América Latina
Drama grotesco en seis actos: Colombia en el espejo de Argentina
El nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, alias el Tigre, se ha inspirado en el programa económico y la gestión presidencial de Javier Milei (alias el León). El ultraliberalismo asociado a una política exterior completamente alineada con Estados Unidos e Israel, más que una mera coincidencia ideológica, determina las decisiones diplomáticas del nuevo Gobierno colombiano desde sus primeros días en la Casa de Nariño. En un primer encuentro personal con Milei para su ceremonia de investidura, el Tigre se deshizo en elogios hacia el mandatario argentino. Antes de la ceremonia, Milei fue condecorado con un Doctorado Honoris Causa por la Universidad Santiago de Cali (USC).
Con todo, Milei no está pasando por su mejor momento en Argentina. Su popularidad ha caído hasta el nivel más bajo de su mandato, con una economía productiva completamente desmoronada y sin haber conseguido su objetivo de reducir la inflación anual a un solo dígito, después de dos años y medio de gobierno. Las protestas sociales arrecian, en particular contra las leyes que entregan el territorio y los recursos naturales al capital extranjero. En un intento desesperado y contraproducente de mejorar su imagen interna, Milei ordenó por decreto expulsar del país o impedir la entrada a todos los “extranjeros que agravien a los argentinos”. Una medida necia y populista que además podría encubrir el cierre de fronteras a determinados comunicadores y medios de comunicación por disentir de sus ideas políticas.
El ultraliberalismo asociado a una política exterior completamente alineada con EEUU e Israel, más que una mera coincidencia ideológica, determina las decisiones diplomáticas del nuevo Gobierno colombiano
Desde los primeros días, el gobierno de extrema derecha colombiano replicó el modelo económico y de política internacional que adoptó Milei, alineado con Estados Unidos e Israel. La gestión de la catástrofe humana y material que causó el terremoto fue un espectáculo mediático incompatible con el debido respeto a los damnificados. El Tigre y sus colaboradores más directos, incluida la primera dama (autodenominada ahora la Tigresa), aparecieron conduciendo una cuidada operación de imagen en las redes sociales, mientras la víctimas del terremoto reclamaban ayuda, después de varios días de intento de rescatar por sí mismos a sus familiares.
El Gobierno del Tigre rechazó la asistencia de rescatistas de varios países por razones ideológicas. También propició conflictos entre los voluntarios locales y los militares que envió el Gobierno de Israel para blanquear la imagen del ejército sionista mientras perpetra un genocidio en Palestina y Líbano. Y agradecido por el respaldo político que recibió de Netanyahu, desde su primer día de gobierno convirtió a Colombia en el segundo país del mundo (junto a Estados Unidos) en reconocer oficialmente la soberanía de Israel sobre una parte del territorio sirio.
En Colombia los propagandistas del odio empezaron a explotar agresivamente la expresión “zurdos de mierda”, popularizada por Milei, para atacar a sus rivales políticos de izquierda
Mientras tanto en Colombia los propagandistas del odio empezaron a explotar agresivamente la expresión “zurdos de mierda”, popularizada por Milei, para atacar a sus rivales políticos de izquierda. El asesinato a fines de julio de dos líderes del Pacto Histórico recuerda que esta expresión de tanta carga ideológica puede ser más bien un arma retórica en un país, mientras que en un contexto habitual de violencia puede adoptar nefastas implicaciones criminales. Principalmente cuando el mismo Tigre se refiere a la izquierda como un “cáncer” y amenaza con destriparla. La conclusión de Petro al respecto es preocupante: “la amenaza empieza a cumplirse”, dijo dos semanas antes de finalizar su presidencia.
El episodio inicial y el episodio final de este relato cierran el bucle de la forma en que se instrumenta el nacionalismo patriotero como coartada del poder cuando los resultados de la política no son los prometidos. La invocación a la causa de Malvinas no es igual cuando sale espontáneamente en un estadio que cuando el poder la convierte en la causa “sagrada”, pretendiendo desviar así la atención de la entrega brutal de los recursos naturales al capital transnacional. La integración de Colombia en el Escudo de las Américas y la visita de Marco Rubio al país implican una política equivalente para Colombia, de entrega de recursos y cesión de la soberanía militar. Y la persecución de inmigrantes es, en ambos países, la réplica doméstica de las políticas migratorias de Estados Unidos.
Estos seis actos o cuadros pretenden describir el drama grotesco, o más precisamente la tragedia bufa protagonizada desde mediados de julio hasta septiembre por los presidentes de Argentina y Colombia, inspirada sin duda en las bufonadas del mentor de ambos, Donald Trump, principal inspirador y financista de la extrema derecha latinoamericana.
Primer Acto. El fútbol como disparador de conciencia nacional
La política interior argentina dio un giró inesperado el 15 de julio con un gesto espontáneo de un futbolista de la selección nacional. Durante el partido de semifinales del Mundial contra Inglaterra, desplegó un trapo blanco con la leyenda ‘Las Malvinas son argentinas’. Otros compañeros del equipo lo acompañaron. A su regreso al país, fueron recibidos como héroes nacionales y agasajados por los alcaldes de sus respectivas ciudades. A pesar de haber perdido la final con España, el partido crucial ya se había librado y nada más se esperaba de ellos. Ya habían ganado el respeto popular y su lugar en el imaginario colectivo, y así lo interpretaron todos los sectores políticos de oposición, tan necesitados de un evento casi mágico que acelerase el despertar de conciencia de la población. Y ese triunfo simbólico de reafirmación del ser nacional coincidió en el tiempo con el debate de la ley de Tierras Rurales, con la propuesta del Gobierno de extranjerizar sin límite el territorio nacional. Surgió así un necesario debate sobre la soberanía interior.
