Entre bendiciones y goles se esconde la realidad

Por mucho que intenten sedarnos con programas de cocina y concursos de artistas noveles, lo cierto es que hay otras informaciones que nos afectan y deberían preocuparnos mucho más
21 jun 2026 14:16

Las noticias se suceden con su habitual cadencia, respetando un no menos acostumbrado orden jerárquico que nada tiene que ver con la importancia real de los hechos reseñados. Merced a esa clasificación de la información, los beneficios de las empresas del Ibex 35 o la lesión de tobillo de una figura del fútbol tienen mayor y más destacado espacio en la inmensa mayoría de los medios que los desahucios de familias precarizadas, las reiteradas muertes en el trabajo o las frecuentes tragedias de algún cayuco que deja decenas de migrantes desaparecidos en el mar.

Es comprensible —siempre que podamos comprender esa feroz manipulación de los medios— que eclipsadas por los noticiones que han significado la visita del papa León XIV y el Mundial 2026, otras muchas informaciones apenas hayan despertado la curiosidad de cámaras y micrófonos.

Y es que agricultores tirando sus cosechas de cebollas y otros productos porque las grandes superficies les ofrecen unos precios por debajo de los costes de producción, que un cuarto de las familias se hayan visto ya obligadas a suscribir seguros privados de salud porque al Capital se le ha metido entre ceja y ceja que hay que acabar con la sanidad pública, que la vivienda sea un bien —o mejor dicho: un derecho— del que la mayoría de trabajadores se ha visto despojado por la especulación, o que nuestros mayores tengan que superar largas listas de espera para encontrar un residencia que no siempre puede pagar su familia es, a juicio de lo que mandan en cadenas de televisión y agencias de prensa, menos gratificante que contar con pelos y señales la gira de Bad Bunny o los goles de Messi.

Pero por mucho que intenten sedarnos con programas de cocina y concursos de artistas noveles, lo cierto es que hay otras informaciones que nos afectan y deberían preocuparnos mucho más. Para esos clasificadores de la información son pequeñas noticias que van como relleno en el sumario; sin embargo, en muchas ocasiones, lo que apenas se cuenta tiene una trascendencia enorme en nuestros derechos y en nuestras vidas.

En estas semanas previas al estío, entre misas multitudinarias y estadios vibrantes, ha tenido su modesta repercusión la noticia de que los dos grandes y supuestamente antagónicos partidos políticos del Congreso unían sus votos para impedir que saliera adelante un propuesta de Podemos, respalda por el grueso de las plataformas de pensionistas, mediante la cual se pretendía acabar con la injusticia que supone que trabajadores con 40 años cotizados no pueden adelantar su jubilación sin ser penalizados con 6 puntos por cada año que les falte para la edad legal de retiro.

Que PP y PSOE interpreten a la perfección el papel de opciones enfrentadas, con sus insultos y broncas habituales en el hemiciclo, no es óbice para que cuando hay que votar leyes donde están en juego los intereses de la banca y la patronal olviden esa fingida enemistad y voten unidos contra propuestas que representan mejoras para la clase trabajadora.

Lo acabamos de ver este pasado 11 de junio con la votación sobre los mencionados coeficientes reductores a los cotizantes al sistema público de pensiones que ya han realizado su aportación durante un año y medio más de lo que se exige para tener derecho al 100% de pensión -38 años y medio a partir de 2027-, pero antes ya vimos ese buena sintonía entre conservadores y progresistas cuando hubo que sacar adelante la ley 15/92 para abrir el melón de las privatizaciones en el sistema público de salud, cuando se pactó retrasar la edad de jubilación de los 65 a los 67 años (además de otros recortes en pensiones), también con motivo de las sucesivas reformas laborales —toleradas cuando no firmadas por esos dos sindicatos del régimen— que han ido laminando derechos y retribuciones o cuando en 2011, en plenas vacaciones y sin convocar al Parlamento ni informar a sus votantes, se pusieron de acuerdo el PSOE de Rodríguez Zapatero y el PP de Mariano Rajoy para cambiar el artículo 135 de la Constitución y añadir una redacción que garantiza prioridad absoluta para el pago de la deuda pública por delante de cualquier otra partida o gasto social.

Pero eso nos es todo. También los hemos observado mucho menos beligerantes en asuntos como la quiebra inducida de las cajas de ahorro y el rescate de la banca privada (65.000 millones de dinero público), la permanencia en la OTAN y el aumento del gasto militar, la suave posición contra el gobierno terrorista de Israel o el abandono del pueblo saharaui ante las ambiciones anexionistas de Mohamed VI, el rey de Marruecos al que nadie en Occidente le exige más democracia y mayor respeto a los derechos humanos.

Es, en definitiva, la constatación de la mediocridad y la falsedad en la que se mueve la política institucional española desde que, con el cadáver de Franco recién enterrado en Cuelgamuros, se pactara esta Transición que ha supuesto no tocar las cosas serias; que todo aparentase cambiar para que lo fundamental siga igual.

Sobre o blog
Alkimia es un espacio de reflexión donde miembros o personas afines al Anarcosindicalismo dan su punto de vista sobre temas de interés general. En una sociedad en la que los medios de desinformación moldean la realidad al antojo de los poderes económicos y políticos, cualquier nueva vía de contrainformación se hace necesaria para lograr que se pueda conocer la realidad de la vida cotidiana de las personas a la vez que pueda servir para su transformación.
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