La privatización del río Paraná amenaza los ecosistemas y el abastecimiento de agua en Argentina

El Gobierno argentino avanza en la licitación para artificializar el río Paraná y convertirlo en una autopista fluvial del extractivismo. Especialistas advierten un daño irreparable sobre la fuente de agua potable más grande del país que abastece a 14 millones de personas.
Vivienda en el Delta del Paraná, en la provincia de Buenos Aires (Argentina).
Vivienda en el Delta del Paraná, en la provincia de Buenos Aires (Argentina). Romina Lema
Buenos Aires (Argentina)
11 may 2026 06:00

El proyecto Hidrovía Paraná-Paraguay implica la concesión por 25 años del dragado, balizamiento y administración logística del río más largo de Argentina a empresas extranjeras. “El Paraná es una columna vertebral que da vida y trabajo a las ciudades más grandes del país. Hay una relación inmaterial con el río, es fruto de canciones, poemas y de nuestra cultura”, explica a El Salto Enrique Viale, presidente de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas (AAdeAA).

Uno de los puntos más polémicos del proyecto tiene que ver con el dragado del río. Para permitir el tránsito de grandes buques, capaces de transportar hasta 80.000 toneladas de carga, el proyecto pretende aumentar la profundidad del cauce de 10 a 13 metros. El objetivo es abaratar costes evitando los traslados de mercancía por carretera y permitiendo que buques de ultramar puedan internarse por el Paraná atravesando el continente. 

El ‘corredor comercial fluvial’ es la principal vía de salida de materias primas de toda la región sudamericana. Atraviesa cinco países (Brasil, Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay) y se estructura principalmente sobre los ríos Paraguay y Paraná. En total, abarca unos 3.400 kilómetros navegables. La mayor extensión se encuentra dentro de territorio argentino y corresponde al río Paraná, el sector que el proyecto busca dragar y profundizar. 

Viale define el río Paraná como “el lugar de sangrado de gran parte de América Latina”, un “símbolo  del modelo del agronegocio” para exportar productos agrícolas, pero también para la exportación minera. 

El proyecto genera daños irreparables en el ecosistema de humedales y remueve millones de metros cúbicos de sedimentos contaminados del fondo del río, según denuncian las organizaciones ambientalistas. El peligro es que el río, al fluir más rápido y profundo por el dragado, destruya las orillas, lo que puede dañar ecosistemas, viviendas, puentes y tierras de cultivo, además de empeorar las inundaciones. “Hay una lógica en la que se quiere adaptar un río a las embarcaciones. Nosotros defendemos que el sistema fluvial se adapte al río”, advierte Viale.  

Crisis hídrica sin precedente

Entre los años 2019 y 2024, la denominada Cuenca del Plata, conformada por los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, atravesó una de las peores sequías en los últimos 80 años, según el Instituto Nacional del Agua (INA), un fenómeno vinculado con la crisis climática, los procesos de deforestación en la Amazonia y el agotamiento de los afluentes que descargan agua en los principales ríos de la región. 

“La mal llamada hidrovía es ‘la vena abierta de América Latina’: un modelo extractivista que combina soja transgénica, megaminería, monocultivos de eucaliptos y plantas de celulosa sobre los ríos”

Los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) dejan claro que el área de mayor impacto dentro de América es en la Cuenca del Plata, particularmente las provincias de Buenos Aires y Santa Fe, con sequías e inundaciones cada vez más frecuentes e intensas. En este contexto, donde crisis hídricas como esta están “dejando de ser una emergencia” para convertirse en la nueva normalidad, “seguir artificializando ríos como el Paraná es un ecocidio”, explica a El Salto Jorge Daneri, también miembro de AAdeAA.

En los últimos días de gestión, el anterior Gobierno de Alberto Fernández firmó un acuerdo con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos para el estudio y gestión de los ríos en Argentina. El actual presidente, Javier Milei, ratificó ese memorándum. “La mal llamada hidrovía es ‘la vena abierta de América Latina’: un modelo extractivista que combina soja transgénica, megaminería, monocultivos de eucaliptos y plantas de celulosa sobre los ríos, todo ello sin evaluación ambiental estratégica ni participación de las comunidades afectadas”, concluye Daneri.

El nombre del proyecto Hidrovía Paraná-Paraguay remite a Hidrovía S.A., el consorcio integrado por la empresa belga Jan De Nul y la argentina Emepa, que obtuvo la concesión de la vía fluvial durante el ciclo neoliberal de los 90. La empresa operó entre 1995 y 2021. Tras el vencimiento del contrato, el Gobierno de Alberto Fernández asumió el control interino, con la promesa de avanzar hacia una gestión de carácter nacional, algo que no concretó. En 2024, la administración de Javier Milei retomó el camino de la privatización con un proceso de licitación internacional y con cláusulas millonarias que, en la práctica, imposibilitan una gestión pública del sistema. Una vez más, se consolida una fuerte presencia de empresas europeas, entre ellas la misma firma belga, en un contexto marcado por la ausencia de estudios de impacto ambiental y por reiterados cuestionamientos a la transparencia del proceso.

