Aicha Babait: “Hubiera preferido nacer en guerra a nacer en la tortura psicológica que he padecido”

A los 17 años, Aicha Babait eligió el exilio y se instaló en un campamento para refugiados saharauis en el desierto de Tinduf. Su objetivo era estudiar cine para poder documentar el sufrimiento y la resistencia de su pueblo.
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La directora saharaui Aicha Babait. Jairo Vargas

A diferencia de la mayoría de quienes hoy la rodean, Aicha Babait (1993, Cabo Bojador, Sáhara Occidental ocupado por Marruecos) no nació en el exilio sino en la propia tierra que le es negada a su pueblo, bajo un régimen que también la niega a ella, a su familia y a su identidad. Condenada a un exilio interior, al ostracismo social y a la opresión violenta, a los 17 años tomó una de las decisiones más difíciles a las que puede enfrentarse una persona, un viaje sin retorno posible.

Babait eligió vivir con su pueblo, pero fuera de la tierra que le pertenece: eligió el exilio, separarse de su familia sin fecha para el rencuentro y abandonó Cabo Bojador para instalarse en los campamentos de refugiados saharauis que, ya hace medio siglo, se mantienen en el desierto de Tinduf, en Argelia, tras la ocupación marroquí de la ex colonia española. Su objetivo era estudiar cine y ampliar así la lucha activista que siempre ha mantenido su familia desde los territorios ocupados. Pudo hacerlo gracias a una beca de la peculiar escuela Abidin Kaid Saleh, levantada en 2011 en el campamento de Bojador para formar a los jóvenes saharauis en la producción audiovisual en mitad del desierto, con recursos más que limitados.

Ahora, Babait es profesora en esa escuela que le permitió rodar el corto documental Mi sociedad y la película Guerra de paz. También participó en el rodaje del premiado documental Wanibik, que en 2022 ganó el premio de la Camella Blanca en la 17ª edición del Festival Internacional de cine del Sahara (FiSahara).

“Venir a vivir aquí no fue nada fácil”, reconoce a El Salto en el campamento de refugiados saharauis de Auserd, donde la pasada semana se celebró la 19ª edición de este festival internacional de cine en pleno desierto, donde se ha proyectado el documental Disonancia, dirigido por Raquel Larrosa, en el que, junto a otras, Babait se coloca delante de la cámara para dar su testimonio como miembro de SMAWT, una asociación de mujeres voluntarias dedicadas a la detección de minas antipersonas diseminadas a lo largo del interminable muro que Marruecos levantó para defender su conquista.

¿Cómo es una infancia bajo la ocupación marroquí?
Hubiera preferido nacer en guerra a nacer en la tortura psicológica que he padecido, que es a veces más peligrosa que la propia guerra. Porque ver cómo torturan a tu familia, ver cómo violentan a los saharauis, cómo se los excluye, cómo se les degrada, cómo se les maltrata… te hace desear a veces que ojalá me hubiera atropellado un tanque en lugar de morir lentamente viendo y soportando injusticias ante las que no puedes hacer nada.

¿Tiene gente cercana que haya sufrido esta represión por las autoridades marroquíes?
Conozco a muchos saharauis que, para mí, son cercanos y allegados que han sufrido la cárcel y la tortura. El más latente es el caso de mi hermano, que ahora mismo está en prisión, cumpliendo una condena de mes y medio, y en declarada huelga de hambre. No ha cometido ningún delito, la única razón es su activismo en defensa de la independencia del Sáhara en los territorios ocupados por Marruecos.

¿Su detención se debe a alguna acción concreta?
Él es universitario. Los saharauis, para estudiar, tenemos que ir a ciudades de territorio marroquí, porque en los saharauis apenas hay formación. Él siempre ha reivindicado los derechos de los saharauis en la universidad, como cualquier saharaui hace públicos sus lemas y proclamas. Fue detenido por su activismo en el ámbito universitario, por defender la igualdad y reivindicar unos derechos que les corresponden. Su encarcelamiento se debe a esto, a su postura política.

