Armenia
Armenia, otro ángulo muerto de la UE en aras de la geopolítica
En los últimos años, la política exterior de la Unión Europea ha recibido muchas críticas por haber perdido su brújula moral. Sin duda, la principal, pero no la única, haberse puesto de perfil ante el genocidio de Gaza.
En Armenia, Bruselas ha sellado una alianza con su primer ministro, Nikol Pashinian, dispuesto a alejarse del tradicional alineamiento geopolítico del país caucásico con Moscú. Sin embargo, el precio parece haber sido ignorar la deriva autoritaria de su gobierno, que ha arrestado a los principales líderes de la oposición pro-rusa y el pasado 7 junio se impuso en unas elecciones de dudosos resultados.
Unas elecciones controvertidas
En su evaluación preliminar, la misión de observación electoral de la OSCE avaló en términos generales los comicios, si bien advirtió que se habían realizado numerosas alegaciones de compra de votos y que la competición entre el Gobierno y la oposición no fue “equitativa”. Por ejemplo, señaló la falta de transparencia en varios aspectos del proceso y que se había presionado a funcionarios a asistir a los actos de campaña de Contrato Civil, el partido de Pashinian, en el poder desde 2018.
Ahora bien, fue todavía más controvertida la actuación de la Comisión Electoral Central (CEC) tras los comicios. El órgano, controlado por el Ejecutivo, anuló los resultados en tres centros de votación por presuntas irregularidades, lo que provocó que, por tan solo un puñado de votos, el partido opositor Armenia Próspera quedara por debajo de la barrera del 4%, el porcentaje mínimo que marca la ley para entrar en el Parlamento.
Resultan problemáticos los arrestos durante los últimos meses de los principales líderes opositores, entre ellos, Samvel Paraketian, candidato de Armenia Fuerte, segundo partido más votado con 29 diputados
El gran beneficiado de esta decisión fue Contrato Civil, que con 64 escaños obtuvo los tres diputados adicionales que le faltaban para superar el umbral del 60% de representantes en el Parlamento. Esta es la mayoría reforzada que requiere la Constitución para el nombramiento de los miembros de instituciones clave, como el Tribunal Constitucional, la CEC, así como aprobar las “leyes constitucionales”, el equivalente de las leyes orgánicas en España. “La decisión de la CEC parece arbitraria y destinada a sacar del Parlamento a un partido. ¿Por qué anular solo los resultados en esas tres mesas cuando las denuncias de irregularidades afectaban a muchas otras?”, se pregunta suspicaz el analista Eric Hacopian.
Asimismo, resultan problemáticos los arrestos durante los últimos meses de los principales líderes opositores, entre ellos, Samvel Paraketian, candidato de Armenia Fuerte, segundo partido más votado con 29 diputados, el expresidente Robert Kocharian, fundador de Alianza Armenia, el tercer partido del hemiciclo con 12 diputados y Gagik Tsarukyan, candidato de Armenia Próspera. Además, la otra voz disidente más célebre entre rejas es la del arzobispo Bagrat Galstanyan, líder del movimiento “Lucha Sagrada”, que desde 2024 exige la dimisión de Pashinian. De hecho, la entera Iglesia Ortodoxa de Armenia se halla en pie de guerra con el Gobierno.
“Los líderes de la oposición pro-rusa son magnates que lograron su fortuna de forma poco edificante. Por lo tanto, si uno busca, siempre puede encontrarles algún tipo de fraude. Ahora bien, todo el mundo sabe que no estarían bajo arresto si no se hubieran metido en política y desafiado a Pashinian”, asevera Hacopian, que define el camino seguido por Armenia desde 2021, cuando empezaron las protestas masivas contra Pashinian, como “una vía lenta hacia el autoritarismo”.
