Cine
‘Femení, singular’: intentar construir un drama social que no te susurre ni te grite lo que tienes que pensar
Hace casi veinte años, el realizador catalán Xavi Puebla asomó por las carteleras mediante Bienvenido a Farewell-Gutmann. Tras haber firmado una ópera prima de difusión escasa, Noche de fiesta, Puebla tocó una tecla adecuada a través de una juguetona mezcla de géneros (desde la comedia negra al drama) que hablaba de pesadillas en la oficina y corrosiones del carácter por motivos laborales. Después llegó A puerta fría, otra propuesta con algo de los dramas thrillerizados (o viceversa) de David Mamet (Glengarry Glen Ross), o de la adaptación fílmica de la más cómica obra teatral El método Grönholm. Su tercer filme proyectaba preocupaciones parecidas a a su antecesor, pero el relato parecía más enraizado en lo cotidiano.
Y después llegó el silencio en el ámbito de la creación de largometrajes. Ha transcurrido más de una década del estreno de A puerta fría. En este tiempo, su autor ha estado preparando proyectos. ¿Como afirma con sorna el polifacético Carlo Padial, dedicarse al cine en España es preparar dosieres? El realizador también ha impartido clases, muchas clases. No transmite por ello ni rastro de esa frustración contenida que a veces proyectan los artistas dependientes de la estabilidad económica proporcionada por la enseñanza. “Disfruto casi tanto como haciendo películas”, afirma.
Además del intercambio de experiencias y vocaciones que supone, la docencia abre para Puebla otro espacio para la reflexión. Todo este tiempo pensando el cine, dice, le ha ayudado a afrontar la siguiente película desde otro lugar. Eso ha facilitado que su película sea la que le parece más diferente respecto a la anterior que había hecho, opina. “En estos 14 años le he dado muchas vueltas al que para mí es el problema principal del cine, que es encontrar la forma adecuada, narrativa y audiovisual, para explicar la historia”, argumenta. El resultado es el drama social Femení, singular. Después de su paso por el festival de Málaga, la película ha aterrizado en el D'A Barcelona Film Festival mientras espera la fecha de un futuro estreno comercial.
Cuando vivir parece solo resistir ante los demás
El cuarto largometraje de Puebla es un retrato de personaje. Nayeli es una joven mexicana que trabaja en Barcelona y vive en condiciones extremadamente austeras para poder conseguir excedentes que enviar a su pareja, que intenta abrir un local de restauración en el país natal de ambos. Es mujer, es migrante, es pobre y trabaja en un sector muy propenso a la explotación extrema como es el trabajo doméstico remunerado.
En algunos momentos, el visionado del filme puede ser adecuadamente incómodo. A pesar de que Puebla no sostiene los momentos desagradables tanto como podría, el relato va adquiriendo un aspecto un tanto desolador
El relato está centradísimo en las andanzas de la protagonista, que aparece en casi todos los planos de la película. En algunos momentos, el visionado del filme puede ser adecuadamente incómodo. A pesar de que Puebla no sostiene los momentos desagradables tanto como podría, el relato va adquiriendo un aspecto un tanto desolador. Tímida y reservada, temerosa con motivos, la protagonista parece tener que luchar contra todos, o que negociar con todos desde la vulnerabilidad y precariedad. Con el novio que le insiste para que le envíe todo el dinero que pueda, con los empleados de instituciones públicas, con su empleadora de buena posición social... El remanso de satisfacción son los momentos en los que cuida del hijo de la casa donde trabaja.
Todos estos satélites de la vida de Nayeli no son malvados de novela pulp, pero sí están marcados por pequeñas mezquindades, por no ponerse en el lugar del otro, por no poder ayudar o no luchar suficiente la posibilidad de hacerlo... El personaje de la empleadora de la protagonista, una madre bien situada económicamente que interpreta Nora Navas, puede resultar algo desagradable. Sus maneras de comportarse y comunicarse, muy controladas, de apariencia artificiosa, pueden transmitir falsedad. Puebla, en cambio, rompe una lanza en favor de esta persona que presta dinero a la trabajadora y que la recontrata después de que esta se ausente con excusas falsas. “En realidad, buscábamos comprender y querer al personaje. Ella actúa conforme a como vive, como todos. Nuestra forma de comportarnos nos parece absolutamente natural, pero lo es dentro de nuestro contexto”, explica.
Una aportación nueva a una cosecha abundante
Femení, singular llega en un contexto de una cierta abundancia y visibilidad para el drama social nacional. Películas como Libertad o Calladita pueden tener en común con ella algunos temas. Entre ellos, los encajes y los muchos desencajes que viven y sufren las personas migrantes, su papel en las tareas de reproducción social, ese cuidar a los hijos de los demás... El realizador es consciente de que se ha ido conformando un corpus de obras de referencia, y habla del peligro de caer en la imitación. Con todo, no parece que haya querido distinguirse a toda costa, a través de peculiaridades estilísticas que podrían resultar estridentes e imponerse a los personajes.