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Aicha Babait trabaja para dar a conocer las vivencias del pueblo saharaui y es activista por la detección de minas antipersonas instaladas por Marruecos. Jairo Vargas

Usted eligió ejercer el activismo mediante el cine, ¿por qué?
El mundo del cine me ha encantado desde que era pequeña, es el séptimo arte. Antes de estudiar cine también era informadora y activista en redes sociales, pero para mí, el cine es una herramienta perfecta para denunciar y contar nuestra realidad. Por eso rodé mi película Guerra de paz, grabada en los territorios saharauis ocupados, que habla sobre la realidad de los jóvenes saharauis, de lo que sufren bajo la ocupación marroquí y de cómo ese sufrimiento forma parte de un plan diseñado por Marruecos con “consentimiento” del Gobierno español, para que la juventud saharaui decida marcharse en pateras de su propia tierra, sin muchas dificultades, y este territorio quede vacío de nuevas generaciones saharauis. La grabé antes de estudiar cine, con recursos y materiales muy básicos y, lo más difícil, bajo la ocupación de Marruecos.

¿Fue esta la razón para seguir estudiando cine?
Sí. En los territorios ocupados no tenemos módulos ni estudios de cine, allí tenemos que hacerlo todo por nuestros propios medios y bajo todo tipo de presiones. Conseguí que la película se proyectara en el Fisahara de 2017. Gustó mucho y recibí muchas felicitaciones. Eso me animó a estudiar más y por eso me vine a los campamentos, a la escuela de cine que hay en el de Bojador.

Los marroquíes están intentando apropiarse de la cultura saharaui, usando a hombres y mujeres vestidos con ropa tradicional saharaui para decir que el Sáhara Occidental siempre fue parte de Marruecos

La escuela Abidin Kaid Saleh puede ser una de las más especiales del mundo, con pocos recursos, en un campamento de refugiados y con cada vez mejores resultados. ¿Qué significa para usted?
La escuela de cine es un arma importantísima para el pueblo saharaui. Allí se están formando cada año muchos cineastas, directores, fotógrafos que después podrán usar el cine para que el mensaje del pueblo saharaui llegue a más partes. No solo desde el punto de vista político o histórico, sino también cultural. Desde hace un tiempo, los marroquíes están intentando apropiarse de la cultura saharaui, usando a hombres y mujeres vestidos con ropa tradicional saharaui para decir que el Sáhara Occidental siempre fue parte de Marruecos. Esta es otra gran responsabilidad de la escuela de cine de Bojador, romper con esa apropiación cultural y dejar claro que los saharauis tenemos una cultura propia muy diferente a la de Marruecos y poder mostrarla al mundo.

¿Ingresar en esta escuela y trasladarse desde su ciudad a los campamentos fue una decisión fácil para usted? Cruzar el muro tiene serias consecuencias difícilmente remediables.
En primer lugar, en Marruecos los saharauis tenemos muchas dificultades, cuando no es directamente imposible que nos dejen estudiar en las universidades materias relacionadas con la información o lo audiovisual, porque saben que sería una oportunidad para nosotros que se les puede volver en contra en el futuro. Además, la libertad que tengo aquí para trabajar no podría tenerla allí, un ejemplo claro es que allí no podría estar haciendo esta entrevista. Por supuesto que no fue una decisión fácil. Legal y administrativamente fue muy difícil poder venir aquí, y además ahora es imposible reencontrarme con mi familia, a la que no veo desde 2019. Ahora tengo que vivir aquí y ya está, no queda otra.

El desierto y las carencias materiales de los campamentos son algo muy duro, pero al menos puedo expresarme como quiero, puedo hacer mis películas y tengo mis derechos

¿Cómo ha sido para usted un cambio tan radical? ¿Cómo es la adaptación a la vida en un campamento de refugiados?
Adaptarme me costó mucho. Estaba acostumbrada a la vida urbana, a ver turistas, a ver el mar y a muchas más comodidades. Pero para nosotros la vida bajo ocupación no tiene tanto sabor porque no tienes libertad y, por lo menos, eso sí que lo tengo aquí. El desierto y las carencias materiales de los campamentos son algo muy duro, pero al menos puedo expresarme como quiero, puedo hacer mis películas y tengo mis derechos. La libertad es lo más importante que puede tener el ser humano.

¿Alguna vez se ha arrepentido de dejarlo todo?
Hay momentos difíciles, pero nunca me he arrepentido. Este es el precio de mi compromiso con el cine y con la causa saharaui.

