Europa se asfixia a 40ºC: la enésima ola de calor anómala dispara las alertas rojas por todo el continente

España, Italia, Reino Unido, Hungría o Francia despliegan sus alarmas ante el riesgo del calor extremo para sus ciudadanos en espacios públicos y centros de trabajo.
Playa del Palmeral Castellon
Playa del Palmeral, con el puerto de Castellón al fondo. David F. Sabadell

El verano apenas ha comenzado en Europa y el continente ya registra temperaturas extremas que han hecho saltar todas las alarmas. Una tormenta perfecta de factores climáticos —aire cálido norteafricano, un potente anticiclón y los efectos del fenómeno de El Niño— ha creado una cúpula de calor cuyo epicentro se sitúa en Francia, pero que azota con máximas de hasta 40 ºC a una docena de países simultáneamente. Las alertas rojas se han extendido a Reino Unido, Italia, Alemania, Suiza, Austria, Bélgica, Países Bajos, República Checa y España. Solo Grecia, protegida por los vientos del norte del mar Egeo, escapa por ahora al envite.

Un triángulo de casualidades además de la crisis climática

Esta primera ola de calor estival de 2026 no responde a un único factor, sino a la confluencia de varios mecanismos que los meteorólogos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) describen como excepcionalmente alineados. Una masa de aire muy cálido y seco procedente del norte de África ha irrumpido sobre el continente, reforzada por un sistema de altas presiones que favorece la insolación extrema e impide la formación de nubes. El calor extremo está siendo alimentado además por una cúpula de alta presión que eleva las temperaturas a medida que el aire descendente se comprime cerca de la superficie.

A ello se suma el intenso episodio de El Niño —relacionado con el calentamiento del océano Pacífico oriental ecuatorial— en desarrollo y una masa de agua fría en el Atlántico Norte, factores que contribuyen a generar una ondulación en la corriente en chorro sobre el océano y a fortalecer la alta presión sobre Europa. El reputado investigador de la Aemet, González Alemán, alertaba hace apenas unos días del fenómeno: “El episodio venidero de temperaturas excepcionales viene asociado a un patrón atmosférico al que nos tiene acostumbrada la atmósfera en los últimos años, y que es digno de estudio profundo. Es un patrón muy peligroso por el potencial que tiene de provocar un estancamiento del flujo en nuestra región: una dana al oeste peninsular que potencia una potente dorsal anticiclónica persistente sobre el oeste Europeo. Esto puede llevar a una ola de calor extrema y persistente”.

El episodio coincide además con el solsticio de verano del pasado sábado 21 de junio, cuando el Sol alcanza su máxima altura sobre el horizonte y los niveles de radiación ultravioleta se mantienen especialmente elevados en buena parte del continente. El pico de calor se esperaba para este lunes y martes.

Francia en alerta máxima: el fantasma del 2003

Francia quizás vive el calor extremo con una singularidad añadida desde la catástrofe de 2003, cuando más de 14.400 personas murieron en apenas unas semanas. Este fin de semana, el primer ministro Sébastien Lecornu ha convocado dos reuniones de crisis en menos de 48 horas y ha ordenado a sus ministros planificar la adaptación del país a las olas de calor, incluyendo la extensión del aire acondicionado si fuera necesario.

Casi un tercio de los 96 departamentos del país ha estado bajo alerta roja por calor. Las previsiones apuntan a máximas de entre 39 ºC y 41 ºC en ciudades como Burdeos, Limoges o Rennes, y París rondará los 39 ºC. El Gobierno ha prohibido el consumo de alcohol al aire libre en las zonas bajo alerta máxima en el Día de la Música, la fiesta nacional del solsticio, además de limitar o cancelar muchos de los conciertos. El alcalde de París ha ordenado mantener los parques abiertos las 24 horas, ampliar el horario de las piscinas y ha encargado 1.200 aparatos de climatización para los colegios de la ciudad.

El balance humano ya apunta a sus primeras consecuencias: las autoridades francesas han confirmado al menos tres muertes relacionadas con el calor este fin de semana. Las víctimas, dos hombres y una mujer de entre 80 y 95 años, murieron en sus domicilios de los barrios empobrecidos de Burdeos, en el suroeste de Francia, el domingo. Monumentos de París que cuentan con grandes afluencias, como la torre Eiffel, han instalado estaciones de nebulización para refrescar a las multitudes. 

De Galicia a Euskadi, el calor llega adonde no debería

España inicia el verano con una docena de comunidades autónomas en alerta. La Aemet ha activado alerta roja, de riesgo extremo, en el interior de Euskadi, con máximas previstas de 40 ºC en una zona que históricamente acapara algunas de las temperaturas más frescas de la península. La naranja se extiende a diez comunidades más, entre ellas Galicia, Asturias, Cantabria y Baleares. Las noches tampoco traerán alivio: se esperan noches tropicales —mínimas superiores a 20 ºC— e incluso tórridas en algunos puntos. La ola se prolongará al menos hasta el miércoles 24, jornada de máximo riesgo de incendios forestales, con más de 1.650 municipios en situación extrema.

Las autoridades vascas han suspendido las actividades deportivas y culturales al aire libre. En el plano laboral, el Plan Estival 2026 del Ministerio de Trabajo ha reforzado la vigilancia sobre los sectores más vulnerables —agrario, construcción y trabajos en exterior— y la Inspección de Trabajo ha emitido más de 100.000 requerimientos a empresas advirtiéndoles de sus obligaciones de protección térmica.