Tres semanas más tarde, el 6 de agosto, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) aprobó esa fecha como jornada oficial de la entidad, creada “en honor a las Selecciones Nacionales de Fútbol”. A nadie se le oculta que ese día en realidad conmemora la hazaña simbólica de haber difundido un mensaje de denuncia del colonialismo ante los propios ojos del colonizador. El fútbol, como en muchos otros casos, fue detonante de una llamarada colectiva que despertó un imaginario de pertenencia dormido pero profundamente arraigado. Eso explica que tantos argentinos hayan concedido más importancia a la victoria sobre Inglaterra en semifinales del Mundial que a la derrota en la final contra España.
La AFA entró de lleno en la confrontación política, lo cual no pasó desapercibido a la cancillería británica, que publicó: “Puede que la Copa del Mundo no sea nuestra, pero las Islas Malvinas sí lo son”
La imagen recorrió el mundo y provocó reacciones en la esfera política internacional. Al elegir esa fecha, la AFA entró de lleno en la confrontación política, lo cual no pasó desapercibido a la cancillería británica, que publicó: “Puede que la Copa del Mundo no sea nuestra, pero las Islas Malvinas sí lo son”. Oficialmente, el Gobierno argentino no se pronunció, como tampoco adoptó medidas diplomáticas tras conocerse el acuerdo de una empresa israelí, Navitas Petroleum, con una compañía británica para extraer petróleo del yacimiento Sea Lion, en una área cercana a Malvinas de la plataforma continental argentina.
Este debate tuvo un enorme peso simbólico en la Argentina actual, cuando el Senado debía aprobar o rechazar los cambios propuestos por el Gobierno de Milei para permitir la extranjerización de enormes latifundios y su acumulación comprando otros adyacentes, controlando los recursos naturales del territorio y cualquier cosa plantada en el lugar, así fueran pueblos o aldeas con sus habitantes.
Segundo Acto. El nacionalismo de pacotilla de Javier Milei
El presidente León quedó descolocado, retratado implícitamente como “vendepatria”. Milei siempre dijo que su principal referente político en el mundo es la exprimera ministra británica Margaret Thatcher, la ultraconservadora dama de hierro que impulsó el neoliberalismo —junto con Ronald Reagan en Estados Unidos— y que condujo al triunfo de Inglaterra en la insensata guerra de las Malvinas.
Un doble debate se instaló en la sociedad argentina: sobre la actitud del Gobierno, considerada indigna, ante el reclamo de las Malvinas, y mucho más importante, con el rechazo a un proyecto del Gobierno de eliminar restricciones a la extranjerización del territorio nacional. Milei intentó recuperar la iniciativa política con una medida extravagante, adoptada por decreto: prohibir la entrada al país o expulsar a los extranjeros que agravien a los argentinos.
Aprovechándose del supuesto clima “antiargentino” que se habría instalado internacionalmente en las redes sociales con el desarrollo del Mundial de fútbol, por motivos deportivos pero también por razones políticas, Milei hizo una brusca pirueta ideológica para presentarse como paladín de la argentinidad, frente a lo que él definió como “una campaña anti-argentina”, supuestamente coordinada por los gobiernos de Brasil y México junto con el partido Demócrata estadounidense. ¿Paranoia o propaganda contra los “zurdos de mierda”? Probablemente ambas cosas, con preeminencia de la primera.
La toma de posesión de Abelardo el Tigre fue concebida como un golpe contra las ideas democráticas y progresistas que caracterizaron al Gobierno saliente de Gustavo Petro
Esta medida, aprobada el 30 de julio como decreto de necesidad y urgencia, modifica la ley de Migraciones, al incluir nuevas causas para rechazar la entrada de extranjeros y para cancelar los permisos de residencia vigentes.
“Quien ataque a la República Argentina no es bienvenido en nuestro país”, declaró en un gran alarde de populismo. Durante su Gobierno, solo serían bienvenidos los extranjeros de países aliados a los que se pudiera enajenar todas las tierras y recursos naturales del país mientras tuvieran dinero para comprarlos. Con esta acción demagógica pretendió frenar la protesta social y política que se estaba gestando bajo la inspiración del lema de Malvinas, como un reclamo de soberanía proyectado sobre todo el territorio nacional. El presidente ultraliberal con sus leyes neocolonizadoras, tan favorables al capital extranjero, no fue ni convincente ni eficaz en su intento de sacar partido político por la supuesta confrontación entre argentinos y no argentinos vinculada al submundo de la organizaciones internacionales del fútbol.
Mientras tanto en Colombia, el Gobierno de Abelardo de la Espriella designó el 25 de agosto a José Luis Castañeda, teniente coronel retirado de la Policía Nacional y experto en Inteligencia, como nuevo director general de Migración. Siguiendo los ejemplos de Donald Trump y Javier Milei, el Tigre afirmó: “No voy a aceptar migración ilegal. Primero los colombianos, segundo los colombianos y tercero los colombianos”.
Tercer Acto. El abrazo entre el ‘León’ y el ‘Tigre’
Antes de la ceremonia, el presidente argentino Javier Milei recibió un Doctorado Honoris Causa de la Universidad Santiago de Cali por su gestión como jefe de Gobierno. La distinción se concedió horas después de un encuentro privado con el Tigre, y al parecer fue aprobada de manera unánime por el Consejo Superior Universitario. El rector de la USC, Carlos Andrés Pérez Galindo, admitió que es la primera vez en la historia de la institución que se otorga este doctorado a un presidente en ejercicio, y lo justificó por su “destacada formación académica, trayectoria profesional y de servicio público, así como sus aportes al análisis económico, la administración pública y el debate internacional sobre modelos de gobernanza y desarrollo”.