Giro pro-europeo
No obstante, ninguna de estas actuaciones ha hecho sonar alarma alguna en Bruselas. De hecho, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, se felicitó porque los resultados electorales situaron a Armenia “todavía más cerca de la UE”. Por su parte, Vassilis Maragos, el embajador de la UE en Erevan, declaró a la prensa local tras los comicios que “el proceso democrático avanza sin problemas, aunque hay desafíos”.
Respecto a la cuestión del respeto a los derechos humanos, Maragos afirmó que había “progresos y desafíos”, y señaló como un asunto a seguir de cerca el uso de la prisión preventiva para que “esté en línea con los estándares europeos”. “Esta [posición] supone un precedente peligroso para la reputación de la UE. No debería hacer la vista gorda en cuestiones relativas a las prácticas democráticas”, sostiene Eleona Taffuro, directora del Centro del Cáucaso y Asia Central del think tank italiano ISPI.
El posicionamiento de Bruselas no es ajeno al hecho de que Armenia se haya convertido en el último escenario de la intensa batalla geopolítica que la UE y Rusia libran desde el inicio de la guerra de Ucrania
El posicionamiento de Bruselas no es ajeno al hecho de que Armenia se haya convertido en el último escenario de la intensa batalla geopolítica que la UE y Rusia libran desde el inicio de la guerra de Ucrania. En el caso de Erevan, su histórica alianza con Moscú sufrió un duro golpe en 2023, cuando el presidente Vladimir Putin no movió ni un dedo para evitar la derrota de las fuerzas armenias en Nagorno Karabaj, el enclave armenio dentro de Azerbaiyán que gozaba de una independencia de facto desde 1992. La indiferencia rusa ante la limpieza étnica en Nagorno Karabaj fue percibida como una auténtica traición en Erevan, miembro de la CSTO, la alianza militar liderada por Moscú hecha a imagen y semejanza de la OTAN.
“Después de lo que pasó en Nagorno, el giro pro-europeo de Armenia era inevitable”, sostiene Hacopian. Esta nueva vía orientación cristalizó con la celebración de la primera cumbre bilateral entre Armenia y el club de los 27, que tuvo lugar el pasado 5 de mayo. En la reunión, ambos firmaron varios acuerdos para reforzar su cooperación, y Bruselas se comprometió a desembolsar 270 millones de euros en ayudas a Armenia, un país de cerca de 3 millones de habitantes, pero con una diáspora de varios millones más.
El acercamiento de Pashinian a Bruselas no sentó nada bien en el Kremlin, que respondió prohibiendo la importación de una larga lista de productos armenios, la mayoría en el sector alimentario. La mayoría de analistas interpretaron la decisión como un intento de influir en las elecciones favoreciendo las opciones de la oposición pro-rusa. La medida representaba un duro golpe para una economía que en 2025 exportó un 35% de sus bienes a Rusia, frente a solo un 11% al club comunitario. El contragolpe de la UE no se hizo esperar: retiró todos los aranceles comunitarios a un 80% de las importaciones armenias, abarcando la mayoría de productos vetados por Moscú, y envió 20 millones de euros adicionales para compensar a las empresas perjudicadas por la guerra comercial declarada por Moscú.
Ahora bien, los expertos dudan que haya mucho más camino que recorrer en dirección a Bruselas. “No creo que tras la reelección de este Gobierno haya una reconciliación con Rusia. Ahora bien, será difícil que el acercamiento con la UE culmine con un Acuerdo de Asociación como los de Moldavia o Ucrania. Es probable que Rusia aumente la presión, por ejemplo, aumentando el precio del gas”, apunta Benyamin Poghosyan, del think tank independiente APRI.
El sector energético es quizás el que mejor encarna la dependencia de Erevan respecto a Moscú, pues el gas ruso representa un 80% del consumo total. “Armenia está intentando buscar un equilibrio entre Rusia y Occidente. No se puede permitir escoger. El problema es que alguno nos obligue a decantarnos. Nuestro margen de maniobra es cada vez más estrecho”, advierte Johnny Melikyan, analista del Centro Orbeli, cercana al Ejecutivo.
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