¿Qué le dijo su familia cuando se trasladó aquí? ¿Ha sufrido alguna represalia por ello por parte de las autoridades marroquíes?
Mi familia ya tenía problemas con las fuerzas de ocupación marroquíes antes de que yo viniese aquí, todos tienen una trayectoria política, han sufrido muchas presiones y detenciones. Siempre me han apoyado y están conmigo, me entienden.

Además del cine, en los campamentos también se ha implicado en la lucha y sensibilización contra las minas que siguen sembradas en gran parte de las zonas cercanas al llamado “muro de la vergüenza” levantado por Marruecos. Su testimonio es parte del documental Disonancia, sobre un grupo de mujeres que se dedica a esta labor.
Sí, soy miembro de Sahrawi Mine Action Women Team (SMAWT), un equipo de mujeres dedicado a la localización de minas explosivas, a la sensibilización social y a la asistencia a las víctimas de este armamento en esta zona, una de las que tienen mayor concentración de explosivos del mundo. Es un grupo puramente femenino, el primero de este tipo en África y el segundo en los países árabes. Desde que el conflicto entre Marruecos y el frente Polisario se reactivó y volvió la guerra, surgió un gran problema porque dejó de ser posible ir a los territorios cercanos al muro para localizar y desactivar esas minas, no se podía limpiar y asegurar rutas. Nos dijimos: si no podemos ir a quitarlas, al menos hagamos más esfuerzos en la sensibilización. Es muy importante sobre todo para la población beduina, que siguen siendo nómadas del desierto y se desplazan continuamente por terreno minado. Intentamos hacerles comprender que es muy importante tomar precauciones, que sepan bien por dónde van y qué pueden hacer en una situación de peligro.

Cuando se produce un incidente porque a alguien le ha explotado una mina en las zonas ocupadas por Marruecos, nunca verás nada publicado ni en redes sociales ni televisiones ni radios

¿Por qué eligió participar en este proyecto?
Porque intento participar en todas las iniciativas del pueblo saharaui que supongan una ayuda directa para la gente. Esta labor es muy importante para proteger al pueblo saharaui, sobre todo a los niños y los ancianos beduinos. Pero también es una forma de mostrar al mundo que aquí hay un pueblo que sufre, que no puede moverse libremente por el territorio que habita y que si no se hace nada puede haber una catástrofe. Estamos hablando de que todavía hay millones de minas antitanque y antipersona diseminadas a lo largo de miles de kilómetros del muro. Además, es importante señalar que no solo hay víctimas en territorio controlado por el Frente Polisario. En los territorios ocupados y controlados por Marruecos también hay víctimas de minas. Están más cerca del muro que nosotros. Pero Marruecos lo esconde todo, lo silencia. Cuando se produce un incidente porque a alguien le ha explotado una mina en las zonas ocupadas por Marruecos, nunca verás nada publicado ni en redes sociales ni televisiones ni radios.

¿Cómo le ha afectado personalmente tratar con las víctimas?
Es imposible que no te afecte cuando ves a alguien que ha perdido el brazo o las piernas por una mina. Pero no puedes mostrarlo en ese momento, delante de la propia víctima. Hay que estar bien de ánimo para mantener arriba el suyo, no mostrarte impactado para no profundizar en su vulnerabilidad. Luego cuando estás sola, es inevitable hacerse preguntas. Qué culpa tiene esta persona para que haya acabado mutilada… Ninguna culpa, simplemente ser saharaui y vivir aquí. Es una gran injusticia.

¿Ha pensado en continuar formándose como cineasta fuera de los campamentos?
Lo importante para mí es que la voz del pueblo saharaui siga escuchándose. Trabajar y aprender en mejores condiciones sería bueno, aunque para nosotros no es nada fácil. Aunque no encuentre esa oportunidad, seguiré trabajando desde aquí. Me gustaría que mi trabajo se proyectara en muchos otros festivales de cine en todo el mundo, eso significaría que nuestro mensaje está llegando a muchas más personas. Por el momento, las películas en las que he participado se han proyectado en festivales españoles, ojalá haya buena coordinación para que se puedan ver en más países.

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