¿Qué significa esto? ¿Alguien pudo documentar y contrastar todo esto que le atribuyen a Milei? ¿Hablamos de una institución académica o de simples aduladores prepago? La ultraderecha no da puntada sin hilo. El comediante que mantiene a la mayor parte de los argentinos contra las cuerdas consiguió aire en sus delirios de grandeza, inspirándose acaso en Trump y en su convicción de que merece el premio Nobel de la Paz.
La toma de posesión de Abelardo el Tigre fue concebida como un golpe contra las ideas democráticas y progresistas que caracterizaron al Gobierno saliente de Gustavo Petro. Quiso hacerse investir en los cuarteles del Ejército de la capital del Cauca —lejos de las multitudes congregadas por Petro en Bogotá cuando fue su investidura— y entregó no solo la palabra sino también el campo de disputa ideológico contra la izquierda a los líderes religiosos que apoyaron su campaña.
La ceremonia de posesión fue precedida también por la intervención de líderes religiosos de las iglesias Evangélicas, la Católica y la religión judía. En esta última alocución, el rabino destacó por su exaltación del sionismo, concluyendo su alocución al grito de “¡Viva Colombia, viva Israel!”, después de haber implorado: “Que Colombia e Israel residan en paz y en seguridad”.
En un breve video, que documenta su primer encuentro privado, se los ve abrazados, palmeándose las espaldas al grito de “¡Viva la libertad carajo!”
–“¡Bravo Tigre! ¡Bravo!” –le grita Milei eufórico entre palmada y palmada.
–¡Aquí está el Tigre y el León! –replica el Tigre—. ¡Viva la libertad carajo! ¡Qué honor, presidente, qué honor!
—¡Qué alegría! —le responde Milei.
—Quiero decirte que has sido fuente de inspiración para toda esta batalla.
—Bueno, espero que haya salido bien —dice Milei, sin contener su risita nerviosa.
—Pero no... ¡Aquí estoy!
—Este es el primer paso —e advierte el León con muecas de zorro viejo.
—Y tenemos la fortaleza para dar la batalla por la libertad y la democracia— prosigue el Tigre en tono ceremonial.
—Me encanta— se relame el León.
—Y, querido presidente, quiero decirte que has sido un faro para nosotros.
—Gracias —dijo mansamente el León.
—Y has sido una inspiración para nosotros.
¿Es una parodia, un homenaje a Rebelión en la granja, de George Orwell? No, es el diálogo real que mantuvieron los presidentes en su primer encuentro, grabado en video.
Este reconocimiento de Milei como faro e inspiración para Abelardo explica en parte la indolencia con la que tanto él, como varios de sus ministros, enfrentaron las catástrofes que sacudieron al país: terremoto, incendios forestales, reanudación de la violencia política… La indolencia, la falta de humanidad con los que sufren, el abandono de los más necesitados, es justamente una característica esencial del Gobierno del León, que se caracteriza por la crueldad de clase.
Este reconocimiento de Milei como faro e inspiración para Abelardo explica en parte la indolencia con la que tanto él, como varios de sus ministros, enfrentaron las catástrofes que sacudieron al país
Otra enseñanza del León al Tigre es la retórica de achacar todos los males, principalmente económicos, a los antecesores en el Gobierno nacional. Cuando le otorgaron el Doctorado en Cali, Milei volvió a justificar su mala gestión por la situación económica que heredó su administración, hace casi tres años, describiéndola como “la peor crisis en la historia argentina, con un desequilibrio monetario superior al de la época previa a 1975”. Una auténtica barbaridad para quien conoce ese episodio de hiperinflación agudísima que precedió a la dictadura.
Y De la Espriella lo replica y dice, para justificar su ley de Emergencia Económica: “Colombia enfrenta hoy una realidad fiscal extraordinariamente difícil, la más compleja de toda nuestra vida republicana”. Una “realidad apocalíptica” que obligará a su Gobierno a “reducir programas innecesarios”. Tal como lo hizo el León, que inició su presidencia eliminando ministerios, despidiendo funcionarios y recortando el gasto social.
Cuarto Acto. Conflicto social y represión en Argentina
Hay muchos argentinos desinformados que si bien admiten que Argentina va mal, porque lo sufren diariamente en carne propia, después de casi tres años de ajuste todavía piden darle más tiempo al Gobierno (¿un segundo mandato?) y dicen tenerle “fe”. Estos hoy son minoría, menos de la tercera parte de la población. En cambio, la mayor parte de los argentinos está cavando las trincheras desde las que expulsará al León de su guarida. Esas trincheras son las protestas de la sociedad articulada como exigencia de un cambio de modelo económico.
Mientras Milei recibía los elogios del Tigre, la policía del León reprimía brutalmente a miles de manifestantes que protestaban en las calles de Buenos Aires exigiendo que el Senado no votase la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. La convocatoria fue multitudinaria y plural, con participación de los principales sindicatos, organizaciones sociales y partidos de oposición. La consigna común era “La patria no se vende, no se quema ni se desaloja”. Los manifestantes rechazaban así dos aspectos cruciales de la ley: por una parte, la reforma de la ley de Tierras Rurales de 2011 que limitaba la venta de tierras a empresas o ciudadanos extranjeros, y, por otra, la eliminación de las restricciones al cambio de uso de la tierra tras los incendios forestales.