Ahora, el Estado argentino avanza con un megaproyecto de dragado que incumple normativas clave como el Acuerdo de Escazú, el tratado latinoamericano sobre el acceso a la información, participación ciudadana y justicia en asuntos ambientales. El proyecto afecta bienes naturales que pertenecen a las provincias, lo que agrega un conflicto de competencias al problema ambiental.

“Estas decisiones las toman la Bolsa de Comercio de Rosario y las corporaciones autoritarias financieras que representan, con cuatro o cinco funcionarios del Gobierno nacional”, denuncia Daneri. La diversidad de impactos está vinculada con la falta de controles tras el desmantelamiento de los organismos de fiscalización desde la asunción del Gobierno de Milei. Se trata de un área donde hay cuatro Parques Nacionales y cinco sitios Ramsar de protección de importancia internacional de humedales. “No le han dado participación a la autoridad ambiental —explica Daneri—  ni al Instituto Nacional del Agua, ni al Consejo Federal de Medio Ambiente. No ha existido un comité hídrico nacional”.

El Paraná y el resguardo de humedales

Los humedales son ecosistemas que suelen permanecer sumergidos durante largos periodos. Son procesadores biológicos contra las contaminaciones, ya que limpian las aguas y, en el caso del Paraná, almacenan agua dulce. También son útiles para prevenir inundaciones, ya que tienen una gran capacidad de absorción de agua y, por lo tanto, reducen los daños que pueden causar las lluvias. Además, en caso de sequía, constituyen una importante fuente de agua.  

Las islas del delta funcionan como cuencos: presentan costas más elevadas y un centro más bajo, donde se desarrollan los humedales. El dragado afecta humedales y todos sus servicios ecosistémicos, que albergan una gran biodiversidad de fauna y flora. También dificulta la formación de nuevas islas además de perjudicar a las actuales. A mayor profundidad y caudal, incrementa la velocidad del agua, lo que provoca la erosión de costas e islas existentes. 

El Paraná es un río que transporta sedimentos en suspensión desde aguas arriba, a eso se debe su color marrón. El delta se forma por la acumulación de esos sedimentos cuando, en la desembocadura, disminuye la velocidad del agua y los juncales (plantas acuáticas) favorecen la consolidación del terreno y la aparición de nuevas islas. Por eso, la zona isleña es un territorio en expansión.

La cuenca abastece de agua a todas las poblaciones ribereñas incluyendo a las grandes ciudades. “Lo que hay en las puertas de Buenos Aires da agua dulce todos los días a la ciudad. Es un disparate hacer una geografía adaptada a la economía”, dice Martín Nunziata, un histórico activista medioambiental que vive desde 1978 en la zona de islas del Delta del Paraná, en la provincia de Buenos Aires, donde se encuentra el segundo humedal más grande de América. Habitantes de las zonas costeras han dado grandes luchas contra el agronegocio, el avance inmobiliario, las contaminaciones industriales, papeleras e hidroeléctricas entre otras. 

Las venas abiertas 

El río Paraná ha sido escenario estratégico desde la resistencia de los pueblos indígenas frente al avance colonial hasta la independencia y la formación del Estado argentino. Controlar el río significaba controlar el comercio, las tropas, el abastecimiento y la soberanía territorial. Las “venas abiertas de América Latina”, a las que hace referencia el autor uruguayo Eduardo Galeano, son corredores por donde históricamente se extraen bienes comunes naturales para abastecer a las grandes potencias económicas.

“La re-primarización de la economía tiene como contrapartida la destrucción de la industria, destrucción de la ciencia, destrucción de la educación y una flexibilización ambiental brutal”

Hoy el modelo que propone Javier Milei a través del Régimen de Incentivo a la Grandes Inversiones se basa en la profundización de esos corredores extractivistas que van en detrimento de la autonomía territorial. Viale advierte que “la re-primarización de la economía tiene como contrapartida la destrucción de la industria, destrucción de la ciencia, destrucción de la educación y una flexibilización ambiental brutal”.  

En ese esquema, el Paraná deja de ser entendido como un organismo vivo para convertirlo en una hidrovía comercial. Adaptarlo a la lógica del comercio global implica alterar sus ciclos, acelerar su degradación y comprometer su capacidad de sostener la vida.

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