Opinión
Ulm5: Juicio espectáculo
El juicio contra los activistas por los derechos humanos Leandra, Zo, Vi, Daniel y Crow se reanudó el 20 de marzo y el Estado alemán siguió haciendo el ridículo. Desde la juez claramente parcial, que se ha negado a reconocer el derecho de las personas acusadas a sentarse junto a su respectivo equipo legal, y ha decidido mantenerlas detrás de un cristal de alta seguridad, en una sala de alta seguridad, en un edificio de alta seguridad, presentándolas así como peligrosas delincuentes y no como las defensoras de los derechos humanos que son. Ese día, las personas acusadas intentaron hacer una declaración sobre su derecho a sentarse junto a sus abogados, pero les retiraron los documentos por orden de la juez. No queriendo ser participantes voluntarios en esta farsa, se negaron a caminar hasta sus asientos y tuvieron que ser llevadas en brazos por el personal de seguridad. Después de eso, y tras la ya habitual ovación del público, se reanudó el juicio.
Después de que los abogados intentaran presentar más mociones y fueran rechazadas una y otra vez por la jueza Kathrin Lauchstädt, el fiscal tuvo su momento de gloria y leyó los cargos. Sus acusaciones y su razonamiento pasarán a la historia por ser tan inverosímiles y vergonzosos que resultaba doloroso verle tan orgulloso de sí mismo mientras estaba tan rotundamente equivocado. Empezó hablando de hace años y del inicio de Palestine Action UK, obsesionándose de una forma extraña con sus monos de trabajo, una y otra vez, y otra vez. Afirmó que Palestine Action UK había sido proscrita, pero se olvidó de mencionar que esta proscripción fue anulada por un tribunal superior. Estableció con orgullo la conexión de que uno/a de los/as acusados/as había encargado monos similares (que nunca llegaron) y que, por lo tanto, era la moda y no la convicción de destruir la máquina de genocidio lo que unía a los/as activistas a nivel internacional.
A continuación, procedió a explicar las acusaciones antisemitas que vinculaban la realidad de que Israel mata a niños —el último caso, anoche mismo— con las calumnias medievales sobre el «libelo de sangre». Y volvió a hablar de la última obsesión alemana y como es un símbolo de Hamas “desde el río hasta el mar, Palestina vencerá”.
Y describió el daño que estas valientes personas infligieron a la empresa internacional dedicada a la guerra y la matanza que es Elbit Systems.
Después, llegó el turno de cada uno de los equipos de abogados para pronunciar sus alegatos iniciales. Cada equipo se centró en diferentes temas, enfrentándose de frente a las absurdas acusaciones. En la última de las declaraciones iniciales, mientras el abogado de Daniel hablaba de las horribles cifras del genocidio y de los miles de niños pequeños muertos, y la mayoría de nosotros llorábamos, el fiscal sonrió e hizo muecas. Esto, para su pesar, fue recogido por los medios de comunicación. Tras las declaraciones de los abogados, la juez dio por concluida la jornada.
Ese día, a dos miembros del público que estaban tomando notas les quitaron los bolígrafos y les reprendió una jueza muy enfadada.
El viernes 22 se reanudó el juicio. A muchas de nosotras nos recibió una agente de seguridad muy tocona que nos agarraba y apretaba el pecho y nos tocaba entre los pantalones o las faldas y la ropa interior, a algunas en los genitales. Greta Thumberg estaba allí y le tocó la misma agente de seguridad tan manoseadora.
Al inicio del juicio, se desestimaron las habituales peticiones de los abogados para que sus clientes se sentaran a su lado y pudieran leer sus alegatos iniciales desde allí. La jueza ofreció entonces un «compromiso»: que se sentaran en el estrado de los testigos con las esposas puestas. Ante las quejas de los abogados, la jueza respondió que los Ulm5 no podían recorrer los pocos metros del pasillo de alta seguridad de la sala del tribunal de alta seguridad que separa la celda acristalada del resto de la sala con las manos libres.
Tras otras mociones sobre el derecho de los abogados a contar con alguien que tomara notas por ellos y el derecho del público a escribir, el fiscal y la jueza alegaron que este público, provisto de objetos punzantes, suponía un peligro para ellos. No importa que hubiera 14 guardias de seguridad fuertemente equipados y una pared de cristal de 2,5 metros que nos separaba de ellos. El fiscal aprovechó la oportunidad para quejarse de los informes que afirmaban que se había reído ante la palabra «genocidio» y los miles de niños muertos. Se reía de los argumentos jurídicos presentados por los abogados. Claramente, una sala llena de gente no está de acuerdo, y aunque fuese cierto, la profesionalidad no sería su fuerte.
La jueza intentó entonces dar por concluida la jornada hacia el mediodía. Después de que los abogados señalaran que se trataba de la cuarta vista, que las familias y amigos de los «Ulm5» habían viajado desde muy lejos —algunos incluso desde otro país— para escuchar sus declaraciones iniciales, ella accedió a regañadientes tras una pausa de dos horas para el almuerzo y la siesta. Por fin pudimos escuchar las palabras de Daniel en su propia voz, ya que decidió leerlas en alemán. Explicaron las razones humanitarias que les llevaron a intentar detener el asesinato de personas inocentes y, mientras hablaban con razón de las absurdas acusaciones antisemitas y de lo vergonzoso que era equiparar al pueblo judío con el Estado de Israel, que actualmente está cometiendo un genocidio y matando a miles de personas en la zona, alguien del público, conmovido por sus palabras, aplaudió brevemente. Esa fue la excusa que la jueza estaba buscando para dar por terminado el día y reanudar su tan necesaria siesta. Solo después de hacer que esa persona fuera escoltada hasta el estrado de la jueza y de leer su nombre en voz alta para que constara en acta. Para que quede claro, casi todas las mociones de los abogados del primer día no figuran en su acta oficial, y el nombre de este activista sí.
Este es un juicio-espectáculo de terror y los monstruos son reales: los que están matando a todos esos inocentes bebés en Palestina y el Líbano, y los que están aquí defendiéndolos a través de su Staatsräson.
Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.
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