En su proyecto original, el Gobierno de Milei pretendía que no existiese restricción alguna a la compra de tierras por parte de extranjeros, y ante la oposición frontal de la sociedad y de una parte de los políticos que debían votar el proyecto, el nuevo plan consistió en elevar la proporción de tierras “extranjerizables” del 15% al 25%. Pero a pesar de esta concesión, el nuevo plan no obtuvo mayoría suficiente en el Senado para implementarlo. Milei tuvo que retirar los capítulos de extranjerización de la tierra y el que derogaba artículos clave de la Ley de Manejo del Fuego. Precediendo y acompañando la votación, hubo diferentes marchas en casi todas las ciudades del país con la consigna compartida de “La patria no se vende”.
La ley de Tierras Rurales fue sancionada por el Gobierno de Cristina Kirchner para limitar la adquisición de grandes extensiones de territorio afectando la vida de las comunidades, y protegió recursos naturales como el agua, los bosques, las grandes extensiones agrícolas o los territorios de frontera. Hubo un antecedente que coadyuvó a justificar su necesidad: la compra en 2008 del pueblo de Valle Hermoso (La Rioja), incluido dentro de las 200.000 hectáreas adquiridas por un inversor estadounidense con todas las instalaciones y edificios públicos incorporados. Por el precio oficial de 600.000 dólares, la operación inmobiliaria incluyó la Iglesia y la escuela, algunas casas de habitantes del pueblo y el puesto de salud; así como la mayor fuente de agua potable de toda la provincia.
La presentación de la nueva ley de Milei en el Congreso se hizo en marzo de este año, y su tratamiento llegó a posponerse desde entonces hasta cuatro veces por falta de quorum. Del proyecto original se eliminó también la intención de modificar el Registro Nacional de Barrios Populares, una idea rechazada por organizaciones sociales y sindicatos, y también por la Pastoral Social de la Iglesia Católica, porque hubiera permitido realizar desalojos masivos de viviendas precarias.
El proyecto de Milei de aumentar la presencia extranjera en la propiedad de la tierra excluía a un país, China. En la redacción original se estableció que los estados extranjeros o compañías bajo su control directo o indirecto no pudieran adquirir inmuebles rurales, lo que se interpretó como una exclusión de las empresas chinas. En paralelo en Colombia, uno de los primeros anuncios de Abelardo de la Espriella en política exterior fue el retirar al país de la iniciativa china de la Franja y la Ruta, conocida como Ruta de la Seda. China fue en 2025 el principal socio comercial de Colombia, pero el Tigre no tuvo mejor idea que alinearse con Trump “para contrarrestar el avance chino en América Latina”, siguiendo las directivas del futuro embajador de Estados Unidos, Nate Morris, quien informó al Senado de su país del “absoluto compromiso” del nuevo presidente de retirar a Colombia del memorando de entendimiento relacionado con la Ruta de la Seda.
Gracias al milagro económico de Javier Milei, la morosidad bancaria en préstamos a hogares aumentó en Argentina hasta el 12,7%. Casi seis millones de personas pagan cada vez más para cubrir sus necesidades básicas
Para desgracia de su imitador colombiano, la Argentina de Milei está mostrando sus deficiencias sobre la marcha. Después de la derrota de aspectos cruciales de su ley de inviolavilidad en el Senado, Milei tuvo que afrontar una multitudinaria marcha de “endeudados” que contó con el apoyo de las principales centrales sindicales. Gracias al milagro económico de Javier Milei, la morosidad bancaria en préstamos a hogares aumentó en Argentina hasta el 12,7%. Casi seis millones de personas pagan cada vez más para cubrir sus necesidades básicas. Pero también hay una morosidad informal, ya que los sectores que no tiene acceso al crédito con entidades financieras reciben microcréditos con tasas de interés abusivas de bandas mafiosas o narcos. En eso la Argentina de Milei parece estar copiando la criminal fórmula del “gota a gota”, importada de Colombia, donde los sicarios cobran la vida de las víctimas cuando no consiguen cobrarles las cuotas de los créditos.
La oposición al Gobierno de Milei nació y creció en las calles, con marchas para presionar al Congreso contra su legislación antiderechos. Marchas que abonaron la irrupción de nuevos liderazgos políticos. Aunque Milei preferiría que la confrontación política se mantuviese en los términos de la desgastada dialéctica entre “libertarios” y “kirchneristas”, porque así se aseguraría una amplia base social de clases medias que odian a Cristina Kirchner y su hijo Máximo, lo cierto es que la política argentina ha dado un giro por izquierda como reacción al extremismo ultraliberal. El Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), confluencia de cuatro agrupaciones trotskistas que históricamente siempre se mantuvieron en resultados electorales inferiores al 5% del total nacional, bajo el liderazgo de la diputada Myriam Bregman, abogada de derechos humanos, se está convirtiendo en una clara alternativa política para expulsar a la extrema derecha. Bregman solo obtuvo un 3% de los votos en las polarizadas elecciones presidenciales de octubre de 2023.
La paradoja es que la retórica oficial de los “zurdos de mierda” como culpables de todos los males empieza a resquebrajarse como consecuencia de la mala gestión del Gobierno de ultraderecha. La “zurda”, o la “rusita”, apelativo cariñoso empleado entre los partidarios y admiradores de Bregman por su origen judío, alcanzó en marzo de 2026 una imagen positiva del 33% de los encuestados, solo por detrás de Milei y Patricia Bullrich, según datos de la Universidad de San Andrés. La valoración de su figura política aumenta por su constante implicación en conflictos sociales, sindicales, foros universitarios y temas de derechos humanos. En una encuesta publicada en abril, la dirigente de izquierda disputaba ya el primer lugar con Axel Kicillof, gobernador peronista de la provincia de Buenos Aires, ambos con un 43% de las preferencias, quedando por encima de otros dirigentes como Cristina Kirchner, Patricia Bullrich y Javier Milei (39%).
