Un escándalo neonazi sacude el ejército alemán en pleno rearme del país

Un total de 55 soldados están bajo sospecha por comportamientos inadecuados y delitos relacionados con su ideología ultra. El resurgir del discurso belicista añade gasolina a un fuego nunca extinguido en el ejército alemán.
Concentración nazi Remagen 1
Concentracion neonazi en Remagen, Renania. Foto: Kai Schwerdt
28 ene 2026 05:13

No es la primera vez que el Ejército alemán se ve afectado por un escándalo relacionado con conductas neonazis. En esta ocasión se trata de un regimiento de paracaidistas estacionado en la localidad de Zweibrücken, en el estado de Renania-Palatinado, al suroeste del país. Al parecer, en la unidad se llevaron a cabo rituales humillantes, agresiones sexuales e incidentes de carácter neonazi, incluidos saludos hitlerianos. Una y otra vez, estos hechos son calificados como “casos aislados”.

Entre las acusaciones que han salido a la luz figura la agresión a un soldado en los genitales, que obligó a una intervención quirúrgica, así como el caso de un comandante que habría apuntado con su pistola cargada al rostro de varios soldados. Los militares se saludaban con la expresión “Sierra Hotel” en lugar de “Sieg Heil”. Al parecer, también habrían celebrado una “fiesta nazi” y utilizado insultos como “cerda judía”. Un total de 55 soldados están bajo sospecha por comportamientos inadecuados y delitos; nueve de ellos ya han sido expulsados de las Fuerzas Armadas.


El comisionado parlamentario para las Fuerzas Armadas del Bundestag, Henning Otte, ha reclamado un endurecimiento de la supervisión y un ejercicio del mando más consecuente en todos los niveles. “El cumplimiento de los principios del liderazgo interno debe garantizarse y reforzarse para preservar la plena capacidad operativa y la reputación de la Bundeswehr ante la opinión pública”, señaló. Añadió además que “el extremismo y el sexismo no deben tener cabida en la Bundeswehr. La capacidad operativa de las tropas depende en gran medida de la confianza mutua entre los camaradas”, declaró al diario Bild.

Ulrich Thoden, portavoz de política de defensa del grupo parlamentario del partido de izquierdas Die Linke en el Bundestag, afirma que “los sucesos en Zweibrücken no solo son estremecedores, sino totalmente inaceptables”, y recuerda que tanto “el comisionado parlamentario para las Fuerzas Armadas, Otte, como anteriormente su predecesora Högl, así como el ministro de Defensa, Pistorius, y, con ello, también el Gobierno federal, estaban informados desde muy temprano, prácticamente desde octubre de 2024”. El político, maestro de profesión, no entiende cómo ha podido “pasar tanto tiempo hasta que se actuara en el caso de Zweibrücken”.

Uno de los principales referentes de AfD, el editor Götz Kubitschek, no solo fue soldado, sino que leyó las obras de su principal referente ideológico, Armin Mohler, por recomendación de un superior

Thoden recalca que, “según los informes de la FAZ y Der Spiegel, ya no puede hablarse únicamente de 'incidentes', sino de un clima estructural de extrema derecha, con actuaciones reiteradas de carácter extremista, agresiones sexualizadas y, además, consumo de drogas como la cocaína”. Considera que la magnitud del escándalo es considerable. Asimismo, señala que “llama la atención que estos excesos de extrema derecha aparezcan especialmente en unidades de élite de la Bundeswehr”, por lo que cree urgente una reestructuración. “Otro gran problema es que las personas afectadas por violencia sexualizada tengan que denunciarla ante sus superiores”, subraya Thoden, quien reclama la creación de una oficina de defensoría independiente para las personas afectadas por este tipo de violencia.

Lo cierto es que el Ejército había prometido en el pasado reformarse y ser más estricto con los soldados de extrema derecha. Sin embargo, con el llamado Zeitenwende —la idea de que Alemania debe prepararse para la guerra, rearmarse y reclutar a cientos de miles de personas—, los controles se han suavizado de facto. Por ejemplo, los reclutas ya no están obligados a declarar si son miembros del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), como se supo tras una consulta parlamentaria de la diputada de Die Linke Martina Renner.

No es casualidad que la nueva derecha alemana se haya formado en parte en la cantera del Ejército, la Bundeswehr. Uno de sus principales referentes, el editor Götz Kubitschek, no solo fue soldado, sino que, según ha relatado en una conversación con el periodista Sebastian Friedrich, comenzó a leer las obras de su principal referente ideológico, Armin Mohler, por recomendación de un superior. Además, en la fundación del Ejército de la República Federal estuvieron presentes destacados derechistas cuya orientación ideológica solo se conoció tras su retirada.

Se trata de un fenómeno que va más allá del ámbito militar y ayuda a contextualizar el problema: el exjefe de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución —teóricamente encargada de combatir el extremismo—, Hans-Georg Maaßen, ha cofundado un partido situado a la derecha de la CDU y participa de forma habitual en medios vinculados a la extrema derecha.

Estos escándalos hay que verlos desde la óptica del cambio de época que ya anunció el canciller anterior socialdemócrata Olaf Scholz, el llamado Zeitenwende, cambio de tiempos. Este cambio epocal consiste en una vuelta al militarismo en el país que en el s.XX invadió toda Europa y llevó a cabo el holocausto judío, así como el asesinato de millones de otras personas por razones de raza, políticas, o porque simplemente no las concebían como útiles.

No hace ni un siglo desde el fin de esa gran matanza y Alemania quiere ser ahora la tercera potencia militar mundial. Estos episodios traen a la memoria de Europa los hechos imperdonables que los bisabuelos alemanes cometieron y en la valoración de si ante la supuesta amenaza rusa es preferible una Alemania armada hasta los dientes, hay que recordar que en estos momentos el primer partido en intención de voto es la extrema derecha de Alternativa por Alemania (AfD).

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