El mapa de Europa bajo el calor: país a país

Reino Unido ha escalado este lunes al nivel máximo de alerta por calor extremo, con temperaturas que el Met Office, el Servicio Meteorológico Nacional del Reino Unido, prevé que alcancen los 40 ºC el miércoles y el jueves en el centro y sur de Inglaterra y en Gales. Es un umbral inédito para el país, donde las viviendas no están diseñadas para soportar esas altas temperaturas. Londres, que esta semana celebra su Semana Anual de Acción Climática, podría alcanzar los 39 ºC el miércoles y encadenar varias noches tropicales consecutivas. La amenaza de sequía se acelera: el sur de Inglaterra ha registrado cerca del 50% de las precipitaciones habituales de primavera.

Italia, por su parte, ha extendido las alertas rojas por calor a ocho ciudades del norte y el centro —Bolonia, Bolzano, Brescia, Florencia, Milán, Perugia, Rieti y Turín—, con máximas que superarán la media estacional en hasta 10 ºC. En Milán los termómetros oscilarán entre 36 y 38 ºC durante toda la semana; Turín llegará a 39 ºC; Roma y Nápoles alcanzarán los 36 ºC.

Alemania también espera su peor jornada el próximo jueves, con máximas de hasta 40 ºC en el oeste y el sudoeste, según el Servicio Alemán de Meteorología (DWD). El dato no es casual: el número de días con más de 30 ºC lleva años en ascenso en el país. Si hace una década los años con más de diez días de calor eran excepcionales, en 2018 se superaron los veinte. Austria, con hasta 37 ºC previstos en Viena, y la República Checa, que rondará los 37 ºC en Praga, siguen la misma tónica.

Bélgica también podría estar adentrándose en la semana más cálida de su historia, con jornadas de 37 ºC y una humedad superior al 50% que agrava la sensación térmica. Los Países Bajos encadenan su segunda semana de ola de calor y esperan 38 ºC el viernes en el sur del territorio. Hungría mantiene la alerta naranja con valores de entre 35 y 38 ºC, y los Balcanes —Albania, Macedonia del Norte, Montenegro, Croacia, Serbia— registran también temperaturas de entre 33 y 37 ºC.

Solo Grecia escapa, de momento, gracias a los vientos del norte del mar Egeo que actúan como barrera frente al aire cálido africano. Sus máximas, en torno a los 32 y 35 ºC, son habituales para la época. Sin embargo, esos mismos vientos favorecieron el fin de semana la rápida propagación de dos incendios en las islas de Eubea y Siros, que tuvieron que ser controlados con evacuaciones preventivas.

El continente que más rápido se calienta del planeta

Lo que está ocurriendo esta semana no puede entenderse sin el contexto más amplio que dibuja la ciencia. El informe Estado del clima en Europa 2025, elaborado por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (Cepmpm) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) con las aportaciones de más de un centenar de científicos, y publicado en abril, pone en perspectiva la magnitud del problema.

“El mundo se ha calentado a razón de 0,27 ºC por década en los últimos 30 años, pero en Europa esa cifra es el doble”, explicaba entonces Samantha Burgess, responsable estratégica de clima del Cepmpm. Desde mediados de los años 90, el continente se ha calentado a razón de 0,56 ºC por década. La temperatura media anual se sitúa ya 2,5 ºC por encima de los niveles preindustriales —3,2 ºC si hablamos del Ártico, donde el calentamiento medio por década asciende a 0,73 ºC—. En 2025, la temperatura media de Groenlandia se situó más de 5 ºC por encima de la media.

El año pasado fue también el de la segunda ola de calor más severa registrada en el continente, con 25 días de duración entre el 7 y el 31 de julio afectando a gran parte de Europa. Y el subártico de Fenoscandia —la región que engloba las penínsulas escandinava y de Kola, más Carelia y Finlandia— registró la ola de calor más larga de su historia: 21 días consecutivos con temperaturas que superaron los 30 ºC incluso en el interior del Círculo Polar Ártico, llegando a 34,9 ºC en Frosta (Noruega).

Los mares tampoco escapan. En 2025, la región oceánica europea registró la temperatura anual de la superficie del mar más alta de la historia, 10,94 ºC. El Mediterráneo promedió 21,25 ºC, 1,03 ºC por encima de la media de las últimas tres décadas. “La proporción de regiones afectadas por olas de calor marítimas ha pasado del 40% del territorio marino que se registraba en los años 80 al 98% entre 2023 y 2025”, explicaba Burgess tras la publicación del informe que vuelve a estar de actualidad.

El análisis también recoge la desaparición acelerada de glaciares: Islandia registró su segunda mayor pérdida de masa glaciar, y la capa de hielo de Groenlandia perdió en torno a 139 gigatoneladas de hielo, equivalente a 1,5 veces el volumen almacenado en todos los glaciares de los Alpes europeos. Cada centímetro de subida del nivel del mar, advierten, expone a seis millones de personas más a inundaciones costeras.

La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, fue directa en la presentación del informe en abril: será “virtualmente imposible” limitar el calentamiento global a 1,5 ºC en los próximos años sin sobrepasar temporalmente el límite más bajo del Acuerdo de París. Más aún cuando en 2025 las emisiones globales se incrementaron un 1,1% respecto a 2024, estableciendo un nuevo récord de 38.100 millones de toneladas de CO2 equivalente.

Y las consecuencias ya están aquí, la Organización Mundial de la Salud cifra en 200.000 las personas que han muerto en Europa en los últimos cuatro años a causa de olas de calor. La pregunta que recorre los despachos ministeriales europeos ya no es si el calor extremo volverá, sino si los Estados estarán preparados cuando llegue el siguiente episodio, que según los modelos climáticos será, en algún momento, todavía más intenso que este.

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