Aragón 8F: elecciones en el país de los macroproyectos y las microizquierdas

Azcón llega a las elecciones autonómicas subido sobre la ola del anticatalanismo y del crecimiento económico. Su principal competidor no es el bloque progresista, sino un Vox que acaricia el segundo puesto.
Huesca Pirineo rural - 9
Álvaro Minguito Una explotación ganadera de vacas en Huesca.

Historiador y redactor de Nortes.me
BSK: @diegodiaz1981.bsky.social

1 feb 2026 05:47

“No hay nada que hacer. Aragón se perdió en el 37” comenta entre la ironía y la resignación un veterano de los movimientos sociales zaragozanos. Y es que en efecto las elecciones pintan feas para las izquierdas en una comunidad que hasta hace poco se conocía entre politólogos y analistas electorales como el “Ohio español”, una referencia al estado norteamericano más prototípico, el que empresas y estudios de opinión llevan décadas usando como laboratorio para testar productos y estados de ánimo.

Si Ohio es un EEUU en miniatura, y efectivamente Aragón sigue siendo el lugar que más se parece a España, lo que tenemos por delante es una fortísima derechización social con un PP que crece, aunque sin llegar a la mayoría absoluta, y un Vox en estado gracia, capaz de pescar en todas las aguas: rurales y urbanos, clases altas, medias y bajas, votantes del PP y del PSOE, del Partido Aragonés y de Teruel Existe, y sobre todo, muchos, muchos, abstencionistas.

Representativo del “barón” conservador que juega a un PP rutinario y tecnocrático, Jorge Azcón ha gobernado la comunidad sin grandes líos

Todas las encuestas coinciden en que el PSOE bajará. La duda es cuánto. La herencia del lambanismo es alargada, y los socialistas, capitaneados ahora por una sanchista “pata negra”, Pilar Alegría, no tienen algo muy diferente que ofrecer, excepto una candidata que presume en su vídeo de campaña de orígenes de clase trabajadora. Para Iker González, periodista de AraInfo, los gobiernos de Javier Lambán, muy parecidos en el fondo a los del PP, “pusieron una alfombra roja a la victoria de la derecha”. También en lo cultural. Lambán practicó un anticatalanismo militante que erosionó las posiciones conciliadoras del PSOE sanchista. Hay dudas de qué pasará con Alegría el día después de las elecciones. Quedarse a hacer oposición puede no estar entre sus planes.

Jorge Azcón gusta a los suyos, pero no les electriza. No es una Isabel Díaz Ayuso, ni ese yerno casi perfecto que encarna Moreno Bonilla. Representativo del “barón” conservador que juega a un PP rutinario y tecnocrático, el presidente aragonés ha gobernado la comunidad sin grandes líos. “Esquiva las batallas culturales” apunta Iker González, y su imagen pública está bien protegido por el Grupo Henneo, dueños del Heraldo de Aragón y principales subcontratistas de la televisión pública, cuyos informativos gestionan.

“Aragón Imparable”

El anticatalanismo, tan aragonés como el ternasco, está siendo una de las principales bazas del PP frente a una ministra de Pedro Sánchez, el hombre que, incluso para muchos votantes del PSOE ha rendido España a los prósperos vecinos del Este. Una voz relacionada con la izquierda aragonesa teme que las elecciones se produzcan en clave absolutamente española, y en pleno debate sobre el cambio de modelo de financiación autonómica. Una combinación letal para todos aquellos que no son PP y Vox.

La otra baza del PP se llama economía. Azcón vende gestión y optimismo. Su campaña se llama Aragón Imparable. La comunidad se beneficia de los vientos de cola de la economía española, aunque en efecto crece, un poco más que la media, y dato importante, ha dejado de expulsar jóvenes a Madrid y Barcelona en busca de mejores oportunidades de trabajo.

El viento, sobre todo el inclemente cierzo zaragozano, ha permitido un fuerte desarrollo de la eólica, y con ello de la energía barata

A poco más de una hora en alta velocidad de Madrid y de Barcelona, Zaragoza puede incluso competir en el mercado de los servicios de alto valor añadido, un tipo de actividad económica que suele asociarse a las grandes ciudades.

La economía aragonesa también ha dado la vuelta a dos históricas “condenas” de la comunidad: el viento y la despoblación. El viento, sobre todo el inclemente cierzo zaragozano, ha permitido un fuerte desarrollo de la eólica, y con ello de la energía barata. La despoblación ha facilitado el asentamiento, sin excesiva oposición social, de todo tipo de infraestructuras “macro”: macrogranjas, macromataderos, macroestaciones de esquí, macroinstalaciones de energía solar y en los últimos años macrocentros de datos, un tipo de infraestructura que requiere tres cosas que Aragón puede ofrecerle a buen precio: agua, suelo y electricidad.