La nueva película del autor de A puerta fría, como otras propuestas del cine español contemporáneo, parece tener algo de esa tradición de un cine social cultivada por predecesores ilustres como los hermanos Dardenne (Rosetta, Dos días, una noche). Aun así, el referente que cita es otro. Recuerda un lema de un clásico todavía en activo del audiovisual político que resume algunos de sus propósitos: “Marco Bellocchio decía que el cine político debe encontrar un estilo que permitiera la comprensión universal pero que a la vez le salvase del mero didactismo”.
El realizador y sus coguionistas son muy hábiles a la hora de construir el relato. Mostrando cotianidades y fragmentos de vida sin acompañarlos muchas explicaciones ni sobreexplicaciones, van surgiendo diversos hilos. Y se va desplegando, sin prisa y sin pausa (todo tiene lugar en poco más de 80 minutos), el tapiz narrativo de la película. “La idea era subvertir el patrón habitual mediante el cual se escogen una serie de acontecimientos fundamentales para explicar la historia y que se engarzan a través de una sucesión de elipsis”, explica el cineasta y docente.
Puebla habla de construir una película a través de momentos “aparentemente débiles, supuestamente no trascendentes o no significativos para la narración” que van transmitiendo al espectador la evolución interior que lleva a la protagonista a tomar dos grandes decisiones. Bajo este planteamiento, “las elipsis no tienen el objetivo de eliminar una especie de material considerado sobrante en el relato, un material que no se concibe como necesario de explicar”. Uno de los efectos, buscado, es invitar a que el espectador llene huecos y vacíos.
Puebla explica que concibe su cine como un arte que debe tener un componente de entretenimiento, pero “la cuestión es dónde estriba el entretenimiento, dónde está el interés”
El autor de A puerta fría explica que concibe su cine como un arte que debe tener un componente de entretenimiento, pero “la cuestión es dónde estriba el entretenimiento, dónde está el interés. Para mí, como espectador, radica en el margen que me da una película para construir o interpretar la película. Aquí he buscado invitar al público a que piense con la protagonista mientras llena los huecos de la narración”. Porque el director disfruta de las películas que le interpelan, que le hacen pensar, “pero no necesariamente desde la densidad intelectual”. De hecho, declara creer en un “cine sencillo, que permita esa comprensión universal de la que hablaba Bellocchio, pero que permita que el espectador tome parte y trabaje la película. Es algo que pasa tanto en las películas de Lubitsch como en las de Antonioni, no lo relaciono con géneros ni con comercialidades, sino con maneras de construir las obras”.
Opresiones interseccionales en un presente de repunte xenófobo
De nuevo, otro filme de Puebla parece una película oportuna para comentar el presente. El catalán cree que “cada película debe tener un sentido para uno mismo, más aún cuando haces tan pocas. No puedes desperdiciar el tiro, tienes que hablar de cosas que te muevan”. De nuevo, se diría que Puebla ha acertado. Sus dos anteriores largometrajes parecían un díptico de la España previa y posterior al crac financiero de 2008, aunque fuese por azar. “A puerta fría se estrenó en 2011 y coincidió con las consecuencias de la crisis, pero la escribí en 2008, justo antes de que llegara el golpe económico. Se leyó en esa clave posterior al crac, cosa que me parece muy bien porque cada película dialoga con el tiempo en que se exhibe”, explica.
Con Femení, singular ha sucedido algo parecido. Según Puebla, la primera versión del guion se escribió en 2016. Y la película llega diez años después. La decadencia económica de sectores sociales que parecían de clase media y ya claramente no lo son podría haber estimulado empatías y fraternidades, porque algunas fronteras sociales se han vuelto más porosas. En cambio, muchos ciudadanos parecen apuntar hacia abajo en busca de culpables del deterioro de sus condiciones materiales. El realizador cree que hay una percepción cada vez más adversa de las personas que vienen de fuera a trabajar. “Quizá por esa pérdida de poder adquisitivo, se da un rechazo a los que están en el escalafón inferior. Siento que conceptos que antes eran irrebatibles para una mayoría, como la necesidad de aspirar a una cierta justicia social, se han ido al cubo de la basura”, declara.
La filmografía de Puebla se ha ido desplegando alrededor de temas comunes, como la corrosión del carácter que puede conllevar la necesidad de trabajar para alcanzar los correspondientes ingresos económicos. Apunta que “una diferencia es que hablo de opresiones cada vez más crudas, porque he ido descendiendo en la escalera social desde los altos ejecutivos de Bienvenidos a Farewell-Gutmann. Mi nueva protagonista hace tareas domésticas y tiene dificultades para cubrir las necesidades básicas aun trabajando siete días a la semana en dos empleos distintos”.
Con todo, Puebla no desea que sus películas sean discursivas. Le gusta que contengan ideas políticas, pero no que se conviertan en un alegato. En esta ocasión, ha intentado centrarse en las experiencias cotidianas de una mujer que vive bajo una serie de circunstancias. “No es tanto utilizar al personaje para esbozar un discurso, sino explicar una experiencia humana, una experiencia emocional, y que la audiencia pueda extraer de ahí las conclusiones que considere”, resume.
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