Opinión
El Gobierno de Kast y el “Estado de Emergencia”

José Antonio Kast cumple su segunda semana como presidente del país sudamericano con una agenda ultra y la estrategia del estado de excepción permanente.
José Antonio Kast, durante la campaña electoral, en diciembre de 2025.
José Antonio Kast, durante la campaña electoral, en diciembre de 2025.
25 mar 2026 06:00

José Antonio Kast arribó hace dos semanas a la presidencia de Chile con la promesa de desarrollar un “Gobierno de emergencia”. Durante la campaña electoral, la narrativa de su candidatura se basó precisamente en la idea de que el país se encontraba en un estado grave de deterioro a raíz de los problemas de seguridad y el insuficiente crecimiento económico. “Chile se cae a pedazos”, llegó a pronunciar en alguna oportunidad el entonces candidato Kast. Este eslogan le permitió, entre otras cosas, presentar un programa limitado cuyo punto de partida era, precisamente, la supuesta situación de emergencia en la que se encontraba el país. La idea de emergencia, más allá de incurrir en una evidente exageración, supone una forma de concebir el ejercicio del poder, como también una estrategia comunicacional, que vale la pena analizar para comprender los primeros días de gobierno.

Si algo hay que reconocer al actual Ejecutivo es que, en estas primeras semanas, no ha moderado la línea sostenida en el periodo electoral. Con la experiencia de Milei allende la cordillera, parece asumir que la “luna de miel” debe aprovecharse para aplicar la motosierra. Una reducción del 3% del presupuesto en todas las carteras ministeriales, el inicio de la construcción de una zanja en la frontera norte y el retiro tanto del Plan Nacional de Derechos Humanos como de decretos de protección ambiental forman parte de las primeras medidas anunciadas por la actual administración. A esto se suma la paralización del proyecto de negociación colectiva ramal impulsado por la administración saliente.

Si algo hay que reconocer al actual Ejecutivo es que, en estas primeras semanas, no ha moderado la línea sostenida en el periodo electoral

A lo anterior deberíamos agregar la posibilidad de indultar a agentes policiales juzgados por vulnerar los derechos humanos en el marco del estallido social de 2019. El actual mandatario sostiene que algunos “cumplieron con su deber” y que la justicia, en algunos casos, habría sido reemplazada por “el sesgo o la ideología”.

Para Carl Schmitt —uno de los principales juristas de la Alemania nazi— el estado de excepción constituye el elemento central del poder: la capacidad legal de anular el derecho para restaurar el orden proporciona la posibilidad de que el soberano ejerza su voluntad sin contrapesos. El concepto de emergencia no se encuentra alejado de esa noción; no por nada, en muchas legislaciones el estado de excepción y el de emergencia pueden equivaler a la misma figura jurídica. La idea de un “gobierno de emergencia”, más allá de hacer o no uso de esta herramienta, da cuenta de una forma de concebir y plantear el mandato donde el escenario económico y político justifica tanto el fin restitutivo del orden previo como los eventuales medios arbitrarios que se puedan emplear para ello.

Al disponer de un aparataje comunicacional capaz de levantar una narrativa que edifique la idea de un país arrasado por la inseguridad y con una economía desastrosa, no es necesario recurrir al uso de las facultades excepcionales que proporciona el orden constitucional. La excepción se construye día a día, bombardeando la agenda con medidas altisonantes para neutralizar la capacidad de la opinión pública de procesar todos estos anuncios. Se trata de una estrategia comunicacional asociada a Steve Bannon, que parece resultar particularmente efectiva en una esfera mediática altamente concentrada por sectores afines al gobierno y cuya configuración es cada vez más compleja producto de la opacidad de las redes sociales.

Kast arriba a La Moneda con un país con la mejor calificación crediticia de Sudamérica, cuya inflación se encuentra bajo la meta del 3% y que el año pasado registró un aumento del 7% en la inversión

Este escenario se aleja de la concepción democrática planteada por el recién fallecido Jürgen Habermas, para quien la legitimidad política nace de la deliberación pública y del entendimiento racional entre los actores sociales. La política entendida como emergencia permanente debilita ese espacio deliberativo, porque ahoga el debate con sobreinformación, reemplaza la deliberación por la reacción, la argumentación por la consigna y la discusión pública por performances mediáticas.

Kast arriba a La Moneda con un país con la mejor calificación crediticia de Sudamérica, cuya inflación se encuentra bajo la meta del 3% y que el año pasado registró un aumento del 7% en la inversión. Sin embargo, el relato de un país despilfarrador e irresponsable en materia económica, que necesita ajustarse el cinturón, es persistente y dogmático. Con menos histrionismo que el mandatario argentino, pero con un sentido político similar, el actual ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, famoso por formar parte de escándalos de colusión, declaró la semana pasada: “nos quedamos sin plata”, al mismo tiempo que anunciaba la intención de bajar los impuestos a las grandes empresas, que en 2025 reportaron ganancias que superan los 20 mil millones de dólares. Cifras que contrastan con la idea de un país que se cae a pedazos.

El estado de excepción no es una anomalía, sino una técnica de gobierno permanente, señala Giorgio Agamben. Si algo se puede concluir de estas dos primeras semanas de mandato es la congruencia del gobierno con la línea ideológica de la ultraderecha internacional, a la cual —pese a cierta estética moderada— pertenece. Un sector político cuya inspiración ideológica parece estar, más que nunca, anquilosada en las ideas de Schmitt: levantar enemigos y amenazas para justificar extensiones territoriales y la apropiación de recursos naturales (espacios vitales), guerras anunciadas por decretos, cárceles que constituyen verdaderos campos de concentración, entre muchas otras medidas que alcanzan su máxima expresión en el genocidio sobre Gaza.

El “Gobierno de emergencia” de Kast, en línea con lo anterior, constituye un peligro para la democracia, y las primeras medidas adoptadas vía decreto sólo acrecientan lo amenazante que resulta esta concepción del poder. Probablemente, lo más inquietante es que recién lleva dos semanas.

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