El León, que se propuso enterrar el comunismo con sobredosis de medidas ultraliberales, no solo consiguió resucitar el ideario tradicional de la izquierda
En un sondeo posterior del Observatorio de Psicología Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), realizado entre el 28 y el 31 de julio, la imagen de Bregman subía un punto por encima de Kicillof, hasta el 44%, mientras que la valoración de Milei caía hasta el 38%. Además, a excepción de Bregman, los otros 15 dirigentes evaluados presentaban una imagen negativa superior a la positiva. Como es obvio, otras encuestas con mayor sesgo a la derecha dan otros resultados, y valor de la imagen positiva de un candidato no siempre se expresa en igual número de votos.
Pero la doble paradoja es que el León, que se propuso enterrar el comunismo con sobredosis de medidas ultraliberales, no solo consiguió resucitar el ideario tradicional de la izquierda, sino además afianzar su dinamismo político y liderazgo opositor frente a las inercias y disputas internas del peronismo; y que aquel que se erigió en el mayor propagandista internacional del sionismo, hoy se ve confrontado por una “zurda” antisionista y defensora de los derechos de Palestina.
Quinto Acto. Terremoto, desesperación y espectáculo
“Las cosas de Dios, queridos compatriotas, solo Dios las sabe. Él decidió ponernos en esta prueba tan dura. Y su sabiduría lo hizo justo el día en que comenzó mi mandato”.
Tres días después de asumir la presidencia, alias el "Tigre” tuvo que afrontar el primer gran desafío a escala nacional. Un terremoto de 7,4 grados con centenares de víctimas mortales y miles de heridos puso a prueba sus dotes como gobernante. El seísmo tuvo epicentro en el departamento del Chocó y afectaciones muy graves en ciudades del Valle del Cauca (Cali) y de Antioquia (Pereira, Manizales...)
En su primera intervención pública para hablar al país sobre el desastre, De la Espriella actuó más en modo showman que como hombre de Estado, situándose a sí mismo como el epicentro de la atención pública. el Tigre irrumpió en lugar de la rueda de prensa repartiendo sonrisas y besos al público, como si hubiera sido una convocatoria para aclamarlo y ovacionarlo al margen de la tragedia. La vanidad personal opacó un acto que merecía mucho más respeto y empatía para con las víctimas.
En Quibdó, capital del Chocó, el presidente-Tigre prometió revertir el abandono histórico de ese departamento de la costa del Pacífico. Chocó es el departamento más pobre de Colombia, con un índice de pobreza que alcanza al 67% de la población, más del doble de la media nacional. La capital es la ciudad más pobre de todo el país. En su breve alocución afirmó: “En la era del Tigre, el Chocó tendrá un lugar fundamental, trascendental e importante”.
Otra perla de su discurso fue cuando lamentó más una pérdida arquitectónica que el dolor de quienes perdieron sus casas o la vida de familiares: “Algo que me duele muchísimo a mí, en lo personal, es el daño que sufrió la catedral de Manizales, un ícono para Colombia”. Y anunció que ya había dado instrucciones precisas a la ministra de Cultura para “que podamos recuperar esa bella obra arquitectónica”.
El mismo día del terremoto se conoció un acuerdo firmado entre Colombia e Israel el 8 de agosto, al día siguiente de haber asumido el Tigre la presidencia. Violando las resoluciones de la ONU, Colombia reconoció la supuesta soberanía israelí sobre los Altos del Golán, un territorio perteneciente a Siria. Y ese mismo día, en un alarde de subordinación a sus nuevos aliados, Colombia también reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, siguiendo los pasos del anterior Gobierno de Donald Trump, que adoptó estas mismas medidas durante su primer gobierno, en 2019 y 2020 respectivamente.
Mientras tanto, la imágenes transmitidas en vivo desde ciudades afectadas como Cali mostraban a la población agolpada escarbando entre los edificios siniestrados para rescatar posibles víctimas, pero la masividad de la respuesta popular no encuentra apoyo oficial para aplicar un protocolo de evacuación y suministrar recursos. A las 48 horas del terremoto las redes sociales muestran las necesidades y carencias no resueltas por la autoridades y solicitan ayuda a la población para aportar medios, desde perforadoras y generadores eléctricos hasta agua y comida para los rescatistas voluntarios. “En este momento no hay bomberos, no hay defensa civil ni autoridades, solo se ve a la ciudadanía colaborando espontáneamente y arriesgando su vida por la posibilidad de nuevos derrumbes”, dice un joven desde un edificio destruido en Cali.
Para coronar el desconcierto, el “Gobierno del Tigre” rechazó el apoyo internacional de varios países que ofrecieron enviar rescatistas y personal médico, tales como México y Brasil. Aceptó en cambio recibir insumos, ayuda humanitaria y mucho dinero en efectivo, incluidos los 15 millones de dólares ofrecidos por Marco Rubio. En cuanto a la colaboración en labores de rescate, el Tigre acabó trazando una frontera ideológica entre potenciales aliados y presuntos enemigos y solo aceptó la colaboración Estados Unidos, Israel, Ecuador y El Salvador. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reveló que había más de 200 rescatistas de su país esperando para entrar a Colombia, pero que el Gobierno no lo había autorizado. el Tigre rechazó la colaboración de la Brigada de Rescate del Ejército mexicano, exigiendo certificaciones poco habituales en una situación tan dramática, y no requirió la asistencia de la Brigada de Rescate Topos Tlatelolco, organización civil mexicana especializada en búsqueda de personas atrapadas entre edificios colapsados.