La disputa por el voto de los rurales agraviados

El modelo, iniciado con entusiasmo por los gobiernos del socialista Lambán, y continuado por el PP de Azcón, ha tenido una contestación plural y diversa. Desde ecologistas a conspiranoicos obsesionados con la Agenda 2030. Vox se ha movido bien en este terreno, diciendo a cada grupo lo que quería escuchar. Probablemente sea quien más y mejor pesque en las revueltas aguas de los agraviados del mundo rural, un grupo tan masculinizado como los habitantes de unos pueblos que sufren una emigración que sí tiene género. Las mujeres se marchan más que los hombres.

“Lo rural” son pocos votos en una comunidad en la que el 80% de su población vive en Zaragoza, pero la cuestión tiene un alto voltaje simbólico en una comunidad en la que el éxodo del campo a la ciudad es el “tema nacional”. La inspiración de algunas de las canciones más populares de Labordeta, Ixo Rai o la Ronda de Boltaña, y el lamento recurrente de varias generaciones de aragoneses se centran en ese abandono.

Hoy el PAR, que llegó incluso a ostentar la presidencia entre 1987 y 1993, puede por primera vez quedarse fuera del parlamento, arrollado por la pinza de Vox y Teruel Existe

Que la problemática territorial la esté abanderando la ultraderecha es un drama democrático, y un problema muy serio para el aragonesismo político. David Pérez, del podcast Radio Monotes, explica que una de las principales batallas del 8F es la que se está librando por el voto de un achicado “aragonesismo pragmático”.

Históricamente el PAR ejerció como ese partido bisagra que podía cogobernar tanto con PP como PSOE, logrando siempre liberaciones y recursos para sostener su estructura orgánica, y por supuesto, algunos logros para satisfacer a sus votantes. Hoy el PAR, que llegó incluso a ostentar la presidencia entre 1987 y 1993, puede por primera vez quedarse fuera del parlamento, arrollado por la pinza de Vox y Teruel Existe, una formación que representa la versión 2.0 de ese aragonesismo centrista y transversal, pero que tampoco vive su mejor momento.

Nacido del movimiento ciudadano, Teruel Existe probó suerte como partido político dos décadas después de haber debutado como plataforma cívica contra la marginación de la provincia más pobre y despoblada de Aragón. Los buenos resultados electorales, y el eco mediático logrado por Tomás Guitarte en el Congreso de los Diputados, animaron al partido a expandirse a nivel español y aragonés. Ninguna de las dos cosas les ha salido del todo bien a los turolenses.

En la España Vaciada solo funcionaron los partidos con fuerte arraigo territorial, como ¡Soria Ya! En Aragón el proyecto de expandir Teruel Existe a Huesca y Zaragoza no cuajó. La formación sigue siendo más “provincialista” que regionalista, y Aragón Existe no ha logrado desbancar a la Chunta Aragonesista, cuya principal fuerza está en Zaragoza y Huesca.

Buscando al sujeto político aragonés

Daniel Ripa, profesor de psicología social en la Universidad Complutense, y buen conocedor de las interioridades del aragonesismo, apunta que Chunta ha hecho por fin con Jorge Pueyo el relevo generacional que llevaba más de una década posponiendo, y que le colocó en una posición muy delicada en la pasada década: “Va a ser el primer candidato milenial en un partido dirigido por gente nacida en la década de los 60”.

A diferencia de Compromís, Iniciativa per Catalunya o Mes per Mallorca, la Chunta se dedicó más a sobrevivir que a crecer en un ciclo en el que los aragonesistas, que habían purgado a toda su juventud a principios del siglo XXI, estuvieron muy al margen de la emergencia de la política post15M.

Ahora Chunta recoge el voto de cierta decepción y desencanto con las formaciones que capitanearon el anterior ciclo. También la simpatía que está cosechando Esquerra, Bildu y en general el nacionalismo de izquierdas entre un electorado progresista horrorizado por las guerras fraticidas de la izquierda alternativa española. Las encuestas apuntan a un pequeño crecimiento.

¿Cómo va a gestionar Chunta este resultado? La posibilidad más conservadora, y también la más factible, es en clave de partido y mucho partido. Presentándose como la única opción realista, la casa común de la izquierda alternativa aragonesa. La segunda, más difícil, sería liderando la construcción de un nuevo “sujeto político” aragonés, algo así como unos Comunes a la aragonesa, con IU, que mantendría su diputado por Zaragoza, e incluso podría crecer un poco, Zaragoza en Común, una de las pocas agrupaciones que ha sobrevivido a la debacle del municipalismo, y Podemos, formación que hace no tanto participaba en el gobierno de Lambán con una discreta consejería de Universidad, y que ahora podría no llegar al 3% necesario para entrar en las Cortes. Su entrada o no dependerá de la fuerza de la marca a nivel estatal, ya que a nivel aragonés el partido ha sufrido fuertes desgarros.

Personas de Zaragoza en Común trabajaron discretamente con Chunta, IU y Podemos para lograr una candidatura única en estas elecciones. No lo lograron. Está por ver si las partes están por la labor de retomar conversaciones tras un 8F que servirá para evaluar el peso de cada uno de los partidos. Tanto Ripa como Díaz coinciden en que las próximas municipales pueden ser “un buen lugar por donde empezar” la larga marcha hacia la confluencia de las izquierdas aragonesas y aragonesistas.

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