más de un mes que las máquinas entran sin los permisos ambientales y están dañando el hábitat. ¿Qué valor tiene un área protegida si no es protegida por las autoridades?”, explica Vorpsi a El Salto. El activista señala que los trabajos ya han comenzado sobre el terreno y que la organización PPNEA lo ha denunciado públicamente. “La Inspección de Protección del Territorio nos dijo que el proyecto tiene permisos, pero en el cartel del lugar no figura ni la licencia de construcción ni la decisión de impacto ambiental”, añade.

Para una parte importante de la ciudadanía que estos días se manifiesta en las calles albanesas, la protesta ya no trata solo de la defensa de una laguna o de los flamencos. Los proyectos turísticos de Kosher han servido para activar un debate más amplio sobre cómo se está desarrollando el país, a quién benefician las grandes inversiones y quién tiene derecho a decidir sobre el futuro del territorio. Ervin Goci, activista y profesor, sostiene que el caso de Zvërnec se ha convertido en símbolo de un malestar más profundo sobre el ejercicio del poder en el país.

El proyecto amenaza la biodiversidad de una zona protegida, perjudica a los habitantes locales y representa un modelo en el que los intereses de los grandes poderes económicos se imponen al interés público

Mirela Ruko, activista del nuevo partido de izquierda Lëvizja Bashkë, relata que estuvo en el terreno cuando ocurrió la violencia de los guardias privados. “La protesta era pacífica, pero la situación se agravó cuando personas no identificadas vestidas de negro ejercieron violencia contra los manifestantes, mientras la policía no intervino para proteger a los ciudadanos. Hubo enfrentamientos físicos, uso de spray de gas pimienta e intentos de intimidar a quienes se oponían al proyecto”, explica Ruko. Según la activista, su formación política se opone al proyecto porque amenaza la biodiversidad de una zona protegida, perjudica a los habitantes locales y representa un modelo en el que los intereses de los grandes poderes económicos se imponen al interés público.

¿Qué prevé el proyecto y qué está en juego?

En el centro del debate está un gigantesco proyecto turístico previsto entre Zvërnec y Pishë-Poro, cerca de la laguna de Narta, uno de los ecosistemas más importantes y sensibles del país. Según documentos públicos, el proyecto abarcaría unas 437 hectáreas, con unas 251 hectáreas destinadas a la construcción a lo largo de unos 15 kilómetros de costa. Aunque la licencia final no se ha hecho pública, los estudios apuntan a un complejo con villas, hoteles, apartamentos, zonas de ocio y una marina. Se prevén edificios de entre uno y ocho pisos, con más de 1.000 villas, más de 10.000 plazas hoteleras y miles de apartamentos.

Para activistas, científicos y comunidades locales, un desarrollo de esta escala supondría una transformación irreversible del paisaje

La ubicación es clave en la controversia. La laguna de Narta forma parte de un corredor migratorio de aves y alberga flamencos, pelícanos y decenas de especies protegidas. Para activistas, científicos y comunidades locales, un desarrollo de esta escala supondría una transformación irreversible del paisaje. Los críticos sostienen que el problema no es solo ambiental, sino también de modelo: un desarrollo centrado en el turismo de lujo y la inversión privada en detrimento del acceso público, el patrimonio natural y el interés colectivo.

Sombras del proyecto: falta de transparencia y preguntas abiertas

Más allá del debate ambiental, el proyecto ha estado marcado por una importante falta de transparencia. Aunque se presenta como una de las mayores inversiones turísticas en la historia de Albania, muchos documentos no se han hecho públicos. Detrás del nombre de Jared Kushner aparecen empresarios albaneses cercanos al poder y, según algunas investigaciones, con antecedentes problemáticos.

El periodista Vladimir Karaj, que ha investigado el caso durante más de dos años, señala la opacidad de la estructura de propiedad. “En la estructura de la empresa hay al menos cinco accionistas albaneses anónimos, porque las acciones están distribuidas de forma que no se exige su declaración pública”, explica.

Según las investigaciones, la empresa desarrolladora estaría presuntamente controlada a través de una red de sociedades registradas en los Países Bajos, y los beneficiarios finales no han sido revelados. También aparece el Grupo Kastrati, uno de los mayores conglomerados del país, aunque su papel exacto sigue sin aclararse.

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Además de oponerse por las cuestiones ambientales, los manifestantes critican la opacidad y falta de transparencia del macroproyecto del yerno de Donald Trump. Arbjona Çibuku

Otro problema es el historial de las tierras, con disputas legales de más de una década y casos en los que el Tribunal Supremo ha detectado documentos falsificados. Para Karaj, el problema central tiene que ver con la toma de decisiones. “Los permisos se aprobaron hace más de un año, pero los documentos no se han hecho públicos. Nadie sabe exactamente qué se va a construir, cuánto se va a invertir ni quién se beneficiará”, afirma. Esta falta de transparencia ha convertido la protesta en algo más amplio: un cuestionamiento del sistema de “inversiones estratégicas” en Albania.

Un gobierno que defiende el proyecto

El gobierno, por su parte, defiende la construcción del resort, y lo presenta como parte de la transformación del país hacia un destino turístico de alto nivel en el Mediterráneo. El primer ministro Edi Rama sostiene que el proyecto no se detendrá y lo considera clave para situar a Albania entre los “campeones del turismo”. Si bien ha abierto la puerta al diálogo con los críticos del proyecto, no ha cambiado su postura. Según el Ejecutivo, el proyecto se desarrollará en propiedades privadas y no afectará a las zonas protegidas, algo que rechazan activistas y expertos ambientales.

Los manifestantes rechazan el diálogo con el primer ministro, desconfían de sus resultados y aseguran que continuarán las protesta

En los últimos días, Rama ha utilizado sus redes sociales para defender la iniciativa, comparándola con resorts internacionales y mostrando imágenes de contaminación en la zona como argumento para su transformación. El gobierno también ha sugerido posibles influencias externas detrás de las protestas, una narrativa rechazada por los organizadores, que consideran este argumento un intento de deslegitimación. Paralelamente, medios afines al gobierno han difundido informaciones sobre supuestos pagos desde el extranjero, incluso utilizando imágenes generadas por inteligencia artificial. Todo esto ocurre al mismo tiempo que la fiscalía anticorrupción SPAK ha abierto una investigación sobre las reformas legales de 2024 relacionadas con las zonas protegidas.

Los manifestantes, sin embargo, no tienen pensado tirar la toalla: rechazan el diálogo con el primer ministro, desconfían de sus resultados y aseguran que continuarán las protestas, con reivindicaciones que consideran no negociables.

Albania
La otra cara de la Riviera Albanesa
La apuesta del Gobierno albanés de poner el futuro económico en manos del sector turístico está llevando a una masificación del sector que se traduce en la degradación del medio ambiente y un fuerte encarecimiento de la vivienda.
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