Cuando ya habían transcurrido varios días desde el terremoto, empezó el espectáculo de los militares israelíes presentados como rescatistas, una operación de propaganda y legitimación del genocidio, encabezada por el capitán Roni Kaplan, portavoz en español de las fuerzas armadas de Israel. Kaplan, que llegó acompañado de otros 80 militares, fue el protagonista del gran show de la ayuda israelí. Hizo sus primeras declaraciones asomado entre escombros pero con el traje impecable, revelando que estaba allí para hacerse la foto propagandística. Desde ese lugar, el capitán habla con tono dramático y acento rioplatense:
“Nos encontramos en este momento en los escombros de un edificio en el sur de Cali. Bajo este edificio hay probablemente diez personas, al parecer sin vida [...] Y seguimos trabajando aquí junto con los bomberos, junto con el ejército, junto con las autoridades colombianas, para intentar hacer frente a los desastres que causó este terremoto días atrás. Seguimos acá junto con la delegación israelí. Seguime y te sigo informando”.
Una representante a la Cámara por el PH, Ana Erazo, cuestionó así la presencia de Kaplan: “Las y los propios caleños que permanecen en los puntos del desastre lo han visto recorriendo estos lugares, grabando videos y utilizando nuestra tragedia para construir contenidos que terminan funcionando como una campaña de blanqueamiento reputacional de un ejército responsable del genocidio en Gaza”. Kaplan habría justificado el asesinato masivo de niños para evitar que se convirtieran en futuros terroristas, y fue demandado ante la Fiscalía uruguaya (su país de origen) por un frente de organizaciones sociales y sindicatos que argumentan que sus intervenciones en televisión y redes sociales no son mera información, sino que operan como una maquinaria de propaganda diseñada para justificar, encubrir y suavizar ante la opinión pública mundial los devastadores bombardeos sobre la población civil en Gaza.
El vuelco político que dio Colombia desde el 7 de agosto cobra ahora toda su enorme dimensión. Durante los últimos cuatro años, Gustavo Petro fue el principal defensor de Palestina en el mundo, como atestiguan sus discursos ante la Asamblea de la ONU. El genocidio en Gaza siempre estuvo en el centro de su agenda política internacional y llegó a imaginar una coalición de países que enviasen fuerzas de interposición para alcanzar la paz. Ahora, por el contrario, al primer día de su presidencia Abelardo de la Espriella firma acuerdos con Israel que comprometen seriamente su política internacional, y permite al ejército sionista “normalizar” su presencia en América Latina.
El siguiente episodio es la actitud de las instituciones que priorizan a los recién llegados sobre los lugareños que llevan cinco días excavando con sus manos para salvar vidas. Un grupo de jóvenes rescatistas voluntarios denunció haber sido víctima de hostigamiento por parte de la Policía Nacional, porque llevaban banderas palestinas en sus espaldas, como una forma legítima de protesta pacífica contra el genocidio en Gaza. Uno de ellos declaró: “Nosotros nos vamos a ir a otro lugar donde nos necesiten. Pero me parece muy incómodo que por la presencia de los israelíes acá, ahorita los muchachos somos los guerrilleros y las primeras líneas. A mí me parece eso totalmente ofensivo. Este señor me está insultando, que le miren las manos a ver cómo las tiene él y cómo las tenemos nosotros...”
Tras la llegada de los militares israelíes, los voluntarios locales debían irse para que los recién llegados pudieran sustituir el rescate manual entre los escombros por el uso de máquinas retroexcavadoras, un desplazamiento que no es solo técnico sino que entraña un juicio ético, porque implica la presunción de que ya no existen supervivientes. Entonces la prioridad es aplanar el terreno, como en Gaza, y empezar cuanto antes la actividad económica interrumpida.
Y mientras esto sucedía en Cali, el Tigre se retrataba en la región del Pacífico, repartiendo balones con el logo de su partido político, Defensores de la Patria, en localidades arrasadas del Chocó adonde aún no habían llegado ni agua ni alimentos. ¿Pan y circo? Circo sí, hasta ahora sin pan, y que siga el espectáculo...
La política espectáculo es la esencia misma de la Patria Milagro. El desenlace, tarde o temprano, será una caída en picado de su valoración como la que ya experimenta en Argentina su gran amigo el León
Y para coronar el despliegue de inhumanidad que demostró el Gobierno de extrema derecha ante la catástrofe que destruyó por completo más de 27.000 viviendas y dejó otras 127.000 viviendas deterioradas, el flamante ministro de Vivienda, Ciudad y Territorio de Defensores de la Patria, el pastor evangélico Jaime Andrés Beltrán, se marchó de vacaciones con su familia a las playas del Caribe, a una urbanización de lujo en Santa Marta. La indignación corrió como la pólvora por todo el país; muchos políticos reclamaron su destitución y sus lastimosas explicaciones egocéntricas echaron aún más leña al fuego: “Es que detrás del ministro hay un padre, un esposo, un hijo. Y de nada vale poder construir grandes cosas en el país, si destruimos lo que es más importante: nuestra familia”.
Por eso el pastor, que recibió su cargo como una recompensa por el apoyo brindado al presidente en campaña, decidió abandonar el timón y tomarse unas vacaciones familiares durante su primera semana en el ejercicio del cargo, tras el mayor terremoto que sufrió Colombia en lo que va de siglo. Y sin embargo, en lugar de ser reprendido, fue justificado por el presidente.
