Crisis climática
Las ciudades españolas que suspenden en acceso a zonas verdes: seis de cada diez vecinos carecen de ellas cerca
La primera ola de calor del año ha vuelto a poner sobre la mesa el papel que desempeñan las zonas verdes en la adaptación de las ciudades al cambio climático. En este contexto, un informe publicado por Amigas de la Tierra este miércoles concluye que seis de cada diez habitantes de las diez ciudades españolas que han utilizado como muestra carecen de acceso suficiente a espacios verdes próximos a sus viviendas. Una situación que, según la organización ecologista, incrementa la vulnerabilidad de la población frente a las altas temperaturas y afecta especialmente a los barrios con menos recursos.
El estudio, titulado ¿Cómo garantizar el derecho a la naturaleza?, ha sido elaborado por investigadoras del Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad (GIAU+S) de la Universidad Politécnica de Madrid. En él se analiza pormenorizadamente la situación de Madrid, Valencia, Zaragoza, Sevilla, Palma de Mallorca, Valladolid, Badajoz, Ourense, Santiago de Compostela e Ibiza. Su objetivo es evaluar hasta qué punto la ciudadanía puede ejercer lo que los autores denominan el “derecho a la naturaleza”, entendido como el acceso equitativo a espacios verdes de calidad dentro del entorno urbano.
La investigación, que además han hecho más accesible con varios mapas interactivos, toma como referencia la denominada regla 3-30-300, una recomendación respaldada por la Organización Mundial de la Salud que establece tres criterios para garantizar un contacto adecuado con la naturaleza. “Según esta fórmula, cualquier persona debería poder ver al menos tres árboles desde su vivienda, residir en un barrio con una cobertura vegetal mínima del 30 % y disponer de un parque o zona verde de al menos una hectárea a menos de 300 metros de su domicilio”, sostiene Miguel Díaz, responsable de Biodiversidad y Territorio de Amigas de la Tierra.
El informe centra su análisis en este último indicador y los resultados son claros. De forma agregada, alrededor del 60 % de la población de las ciudades estudiadas no cuenta con una gran zona verde situada a esa distancia de su hogar. Los datos revelan además importantes diferencias entre municipios y ponen de manifiesto que la disponibilidad de naturaleza urbana continúa siendo muy desigual.
Entre las ciudades con peores resultados destacan Valencia y Ourense, donde cerca del 80 % de la población no dispone de un parque de estas características en las proximidades de su vivienda. En Badajoz, la proporción se aproxima al 70 %. Los autores y autoras subrayan que estos porcentajes reflejan una falta de cobertura efectiva que limita el acceso cotidiano a espacios capaces de proporcionar sombra, reducir el efecto isla de calor y ofrecer lugares de encuentro y recreo para la población.
El trabajo viene a constatar, además, que la cantidad total de zonas verdes existentes en una ciudad no siempre se traduce en una buena accesibilidad. En algunos casos, amplias superficies naturales se concentran en determinadas áreas urbanas mientras otros barrios permanecen prácticamente desprovistos de ellas. Por ello, los investigadores defienden que la distribución territorial de los espacios verdes resulta tan importante como la superficie total disponible.
En términos generales, los barrios con menores ingresos cuentan con menos metros cuadrados de naturaleza por habitante debido a una mayor densidad residencial
En el extremo contrario aparece Santiago de Compostela. El informe sitúa a la capital gallega entre los ejemplos más favorables del estudio gracias a la amplitud y conectividad de su infraestructura verde. Los corredores asociados a los ríos Sar y Sarela, junto con la presencia de parques urbanos y espacios naturales próximos al núcleo urbano, permiten una cobertura significativamente superior a la de otras ciudades analizadas. Los autores llegan a señalar a Santiago como una referencia en materia de accesibilidad a la naturaleza urbana.
Más allá de la mera disponibilidad de zonas verdes, la investigación examina también su relación con la renta de la población. Aunque no encuentra una correlación estadística uniforme en el conjunto de las ciudades estudiadas, sí detecta patrones que evidencian desigualdades territoriales. En términos generales, los barrios con menores ingresos cuentan con menos metros cuadrados de naturaleza por habitante debido a una mayor densidad residencial.
“La situación es preocupante principalmente para las personas más vulnerables, que son las que disponen de menos zonas verdes y a su vez las que tienen menos opciones de adaptarse”, explica Miguel Díaz, de Amigas de la Tierra
Esta circunstancia adquiere especial relevancia en un contexto de aumento de las temperaturas y de mayor frecuencia de fenómenos climáticos extremos. Las zonas con menos vegetación suelen registrar temperaturas más elevadas durante el verano y ofrecen menos espacios de refugio frente al calor. Al mismo tiempo, las personas con menos recursos económicos disponen de menos capacidad para afrontar los costes asociados a la climatización de las viviendas o para acceder a alternativas que mitiguen los efectos de las olas de calor.
“Mientras el 80 % de la población española vive en ciudades, no tenemos garantizado nuestro derecho a la naturaleza. La situación es preocupante principalmente para las personas más vulnerables, que son las que disponen de menos zonas verdes y a su vez las que tienen menos opciones de adaptarse al cambio climático”, sostiene Miguel Díaz.
Uno de los aspectos más novedosos del informe es la identificación de las denominadas “zonas de acción prioritaria”, áreas urbanas en las que coinciden bajos niveles de renta y un acceso insuficiente a espacios verdes. Según la organización, estos barrios deberían convertirse en el principal objetivo de las políticas públicas de renaturalización, ya que las actuaciones en ellos tendrían un impacto especialmente significativo tanto desde el punto de vista ambiental como social.
Para facilitar esta labor y como se refleja al comienzo de este texto, la investigación incorpora mapas interactivos que permiten visualizar distrito por distrito la relación entre acceso a zonas verdes y nivel de renta. Además, plantea propuestas concretas para cada una de las ciudades analizadas. Entre ellas figuran la creación de corredores verdes, la plantación de arbolado en calles con escasa sombra, la recuperación de espacios degradados, la apertura de zonas verdes asociadas a equipamientos públicos y la mejora de las conexiones peatonales entre barrios y parques urbanos.
Las personas que han realizado el trabajo insisten en que estas intervenciones deben formar parte de una estrategia integral y no limitarse a actuaciones puntuales. A su juicio, el objetivo debe ser construir sistemas ecológicos conectados que permitan desplazarse a través de itinerarios arbolados y mejoren la resiliencia de las ciudades frente al calentamiento global.
Amigas de la Tierra reclama además que las políticas de reverdecimiento incorporen medidas para evitar la denominada “gentrificación verde”, un fenómeno por el que las mejoras ambientales terminan provocando un aumento del precio de la vivienda y la expulsión de los residentes con menos recursos. Por ello, la organización defiende que la expansión de la naturaleza urbana vaya acompañada de políticas de vivienda y de mecanismos que garanticen que los beneficios de estas transformaciones lleguen a toda la población.
El informe concluye que millones de personas siguen viviendo en entornos urbanos donde el acceso cotidiano a la naturaleza está lejos de los estándares recomendados por los organismos internacionales. Para sus autores, reducir esta brecha no es únicamente una cuestión ambiental, sino también una medida de salud pública, justicia social y adaptación climática que marcará el futuro de las ciudades españolas durante las próximas décadas.
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