Patios a 60ºC y pupitres a 35ºC: Greenpeace denuncia con cámaras termográficas el calor extremo de colegios

Imágenes termográficas tomadas en Madrid, Barcelona, Sevilla, Alacant y Ourense evidencian la vulnerabilidad de los centros escolares ante el calentamiento global.
Un patio de Barcelona
El patio de un colegio en el noroeste de Barcelona bajo las cámaras térmicas de Greenpeace.
18 jun 2026 10:44

Las aulas españolas se han convertido en uno de los espacios más vulnerables ante el avance del calor extremo. Greenpeace ha lanzado esta semana la campaña Aulas al rojo vivo, una acción desarrollada en ciudades como Madrid, Barcelona, Alacant, Sevilla y Ourense en la que utiliza cámaras termográficas para documentar las elevadas temperaturas que soportan miles de estudiantes durante las últimas semanas del curso escolar. La organización ecologista reclama un plan estatal de adaptación climática para los centros educativos y denuncia que buena parte de los colegios e institutos no están preparados para afrontar un escenario de olas de calor cada vez más frecuentes e intensas.

La iniciativa se produce en un contexto de creciente preocupación por las condiciones térmicas en los centros educativos. Durante las últimas semanas se han multiplicado las denuncias de familias, sindicatos y asociaciones educativas por aulas que superan ampliamente los límites recomendados para desarrollar la actividad lectiva. El propio Defensor del Pueblo ha reabierto actuaciones ante distintas administraciones por las quejas recibidas sobre la falta de acondicionamiento de los colegios frente a las altas temperaturas.

Según Greenpeace, las imágenes obtenidas con cámaras termográficas muestran superficies, patios y edificios escolares convertidos en auténticas islas de calor. La organización sostiene que muchos centros fueron construidos sin criterios de adaptación climática y que presentan déficits estructurales de aislamiento, sombra y ventilación que agravan el impacto de las altas temperaturas sobre el alumnado y el profesorado.

En Madrid, la campaña ha puesto el foco sobre centros educativos donde las temperaturas interiores y exteriores alcanzan valores incompatibles con el bienestar y la concentración necesarias para el aprendizaje. La situación no es nueva. Diversas organizaciones educativas llevan años denunciando que numerosos colegios de la comunidad afrontan cada final de curso con soluciones improvisadas, como ventiladores, persianas bajadas durante toda la jornada o reducción de actividades al aire libre.

La problemática se repite en Barcelona. Greenpeace denuncia que la combinación de patios con escasa vegetación, superficies asfaltadas y edificios poco preparados para el aumento de las temperaturas convierte muchos centros en espacios especialmente expuestos durante los episodios de calor intenso. La organización reclama actuaciones que vayan más allá de medidas puntuales y que incluyan reformas estructurales orientadas a reducir la temperatura de los edificios.

En Sevilla, una de las ciudades más afectadas por las olas de calor, las imágenes termográficas muestran temperaturas extremas en patios y fachadas escolares. La situación resulta especialmente preocupante en una comunidad donde, pese a las inversiones realizadas en los últimos años, solo una parte de los centros dispone de sistemas de climatización. Según datos recientes, apenas el 37% de los colegios públicos andaluces cuentan con algún tipo de equipamiento para combatir el calor.

La campaña también llegó a Ourense, una de las ciudades gallegas donde las temperaturas estivales alcanzan con frecuencia valores elevados. Greenpeace advierte de que Galicia tampoco es ajena a los efectos del calentamiento global y reclama medidas preventivas antes de que los episodios extremos se conviertan en una situación habitual en los centros educativos.

La organización ecologista sostiene que el problema no puede abordarse únicamente mediante la instalación de aparatos de aire acondicionado. Entre sus propuestas figuran la renaturalización de los patios escolares, la creación de zonas de sombra mediante arbolado, la mejora del aislamiento térmico de los edificios, la instalación de cubiertas vegetales y el aprovechamiento de sistemas de ventilación natural. El objetivo es reducir la temperatura de forma sostenible y disminuir al mismo tiempo el consumo energético de los centros.

La evidencia científica apunta además a que las altas temperaturas afectan directamente al rendimiento académico y a la salud. Diversos estudios y organizaciones educativas alertan de que el calor excesivo provoca fatiga, dificultades de concentración, deshidratación y un aumento de los riesgos para alumnado y trabajadores. En algunos centros se han registrado temperaturas superiores a los 37 grados en las aulas, mientras que familias y docentes denuncian episodios de mareos e incluso desmayos durante las jornadas lectivas.

Greenpeace considera que la situación refleja una falta de adaptación de las infraestructuras públicas a la nueva realidad climática. La organización reclama al Ministerio de Educación y a las comunidades autónomas un plan coordinado que garantice condiciones térmicas adecuadas en todos los centros educativos y que incorpore criterios de resiliencia climática en futuras construcciones y rehabilitaciones.

La campaña llega en un momento en que el calor extremo se ha convertido en una de las principales amenazas derivadas del cambio climático en España. Mientras las ciudades buscan fórmulas para crear refugios climáticos y proteger a la población más vulnerable, Greenpeace advierte de que las escuelas no pueden seguir siendo uno de los puntos ciegos de las políticas de adaptación.

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