Y así gira el circo del Tigre a la vista de todos, repartiendo balones a los niños con el logo de su partido, sin ofrecer pan ni agua. La política espectáculo es la esencia misma de la Patria Milagro. El desenlace, tarde o temprano, será una caída en picado de su valoración como la que ya experimenta en Argentina su gran amigo el León.
Sexto Acto. Malvinas como válvula de escape
En un desesperado intento de recuperar la iniciativa política, el pasado 3 de septiembre Milei pronunció un discurso transmitido en cadena nacional que dio un giro de 180 grados a su posición oficial en torno a las Malvinas. Afirmó que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, podría cambiar la posición histórica de su país frente al antiguo reclamo argentino de soberanía sobre las Malvinas. Milei se aferró a esa idea como tabla de salvación, ante la caída de todos los indicadores económicos que muestran la reducción de la actividad económica en todos los sectores no concentrados por el capital transnacional. Mientras tanto, en medios internacionales se interpretaba que la insinuación de Trump era una forma más de presionar a Londres para forzar su implicación en la guerra contra Irán y en la reapertura del Estrecho de Ormuz. La maniobra diplomática del presidente estadounidense intenta además debilitar al Gobierno laborista y favorecer el ascenso electoral de la derecha.
La política de Milei, admirador Thatcher, consistía en reconocer el derecho de autodeterminación a los kelpers, los habitantes de las islas Malvinas, que en general se sienten mejor amparados por el poder británico
El presidente argentino mostró una confianza desmesurada en la simple sugerencia que arrancó de boca de Trump. Dijo Milei que había pasado “algo muy fuerte respecto a la causa más importante y sagrada que tenemos los argentinos”. Después de tres años de indiferencia sobre el tema, su alocución al país comenzó así: "Las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho. No hay discusión al respecto”. La mención a una causa “sagrada” evoca, si no literalmente, sí conceptualmente, al vocabulario que empleó la dictadura militar para desviar la atención de los problemas internos y movilizar a la población en torno a un conflicto exterior.
Hasta entonces la política de Milei, admirador de Margaret Thatcher, consistía en reconocer el derecho de autodeterminación a los kelpers, los habitantes de las islas, que en general se sienten mejor amparados por el poder británico. De este modo renegaba de la tradición diplomática argentina que negaba ese derecho por tratarse de una población implantada y no autóctona del territorio en litigio. El giro es tan brusco y sospechoso como poco creíble, aunque puede cosechar apoyos entre sectores nacionalistas de derechas y la población más ingenua. Milei no pudo conseguir que se aprobase la ley para que los extranjeros comprasen muchas más tierras en la Patagonia, pero de golpe se convirtió en el adalid de la defensa de Malvinas.
En el contubernio tramado para mejorar la imagen de Milei también participaron, además de Donald Trump, los amigos sionistas del presidente argentino. En efecto, recibió el apoyo mucho más explícito de dos ministros ultraderechistas del Gobierno de Israel. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, instó a Netanyahu a reconocer la soberanía argentina sobre las islas Malvinas. “Es hora de que el Estado de Israel reconozca públicamente que las Islas Malvinas son territorio argentino ocupado, que los británicos le roban violentamente al pueblo argentino”, escribió Ben Gvir en su cuenta de X. Si no supiéramos que estas palabras proceden de un criminal de guerra, diríamos que se trata de un discurso anticolonialista de izquierda. Añadió cínicamente que los británicos “no se conforman con ocupar el territorio, sino que también realizan allí perforaciones petroleras y le roban el dinero al pueblo argentino”.
Al mismo tiempo, dos organizaciones de la sociedad civil presentaron denuncias en los tribunales argentinos contra la explotación compartida de las petroleras Navitas Petroleum (Israel, con una participación del 65%) y Rockhopper Exploration (británica), de un yacimiento marítimo llamado Sea Lion, descubierto en 2010 y situado a 220 kilómetros al norte del archipiélago. La actividad de Navitas en Malvinas empezó en 2022, con la compra de las licencias de Sea Lion a Harbour Energy, y desde ese año se convirtió en la principal impulsora del proyecto.
En la misma línea de Ben Gvir se pronunció el ministro israelí de Finanzas, el también ultraderechista Bezalel Smotrich, que en el contexto de sus duras críticas al Gobierno británico sostuvo que Israel debería reconocer públicamente a las Malvinas como territorio argentino.
Estos apoyos cosechados por Milei no servirán de mucho para cambiar la política británica sobre la cuestión, no importa quien gobierne en Londres
Furiosos con el Gobierno británico del laborista Andy Burnham, que anunció la prohibición de comerciar con los territorios de Cisjordania ocupados por colonos israelíes, ambos ministros fueron secundados por el hijo del primer ministro, Yair Netanyahu, quien también reconoció a las Malvinas como territorio argentino. Ben Gvir hizo además un llamado al primer ministro a “imponer sanciones a Gran Bretaña mientras la ocupación continúe”, mientras que Smotrich pidió la salida del embajador británico de Israel.
Estos apoyos cosechados por Milei no servirán de mucho para cambiar la política británica sobre la cuestión, no importa quien gobierne en Londres. Estos gestos de alto voltaje simbólico no modificarán la realidad geopolítica del cono sur, aunque pueden distraer la atención de los argentinos de los problemas más acuciantes hacia un nuevo imperativo engañoso: la ‘malvinización’. Para visibilizar más esta política, el Gobierno de Milei anunció que aplicará sanciones administrativas para empresas que brinden servicios logísticos a petroleras que participen en proyectos del área de Malvinas. Y a modo de respuesta indirecta a Donald Trump, su Gobierno ampliará los recursos del Ministerio de Defensa para avanzar en la construcción de la Base Naval Integrada de Ushuaia (Tierra del Fuego), que el Comando Sur ambiciona para uso compartido.
Los malos resultados que siguen proyectando los sondeos para un segundo Gobierno de Milei son el verdadero trasfondo de esta dramatización con Malvinas de fondo. Según los resultados de una encuesta sobre intención de voto publicada el 6 de septiembre por el medio digital El Destape, atribuida a las consultoras Alaska y Trespuntozero, la dirigente de izquierda Myriam Bregman (38,8%) estaría pisando los talones de los dos líderes más valorados, el peronista y gobernador de la provincia de Buenos Aires Axel Kicillof (40%) y el ultraliberal Javier Milei (39%). Bregman se estaría consolidando como una de las principales opciones y en todas las encuestas es la candidata que tiene menor índice de rechazo. Sin embargo, en el análisis de estos datos cabe un amplio margen de incertidumbre. Por ejemplo, si se desglosan las cifras de valoración positiva entre quienes “seguramente lo votaría” y “podría llegar a votarlo”, el más seguro es Milei con un 27,5%, seguido de Kicillof (18,9%) y después Bregman (13,9%). La imagen positiva de la lideresa de izquierda no se traduce en confianza ciega para convertirla en presidenta, ya que no ha tenido funciones ejecutivas que exhiban su capacidad de gobierno, a diferencia de los otros dos candidatos.
El mayor problema de Milei es que no ganará las elecciones de 2027 en primera vuelta, y que la mayor parte de los votos de cualquiera de los dos candidatos de perfil más progresista podría trasvasarse al otro en una hipotética segunda vuelta. La malvinización de la política nacional permite cautivar a los votantes indecisos susceptibles de ser embaucados con argumentos fantasiosos, con la ayuda de los mensajes de los troles y las granjas de bots, difundidos sin tregua por las redes sociales.
La guerra de las Malvinas de 1982, que desencadenó el general Leopoldo Fortunato Galtieri imaginando que la exaltación del espíritu patriótico sería una válvula de escape para la decadente dictadura genocida que gobernaba desde 1976, acabó convirtiéndose en su sepultura final. Galtieri, popularizado como un bebedor empedernido, apostó por el apoyo de Estados Unidos a la reclamación argentina como única forma de enfrentar el desafío lanzado por un país periférico que emprendió la guerra a una potencia nuclear. Entonces cayó en su propia trampa, confiando en la palabra de quien consideraba su amigo y aliado, el secretario de Estado Alexander Haig, durante el Gobierno de Ronald Reagan, que se propuso primero como mediador neutral entre ambos países y acabó alineado secretamente con los británicos.
Olvidando que el Gobierno estadounidense no obedece a lealtades sino a sus propios intereses, el presidente de Argentina engañó al país y él mismo se dejó engañar. En 1986 Galtieri fue condenado a 12 años de prisión y fue degradado por su actuación en la guerra de Malvinas.
Horas antes de que Milei pronunciara su discurso sobre Malvinas en cadena nacional, el presidente argentino participó en Chile en una reunión del Foro de Madrid, un escenario de la extrema derecha latinoamericana auspiciado por una fundación de Vox, del que fue su principal conferenciante. Milei disertó sobre la necesidad de unir fuerzas de todas las ultraderechas para llevar a cabo la gran misión universal de la Libertad Económica. Mantuvo también una reunión con el presidente chileno Antonio Kast, a quien Milei se acercó en sus propios términos: reivindicando la figura de Augusto Pinochet y el golpe de Estado que dio contra el socialista Salvador Allende en 1973. El presidente argentino afirmó que “tras el derrocamiento del comunista Allende, Chile entró en un período de estabilidad y crecimiento que se extendió por más de 40 años”. Ni siquiera Milton Friedman, inspirador del ‘milagro’ económico del pinochetismo y de su terapia de choque, lo hubiera podido formular con tanto entusiasmo.
Al mismo tiempo en Colombia, el presidente Abelardo de la Espriella recibía en Barranquilla la visita del Secretario de Estado Marco Rubio, precedida por la del Secretario de Guerra, Pete Hegseth, en Tumaco, departamento de Nariño. El objetivo de estas visitas es desbaratar la política de paz del Gobierno de Gustavo Petro (“Este Gobierno ha heredado una serie de desastres", dijo Rubio) e implementar en su lugar la guerra total contra los grupos armados. Durante la primera semana de gobierno, De la Espriella formalizó en Panamá la esperada incorporación de Colombia al Escudo de las Américas (Coalición Contra los Carteles de las Américas), convirtiéndose en el miembro número 19 de la coalición militar promovida por Trump. En su visita a Barranquilla, Marco Rubio sugirió la instalación de una base militar estadounidense en Colombia adscrita al Escudo de las Américas.
El senador Wilson Arias, del Pacto Histórico, denunció al presidente De la Espriella “por extralimitación de funciones y traición a la patria”, por lo que considera una violación de la Constitución. “Nos enteramos por boca del Secretario de Guerra de Estados Unidos que De la Espriella autorizó operaciones militares conjuntas en territorio colombiano”, y aseguró: “La Constitución es tajante. Permitir tropas extranjeras en Colombia es una competencia exclusiva del Senado de la República”.
Extrema derecha
Auge y caída de Cerimedo, el gran operador de la extrema derecha latinoamericana
Colombia
El asesinato de María Ovidia Palechor en Colombia y la política global de drogas
Colombia
Chocó, el territorio olvidado que el terremoto de Colombia dejó al descubierto
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!